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Narrador gráfico, entrevista a Sebastián Santana Camargo

Sebastián Santana nació en La Plata, Argentina, en 1977, pero desde 1984 vive en Montevideo. Según se describe es ilustrador profesional, fotógrafo ocasional, diseñador gráfico por autoimposición y artista plástico por contingencia.

Al consultarlo, nos confiesa que en realidad ha descubierto ser “un escritor a quien los fosforitos que dibuja le salen demasiado bien”.

Lo contactamos para nuestro ciclo Plásticos de esos que ves por ahí, y nos responde largo y tendido sobre diversos temas que atañen a sus diversas inquietudes artísticas.

 

“Me interesa exponer mis reflexiones sobre el hombre, sobre lo humano, sobre aquello que nos hace ser entidades conscientes, y sobre todo la crítica a la pereza intelectual y emocional siempre presente en la historia de la Humanidad…”

  

-¿Cuándo empezaste en el arte?

-Es difícil ponerle una fecha precisa a esta pregunta, y a la vez tengo un dato muy concreto con el que responder.

Me explico: por un lado, simplemente dibujo desde siempre, desde gurí, como cualquier persona, con la diferencia respecto a mucha gente en el hecho de que nunca dejé de dibujar (un dibujante español, seudónimo “Puño”, dice que a la habitual pregunta “¿cuándo empezaste a dibujar?” el responde “yo, desde niño, la pregunta en todo caso es ¿cuándo dejaste de dibujar vos?”). Desde ahí podría entonces empezar a contabilizar mi vínculo con el mundo del arte. Tanto mi hermano mayor (Martín Santana) notamos, o mejor la gente alrededor nuestro nos hacía ver que, desde chicos, dibujábamos bien para lo que se entiende comúnmente como dibujar bien, es decir, nuestros dibujos lograban asemejarse a la realidad, y por lo tanto eran sorprendentes en relación al resultado de otros gurises de nuestra misma edad. Tampoco eran gran cosa, pero bueno, llamaban la atención lo suficiente como para que nos alentaran a seguir dibujando, o nos pidieran dibujos, o nos dejaran dibujar en paz en vez de exigirnos ir a jugar al fútbol con el resto de la clase. En mi familia no existen antecedentes de artistas destacados en ningún área, sí se que mi bisabuelo por parte de mi madre era un buen dibujante, que mi madre pintaba de joven, y en la familia de mi padre hay personas de gran inteligencia, entre ellos mi viejo y un tío, Roger, una de esas personas capaces de resolver problemas mecánicos y físicos con cuatro clavos, unas correas viejas, un montón de chapas y una soldadora autógena. Tiene una inventiva interminable.

Pero al margen de esta habilidad de dibujar bien (sea lo que sea que eso signifique realmente en relación al arte, y sobre todo al arte contemporáneo), mis padres siempre quisieron que estudiara una carrera universitaria para poder tener un laburo más o menos bien pago y evitar alguna de las complicaciones que les tocaron vivir a ellos. Soy nacido en el 77, así que pertenezco a esa generación de personas cuyos padres querían eso para sus hijos, así como los anteriores casi que por regla general buscaron que las hijas se casaran bien y los varones entraran a laburar en un banco o en alguna dependencia pública. Entonces, si bien mis viejos nunca me presionaron demasiado con el tema de qué carrera elegir, sí era una prioridad el estudiar, y el dibujar un hobby que estaba bien mantener, pero en el que no le veían ellos (ni yo) una posibilidad de sustento, de medio de vida.

Eso por la primer parte de la respuesta.

