Imagen - Mariana Lucía en Ciclo Deses3adas - Sala Zitarrosa Marzo 2012 © Federico Meneses

Mariana Lucía Adelanta Su Nuevo Disco En Sala Zitarrosa

Radicada en nuestro país desde 1989, la brasileña Mariana Lucía se identifica con la generación uruguaya que revaloriza la canción de autor, y para la cual no existe una frontera real entre “vida” y “música”.

El esquema medular de sus primeros discos (“Proyecto Ser/Afín” y “FLUO”) fue la construcción de un refugio íntimo desde donde reafirmar su manera de sentir y de ver el mundo. Esta etapa (necesaria en el matiz de la identidad de todo artista) dio paso a un nuevo disco con letras donde aflora una mirada social desarrollada, y una voluntad didáctica.

La edición de este disco (producido por Diego Drexler) se proyecta para mediados de 2015, pero un número significativo de sus canciones serán presentadas en la Sala Zitarrosa de Montevideo el próximo 6 de noviembre a las 21:00, ocasión en la que Lucía también repasará toda su carrera.

Esto motivó la siguiente conversación con la cantautora que también es conocida por haber formado parte de la banda de Martín Buscaglia, y por la edición de un disco junto a Popo Romano, Ney Peraza y Matías Romero donde se homenajeó a la lengua portuguesa (“Fados Propios”)

¿Cómo ves nuestra escena musical al provenir de otro país? ¿Qué ventajas y desventajas tiene operar en Montevideo?

Montevideo tiene un mercado bastante restringido para la cantidad de músicos que hay, y para la riqueza artística que ofrece. Por eso, hay que sacarse el sombrero ante todos esos artistas que han tendido puentes hacia fuera, y nos han dado otras posibilidades.

Hay una cosa como más intimista que caracteriza a mi generación.  Drexler tuvo algo que ver en esto de mostrarlo al mundo, si se quiere. Y Cabrera también ha sido un gran referente.  Jaime (o mismo Rada) lo habían hecho, pero de otra manera – son cantautores, pero no esa figura del “cantautor guitarrita”, se mueven en un formato más de banda.

Yo entré en la escena musical montevideana justamente cuando empezaba a pasar algo a nivel de cantautores, y había una cosa como más retro, de la canción y el tipo con la guitarra.  Fue en el 2008 que decidí hacer mi primer disco.  Ahí formé un trío (el Proyecto Ser/Afín), y en el 2010 lo edité con Perro Andaluz. Y ocurrió que en los años subsiguientes empezaron a aparecer varias mujeres cantautoras.  En realidad, ya tenían mucha trayectoria de antes… por ejemplo, me acuerdo de haber ido a ensayos de Samantha Navarro y Sus Macacos cuando tenía quince años.

Yo ahí me di cuenta que estaba surgiendo desde algo más allá de mi individualidad. No te das cuenta, pensás que estás siendo súper-singular, y no… estás inmerso en eso. También por esa época se editaron unos libros que me dieron un empuje adicional, primero fue “EY Canción” de Ina Godoy y el fotógrafo Ricardo Antúnez, y después “ELLAS- Músicas Uruguayas” de Andrés Pampillón.

 ¿Con qué música creciste?

Cuando vivía en Sao Paulo, Xuxa era mi ídola. Mi hermano era fan de KISS. Mi  madre estaba enamorada de la música popular brasilera y escuchaba mucho Elis Regina. Mi padre también, y escuchaba a músicos como Chico Buarque y João Bosco.

En Brasil, las comedias tenían sus bandas de sonido. Había un disco por cada novela, y yo me acuerdo que tenía siete años y me enganchaban las canciones de las novelas basadas en las clásicos de Jorge Amado – sobre todo las de amor. Me acuerdo de “Reina De La Chatarra”, y de conocer a  Cazuza por una de las canciones de la banda sonora, que en realidad era una interpretación de Gal Costa ¡Y a mí me encantaba, y era re-chica! Y después me  fui a vivir a Río, y allá la radio era mucho más americanizada. Me acuerdo todo lo que era el pop de Michael Jackson, y comprarme discos de Madonna.

Y cuando vine a vivir acá (1989) tuve una época más grunge, escuchaba bandas como Pearl Jam, Alice In Chains, Nirvana… me gustaban, pero había mucha influencia de mi hermano. También Guns & Roses… los noventas fueron brutales.

Fue entonces que surgió el vínculo con Martín Buscaglia, ¿no?

