Marco Caltieri - Foto: http://www.pichicome.com.uy

Metro de Montevideo, entrevista a Marco Caltieri

Palabras del Ing. Estero Bellaco:

Este libro está pensado como un homenaje a todos l@s uruguay@s que hicieron que este sueño deviniera realidad. Nos llamaron “loc@s”, “utópic@s” y mil calificativos más. Y sin embargo ahí está: firme como están las pirámides, el Louvre, la Estatua de la Libertad. Nuestro Metro es motivo de orgullo en el continente entero. Montevideo entró al fin en el selecto grupo de ciudades que saben hacia dónde van. Y de dónde vienen. Al fin tenemos la metrópoli que nos merecemos. Al fin podemos mirar a la cara a las grandes ciudades del mundo y decir “no, señor, no somos menos que nadie”. L@s uruguay@s nos debíamos esto y ahí está, ahí lo tenemos. Una obra que trasciende generaciones, que nos devuelve la autoestima perdida durante tantos años de inmovilismo.
Este libro rememorará el largo proceso que nos lleva hasta aquí. El lector(@) encontrará entrevistas, columnas de opinión y proyectos que nos llevan hasta este presente venturoso. Quiero agradecer la participación invalorable del periodista Emiliano Cotelo, que ha sido fundamental en la difusión de nuestras ideas.
A disfrutar este libro, entonces, a disfrutar del Metro de Montevideo.

Ingeniero Estero Bellaco -Director Ejecutivo de Metro de Montevideo y fundador de la Corporación Metro de Montevideo.

De esta manera da comienzo el mundo fantasioso en el que Caltieri nos quiere colocar cuando leemos Metro de Montevideo. El libro no sólo cuenta con numerosas entrevistas a personajes ficticios que nos hablan de una Montevideo con red de metro, tren y tranvía sino también con montajes en fotos muy bien logrados que nos remiten al juego que el autor nos invita a jugar. Y es que para leer este libro la propuesta es esa, la de jugar, dejarse llevar por la ficción y la no ficción ya que en declaraciones del propio creador, este afirma que el metro de Montevideo es un sueño que muchos se atrevieron a soñar pero no a concretar por múltiples factores, dejando a la ciudad fuera del circuito de las grandes capitales del mundo. El complejo de inferioridad que los uruguayos posemos por ocupar un pequeño lugar en el mapa pero con muchas glorias u orgullos adquiridos por la historia hacen de este país una bolsa donde el querer ser y el ser chocan constantemente. Particularmente para quien escribe esta nota, hubiese sido excitante la idea de poder contar en Montevideo con líneas de metro y de seguro para muchos uruguayos también. Pues este transporte siempre acaparó el misterio de lo subterráneo, de lo que pasa por debajo de nosotros, de las personas que imperceptiblemente se transportan para llegar a sus hogares o trabajos.

Justamente para excavar un poco más hondo en este libro, es que Cooltivarte se puso en contacto con Marco Caltieri para preguntarle acerca de esta extraña pero atrapante idea de realizar el libro Metro de Montevideo.

 

-¿Cómo surge la idea de soñar con un metro de Montevideo?

-Viví casi diez años en Buenos Aires y al comienzo iba y venía al trabajo en subte, viajando en el vagón de adelante del todo, como un nene en el gusano loco. Con el correr del tiempo me fui dando cuenta que la visión que uno tiene del subte es la de un turista. Que vivir y trabajar ahí, es otra cosa. En verano el subte es imposible, viajás apretado, el subte de Buenos Aires no es bueno, no tiene demasiadas combinaciones, te perdés, te hace mal estar ahí abajo tanto tiempo. Y combiné esa idea con la sensación de que Montevideo, los montevideanos se sienten en permanente falta respecto a la ciudad. Como si opinaran que la ciudad debería ser más grande de lo que es. Pero como la ciudad no puede, no sabe cómo ser más grande, nos hemos inventado una fenomenal charla sobre esto: algo así como una prótesis simbólica. Todos sabemos sobre planes para el cantero de Avda Italia, ciudades de malayos, puentes sobre la bahía, o sistemas de subterráneos. El objeto en sí no existe, pero la charla, la mitología respecto al objeto, está y es interesantísima. El metro es, probablemente la idea más persistente o más rica sobre lo que ciudad anhela para sí misma.

-¿Te atrae la posibilidad de que en esta ciudad pueda haber una línea subterránea que descongestione las mareas de gente a las 18 hs en los ómnibus metropolitanos del centro?

-En realidad, no. O sea, no lo sé. No soy un experto en transporte o en urbanismo. No paso de ser un sufrido usuario del transporte público en la ciudad. Es malo. Pero también conozco el transporte en otras ciudades, como Caracas, por ejemplo. Ahí un tipo se compra una especie de micro y le escribe un destino que se le ocurre en el parabrisas con una tiza y sale a levantar gente. O sea, hay gente que está peor que nosotros. Se me ocurre que tiene que haber una manera de, con lo que hay, organizar mejor la cosa y no sufrir tanto. Somos bastante pocos, aún en hora pico. Tal vez sea una sobreactuación nuestra para sentir que la ciudad es más grande de lo que es.

