Sofía Rosa - Foto gentileza de la entrevistada

Poesía verdadera, entrevista a Sofia Rosa

Sofía Rosa es poeta y profesora de literatura en secundaria. Autora del poemario Falsas Escrituras, fue entrevistada por COOLTIVARTE y nos cuenta sus impresiones acerca de la poesía en Uruguay hoy en día, cómo es publicar, sus motivaciones para escribir, dejándonos además unos recomendados para leer en este 2012.

“En Uruguay es muy difícil hacer el parricidio, Benedetti estuvo publicando hasta poco antes de morir; es decir, unas generaciones se mezclan con otras y poco lugar hay para los más jóvenes, esa fue la misión del 45, que luego se impuso como un muro imposible de derrumbar. Me gusta como algunos autores jóvenes hoy intentan llevar a cabo un parricidio, abuelicidio y podríamos decir un tataracidio…”

-¿Cómo es editar poesía hoy en Uruguay?

-Quizá mi respuesta sea un lugar común: “difícil”. Porque no tiene que ver sólo con la “calidad” de lo que se escriba, sino que también hay factores de suerte, de dar con la persona indicada, con la editorial indicada, etc.

Mi experiencia personal, por el contrario, me llevaría a responder que es fácil, ya que el primer libro que presenté, gustó y se publicó. Incluso recibí una propuesta de publicar en una antología de relatos sin que yo mandara nada directamente. Pero creo que, en definitiva, editar un libro -ya que dejamos afuera las publicaciones en la web y revistas- no es fácil y muchas veces es muy costoso.

Yo estoy muy conforme con Yaugurú y, especialmente con el Maca, él se toma en serio lo que hace e interpreta los textos. Sus ediciones son muy cuidadas y dignas de la poesía. Siempre me dio para adelante, así que no me puedo quejar. Si pudiera, volvería a intentar editar con él, o al menos sería la primera puerta que golpearía.

-¿Cuál es su motivación a la hora de escribir? ¿te encuentras “bloqueada” en algún momento?

-Trato de escribir siempre que puedo. Es el tiempo y la relectura los que dicen si eso vale la pena o no, es bueno o no, se tiene que trabajar más o no.

Por lo general intento escribir cuando no me domina ninguna emoción, ni alegría ni tristeza. Una especie de estado neutro que no contamine el texto, para dejar que éste diga lo que tiene que decir, aunque después duela. Siempre hay algo de inspiración, de arrebato, como aquella frase famosa de Wordsworthtan cara a los románticos: “la poesía es el desborde espontáneo de sentimientos poderosos”, pero que nunca se lee hasta el final de las Baldas líricas en donde decía justamente que la poesía es un bricolection en tranquilidad. Bécquer -aunque lo niegue como escritor- también decía: “cuando siento no escribo”. A mí más que nada me nace una especie de necesidad de escribir (un sentimiento casi biológico), de sentarse solo ante la página en blanco. Y ese instante de vida y muerte es el más importante, el más doloroso y el que intenté expresar en Falsas escrituras. Como escritor es el momento más intenso, más angustiante, pero un instante de vida o muerte.

-¿Cuál crees que es el perfil del lector de poesía?

-Es difícil, porque hay muchos tipos de poesía casi como lectores existen. Creo que el que va a una librería o biblioteca en busca de Un Libro de Poesía -y uso la mayúscula para destacar que va buscando eso y no otra cosa- es un lector con un horizonte de expectativas muy alto y que busca que el libro ocupe un lugar importante en su vida. Es decir, no es un lector de novelas de verano que se escriben al por mayor -sin despreciar este tipo de lectura-, busca otra cosa, otro sentimiento, otro tipo de lectura. Creo que lo mismo pasa con la narrativa. No es lo mismo buscar o comprar una novela o colección de cuentos cualquiera o que salga barato, que ir específicamente a buscar La vida breve. También está el que busca libros porque tiene la obligación de leerlos, pero ese no lee por placer, buscando algo para su vida.

-En los concursos de poesías ¿Qué tan subjetiva es la elección de un poema para que unos sean publicados en un libro y otros queden afuera?

-Los jurados eligen según su criterio lo mejor de lo que se presenta al concurso. Esas son las reglas del juego. Otros jurados, la mayoría creo, eligen lo mejor pero siguiendo su concepción estética sobre lo que es poesía o “buena” poesía. Algunos escritores muy hábiles han sabido escribir para concursos y jurados, otros escriben excelentes poemas pero no coincide con la visión del jurado o con la estética final del libro que se pretende publicar. Pero cada vez que nos presentamos a un concurso debemos saber que estas son las reglas y punto. Hay algunos muy sabios que primero ven quién es el jurado y luego deciden si enviar obra o no. No sé qué es lo mejor. Es uno de los temas que me estoy cuestionando últimamente.

-¿Qué significa para ti la Poesía?

-Me llama la atención la mayúscula en la pregunta. Eso debe indicar que es importante. Más que la poesía, para mí es importante la creación artística -tanto para el que la hace como para el que la consume- porque creo que es capaz de salvar vidas, como la mía.

