Marwan

Marwan en La Trastienda – Una historia de (des)amor

El corazón es un alumno limitado que nunca aprende” canta Marwan junto a Lucas, ambos cantautores procedentes de España. “Todos tenemos animales debajo de la piel” dice mientras pregunta: ¿alguien de aquí está enamorado? Seguro que sí. Y sonríe confesándonos el orden de las canciones:

Primero van las canciones tristes.

Después las canciones más tristes.

Y al final las verdaderamente deprimentes.

Marwan recuerda a Jorge Drexler y a Galeano. Nombra a NACH y habla de España como un país poco solidario donde el gobierno gobierna para las élites. Habla de su ex novia, de las diferencias que hay entre ser sincero y sincericida, del miedo, de la pérdida y del encuentro.

Ambos plantean un concierto de vuelos retrasados y de aviones que no despegarán nunca (cuando hablamos de amor caducado todos transportamos pequeñas cantidades de veneno bajo la epidermis). “El pasado es una chica a la que no hay que desvestir” dice. “Amor es la palabra que resuelve el crucigrama” canta.

Al final de los finales las historias más intensas son aquellas donde dos corazones explotan en un instante.

Y brillar, y brindar, y vivir a pesar del duelo de la historia que no ha sido la HISTORIA de nuestra vida.

Imagen portada: Marwan

Marwan en La Trastienda – 13 de octubre 2015

 
 

   

 
 

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Lucía Baltar

Lucía Baltar

Ciudadana del mundo, mendiga en la tierra. Gritó por primera vez una mañana de marzo de 1987. A los 12 años escribió sus primeros poemas –todos ellos prescindibles-. Llenó libretas durante años. Ganó un premio literario a los 19. Estudió la carrera de psicología pero nunca se atrevió a ejercerla. Terminó un Máster de Escritura Creativa y realizó un poemario. Emigró de España en abril de 2014 –su pasaporte dice que nació en las Islas Canarias. Ella no lo niega–. La mayor parte de su tiempo lo pasa observando la vida de otros, leyendo la vida de otros y escuchando la vida de otros. Ahora se entretiene escribiendo con la luz y robando suspiros con la cámara fotográfica. Ha aprendido a cebar mate, a decir “ta” y “bo” mientras habla y a cruzar en rojo. Se distrae con facilidad, se apasiona por completo y escribe para gritar con igual intensidad que aquella mañana del 87, es decir, con sangre, fluidos y la carne desgarrada.

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