Ahora bien, si tengo que dar un dato concreto sobre cuándo empecé en el mundo del arte, puedo ponerle mes y año al asunto, y casi que hasta me acuerdo del día: mayo de 1998, creo que el día 10, o por ahí. Ese día pinté una cartulina con unos acrílicos pensando en una figura determinada, y cuando decidí que había terminado, quedé muy preocupado, vivencié una sensación de las que he tenido pocas: me encontré con un resultado que estaba demasiado cerca de lo que había imaginado al empezar la pintura. Las luces, los colores, la forma, todo era demasiado parecido. Me acuerdo muy claramente que quedé un rato largo sentado, casi triste, casi contento, pensando en lo que había hecho, adónde había llegado, dándome cuenta que sí, que podía pasar a papel y tinta, o acrílico y cartulina, o lo que fuera, lo que se me ocurriera en la cabeza. La pieza en cuestión es muy simple, lo supe en aquél entonces y lo sé mucho más ahora, pero no importaba eso, si podía lo menos, tendría que intentar poder lo más.

 

-¿Qué intentan exteriorizar tus obras? ¿Qué te interesa que generen en el espectador?

-Voy a intentar responder siempre pensando en mi producción gráfico-plástica personal, algo que igual se me va a hacer un poco difícil, ya que mi presente como artista plástico depende mucho del trabajo que he ido desarrollando como ilustrador para proyectos comerciales, culturales y otros a pedido. Si bien nunca dejé de dibujar, y tuve ese momento especial en mayo de 1998, lo cierto es que durante muchos años fui produciendo y acumulando obras sin tener muy claro qué hacer con ellas, cómo y dónde exponerlas, si tendrían valor artístico. Igual seguía haciendo cosas por mi cuenta, por placer o a veces por necesidades emocionales o intelectuales. Lo que siempre me interesó fue que dentro de mi trabajo plástico existiera alguna forma de narrativa, alguna historia concreta, o personaje claro en una situación determinada. Desde ese punto de vista, siempre fui antes que nada un ilustrador, aunque no hubiera un texto escrito de por medio. A veces tomaba como referencia obras literarias que había escrito y otras veces inventaba un marco narrativo más o menos consistente desde el cual proyectar una imagen, o una serie de imágenes. En el caso de las series siempre fue pensándolas como una serie de obras, no como viñetas de un relato gráfico (cuanto mucho, realicé algunos dípticos y trípticos, pero la historieta como lenguaje siempre me resultó ajena, aunque hice mis intentos, publiqué varias cosas dentro de ese universo, incluyendo un libro bastante reciente, “Palabra”, donde en realidad aclaro desde el colgado del título que el contenido no es historieta sino relato gráfico).

Entonces me interesa la narrativa, la elaboración de imágenes con una historia discernible, donde haya personajes bien definidos, concretos, humanos. Dostoievski, Gogol y Víctor Hugo fueron influencias muy fuertes en mi idea de qué dibujar o pintar, algo de lo que me doy cuenta con claridad recién hoy. Leí muchas de sus obras en muy poco tiempo (sobre todo del primero de estos autores) y eso se me coló en los huesos y en el deseo de decir algo en el lenguaje que elegí (o me tocó) manejar.

Me interesa exponer mis reflexiones sobre el hombre, sobre lo humano, sobre aquello que nos hace ser entidades conscientes, y sobre todo la crítica a la pereza intelectual y emocional siempre presente en la historia de la Humanidad, pereza que sin dudas practico pero que intento erradicar a través del trabajo en el arte. Y a la vez me interesa el humor, en Monty Python, Quino y Les Luthiers encontré que se puede hablar de los mismos temas que menciono antes pero desde el humor, con la misma densidad intelectual, pero a través de la risa, o de la sonrisa. La simbología cristiana es otro elemento que me interesa trabajar especialmente, sin venir de una familia con una fuerte tradición creyente ni haber recibido más instrucción religiosa que la que tuve durante cuarto, quinto y sexto de escuela en un colegio privado chiquito del barrio Goes, el Colegio San Miguel. Pero como sea, la historia de Jesús, la Cruz, la escena de la anunciación, Dios, el Diablo, los ángeles caídos, Adán y Eva, son elementos que me seducen mucho y cada tanto los tomo como punto de referencia para trabajar alguna idea, alguna intención narrativa. Y las palabras, las letras, también son elementos que por su sola estructura gráfica me seducen mucho a la hora de buscar imágenes desde las cuales decir mi pensamiento en dibujo, ensamblaje, pintura, collage o fotografía.