Durante mucho tiempo me tocó estar del lado del consumidor de arte -música, pintura, letras, cine, fotografía- y ahora estar del lado del creador de arte. Pensar en la posibilidad que lo que yo hago pueda provocar una mínima parte de lo que ha provocado y provoca en mí el arte, es algo me conmueve mucho, por eso trato de no pensar en ello. Dice Rousseau: “solo la fantasía puede darnos la felicidad, la realización, en cambio, la mata”.

-¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Cómo trabajas hasta concretar un poema?

-Hay una parte biológica, física en todo este proceso y debo responder a ella (casi como ir al baño). Cuando surge, no importa el lugar, el soporte en el que se escribe, lo que importa es escribir, expulsar eso que está llamando a gritos, desesperadamente. Entonces escribo, que salga, que nazca. Puede ser una frase, una imagen, un poema, un relato, lo que sea. Por ejemplo, muchos poemas de Falsas escrituras nacieron como comienzos de cuentos que no llegaron a la segunda oración, pero sí al segundo verso. Durante la escritura misma intento no ejercer ningún tipo de control -solo el ortográfico, pero me es inevitable-, es decir, no es la escritura automática de Bretón, pero sí la escritura que se busca a sí misma. Luego el poema reposa en el silencio y la oscuridad, hasta que lo vuelvo a leer, corregir, descartar, cambiar, volver a corregir, hasta que me quedo conforme y se lo leo a alguien (después de mi, el primer lector siempre es Camilo, mi compañero) o hasta que pienso que es una porquería y lo entierro en el disco duro de la pc.

-¿Cómo es su relación con el lenguaje, con las palabras? ¿las buscas, las persigues o ellas llegan?

-Más que llegan, ganan. El lenguaje es algo maravilloso y perverso a la vez. Es una puerta que se abre y se cierra al mismo tiempo. Es lo que hace sudar al poeta. Aunque inventemos un lenguaje, palabras -como el mágico y sonoro glíglico de Cortázar- el escritor las debe y quiere poner por escrito, entonces luchas con las letras, los fonemas. Pero esa es la gracia de la poesía, ese es el desafío del poeta. Se cuentan con las mismas palabras que el resto, queremos decir exactamente lo mismo que el resto, pero lo queremos decir de otra manera, de nuestra manera. Y ahí se planta el lenguaje para hacernos la guerra. Siempre hay que dejar que gane.

-¿Cómo ves la poesía actual en Uruguay? ¿Y en ella a tu generación con respecto a las anteriores?

-Es difícil hacer una valoración de tu contemporaneidad. Además “poesía actual” abarca tanto a gente de 12 años que escribe y publica en blogs, como a uno de 80 años que saca un libro. Creo que se está escribiendo mucho, y muchas cosas son muy buenas y sinceras. Es decir, que hay gente que está escribiendo porque es una necesidad y eso se percibe en cada verso. Después está la moda, la costumbre, el nombre, el renombre, el prestigio…

Yo no sabría decirte si formo parte de una generación. Al menos me cuesta imaginármelo. No sabría si sería una generación por edades, por género (literario o sexual), por formas de publicar, por lugar de residencia (es decir, por razones que tienen poco que ver con la escritura misma)…Si aceptamos una generación determinada exclusivamente por edades, también sería difícil determinar ciertas uniones. Creo que hay ciertos grupos de escritores que se sienten más o menos afines, incluso que se juntan para charlar o jugar al fútbol, otros se encuentran en lecturas y es una excusa para intercambiar ideas. Pero yo te podría decir con quién me siento afín y siento que comparto un “ideal estético” -y quizá haya una diferencia de edad muy grande con algunos y con otros no-, y con quienes me siento muy alejada, tanto que me molestaría sentirme parte de una generación.

 

-¿Qué te generó o dejó la generación del 45’?

-En mí fue la puerta de entrada a la literatura “en serio”. Es decir, cuando hice el IPA conocí a la generación del 45 desde adentro, sus ideales y su escritura, y me fascinó. Por supuesto, caí en las redes de Onetti e Idea Vilariño (antes, mucho antes me había capturado Felisberto), caí en el universo inagotable de la crítica literaria. Creo que la generación del 45 -y esto no lo digo yo, claro- marcó la cultura uruguaya, como lo había hecho el 900 pero de una forma más violenta.

A tal punto, que creo que muchos dialogamos con autores del 45, ya sea como reescritura o como contraescritura. En Uruguay es muy difícil hacer el parricidio, Benedetti estuvo publicando hasta poco antes de morir; es decir, unas generaciones se mezclan con otras y poco lugar hay para los más jóvenes, esa fue la misión del 45, que luego se impuso como un muro imposible de derrumbar. Me gusta como algunos autores jóvenes hoy intentan llevar a cabo un parricidio, abuelicidio y podríamos decir un tataracidio…

Por mi parte, y pensando en mi tesis final de licenciatura, voy por un sendero contrario (no me lo propuse como un fin ideológico sino que tiene que ver con sentimientos y gustos) y voy a intentar rescatar a una autora un tanto olvidada de la generación, ya veremos.

