POPO ROMANO & GUSTAVO RIPA EN SALA ZITARROSA

Popo Romano & Gustavo Ripa en Sala Zitarrosa

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Manteniendo viva una tradición que se remonta a la fundación de la Sala Zitarrosa, este viernes Popo Romano se presentará nuevamente en el escenario de lo que él mismo define como un “templo de expresión de la música popular uruguaya”.

La Sala ha albergado un recital de Popo y alguna de sus diversas propuestas musicales año tras año desde su inauguración. Y en esta oportunidad, el bajista compartirá una velada de música con Gustavo Ripa (autor de los galardonados discos de música instrumental “Calma” y “Más Calma”).

Con Romano valiéndose de un bajo electroacústico y un triple colombiano que se amolda a la tímbrica de las guitarras de Ripa, ambos compositores brindarán un concierto marcado por un aire de meditación, buscando que la temperancia se impregne aunque sea un poco al arrebatamiento del mundo.

Transcribo la conversación que mantuve con el músico y actual presidente del FONAM en su hogar del barrio Buceo, rodeado de instrumentos y mementos que destilan una existencia consagrada a la composición humana por la vía del arte.

Supongamos que estás frente a una persona que desconoce tu obra por completo. ¿Cuál sería la clave de acceso para tu música?

Primero, mucha curiosidad. Por más que uno tiene el deseo de que su trabajo se conozca (porque para eso lo hacemos) no es muy sencillo que eso llegue a la gente. Entonces, las personas que han llegado a mi música yo creo que tienen eso: mucha curiosidad. Y una atracción por algo que no es lo que comúnmente se está ofreciendo. El hecho de que mi trabajo no tenga letra es una particularidad, es diferente a lo que comúnmente se suele escuchar. Una canción o una música sin texto suena como algo particular. Pero en realidad, la música es el arte de bien combinar los sonidos y el tiempo. La letra es un complemento fantástico que colorea y que pinta, y que define. Pero todo gira en torno a sonidos. Y en eso es donde yo me focalizo.  Y creo que las personas que llegan a escuchar mi trabajo se sincronizan con eso, con los sonidos. Y a mí me gusta decir que cada uno puede ponerle la letra que quiere a eso que está escuchando.

Editaste cuatro discos, ¿cómo ves tu evolución en términos generales? Hay quién dice que un artista crea siempre la misma obra. ¿Hasta dónde te parece que eso sea aplicable al arte en general, y a tu obra en particular?

Tengo cuatro discos… no sé hasta dónde se puede hablar de “evolución”. Siempre estamos aprendiendo, en todos los órdenes de la vida. Y no exclusivamente en lo musical.

Hoy por hoy me sucede que me encuentro con amigos o personas que escuchan mi primer disco, y (puede sonar poco modesto) pero yo siento que mi trabajo es atemporal. Como no está vinculado a un presente hay mucha honestidad, mucha sinceridad. He mutado sí un poco a nivel sonoro – la tecnología ha aportado cosas, la era digital ha aportado muchas herramientas. Pero yo creo que en lo que tiene que ver con mi primer disco y mi último trabajo, siempre soy yo. Yo soy el mismo, y puede ser que me repita. Pero cada uno tiene algo que decir, y lo dice y a veces le sale un poco mejor. Y capaz que en el 2000 me salió un poco mejor que en el 2014.

Y en tu caso puntual, ¿de dónde surge el hecho artístico? ¿De una reflexión profunda, o del simple éxtasis de estar vivo, y querer celebrar las alegrías y los avatares?

Ja, qué linda pregunta. Yo estoy enamorado de la música. Estudié de chiquito en el barrio donde nací, con una profesora a la vuelta de la esquina. Fue de chiquito, con once o doce años que a mí me viene una pasión desmedida al punto que generó preocupación en mis padres. Todos mis amigos estaban en la playa en verano, y yo estaba encerrado en mi cuarto a oscuras, sentado con las piernas cruzadas, en pose de indio. Como si estuviera meditando, y en aquel entonces no sabía lo que era meditar. Y escuchaba música a oscuras, y además con los ojos cerrados. Y llevé mi vida y mis horas a tocar, y a desarrollarme como instrumentista.

Obviamente que es vocación,  obviamente que es pasión. Pero es un amor incondicional al sonido.

¿Cómo definirías (o explicarías) tu vínculo con los instrumentos musicales?

Estoy enamorado de la música, y estoy enamorado de los instrumentos. Vos estás en mi casa ahora, y ni bien entraste yo te hice un pequeño recorrido, y te los mostré. Los instrumentos me llaman a mí. Me llaman mismo. Y una vez que llegan a mis manos, son herramientas que cuido casi obsesivamente. Como ves, hay muchas franelas. A ninguno de estos instrumentos le vas a ver una marquita de polvo, ni nada por el estilo. Porque es como cuidar tu mano, o como cuidar tu estómago. Es como cuando vos amás la vida, cuando estás feliz de estar vivo y respirando. Entonces, un instrumento cuando llega a mi casa es parte de mí. Y es el vehículo por el cual yo me puedo expresar. Y me genera un cuidado y un afecto muy potente. Y eso se transmite en el instrumento, el instrumento luce de una forma distinta y vibra de una forma distinta. Y obviamente que suena de una forma distinta.