En el fondo, como decimos con un amigo escritor, Horacio Cavallo, nuestro problema es que yo soy un escritor a quien los fosforitos que dibuja le salen demasiado bien y él es un dibujante a quien las frases que hilvana le quedan demasiado bien construidas, y nos gana la pereza de volcarnos al lenguaje que, quizás, en el fondo era el nuestro: para mí ser escritor, y para él, ser dibujante.

 

-¿Cuánto hay de pensado y de espontáneo en tus obras? ¿Cómo crees que influye o puede incidir el tiempo para con tus creaciones?

-En general boceto mucho, hago muchos apuntes previos, pruebo composiciones gráficas (con el color no me meto tanto, intento que esté balanceado y listo, así que la paleta que trabajo es muchas veces muy pobre o, en el mejor de los casos, muy restringida, sin un valor en sí misma desde el punto de vista conceptual-narrativo). Hago también muchos apuntes escritos, escribo pequeños párrafos, frases sueltas a las que intento darles formas poéticas (aunque casi siempre quedan a medio trabajar), aíslo palabras y trato que desde ahí salgan imágenes, busco sintetizar conceptos complejos a través de palabras específicas que luego traduzco en formas gráficas. Tengo siempre encima una libretita para ir pescando cosas y que queden más o menos retenidas, a la espera del momento o los materiales adecuados para ver si la cosa crece o queda en un mero apunte pasajero.

Al mismo tiempo, y casi contradiciendo lo anterior, hice durante un tiempo (y estoy intentando volver a esta modalidad de trabajo) una series de trabajos y también piezas individuales construidas con el siguiente método: le sacaba una foto a alguna cosa que me pareciera el principio de algo (por lo general, la cara o el cuerpo de un personaje) y luego escaneaba esa foto y la trabajaba como un collage digital, agregando los elementos necesarios para construir la imagen que la parte inicial me había sugerido. En esta línea de trabajo casi no había bocetos, aunque sí armaba la imagen en mi cabeza con bastante detalle (algo así como “este sombrero de pescador doblado parece una calavera triste, puede ser la cara de La Muerte que, por alguna razón está, más que triste, preocupada, ansiosa, nerviosa”, y desde ahí construía una imagen. Este ejemplo existe, es una pieza que se llama “MORTE?”, está publicada en uno de mis páginas web).

El paso del tiempo es algo que me interesa en sí mismo, más allá de reflexiones particulares para elaborar imágenes sobre ese concepto. Me interesan los materiales viejos, los papeles usados y tirados, el óxido, las tintas (y tantos otros materiales de dibujo) que se pueden conseguir en las ferias, los plumines, los lápices que duran años. Además, el proceso de deterioro que van sufriendo mis obras con el paso del tiempo es algo que me interesa ver (trabajo mucho sobre papel y no soy especialmente prolijo para archivar mis piezas, así que los bordes y las esquinas van sufriendo desgastes, pequeñas roturas, alteraciones que, dentro de cierto margen de cuidado, entiendo que son necesarias para las obras).

No soy de retomar piezas viejas y volverlas a trabajar, rehaciéndolas o corrigiéndolas. Cuanto mucho, mantengo algunos proyectos en carpeta (o libreta) durante plazos diversos y si al cruzármelos de nuevo o buscarlos entiendo que resistieron el paso del tiempo, los sigo manteniendo presentes en mi memoria o, en el mejor de los casos, los empiezo a trabajar de una buena vez.

-¿Cuánto hay de independencia en cada obra y cuánto de relación con la anterior y la siguiente?

