Pashukanis

¿Por qué fracasó el socialismo estalinista? (I)

Capítulo 35 de Los naipes están echados, el mundo que viene

Para Marx y Engels, la única manera en que la burguesía logra desembarazarse de la lucha de clases es anulando la política, “con la abolición del sufragio universal” (Marx) o la ruptura de la legalidad de la República democrática (Engels) y la única manera en que el proletariado logra desembarazarse de la explotación a que es sometido en la sociedad dividida en clases es accediendo al control hegemónico del Estado para disolverlo cuando “…haya desaparecido la subordinación esclavizadora de los individuos a la división del trabajo, y con ella, la oposición entre el trabajo intelectual y el trabajo manual; cuando el trabajo no sea solamente un medio de vida, sino la primera necesidad vital; cuando, con el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan también las fuerzas productivas y corran a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva, sólo entonces podrá rebasarse totalmente el estrecho horizonte del derecho burgués, y la sociedad podrá escribir en su bandera: ¡De cada cual, según sus capacidades; a cada cual, según sus necesidades!”

Eso es todo lo que sustancialmente se atreven a señalar como tendencia histórica Marx y Engels.

Entre el escenario caracterizado por la república democrática, donde prevalece la política como lucha de clases y el derecho, (como expresión de las relaciones de producción propias del sistema capitalista en la economía y como expresión de esa misma lucha de clases, es decir, como política, en la disputa por la administración del Estado) y el momento en que comienza a “adormecerse, extinguirse” el Estado, cuando podrá rebasarse totalmente “el estrecho horizonte del derecho burgués”: ¿qué ocurre?

Esa era la respuesta que desesperadamente buscaban todos aquellos que en las condiciones de principios del Siglos XX (que hemos estudiado en capítulos anteriores) buscaban tanto quienes consideraban una necesidad civilizatoria iniciar el proceso de superación de la sociedad dividida en clases como quienes consideraban que no se podía dejar librado a la lógicas del capital el gobierno de la sociedad.

Según Marx y Engels, para que la política conduzca a la sociedad resulta necesario:

que existan garantías jurídicas de suerte que pueda desenvolverse la autonomía de los individuos organizados,

que la política como lucha de clases (el conflicto entre el capital y el trabajo asalariado y por tanto la división FORZADA del trabajo social) se administre todo lo civilizadamente que en cada situación histórica resulte posible, durante el período en el que la forma de producir sus condiciones de existencia por las comunidades humanas no habilita todavía a pensar (a imaginar y poner en práctica) la mecánica institucional que conduce a la extinción del Estado.

(Vamos a desarrollar más en profundidad las implicancias de esta manera de conceptualizar a la economía, al Estado, al Derecho y a la Democracia y sus relaciones recíprocas en Marx y Engels, cuando estudiemos en breve la carencia absoluta de una concepción POLITICA del Estado y del Derecho en el estalinismo, que fue lo que sustancialmente condujo a la implosión del “socialismo real”).

Pero volvamos ahora a Lenin.

Para Marx y Engels lo que metafóricamente denominaron publicitariamente como “dictadura del proletariado” no era más que un breve instante en el que ante una crisis general de las formas de producir las condiciones de existencia encuadradas en el “estrecho horizonte del derecho burgués” el proletariado, es decir, la suma organizada de todos los individuos que no disponen de capital en condiciones de producir más capital, asumen la conducción del proceso que inicia el momento histórico en que se experimentan las formas institucionales para comenzar a superar la sociedad dividida en clases.

Vladimir Ilich Lenin entendió, en un escenario que se caracterizaba para él por la acción políticamente incontrolable del imperialismo, (es decir, por la degradación de la democracia) que había llegado el momento de experimentar la “dictadura del proletariado”, entendida como la concentración monopólica del poder coercitivo del Estado en manos del proletariado representado organizacionalmente por un partido para reprimir todo intento de recuperar la posesión legal de los medios de producción por parte del capital aunque al mismo tiempo, consideraba como una necesidad que el propio Estado, bajo control militar del proletariado, concediera al capital espacios donde desenvolverse en condiciones a negociar en cada caso con el gobierno revolucionario.