Para alguien que ha viajado tanto, ¿es cierto que los uruguayos se destacan por su creatividad? ¿Se explica eso por estar en un país pequeño, donde se puede correr más riesgos al no haber discográficas que subyuguen a los artistas de modo tan explícito como en otras latitudes?

Claramente acá nos movemos con más libertad. Cualquiera de nosotros puede decir “no me interesa vender mi trabajo”, pero vivimos en un mundo donde tenemos que pagar la luz, tenemos que ir al supermercado. Uno puede ser muy espiritual, pero tenemos materia. Tenemos cuerpo, tenemos que comer. Y tenemos obligaciones. Y el desarrollo musical también está condicionado a ello.

Lo que tiene Uruguay es que somos pocos habitantes. Pero afortunadamente, hoy la música uruguaya se ha proyectado internacionalmente, hay números internacionales que también generan un buen ingreso económico. Pero yo creo que para la mayoría de nosotros eso no es el objetivo. Y eso le da a nuestro trabajo una honestidad y sinceridad que de repente en otros países (que son comercialmente más fuertes) puede verse más digitado. Y eso es una ventaja para un artista que se mueve en un medio pequeño. Uno está haciendo lo que tiene ganas de hacer, sin otro objetivo que pasar un buen rato.

Una pregunta que me encanta formular… ¿cuál fue el momento no-musical más lindo que te dio la música?

No, no hay uno fueron muchos. Y cuando termine de darte algunas situaciones sé que me voy a estar olvidando de una cantidad. Antes de comenzar la nota estuvimos hablando de Eduardo Mateo, de haber tocado con Jaime, con Rada… y estar hoy alternando escenario con mi nieta, ir a verla tocar… Estoy como repetitivo, y vos hablabas de mis cuatro trabajos y me preguntabas si había evolucionado o no. Y me doy cuenta que tengo una forma de llevar mi vida, y hay un curso que sí se repite. Y cuando transcribas la nota, prácticamente lo vas a ver en todas las respuestas. Y es el amor y la vocación por todo lo que estoy haciendo. Entonces difícilmente yo pueda traer a mi cabeza un recuerdo donde no haya subido a un escenario, o no haya entrado a un estudio de grabación, o no haya dado una clase si no la estoy disfrutando, si no estoy conectado con lo que estoy haciendo. Y fueron todos momentos maravillosos, y no tengo sino palabras de agradecimiento por haberlos vivido.

¿Cuándo surge la labor como docente? ¿Fue natural?

Hace muchos años también. Y es como natural porque no es que yo haya hecho un llamado a clases. El hecho de estar tocando hizo que la gente empezara a acercarse. Y parte de mi satisfacción por esa tarea – que además es otro de los ingresos que tengo, que me permite llevar adelante la economía de mi casa – es que me permite tener en mi memoria una serie de bajistas extraordinarios que hoy son famosos. ¡Y que tocan muchísimo más que yo, tienen muchísimo más trabajo que yo, y ganan muchísimo más que yo! [Risas] Y eso es también la confirmación de que la docencia (en lo que tiene que ver a la formación del individuo) es un ida y vuelta en el pasaje de información. Y sí puede influir, pero en definitiva nadie llega a ser nada por más que tenga un maestro extraordinario. Todos eso gurises que vinieron y hoy les va bárbaro lo hicieron por mérito propio, y hoy estoy agradecido de que pudimos charlar un rato e intercambiar información.

¿Y es recomendable estudiar un instrumento de cero, o eso puede limitar el estilo del intérprete?

Todas las posibilidades son válidas. Va a depender del compromiso que tenga el individuo, como cualquier otra actividad. A casa han venido personas con ningún conocimiento, y no han continuado su carrera. Han venido personas con ningún conocimiento, y han tenido carreras brillantes. Han venido personas con conocimientos que no se proyectaron, y han venido personas con conocimientos que se proyectaron. Entonces, yo opino que no hay una sola manera de dedicarte a nada. Todo es válido, todo es posible. Depende de cada uno.

Con respecto al evento de este viernes en la Sala Zitarrosa,  ¿cómo se plantea la posibilidad de tocar con Gustavo? ¿Cuándo se origina el vínculo?

Gustavo tiene sus dos discos, “Calma” y “Más Calma” que ya son disco de platino. Son dos discos fantásticos. Y se vinculan conmigo por el hecho de que tampoco tengan texto. Con Gustavo nos conocemos desde hace muchísimos años, hemos estado en muchísimos proyectos juntos. Pero no se había dado esto de una fusión tan expuesta. Gustavo me invita a grabar en sus dos discos. Y cuando los presentó en el Movie me plantea hacer algo. Y como la amistad está, y el vínculo musical siempre estuvo (a mí me seducen muchísimo la tímbrica que maneja, y su dinámica y sus arreglos) surgió este evento compartido.