-En líneas generales sé que todo está íntimamente conectado entre sí, los dibujos que hago por encargo y la comida con la que me alimento, la forma en que doblo la ropa y los paseos que hacemos con mi novia, las obras que logro llevar a cabo y las que hice hace diez años. Si mal no recuerdo, es en “El Arte”, un libro de reflexiones de Rodin sobre este mundo, donde él plantea que cuando le preguntan si es una persona religiosa, tiene que responder que sí, que cree en una cierta espiritualidad, porque si es capaz de agarrar un cacho de barro y transformarlo en algo que parece una persona viva ¿cómo no va a creer en una especie de entidad superior, en algo que está más allá de la razón, en algo sagrado? Dejando de lado, por supuesto, a Dios, la Iglesia católica y todos los demás credos juntos. El concepto es otro, más básico pero por eso mismo imposible de renunciar: sé que todo está conectado, que todo es parte de todo, que se mueve junto a un pulso particular.

Pero bueno, yendo a lo concreto, encuentro muchas relaciones entre mis series, el asunto del interés por lo narrativo sería lo más básico, luego hay líneas de trabajo que me interesan especialmente, como elaborar piezas que aparenten ser tapas de libros o afiches de espectáculos inexistentes. Sobre esta idea hice un par de series, “Nonatos” y buena parte del contenido del proyecto “Illuminatis”.

Además, como no tengo una formación organizada institucionalmente, voy aprendiendo de mi propia experiencia y trabajo, a la vez que miro y estudio todo lo que puedo y me interesa, artistas locales y extranjeros, temas directamente relacionados con el mundo de las artes plásticas y sobre todo mucho interés en la literatura, aunque no soy un lector ni muy completo ni muy organizado. Y el mundo del cine es otro lugar desde donde tomo referencias sobre todo conceptuales sobre cómo trabajar algunas ideas me interesan expresar.

 

-¿Con qué herramientas, materiales y temáticas trabajas más y por qué las eliges para trabajar? ¿Tienes una medida estándar? ¿Sobre que superficie te gusta trabajar?

-Como antes comentaba, me gusta mucho trabajar con materiales viejos, cosas compradas en ferias o encontradas en volquetas, contenedores de basura o directamente en la calle. Fierritos, libros viejos, restos de máquinas, papeles sueltos, alambres oxidados, pedazos de madera. Me llaman mucho la atención, quiero creer que les escucho algo, que les entiendo un sentido inacabado y por eso los junto y trabajo, cambiándoles la forma, claro, pero usándolos como sustrato fundamental.

Luego lápiz, papel, óleo pastel, tinta china, plumines, pinceles, algo de acuarela, nogalina y collages son mis materiales de trabajo más comunes. Y muchas veces, mucha cascola para poder pegar las piezas entre sí. El soporte casi siempre es papel, cartón o cartulina, pocas veces madera y casi nunca tela.

Sobre las temáticas, lo dicho anteriormente, el Hombre y lo Humano, buscar narrativas y personajes, por ahí voy.

Medida estándar, ninguna. Más bien mis piezas dependen del tamaño del taller en el que trabajo, o muchas veces del soporte que encuentro para trabajar. Tuve un taller en un apartamento en Andes y 18, ahí dibujé muchas cosas de mediano y pequeño tamaño (entre 10 x 10 y 50 x 70 cm), luego viví medio apretado en casa de mis padres, ahí hice cosas chiquitas (aunque cada tanto saltaba algo grande, papeles de 100 x 100 cm), luego me mudé a un apartamento enorme en ciudad vieja donde viví solo tres años, y de ahí salieron por lo general piezas grandes, aunque también cosas chicas, aunque lo más importante de ese espacio fueron los macacos que empecé a ensamblar, un poco a la manera de Nantes, pero en chiquito y sin soldadura, ensartando fierritos con maderas con trapos y con pedazos de aparatos y cosas fui construyendo una serie de personajes que terminaron armando una exposición, “Ragasvna”. Si bien esa serie se terminó y todos sus integrantes están en una caja, cada tanto vuelvo a hacer algún macaco por el mismo camino, juntando pedazos de piezas tridimensionales y buscando un personaje que luego me pueda dar una historia.