Fue por esa época, sí. Teníamos un amigo en común que iba al liceo francés. Cuando lo conocí tenía quince, y él tendría veinte. Y ahí entré como en una onda más hippie, y –a partir de conocer a toda una barra de músicos donde estaba Martín– empecé a darme cuenta de este background de música brasilera popular que tenía. Ellos escuchaban mucho a músicos como Caetano y João Gilberto, porque era la música que escuchaban sus padres. Y ahí me di cuenta que yo tenía mucho de eso también, de la cosa de cantar chiquito, esa cosa más intimista…

Y ahí pasaron años, tuve muchos proyectos musicales, Después hice muchas cosas, canté coros con la banda de Martín, canté en sus discos estuve, en un colectivo de mujeres que se llamaba Lavanda… Y también hice algunos inventos como más plan bandas de covers, para laburar. Estuvo bueno, ahí agarré más cancha, pero nunca pude hacer covers, me aburre. Es un poco esto, si tenés un llamado a la creación te cuesta limitarte a hacer covers. Y te insume mucha energía. Conozco gente que de repente se puede desdoblar, lo admiro mucho eso. Pero yo no puedo.

Y así llegué a mi primer disco, con Diego Lacuesta y Federico Kerber (el proyecto Ser/Afín). Fue todo divino, vivíamos en la Costa de Oro, era muy fácil juntarnos a ensayar. Fue una cosa muy de buscar los arreglos juntos, con cierto espacio también para la improvisación y para experimentar – a mí me encanta esa escuela, me gusta dejar espacio para las sorpresas. Una vez que un arreglo funciona y está buenísimo lo repetís, pero no soy muy de apegarme a que tengo que hacer las cosas tal cual estaban en el disco.

Un día dije “vamos a grabar en vivo” (porque no tenía un mango) y una tarde nos fuimos a la casa de un amigo que estaba armando hasta los dientes y nos prestó varios micrófonos (Román Impallomeni), y después le pedimos a Rafael Hugo (el batero de La Triple) que nos prestara su sala de ensayo.

Siempre tuve muchas canciones sueltas, y quería registrar eso. Y también hasta para sacármelo un poco, y seguir. Por eso, opté por ser súper-práctica. Ensayamos bastante, y fuimos y grabamos todo en una tarde. Y después Román lo mezcló en su estudio, y le hicimos algunas grabaciones adicionales. Y ahí nació el primer disco, y lo presenté en la Sala Zitarrosa, y fue toda una movida.

¿Qué significación tuvo esto en tu vida? ¿Y qué importancia le das al hecho de editar un disco hoy por hoy?

Hoy día el objeto disco es un símbolo, pero no por eso deja de ser importante. El disco es como un disparador, las canciones tienen vida propia.

Ojo, esto lo digo con mucho respeto a las personas que se profesionalizan al nivel de hacer todo tal cual lo grabaron, que también tiene mucho valor. Yo no soy de esa escuela, porque a mí me cuesta repetirlo como estaba.

También pasa que dentro de lo que yo toco con la guitarra no puedo improvisar mucho. Con la voz sí, con la voz me doy mucha más libertad porque es mi instrumento. La guitarra llega a mi vida después, yo ya componía melodías y letras desde hace tiempo, desde muy gurisa. Siempre jugué a hacer canciones.

Me gusta mucho la inserción de esa palabra (“jugar”) en la charla. Creo que en el arte, lo lúdico da la pauta de otros elementos inherentemente buenos, que rebasan lo meramente técnico o formal.

Vos podes ser muy buen músico, y no necesariamente un artista. Y podés ser un artista, y no tener un desarrollo técnico. Me parece que el arte siempre genera algo que no es medible en términos de “lindo” o “feo”…

Es como dicen, que en poesía uno más uno no es dos.

Exactamente. No es medible.

¿Y eso también se transportó a tu segundo álbum?

FLUO” lo grabamos en la casa de Alejandro Aguerre, un músico con el cual toqué, y que fue el productor artístico del disco. Y también fue en una onda muy sincera, por elección y por una suerte de ser creativa con los recursos que tengo. Me gusta más el proceso, ir amasando los temas. Es un dialogo con la propia obra, el disco en todo caso el disco es parte de ese proceso, Nunca pienso en el disco como la culminación de algo. Lo edité también por Perro Andaluz en 2012.

Y a nivel carrera, ¿qué trascendencia tuvo FLUO? ¿Te dio más visibilidad?

Este disco me permitió alcanzar más público, en el sentido de que las canciones estaban todas más relacionadas a la misma etapa. El primer disco tenía más de requeche, porque las canciones pertenecían a tiempos diferentes. FLUO fue más sincrónico, más de un solo momento. Y creo que en ese sentido, para muchos oídos era más fácil.

¿Cómo has trabajado el arte de tus discos? ¿Se aplica el mismo enfoque a la forma y al contenido?   

En el primer disco trabajé con una diseñadora, y en el segundo con un fotógrafo que era vecino de un conocido, y con el que surgió hacer un registro. Me gusta la sorpresa de lo que me invita el momento, y en lo que estoy. Con la música siempre me pasó eso, no lo sé hacer de otra forma. Y me preguntan si no hay concepto. El concepto (como mis canciones) refleja mucho todo lo que me está pasando. Así que no hay manera de que no esté.

