imagen - Hablan por la espalda - Los del galpón. 28 de Junio, Paullier y Guaná. Foto© Mauricio Minacapilli

PERO MÁS ROCK ES NO PERDER EL ROCK

Hablan por la espalda – Los del galpón. 28 de Junio, Paullier y Guaná.

Cuando llegamos los teloneros aún no habían empezado, estaban apenas a caballo del escenario y mirándose como esperando la voz de aura. Un público casi adulto, tomando cerveza de nombre extranjero de a vasitos de plástico, se acerca de a poco, completando quizá unas quince o veinte personas. Está todo listo. Con el primer karrang se rompe el silencio y se da por comenzado este jueves vampiro.

“Somos Los del galpón, somos de Santa Lucía y estamos muy felices de estar acá” dice el vocalista al cabo de un par de temas. Saco rápidamente la conclusión de que con esa fuerza podrían haber sido de donde quisieran. Están rompiendo todo el escenario, yo quiero bailar, ellos están completamente desacatados, el público está estático. Supongo que son aún los habitué del boliche y dejo de mirarlos, rubios varios de ellos y bien vestidos. “Se nos desarma todo”, dice el vocalista y bajista, que a esta altura ya se ganó mi cariño, bailando y tirando patadas al aire mientras al guitarrista se le rompieron ya dos cuerdas y al baterista se le aflojó el atril del crash.

Termina y subimos. Arriba está lleno de gente, atrás de unas vallas, tomando alcohol fraccionado y caro. Con Mauri queremos ir para enfrente, donde iríamos si tuviéramos una caja de vino y si alguno de los dos fuera a tomarla en caso de tenerla. No se puede, molestamos a los vecinos, nos dice un señor. Nos sentamos en el cordón de la vereda a reírnos. Eso tampoco se puede, nos dice otro señor. Nos acomodamos incrédulos atrás de las vallas a esperar.

Apenas escuchamos el bajo volvemos de un salto al sótano. Paullier y Guaná hoy tiene un aire al club de la pelea: arriba hay gente cenando y tomando vinos con nombre, gente más cheta que nosotros, y abajo está por tocar Hablan por la Espalda, una banda de Hardcore que tiene más de diez años y un séquito bastante grande. A los primeros sonidos comienza la procesión.

Bajan y bajan personas a la “velocidad del rayo”, como dice la canción con la que abren el toque. Hacemos un poco de tetris y entramos en ese espacio mínimo, respirándonos cerca y tocándonos todos. El vocalista, que luego me entero de que se llama Fermín, es una especie de hobbit energético que hace muchos gestos que dan ganas de bailar, como todo lo que hace Hablan. “Vamos a tocar temas de varias épocas de Hablan por la Espalda” anuncia el cantante, y luego sucede lo que todos esperábamos: tocan Calor en el pecho y se prende fuego Paullier y Guaná. Pierdo a Mauri y adivino su pelo enloquecido adelante del todo.

Fui a este toque con poco conocimiento de causa, un poco por gusto. Cuando Hablan estaba en su apogeo yo tenía 16 años, y no salía mucho, pero mis amigas más rotas ya iban a sus toques, cuando todavía existía BJ en la calle Soriano. Es decir, fui un poco cual tabula rasa y observé con la mirada más investigadora que pude todo lo que estaba ocurriendo. Sin embargo ya había escuchado Macumba, cosa que había roto mi imparcialidad en pedacitos considerando que es para mí uno de los mejores discos uruguayos de los últimos tiempos y un gran candidato al repeat.

Con lo que me encontré fue con que al menos la mitad del público de esta banda, treintañeros ellos o al menos mordiendo la cifra, bailaba y saltaba cantando las canciones. Era una fiesta propiamente dicha en la que el Hobbit, fernet en mano, era el anfitrión. “¿No me pasás otro fernet con coca?” preguntaría luego, a la barra, desde el escenario. El escenario de Paullier y Guaná es muy chico, no aguanta tanto rock, por tanto el plantel tuvo que acomodarse a lo largo de un costado de escenario que había y quedaron separados por una enorme columna. Nosotros, el público, también estábamos divididos por columnas. No importó. Éramos todos la misma fiesta, el mismo baile.

Todo el piso estaba mojado con vino, se rompieron vasos y botellas, pasaron personas por arriba del público. Gente poseída bailaba y cantaba, gente que sabía todas las canciones cantaba haciendo alevosísimos gestos, amigos se abrazaban y otros se miraban arengándose para ir al pogo, que ocupaba más o menos todo el lugar. Había parejas que apretaban, había parejas que bailaban, había personas por todos lados. Sentados en la escalera algunos, en el fondo nosotros los tímidos, y ya otros subiendo arriba del escenario, tirándose hacia abajo o quedándose arriba. Estábamos muy pegados, sentía las caderas de otras personas bailando, las carteras que me pegaban al ritmo. Todos nuestros treintañeros, nuestros profesionales, nuestros cerca-de-serlo, nuestros estudiantes avanzados de licenciaturas, juntos desahogándose en este jolgorio violento, en este bailoteo y griterío, aferrándose a esa noche para no perder el rock, algunos ya de camisa, en las últimas etapas de la transformación. Más rock es no perder el rock. Más rock es la decadencia propia de querer permanecer, de agarrarse con uñas y dientes a la mejor etapa de tu vida. ¿Existe algo más rock que eso?

Hablan por la Espalda tocó un gran popurrí de canciones, que adiviné de distintas épocas porque algunas eran de un hardcore casi doloroso y otras más bien candombes. Los presentes pasaban del baile desenfrenado al grito furioso, del serpenteo corporal al puño al aire a la voz conjunta de “ya no hay misericordia, nunca hubo tiempo”. Finalmente anuncian Macumba y todo se vuelve muy intenso. Veo personas como locas bailando por todos lados, algunos buscándose violentamente, otros más consigo mismos, otros más recreativos. En el medio de este caos, termina. Mauri me hace un gesto y subimos. Vamos emergiendo, cuerpos sudados. El piso de arriba es un restaurant y los comensales observan con reprobación y cuidado. Ya arriba le pregunto “¿Esto es siempre así?” con una sonrisa cansada, pensando que trabajo en una hora. Mauri me dice “No, en realidad es mucho mejor”.

Imagen portada: Hablan por la espalda – Los del galpón. 28 de Junio, Paullier y Guaná. Foto©  Mauricio Minacapilli

 

 

Hablan por la espalda – Los del galpón. 28 de Junio, Paullier y Guaná. Foto© Mauricio Minacapilli www.cooltivarte.com—————————

Posted by cooltivarte.com on Saturday, May 30, 2015

 

   

 

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Mad Madelaine

Mad Madelaine

A diferencia de su progenitora, no nació, sino quizá apareció, con la única misión de fundar y administrar el Primer Club de Fans de los Fideos con Manteca y Queso. Como ocurre con los clones, y los viajes en el tiempo, algo salió mal y Mad Madelaine fagocitó a quien escribe adquiriendo sus superpoderes: Nació el 6 de Marzo de 1991, estudia Lingüística en Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, y puede correr a la velocidad de la Luz.

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