 

-¿Se puede vivir del arte en Uruguay?

-Se puede, pero depende de mil circunstancias: puede ser a través del apoyo familiar o de algunas otras personas, grupo o institución que le permitan al artista producir su obra sin preocuparse por el mercado, es decir, que le paguen el pan (y el techo, las cuentas y el ómnibus), puede ser que un artista logre generar un flujo de venta de obras que le permitan bancarse la olla sin andar pidiendo prestado (o regalado), como fuere, en mi caso el arte por el arte es un universo en el que me meto cuando el trabajo y las necesidades diarias me dejan el espacio suficiente, que no es todo el que quisiera, pero tampoco me puedo quejar: disfruto mucho el trabajo con el que me pago los gustos y las necesidades, sea ilustrando y/o diseñando libros, afiches, discos o lo que me toque en circunstancia hacer. Algo de arte aparece a veces en alguno de estos trabajos, a veces mucho, a veces más bien poco, pero en la gran mayoría de las veces lo disfruto mucho como una actividad vinculada directamente con mis ganas de ser, decir y hacer.

-¿Crees que en el arte contemporáneo todo es válido?

-Más que creer, veo que sí, que pareciera que casi cualquier expresión de una persona puede validarse como “Arte” si logra introducirse en un contexto determinado. En lo personal, soy de los que prefieren a los artistas que, más allá del lenguaje que elijan como medio de expresión, son capaces, al decir de un amigo, de “dibujar una mano”. Es decir, prefiero las obras hechas por personas que han estudiado, trabajado mucho y luego elegido, y que elaboran piezas que por sí mismas dicen, conmueven, seducen, provocan, obras que tienen vida más allá de textos curatoriales o contextualizaciones que muchas veces parecen más justificaciones que marcos de referencia.

Lo bueno del estado del arte contemporáneo, es decir, de la producción de quienes nos consideramos artistas y que vivimos hoy y ahora, es que hay una gran libertad de trabajo y múltiples espacios de exhibición. Que cada cual haga su camino en la forma que pueda, aunque siempre voy a preferir que en ese camino se haga lo que se quiere y no sólo lo que se puede, es decir, que se estudie, se haga, se rompa y se vuelva a hacer antes de mostrar por mostrar.

Ahora bien, esta libertad de trabajo que celebro está atravesada muchas veces por prácticas y propuestas que, si bien no las considero deshonestas (porque entiendo que quienes trabajan en arte lo hacen siempre desde la honestidad, desde un lugar de verdad personal y de reflexión sobre el mundo), sí las veo livianas, carentes de la sustancia que me interesa buscar en el arte, en el trabajo de los artistas. Encuentro que muchas veces falta un compromiso con algo más que no sea el propio artista y el pequeño y endogámico mundo del arte (con sus curadores, bienales, sistemas de premios y demás), y a nivel personal esa producción artística no me interesa, no me seduce, no me deja más idea y reflexión que una imagen como de un ouroboros, y para ver un ouroboros prefiero la imagen clásica (o una reinterpretación plástica actual, tanto da). Entiendo y busco trabajar en un arte que sea compromiso con uno mismo pero también con el entorno, con las personas con quienes convivo y el tiempo que me tocó estar, en una dimensión que escape a la del pequeño universo del arte, y que por tanto hable de algo más que el estado del arte, la elaboración del arte, el problema del arte y la forma del arte. Busco un arte que hable del hombre (y la mujer, claro), de la vida, de la historia, del tiempo que nos tocó vivir, de los temores por lo que viene y de las reflexiones de qué nos trajo hasta acá.