La praxis democrática en un estado de situación así, el control monopólico del poder militar por parte del proletariado durante un período indeterminado, (porque dependía de si era agredido o no por potencias imperiales extranjeras, de si se sumaban otras naciones a la revolución proletaria o no), la entendía Lenin del siguiente modo:
“La conciencia de las masas es la que, a nuestro juicio, hace fuerte a un Estado. El Estado es fuerte, cuando las masas lo saben todo, pueden juzgar de todo y lo hacen todo conscientemente”, según expresa en el “II Congreso de los Soviets de diputados obreros y soldados de toda Rusia”.

Y en “el Estado y la Revolución” había sostenido:

“La democracia tiene una enorme importancia en la lucha de la clase obrera contra los capitalistas por su liberación. Pero la democracia no es, en modo alguno, un límite insuperable, sino solamente una de las etapas en el camino del feudalismo al capitalismo y del capitalismo al comunismo.
Democracia significa igualdad. Se comprende la gran importancia que encierra la lucha del proletariado por la igualdad y la consigna de la igualdad, si ésta se interpreta exactamente, en el sentido de destrucción de las clases. Pero democracia significa solamente igualdad formal. E inmediatamente después de realizada la igualdad de todos los miembros de la sociedad con respecto a la posesión de los medios de producción, es decir, la igualdad de trabajo y la igualdad de salario, surgirá inevitablemente ante la humanidad la cuestión de seguir adelante, de pasar de la igualdad formal a la igualdad de hecho, es decir, a la aplicación de la regla: “de cada uno, según su capacidad; a cada uno, según sus necesidades”. A través de qué etapas, por medio de qué medidas prácticas llegará la humanidad a este elevado objetivo, es cosa que no sabemos ni podemos saber”.

“El Estado y la Revolución” fue escrito antes de octubre del 17, (es decir antes del triunfo de la revolución bolchevique) la afirmación según la cual con el proletariado controlando el poder militar la democracia se expresa “cuando las masas lo saben todo, pueden juzgar de todo y lo hacen todo conscientemente”, inmediatamente después del triunfo de la revolución.

Como vimos en el capítulo anterior, Engels había señalado más o menos lo mismo del siguiente modo: “Con la conquista del sufragio universal se vio que las instituciones estatales en las que se organizaba la dominación de la burguesía ofrecían nuevas posibilidades a la clase obrera para luchar contra (o por el control de) esas mismas instituciones y así se dio el caso de que la burguesía y el Gobierno llegasen a temer mucho más la actuación legal que la actuación ilegal del partido obrero, más los éxitos electorales que los éxitos insurreccionales”.

Vamos a detenernos un instante aquí pues, aunque se podrían incorporar a la caracterización del Estado y de la democracia otros textos del marxismo en su etapa fundacional, los aquí reseñados contienen lo sustancial del marco conceptual con el que Lenin inició la gestión político administrativa y militar de la Revolución soviética.

Luego veremos que Rosa Luxemburgo, también pretendiendo interpretar a Marx y Engels no consideraba como una posibilidad realista el modelo de control del aparato del Estado por un partido “representante” del proletariado, sino que ese control debía realizarse por parte de toda la población que no dispusiera de instrumentos de producción, intuyendo los riesgos militar voluntaristas de un escenario en el que una minoría se atribuyese la conducción de la transformación de la sociedad.

Esto ocurrió muy posiblemente porque se desenvolvía en la Alemania que comenzaba a pensar el Estado democrático igualitario. Estado democrático igualitario que luego una parte de la burguesía y una parte del proletariado intentaron implementar en la denominada República de Weimar, cuya constitución surge de una asamblea constituyente del año 19 en la que participó activamente Max Weber.

Rosa es asesinada en enero del 19 luego de participar en el último esfuerzo revolucionario del proletariado alemán por conducir él mismo, como proletariado organizado en una estructura radicalmente democrática, el proceso de superación de la sociedad dividida en clases en Alemania.

La realidad histórica ha puesto de manifiesto que, por las razones que en este escrito estamos analizando, la revolución bolchevique derivo hacia un Estado militar burocrático híper autoritario y el primer esfuerzo europeo (la República de Weimar) por crear el Estado de Bienestar (en Sudamérica, en la República Oriental del Uruguay, la experiencia la había comenzado a implementar José Batlle y Ordoñez desde 1905) derivó, como reacción de los sectores privilegiados de la sociedad, hacia el nazismo.

