Los retratos efímeros de César Biojo

¿Ánimas palpitando en las manos de un artista? ¿Construcción? ¿Destrucción? ¿Anhelo? Aquí laten los imperios vacíos de una calle en llamas. Un corazón se confiesa y aparecen los espectros. Hay colores, hay pinturas y hay rostros que alguien enmascara. Nadie ha inventado la inmortalidad todavía, pero existen formas diversas de congelar un espacio dilatado en el tiempo. El proceso de búsqueda es intenso y doloroso, habita en la mirada y en el cuerpo de todos los sujetos partícipes de una vida caduca con un final pautado.

César Biojo forma parte y representa el papel del náufrago que anhela tierra, es en sí, un artista de la imagen que plasma en sus pinturas la esencia de la búsqueda, la necesidad humana del desgarramiento, y el pánico a una existencia sin respuestas. Nació en Colombia, se formó en EEUU y continuó sus estudios en España, siendo Barcelona uno de sus hogares escogidos actualmente. Este artista plástico experimenta con sus manos lo efímero del reloj y lo perecedero del tiempo, expresa a través de la pintura lo que no puede expresar en palabras e investiga la condición del ser humano y de su “ser y estar” en el mundo. Un lienzo virgen, un cuerpo y unos dedos con los que crear en armonía con la piel. De la nada surge una forma, de la forma surge un color, del color surge un cuadro que manifiesta la subjetividad del pintor a través de cuerpos que se desdibujan. César declaró en una entrevista que su pintura no es algo que él haga, es algo que él es. Su obra está compuesta de retratos en los cuales no podemos encontrar elementos ajenos al retratado (no hay un fondo, no hay objetos). Crea en el vacío, compone una imagen perfecta y la destruye, habla de transición, de cambio, de movimiento, nacimiento y muerte. Habla del tiempo derretido, se traduce en conceptos efímeros donde prima el declive. Captura en un instante la tragedia humana, lo transforma en conciencia, y ofrece la duda del entendimiento del fin de la existencia terrenal. César Biojo nos traslada a ubicar a nuestros ojos en primerísimo plano, a sentarnos en nuestro propio miedo y a sentir, hacia dentro, la fugacidad del sabor de un recuerdo marchitado.

Web de César Biojo

http://www.cesarbiojo.com/

 
 

   

 
  
 

   

 
 

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Lucía Baltar

Lucía Baltar

Ciudadana del mundo, mendiga en la tierra. Gritó por primera vez una mañana de marzo de 1987. A los 12 años escribió sus primeros poemas –todos ellos prescindibles-. Llenó libretas durante años. Ganó un premio literario a los 19. Estudió la carrera de psicología pero nunca se atrevió a ejercerla. Terminó un Máster de Escritura Creativa y realizó un poemario. Emigró de España en abril de 2014 –su pasaporte dice que nació en las Islas Canarias. Ella no lo niega–. La mayor parte de su tiempo lo pasa observando la vida de otros, leyendo la vida de otros y escuchando la vida de otros. Ahora se entretiene escribiendo con la luz y robando suspiros con la cámara fotográfica. Ha aprendido a cebar mate, a decir “ta” y “bo” mientras habla y a cruzar en rojo. Se distrae con facilidad, se apasiona por completo y escribe para gritar con igual intensidad que aquella mañana del 87, es decir, con sangre, fluidos y la carne desgarrada.







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