 

-¿Cuál es tu opinión de la escena local en cuanto a las Artes Visuales?

-La verdad es que conozco poco de la escena local, porque básicamente voy a ver sólo lo que sé que me interesa personalmente, lo que responde a mi gusto personal, a mi aprendizaje como espectador y como artista. Intento siempre formarme un poco más, sacarme algunos prejuicios y ver con ojos nuevos algunas obras que parecen objetos olvidados arriba de un pedestal, o a veces ni siquiera eso. Muchas veces hago el intento de entender algunas propuestas que me resultan incomprensibles, aunque a veces el viejo mediocre que todos llevamos dentro me grita “¡dejá eso, si es una porquería, si no es nada!”.

Lo que sí veo y me da mucha alegría es que hay mucho dibujo en la vuelta, muchos dibujantes jóvenes haciendo y mostrando cosas, algunas que me interesan más que otras, pero hay mucho y muy variado, y sobre todo hay muchos artistas de generaciones mayores que la mía que tienen gran actividad y que transitan un camino de arte que me obliga a estudiar, a mirar con atención, y sobre todo, que me seduce, que me conmueve.

¿Qué tan importante es que el artista genere su propio análisis escrito y reflexivo acerca del rol social, político, económico, ambiental e institucional del arte; promoviendo la crítica sobre su obra y el arte contemporáneo?

-Es fundamental, al decir de uno de mis maestros, Joaquín Aroztegui, hay que acordarse de que los artistas plásticos, además de saber pintar y dibujar, sabemos pensar y escribir (lo estoy citando seguramente con algún error de formulación, pero la idea es esa). Hacer un análisis crítico, y si puede ser escrito, sobre el propio trabajo es un compromiso necesario, porque obliga a cada cual a mirarse con otros ojos, desde otro punto de vista más allá del hacer o el pensar la obra, y desde ahí se aprende de uno como artista y sobre todo, como persona.

¿Cómo ves la crítica cultural en nuestro país y en América del Sur?

-Lamentablemente, conozco poco y nada sobre esto, sobre todo a nivel regional. En lo local, sé que hay poca crítica artística en los medios locales, por no decir que es casi nula, la reciente casi desaparición de “El País Cultural” es una pérdida para Uruguay, y luego conozco la revista “La pupila”, que hasta donde la he leído me parece un excelente espacio de reflexión y difusión del arte, tanto nacional como extranjero.

-¿Cuál es la relación del artista con las galerías y museos?, ¿Qué harías para mejorar la relación artista – galería de arte – público?

-Sobre mi relación con los museos, es la mínima que tengo que tener como artista: voy a ver todas las muestras que puedo, incluyendo las que menos me interesan según mi gusto y formación y, cuando puedo, existe y quiero, me compro los catálogos de las exposiciones. Con las galerías tengo una relación más esporádica, no las visito mucho, en general me parecen espacios cerrados, poco amigables al público en general, con sus puertas cerradas, su atiborramiento de obras y sus carteles de visa en tres pagos. Sé que es donde se venden las obras y es natural que por tanto las galerías de arte se asemejen más a una tienda que a un espacio de exhibición de piezas de arte, pero un poco de aire no vendría mal.