 

-¿Qué libros nunca has podido terminar de leer y por qué?

-El Ulises de Joyce. Hice de todo, hasta organizamos lecturas en grupo… pero lo voy a terminar, voy más de la mitad. Y uno que empecé y lo dejé, porque me lo habían prestado y me pone mal tener tanto tiempo un libro prestado fue Los hombres que no amaban a las mujeres, el best-seller de Stieg Larsson, una profesora de historia me lo recomendó, me lo prestó y como se terminaban las clases se lo devolví. No suelo comprar ese tipo de libros ni leerlos, pero me dio curiosidad tanta recomendación. No le terminé.

-¿Qué opinas de los ciclos clásicos de nuestro medio, ejemplo Caramelos y pimientos, Ronda de poetas, etc.?

-Está muy bueno que haya tantos espacios para promover y fomentar el encuentro de poetas y que estos muestren sus textos. A veces al ser tantos y tan seguidos se vuelven reiterativos y exigen, de alguna manera, a los escritores a escribir mucho (que puede traer consecuencias nefastas para la poesía) o a leer siempre lo mismo. Eso es un riesgo. Pero está muy bueno cuando invitan escritores de otros países porque el enriquecimiento es mayor. Creo que lo principal es el intercambio que se puede dar, tanto al escuchar a otros escritores como al hablar con ellos. Hoy por hoy, no sé si hay muchos Sorocabanas en donde se reúnan para debatir y comentar cara a cara, más bien el intercambio se da en la web, entonces creo que estos encuentros hace que los escritores salgan de sus cuevas y se encuentren y hablen frente a frente. Eso vale.

-¿Qué palabras le dirías a alguien que está comenzando en esto de la poesía, alguien que ha decidido ser poeta?

-Que siga. Que luche. Que escriba para sí, que es lo más importante.

-¿Cuáles son los 10 libros que recomiendas leer?

-Es la pregunta más difícil. Voy a optar por las últimas lecturas que me impactaron y no por los “clásicos”…

Recomiendo a una autora de la que me he vuelto adicta por culpa de Victoria Estol: Amélie Nothomb, cualquiera de sus textos.

Haruki Murakami: Tokio blues

Mari Akasaka: Vibrador.

Natalia Mardero: Posmonauta y Guía para un universo.

Oliverio Girondo (es clásico, pero siempre hay que volver a leerlo).

Gabriel Peveroni: La cura.

Camilo Baráibar: Médanos.

Laura Alemán: Viento.

Pedro Dalton: No solo del hambre vive el hombre.

Yanina Magrini: Terminarlo a mano.

-¿Cuál es la relación de los poetas y de la poesía en general con las editoriales hoy en Uruguay?

-Extraña. Hay editoriales netamente comerciales y lucrativas y por lo tanto nunca van a publicar poesía porque no vende, es costoso, rinde vender libros de futbol, política o seudo-novelas históricas. Por otro lado, hay editoriales independientes que publican de todo y le hacen un lugar a la poesía, un lugar muy importante, y es una posibilidad para el escritor que quiera publicar. Y luego las ediciones de autor, que uno encuentra cosas muy buenas publicadas allí y otras no tanto, como pasa con las editoriales. Pero creo que la edición es el último, último, último paso en el proceso de escritura y que de ninguna manera determina la calidad de un escritor.

-¿Cómo ves a los más jóvenes respecto a la poesía o literatura desde tu rol de profesora?

-Lo veo difícil pero con esperanzas. Por supuesto que es más fácil decir “a los jóvenes no les gusta leer, no quieren nada” y lavarse las manos. Pero ellos mismos te demuestran que están ávidos de que les lean historias, de encontrarse con escritores, de escribir. Para mí la enseñanza de la literatura no debe ser solamente aprender tal o cual recurso literario, sino adquirir el goce de la lectura y la escritura -que es lo más difícil-. Doy a Quevedo o a Julio Herrera o a Borges, y les mando a escribir sonetos, y he quedado muy sorprendida con las producciones de los chiquilines. Cuando han ido a charlas tanto de narradores como de poetas -incluso participé en la Feria del Libro organizada por El Altillo en Solymar en un encuentro con alumnos-, siempre la respuesta de los escritores invitados es muy gratificante: hacen silencio, escuchan, reflexionan sobre lo que dicen, hacen preguntas interesantes que demuestran incluso la lectura de la obra… El tema que los logros de los alumnos no tiene prensa, y es preferible ver todos los que repiten, se drogan y desertan. Pero hay muchos que quieren escribir, incluso he tenido alumnos que con 14 años ya son escritores. Y por esos también hay que seguir trabajando.

-¿Estas trabajando en algún proyecto que nos puedas contar?

-Como proyecto, es sólo eso, pero por suerte en esta oportunidad es compartido con el gran escritor y artista Marcos Ibarra. Se tratan de relatos poéticos, oníricos que traen el universo de la niñez. Ya he leído algunos de ellos en encuentros, por ahora, me encanta escribirlo e intercambiar con Marcos que es un genio, a veces me da miedo, porque me parece que estuviera adentro de mi cabeza.

 

   

 

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