PEDRO AZNAR - RESONANCIA 35 AÑOS - La Trastienda Club MVD - Abril 2019 - Foto © Carlos Iglesias www.cooltivarte.com

Pedro Aznar: Resonancia en Montevideo

Presenciar un show de Pedro Aznar es una experiencia espiritual. Lo comparo a la lectura de un libro transformador y la percepción del cambio propio a medida que avanzan las páginas. Del mismo modo, repetir la experiencia profundiza la toma de conciencia.

La inmediatez de su concentración quedó demostrada en la primera nota. Hombre e instrumento como unidad. Coherencia notoria de presencia, intención y acción.

Eligió comenzar con su versión de “Because”. Eso me habla de la confianza y el respeto que le tiene a su público. Hay artistas que transmiten confianza hacia sí mismos únicamente; él confía claramente en tres direcciones: hacia adentro, hacia afuera y hacia lo invisible, y eso marca una diferencia.

Con cada zona de resonancia que elige para su voz se despliegan infinitas texturas, que en forma de vibración nos atraviesan y modifican, haciéndonos compartir asuntos humanos tales como la curiosidad o la dulzura, la incredulidad, el dolor o la rabia, la generosidad, el amor… y otros demonios, diría G.G.M.

Al hablar, su caja de resonancia es esa que no falla: el centro del pecho, y ahí uno se entrega, porque siente que no hay nada que temer.

“Les traigo un espectáculo que para mí es muy emocionante llevar adelante. Hace ya más de año y medio que estamos haciendo esta gira. Es una celebración importante. Treinta y cinco años de carrera como solista”, dijo.

Seguramente muchos del público habrán conectado inmediatamente con el primer contacto que tuvieron con su música. Si bien lo había escuchado antes, esa frase me llevó directo a la primera vez que lo vi en vivo, cuando me emocionó tanto que lloré de principio a fin: él con Suna Rocha en Laskina, hace la friolera de veintinueve años.

Continuó contando del trabajo profundo que hizo de remasterización y reedición de sus discos y de la publicación del libro. Luego, agregó, con esa elegancia y gentileza que lo caracterizan: “El título ‘Resonancia’ está elegido de manera muy deliberada. Porque sentí que todo este viaje no habla solamente ni de mí ni de la música que yo hice en este tiempo, sino que remite a una interacción. Cuando dos cuerpos resuenan, uno genera y el otro resuena a su manera, con sus propios armónicos, color, característica, y siento que eso es lo que nos pasa –y me pongo yo también como oyente y como degustador de la música– con el arte en general y con la música en particular: cuando nos dejamos atravesar por una música, la hacemos parte de nuestra vida pero ya empieza a resonar con nuestros propios armónicos, empieza a hacerse carne en nuestra propia historia y pasa a ser otra cosa. Y esa interacción es lo hermoso que tiene esto. ‘Resonancia’ habla de nuestra música, así que es también una forma de agradecimiento a ustedes”.

Entonces presentó la joya “Fotos de Tokyo”, diciendo: “Es una de mis favoritas. Es además una canción que quiero mucho porque abrió para mí una nueva manera de escribir en cuanto a las letras, una canción crudamente honesta”.

Y ahí es imposible no preguntarse cuántos niveles de resonancia hay en realidad o cómo una canción puede generar tal nivel de sintonización humana, tal desgarro, tal conexión con el misterio y a la vez tal inquietud intelectual y tanta admiración por su virtuosismo musical. Agradezco estas oportunidades de escucharlo a él a solas, sin banda, para poder apreciar completamente su tarea colosal con la voz, la dulzura en los agudos, las muchas capas de profundidad en los graves, sus momentos cristalinos y esos otros que te ayudan a exteriorizar tu propio desgarro y tu propia asfixia.

¿Con qué se asfixia tu alma? La mía se asfixia y avergüenza al escuchar las letras de “Los chicos de la calle” y “Barrio Marginal”. Imposible no tomar diez centímetros de distancia y no pensar: “yo, cómodamente aquí sentada, disfrutando de un hecho artístico, y ahí, a tres pasos, los montevideanos que viven en la calle se multiplican cada día”. Son canciones hechas al menos hace veinte años y en este sentido la realidad argentina y uruguaya lejos de mejorar, empeora amparada por nuestra falta de empatía. ¿De quién son hoy los ojos de piedra? Sacudo afirmativamente la cabeza al escucharlo cantar: “No nos une el amor sino el espanto”. Aunque él hablaba de él y su ciudad Buenos Aires, en lo que refiere a la situación de pobreza de buena parte de la población, el mundo entero está hermanado por la falta de amor.

“Son el baterista; no se pueden ir”, nos conminó. Y cumplimos tan bien que nos halagó. Era el tema “Traición”, que forma parte de su disco “Cuerpo y Alma”, con el que Uruguay tiene un par de cosas, o mejor dicho un par de seres, que ver.

El momento más sagrado para mí fue su interpretación de “Romance de la luna tucumana”. Esa canción tocó alguna fibra de mi alma quebrada. Alguna relación vibratoria habrá habido entre esas notas y mi dolor profundo del último mes. Juro que la belleza de la voz de Pedro aquí, la maravilla de sus notas en la guitarra, y la combinación de una y otras, desarmaron por completo el andamio que venía sosteniendo mis días luego de una catástrofe personal. Es que de todo está hecha la vida y la música que nace desde un lugar auténtico resulta un vehículo de observación y sanación, que se inmiscuye en nuestras realidades individuales. Si resonaremos con el arte… y si será importante la labor del artista.

Me encantó que tocara y cantara “A cada hombre, a cada mujer” porque es una de mis favoritas. Como me moría de ganas de cantar, cosa que hice lo más bajito posible, noté el silencio del público uruguayo. El año pasado en Buenos Aires no hubo ni una sola canción que Aznar cantara sin un coro de cientos. Aquí en Montevideo todo es silencio. Ambas experiencias están buenas; solo comento que me impresiona lo diferentes que son y me pregunto cómo lo vivirá el que está sobre el escenario. Esperemos que sea consciente de que el móvil es el respeto y no vaya a creer que es desconexión.

Y como Aznar adivina pensamientos, al tema siguiente nos pidió que cantáramos con él “Tan alta que está la luna”. Y por una vez en nuestra historia, los uruguayos cantamos… por tres minutos… nada de exagerar.

Hubo más, claro. Hubo mucho más de lo que podría narrar, porque el universo artístico titulado “Pedro Aznar” es multidimensional e incluye cuestiones que intuimos, que se perciben, que se vibran y resuenan, pero que no se ponen en palabras, pues hay cosas que no resisten pronunciación sin hacerse añicos.

Sí puedo, y me hace enormemente feliz, darles la mejor noticia de todas: Pedro Aznar vuelve a Montevideo, a La Trastienda, el día 12 de julio. Y estaríamos locos si nos lo perdiéramos.

Fotos: Carlos Iglesias

 

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PEDRO AZNAR – RESONANCIA 35 AÑOS – La Trastienda Club MVD – Abril 2019 – Foto © Carlos Iglesias www.cooltivarte.com —

Posted by cooltivarte.com on Thursday, May 2, 2019

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Patricia Schiavone

Patricia Schiavone

Patricia Schiavone es Coach Personal, Practicante e Instructora de Reiki y amante de la música. Su página de facebook: @sersentiryhacer y su web: https://patriciaschiavone.com

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