Sobre la relación artista – galerías/museos – público, me dan ganas (y lo hago a veces) de decirle a la gente, amigos, conocidos y colegas que vaya a ver cosas, que se deje seducir, conmover, enojar, que salga de su casa y de sus vueltas habituales y se meta en esa puerta de al lado que no muerde, que encima es de entrada libre en la gran mayoría de los casos (un beneficio como sociedad que no sé si lo tenemos lo suficientemente claro). Aunque muchas veces nos enfrentamos como público a un tipo de propuesta artística para cuyo discurso no fuimos formados, y esto es una materia pendiente desde el ámbito escolar (y los siguientes escalones de la pirámide educativa nacional), además de la crianza de cada cual en su casa. Y sucede esto en ámbitos públicos, dependientes del Estado o del municipio tal o cual. Es decir, muchas veces desde el Estado se premian y promueven formas de arte para las que el público en general, a través de la educación pública, gratuita y obligatoria que por suerte tenemos en este país,  no fuimos formados ni siquiera en las básicas. Entonces es natural cierto desinterés desde el público en general por visitar galerías o museos (estoy haciendo una generalización quizás muy prejuiciosa, pero me animo a sostenerla), porque si como ciudadanos de un país regido por un Estado no recibimos la formación adecuada para apreciar determinadas formas de arte ¿de dónde vamos a sacar el interés para ir a ver esas obras? Claro que también existe una responsabilidad en cada cual como persona de generarse un gusto, una sensibilidad, un interés por tal o cual lenguaje o disciplina artística, pero también hay, o debería haber, una obligación del Estado en formar públicos, en crear conciencia sensible frente a todas las disciplinas artísticas y sus diferentes manifestaciones, para que luego cada cual elija la que más le guste, le seduzca o le conmueva y siga su propio camino como público, hacedor o estudioso, y generar esta formación desde los primeros años de la escuela hasta los últimos de la educación obligatoria, como mínimo.

-¿Cuáles son tus referentes artísticos?

-La lista sería muy larga, así que voy a tomar esta pregunta casi como un juego de memoria, emoción y trabajo de conciencia, redactando nombres según vayan surgiendo en mi cabeza: Francis Bacon, Alberto Gacometti, Lucian Freud, Ron Mueck, Álvaro Amengual, Pilar González, Hugo Nantes, Carlos Musso, Auguste Rodin, Pablo Picasso, Alberto Greco, Dave Mckean, Egon Schiele, Honoré Daumier, Ayax Barnes, Hermenegildo Sábat, Quino, Tute, Leonilda González, Miguel Bresciano, José Guadalupe Posada, Maca, Carlos Palleiro, Fidel Sclavo, Ombú, Renzo Vayra, Martín Verges, Federico Murro, Alfredo Soderguit, Jean-Michel Folon, Tomi Ungerer, Luis Scafatti, Jorge González, Stasys Eidrigevicius, prácticamente todos los afichistas polacos cuyos nombres tengo siempre la vergüenza de ni siquiera poder pronunciar, Jan Svankmajer, los hermanos Quayy la lista la dejo por acá porque ya siento que empiezo a entrar en graves faltas. Pero por ahí van.

 

-¿De qué manera das a conocer tu obra al mundo? ¿Generas vínculos con agentes culturales en el exterior para hacer circular tus obras?

-Como mi trabajo de ilustrador para literatura infantil integra un canal de difusión muy grande, me descanso un poco en que por ese camino voy generando una carrera que me interesa mucho y que tiene un desarrollo difícil de preveer pero sostenible. A nivel de mi obra personal, el trabajo de difusión es más circunstancial, haber golpeado alguna puerta y haber sido recibido muy amablemente (por Pilar González, por Marita Yuguero), haberme presentado a algunas instancias y haber sido seleccionado ganador o finalista (una extinta beca que otorgaba la Intendencia de Montevideo, el premio Paul Cézanne), y poca cosa más. Es una gran falta que tengo conmigo mismo el cuidar la parte de promoción y difusión de mi obra personal.

 

-¿Crees que el público uruguayo sabe apreciar y consumir arte?

-No estoy muy capacitado para responder esta pregunta con seriedad. Quisiera que los museos tuvieran más visitantes, quisiera ver gente haciendo colas para ver obras como pasa en otros países, pero siento que eso no pasa, aunque también he visto mucha gente visitando museos, yendo a ver exposiciones temporales de artistas internacionales que han pasado por Uruguay, y para cerrar la respuesta casi con una contradicción, pienso que la existencia de la opción de bachillerato artístico va a cambiar mucho el panorama de tipo de público dentro de unos años.