¿Es un concierto conjunto en todo momento? ¿O habrá una alternancia de espacios?

Pasa de todos, yo estoy tocando temas y arreglos de los discos de Gustavo con él, Gustavo tocando temas míos los dos juntos… pero hay intervenciones de cada uno en solitario.

¿Cuál será su extensión?

Durará como una hora y media. Ya venimos tocando con él desde el año pasado, y nos hemos divertido mucho. Siempre ha habido una buena convocatoria, hemos generado un público que se ve interesado por esa sonoridad. Y la Zitarrosa para los uruguayos es un templo de expresión de la música popular. Yo toque en la Zitarrosa antes de su restauración, toque en la Zitarrosa cuando se inauguró y vengo tocando un concierto todos los años. Es la primera sala que se construye en Uruguay con la finalidad de cedérsela a la expresión musical. Antes cualquiera de nosotros tenía que recurrir a una sala de teatro, y no era lo mismo. La infraestructura no estaba pensada para eso. La cualidad que tiene la Sala es que tiene un acuerdo ventajoso para un músico, tiene un equipamiento de primera. Hay que cuidar mucho esa Sala, y estar muy agradecidos de que contemos con ese espacio para compartir lo que hacemos.

¿Qué hubiera sido Popo Romano si no hubiera sido músico?

Con todo esto que te conté de mi infancia, a mí me llevaron al sicólogo. No era un individuo muy normal… y hablaba de piloto de avión, o astronauta, o un estilo así. Algo muy vinculado al espacio, o las estrellas. Y cuando estoy tocando, sé que no estoy en esta tierra.

Una cuestión es razonar, y otra cosa es sentir. Uno puede estudiar muchas horas, uno puede leer partituras y tener un entrenamiento técnico extraordinario. Pero de ahí a que uno pueda sentir lo que está haciendo es un trabajo interno distinto, no es racional.

Y hoy por hoy, ¿cómo ves tu carrera? ¿Qué tanto dirías que has fracasado, y qué tanto has triunfado?

[Risas] Ninguna de las dos cosas. No he dado concesiones, siempre he tocado lo que quise tocar, y he acompañado a artistas fantásticos que además me gusta mucho lo que están proponiendo. Así que lo que tengo son solamente palabras de agradecimiento al país, y al público que me sigue. Porque eso me ha permitido llegar a la edad que tengo, llevar adelante la educación de mis hijas, yo ya tengo un nieto. Y ese refrán de “no es más rico quien más tiene sino quien menos necesita”… tengo mis instrumentos junto con la moto (que es otra de mis pasiones) y con el hecho de estar en actividad, tocando. Independientemente si van dos o cien personas, me alcanza para sentirme feliz con la profesión a la que he dedicado mi vida.

Vos me preguntas qué voy a hacer en tres meses, qué voy a hacer en un año y no tengo la menor idea. Cada vez mi vida se proyecta menos hacia el futuro, y se proyecta más al presente. Sé que ahora tengo esto con Gustavo, y he proyectado alguna cosita más. Pero no hay un plan a seguir. Así voy llevando mi vida al día de hoy.

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Emilio Pérez Miguel

Emilio Pérez Miguel

(Montevideo, 2 de diciembre de 1979) Traductor público de idioma inglés, periodista cultural y organizador de eventos a beneficio de hospitales pediátricos en Uruguay y Argentina. Su labor periodística comenzó en junio de 2009 con la fundación de MusicKO, un sitio dedicado a la reseña de artistas emergentes. En la actualidad colabora con diversos portales entre los que se incluye Cooltivarte, al cual se integró a inicios de 2011. Como escritor, publicó dos libros de poesía en 2009 y 2010 (“Once” y “Ten”) y uno en prosa que vio la luz en 2013 (“Ayer La Lluvia”). "Once" y "Ten" fueron libros híbridos, con una propuesta enraizada en igual parte en la música y la poesía. "Ayer La Lluvia" aunó esta pluralidad de formas, y se presentó con los artistas que lo inspiraron en un festival de música y literatura que se extendió durante dos años, al término del cual Pérez Miguel se retiró como escritor. Las experiencias vividas durante ese tiempo fueron entonces sintetizadas en la "Campaña Del Juguete", una gira de conciertos que beneficia al Hospital Pereira Rossell en Uruguay, y al Hospital Garrahan en Argentina. Pérez Miguel fue asimismo el primer escritor uruguayo en subir todos sus libros a Internet, amparándose en el sistema de derechos libres conocido como Creative Commons. Basándose en que "el arte es para compartir y no para competir" y buscando "una democratización real de los bienes culturales", el autor comparte su obra en su propio sitio y en diversas páginas que fomentan la literatura, de manera libre y gratuita.

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