-¿Por qué elegiste el nombre Estero Bellaco para el personaje del ingeniero? ¿Te planteaste alguna conexión con la guerra de la triple alianza?

-Porque cuando era chico vivía a la vuelta del Estadio, iba a la escuela del Estadio, pero mis amigos vivían del otro lado del estadio, hacia La Blanqueada. Hay un triangulito entre 8 de Octubre, Garibaldi y Centenario que tiene nombres de batallas de la Guerra del Paraguay: Humaitá, Ibirapitá, Tuyutí y Estero Bellaco. Uno de mis mejores amigos vivía sobre Estero Bellaco. Parece un nombre, uno de esos nombres uruguayos extravagantes. Por otro lado, la Guerra del Paraguay es nuestra pequeña aventura imperialista: creo que en el fondo (muy en el fondo) como sociedad, a veces pensamos “pero, que cosa, fuimos a una guerra y los masacramos, eh”. Es parte de una reflexión sobre lo que es construcción de identidad nacional, creo.

-¿Cuánto tiempo insumió el fabuloso montaje de las fotos montevideanas con las estaciones de metro en esquinas emblemáticas?

-Gracias por lo de fabuloso. En realidad, llevó poco tiempo (un par de semanas): la publicidad te deja así, haciendo todo rápido y engañando al ojo para que las cosas parezcan mejores de lo que son (para un ojo entrenado, ¡los retoques son flojos!). Algunas de esas imágenes las generé para una serie de postales que hicimos sobre el Metro hace un par de años. La irrupción de materiales vinculados al metro se dio así, de manera un poco tlónica, de a poco y colándose en la realidad.

-En el libro existe una fabulosa construcción del universo del metro en Montevideo. Las fotos, las entrevistas, los personajes que en el aparecen, los mapas, la gráfica en general.¿Esa construcción la llegaste a ingeniar vos solo u otras personas participaron de esa tarea en algunas charlas con amigos o colegas?

-¡Gracias de nuevo por lo de fabuloso! Sí, el desarrollo es propio, con aportes de amigos, favorecedores y parientes varios. Mi vieja es la autora del texto “No tirar yerba en el andén”, por ejemplo. Me pareció genial, hasta que vi en el Buquebús un pegotín que decía “No tirar yerba en el lavatorio”. La mayoría de las cosas vienen de una lógica que consiste en recortar y collaggear algunos objetos del mundo real, para armar una realidad nueva. Gervasio Dellarratta, compañero de laburo, es el autor de la idea del cementerio charrúa al que el metro le pasa por arriba.

-Gente del medio gráfico, la publicidad o la historieta conoce tu trabajo en “Guacho” y otros emprendimientos, como por ejemplo tu charla en el Pecha Kucha. Con respecto a esta última, ¿Que otra cosa haces fuera de tu horario laboral a la que le puedas llamar ponerte los “calzoncillos arriba de los pantalones”?

-¡Ja! Esa charla resume una idea mía sobre una economía inexistente montada sobre una cultura del tiempo libre. Para mí que en esa charla no se entiende nada. ¡Es imposible decir algo en 6 minutos! Creo que hay cada vez más tiempo libre y más gente haciendo cosas interesantes con ese tiempo libre: grupos de teatro, novelas, revistas, blogs, twitters, facebooks. Nadie paga por eso, y eso condena a esa cultura a la marginación, a la nocturnidad. Pero estoy seguro que en algún momento todos vamos a vivir de eso que hacemos a escondidas. La reformulación de los superhéroes en personajes más complejos y tortuosos a fines de los 80, convirtió la personalidad secreta de los superhéroes, en eso que hacen Clark Kent o Bruce Wayne a la noche. O sea, invirtieron la idea tradicional. Superman no se hace el vago disfrazado de Clark Kent. Es Clark Kent el que se disfraza. Algo un poco demencial y fuera de lugar: algo medio travesti. “Los calzoncillos afuera de los pantalones” son eso: la personalidad escondida secreta que hace el bien. O al menos cree hacerlo. Hay que estar medio chalado para ponerse los calzones arriba de los pantalones y editar una revista o escribir un blog. Pienso que mi generación tiene claro que una cosa es comer y otra cosa es divertirse. Esto probablemente nos enferme. Pero es. Cualquier cosa de contenido cultural (entendido como cualquier articulación simbólica), sin contraparte económica es “ponerse los calzoncillos por arriba de los pantalones”. Por ahora, estamos escondidos. Pero ya saldremos del clóset.

Abrazo grande y gracias! Marco.

 
 

   

 
 

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Santiago Méndez

Santiago Méndez

Lic. en Comunicación, nacido en 1980, escribió numerosos artículos en publicaciones editoriales como "Cine y totalitarismo" de Lisa Block de Behar (Universidad de Sarmiento - ARG) y en publicaciones “Maldoror”. Dibujante (caricatura/humor gráfico/storyboards) y realizador audiovisual desde el año 2005. Dirigió el corto documental "Rompiendo el silencio" y "SIMAO". Colaborador docente de audiovisual en LICCOM (UDELAR) durante tres años y cantante de oficio en diferentes agrupaciones de rock n roll sin nombre. Anónimo pero perseverante.

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