A la hora del consumo de arte, ahí sí que estoy lejos de tener una respuesta mínimamente satisfactoria: apenas tengo algunas piezas muy queridas de algunos amigos, y en lo que a mi producción respecta, he vendido poco y nada. No es algo que me desvele, aunque sí me pasa que quisiera tener algunas piezas en casa y que otros se interesen por las mías. Y que, en general, si a una persona le gusta una pintura, un dibujo o una escultura, pueda acceder a ella sin el temor tener que vender un riñón para poder comprarla.

¿Qué opiniones te merece el arte y las redes sociales?

-Como para cualquier otra actividad, las redes sociales, especialmente Facebook, mostraron ser un invento muy bien organizado: funciona, permite interactuar de manera directa entre públicos, instituciones y artistas, permite ver y mostrar trabajos o procesos con una inmediatez que no existía hace unos años. Estaban los blogs, pero eran un Ford T al lado de esto de ahora, aunque a veces Facebook termina siendo un Mercedes Benz ridículamente rápido: el arte necesita tiempo, concentración, tanto sea para ser elaborado como para ser apreciado, y Facebook es una máquina de comer segundos, porque para eso fue inventada, para distraer, vender y volver a distraer.

Pero, si se la usa con cuidado, se le pueden sacar matices muy interesantes, como a la nogalina, por ejemplo.

-¿En qué proyectos trabajas actualmente?

-Estoy participando del evento “La máquina Felisberto”, en la exposición que todavía se puede visitar en el Museo de Artes Visuales, aunque ese trabajo ya está hecho. Además estoy exponiendo una selección de una serie de retratos fotográficos que hice hace unos 10 años, esta muestra se llama “a escala humana” y está montada en el sótano del Bar Andorra.

A nivel de producción en desarrollo, estoy realizando una serie de dibujos de dibujos de distintos formatos que se llama “Gorka”, y si bien me enteré hace poco que es una palabra que existe en algún idioma (no recuerdo cuál), en mi caso “Gorka” es una palabra inventada (algo que hago mucho en mis obras, titular piezas o series con palabras inexistentes o, como en este caso, pretendidamente inexistentes). En esta serie estoy intentando trabajar sobre la miseria de la riqueza, sobre la pobreza y sobre la sensación de un futuro de barbarie que no me puedo sacar de la cabeza.

Además, estoy esperando que de una editorial argentina me confirmen que finalmente entró en imprenta mi libro “Mañana viene mi tío”, un libro-álbum supuestamente para público infantil (en realidad me interesa que los gurises lo lean con sus mayores, o viceversa) que es muy especial, porque es la primer obra de literatura ilustrada de la que soy el único autor, es decir, lo escribí y dibujé. Supuestamente estará pronto para fin de año o principios del que viene, a más tardar, y va a tener distribución local.

Luego, sigo con la promoción del libro “Palabra” (cinco cuentos de Henry Trujillo adaptados a relato gráfico), y luego a nivel de trabajos por encargo, estoy en varios proyectos a punto de ser publicados donde trabajé como ilustrador con un gran espacio de libertad (como el proyecto de divulgación de arqueología uruguaya “Más cerca del cielo” y el disco “Trece canciones” de Diego Presa), así que puedo decir que, también en esos trabajos por encargo, estuve cerca del mundo del arte.

Y finalmente, como hace recién un año que nos mudamos con mi compañera a una nueva casa, estoy en un proceso de establecimiento de mi nuevo taller que siempre lleva un rato entender y usar, así que me estoy permitiendo elaborar piezas chicas para ir entrenándome en este nuevo espacio y en este nuevo orden de mi archivo de materiales. Ya veré si lo que viene saliendo es cuerpo de una serie o meros trabajos casuales, pero por lo pronto los vengo disfrutando mucho.

Más info sobre el artista en:

www.sebastiansantana.com

 
 

   

 
 

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