Como nos inquieta comprender por qué tales fenómenos tuvieron lugar vamos a volver a una cita ya expuesta en el capítulo 27 de este escrito, pronunciada por el marxista hispano – mexicano Adolfo Sánchez Vázquez, a la que someteremos a crítica.

Pero antes enfaticemos sobre la significación de algunos problemas aquí enunciados.

¿Por qué Marx considera “estrecho” el “horizonte” del derecho burgués?

Esto es, ¿qué quiere decir cuando sostiene que “la sociedad podrá escribir en su bandera: ¡De cada cual, según sus capacidades; a cada cual, según sus necesidades!” (es decir podrá mandar, como enfatiza Engels, al Museo de antigüedades al Estado como institución) únicamente cuando el desarrollo de la tecnología y la cultura permitan “rebasar totalmente el estrecho horizonte del derecho burgués”?

Lo que Marx enfatiza y pensaba desarrollar como teoría en el libro IV de El Capital, es esencialmente que los seres humanos, aunque procuren lograrlo políticamente, (y es lógico que intenten hacerlo) no pueden diseñar formas institucionales de superación de la sociedad dividida en clases hasta que hayan generado las condiciones tecnológicas y culturales para hacerlo.

Y que, por tanto, hasta ese momento, hasta el momento en que la realidad material que ellos mismos producen no posibilite superar las lógicas del capitalismo la sociedad deberá funcionar, en el plano de las relaciones económicas, (que se refleja inexorablemente en el Derecho) mediante las estrechas lógicas del derecho burgués (que asegura Y NO PUEDE NO ASEGURAR, la reproducción de la propiedad privada sobre los medios de producción) y en el plano político, mediante la disputa por el control del poder del Estado para encausarlo o bien a la mera reproducción de las lógicas del capital, o bien hacia formas institucionales que controlen los excesos de esas lógicas (la mera reproducción y acumulación del capital) hasta que surjan en el seno de la vieja sociedad los embriones que permitan emancipar a los seres humanos del trabajo alienante. Alienante porque fuerza una y otra vez la división entre capital y trabajo asalariado y mercantiliza así las relaciones sociales.

La sustancia esencial del pensamiento de Marx (que Engels reconocía a él mismo le resultaba difícil interpretar en toda su complejidad) no pudo siquiera ser estudiada por quienes a principios del Siglo XX, como señalamos antes, se devanaban los sesos procurando o bien iniciar el proceso de superación de la sociedad dividida en clases o bien encontrar formas institucionales que evitaran dejar librado a la lógicas del capital el gobierno de la sociedad, pues algunos de los textos esenciales en que se expone toda la complejidad de su pensamiento no fueron publicados (con el debido cuidado editorial) sino hasta la década del 50 del siglo XX.

Con todo, sin embargo, hubo un intelectual soviético que con los textos a su disposición logró diseñar una teoría general del Derecho, es decir, de la política y la ley. Fue E. B. Pashukanis en un trabajo titulado La teoría general del derecho y el marxismo.

En ese ensayo sostenía lo esencial que en este capítulo se ha descripto como el pensamiento de Marx en relación a la política y la ley.

Fue brutalmente perseguido, él y su obra, por el estalinismo.

Pero así como Galileo pudo decir, “igual se mueve”, Pashukanis nos puede decir hoy, en pleno Siglo XXI, y con Marx, las revoluciones, en su sentido profundo, no se preparan, brotan, pues a las relaciones de producción de las condiciones de existencia no puede modificarla a su antojo (aunque sí intervenir sobre su devenir) y a la política no puede anularla, la mera voluntad de los seres humanos.

Imagen: wikipedia

 


 

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Gerardo Bleier

Gerardo Bleier

Gerardo Bleier nació el 26 de noviembre de 1960. Escritor, Periodista y Asesor en Comunicación Estratégica. Dirigió revistas, radios y programas de televisión. Publico varios libros de poesía entre ellos Ideanimas (Arca) y Cenizas (Artefato) y una novela Cráneo de Vaca (Cruz del Sur). http://gerardobleier.blogspot.com/

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