Y ahora vas a publicar un tercer disco, con canciones que tienen una mirada social más abarcadora, y letras con un cariz mucho más reivindicador. ¿A qué responde esto, y de dónde surge?

A nivel de texto las canciones son un poco más cuestionadoras, este disco incluye una mirada más hacia fuera. Tampoco es tan diferente, pero aparecen otros elementos. Siento que tiene más que ver con una etapa de la vida, de la adultez, y con el hecho de ser mujer. Con reflexiones respecto de cómo vivo las relaciones, y el afuera. Eso empieza a aparecer un poco más.

El jueves 6 de noviembre en la Sala Zitarrosa voy a estrenar ocho canciones nuevas, y mezclarlas con temas de mis dos primeros discos. Es un adelanto, el disco no sale aún.

En el concierto participan Diego Drexler, Nico Constantin, Leonardo Rodríguez y Elena Prieto. Y como invitados, Martín Buscaglia y Malena Muyala.

¿Qué tanto ejemplifica el primer corte de difusión (“L14”) este cambio de enfoque?

L14 debe ser el tema que más abandera esto. El L14 es un ómnibus que está en la zona oeste de Montevideo, que hace un recorrido cortito. La canción (es una suerte de rap) describe al final un episodio que yo solía vivir cuando vivía en La Teja. Aparecen cuestiones de género, reflexiones de lo que son los modelos femeninos más estimulados por los medios de comunicación.

¿Hay algún esquema de violencia que reconozcas como particularmente dañino, y que deba ser atendido con premura?

Me parece que no se pueden clasificar, son todos dañinos… pero por ejemplo, la fuerza bruta. Latinoamérica tiene un índice muy alto. Y más allá de creer o no en las estadísticas (porque hay cierto margen de subjetividad en eso) dicen algo de la realidad. Y la cantidad de mujeres no solo asesinadas sino también golpeadas y violadas es impresionante.

Y la violencia sicológica también es gravísima.

A tu entender, ¿la música puede modificar eso? ¿Puede operar en ese nivel?

Creo que el arte es una herramienta de cambio, porque va derecho al centro de las emociones. Y puede generar estados de sensibilización muy potentes.

¿Es tu deseo manifiesto que el disco logre eso?

No, no a un nivel así de masivo. Con que alguna persona lo escuche y genere algo en ella, ya me doy por satisfecha. Pero sí creo en la cuestión de ser parte de una colectividad o movimiento que comienza a surgir, y que estoy dejando ciertas semillitas que ahora no puedo ver, y que podré apreciar al mirar hacia atrás un día. Tampoco es algo sobre lo que uno tenga poder. Lo hago porque me hace bien, y lo quiero hacer. Y si otros lo sintonizan, buenísimo. Y mientras siga siendo invitada por la vida a seguir haciéndolo, no voy a dejar de hacerlo.

Imagen portada: Archivo – Mariana Lucía en Ciclo Deses3adas – Sala Zitarrosa – Marzo 2012 © Federico Meneses

 
 

   

 
 

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Emilio Pérez Miguel

Emilio Pérez Miguel

(Montevideo, 2 de diciembre de 1979) Traductor público de idioma inglés, periodista cultural y organizador de eventos a beneficio de hospitales pediátricos en Uruguay y Argentina. Su labor periodística comenzó en junio de 2009 con la fundación de MusicKO, un sitio dedicado a la reseña de artistas emergentes. En la actualidad colabora con diversos portales entre los que se incluye Cooltivarte, al cual se integró a inicios de 2011. Como escritor, publicó dos libros de poesía en 2009 y 2010 (“Once” y “Ten”) y uno en prosa que vio la luz en 2013 (“Ayer La Lluvia”). "Once" y "Ten" fueron libros híbridos, con una propuesta enraizada en igual parte en la música y la poesía. "Ayer La Lluvia" aunó esta pluralidad de formas, y se presentó con los artistas que lo inspiraron en un festival de música y literatura que se extendió durante dos años, al término del cual Pérez Miguel se retiró como escritor. Las experiencias vividas durante ese tiempo fueron entonces sintetizadas en la "Campaña Del Juguete", una gira de conciertos que beneficia al Hospital Pereira Rossell en Uruguay, y al Hospital Garrahan en Argentina. Pérez Miguel fue asimismo el primer escritor uruguayo en subir todos sus libros a Internet, amparándose en el sistema de derechos libres conocido como Creative Commons. Basándose en que "el arte es para compartir y no para competir" y buscando "una democratización real de los bienes culturales", el autor comparte su obra en su propio sitio y en diversas páginas que fomentan la literatura, de manera libre y gratuita.







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