Los naipes están echados: el mundo que viene

La democratización permanente

Apuntes para un marco conceptual de la transformación
democrático igualitaria de la sociedad

 

Capítulo 1

¿Cuáles son los principales conflictos que se desenvuelven en el sistema mundo?

¿Cuáles fueron las causas que condujeron al fascismo y estalinismo?

¿Y, en tanto que el sistema mundo ha asimilado ya, aunque con base en formaciones institucionales diferentes, el mismo sistema de producción –el capitalismo- qué capacidad tiene la política de contrarrestar las lógicas de expansión y acumulación del capital basadas en la división jerárquica e internacional del trabajo propias de ese sistema de producción?

¿Qué capacidad tiene la política de gobernar a su vez con y contra el capital a las sociedades organizadas en la formación histórica que conocemos con la designación de Estado Nación y las relaciones entre ellos?

¿Tiene futuro el Estado nacional?

El lector habrá observado, al leer las aparentemente simples inquietudes precedentes, que surgen de ellas un conjunto muy amplio de problematizaciones.

Una de ellas: ¿a qué se alude cuando se sostiene que la política no tiene otra manera de contrarrestar las lógicas del capital que “gobernar a su vez con y contra” las lógicas del capital ya acumulado?

Comienza aquí una larga travesía.

En ella el autor procura esbozar una teoría marxista de la democracia y analizar lo que considera al principal conflicto que afecta a la humanidad, el que se desenvuelve entre lo que podríamos llamar la “razonabilidad” propia de la gestión del desarrollo por parte de los intereses del capital y la política, en tanto representación y praxis de los intereses y las necesidades de la sociedad.

Pero ¿qué cosa es “la “razonabilidad” propia de la gestión del desarrollo por parte de los intereses del capital”?

¿Estados Unidos y Alemania como naciones desarrolladas representan sin fisuras los intereses del capital?

¿Los ciudadanos de esos países que no disponen de capital en condiciones de producir más capital, no tienen ninguna capacidad de influencia sobre el modo de desenvolverse de esas naciones?

¿Y qué cosa es China, una “dictadura del proletariado” que implementó el sistema de producción capitalista para evitar volver a ser humillada por las potencias que aspiran a controlar el mercado mundial, esto es, para generar la riqueza necesaria que le permita no volver a ser humillada militarmente por las potencias que lideraron el proceso de expansión del sistema capitalista?

Como es por todos sabido, el proceso histórico de la civilización no se desenvuelve en un laboratorio.

De suerte que en cada época resultan decisivas las experiencias y acontecimientos que más fuertemente han modelado al período anterior tanto como las ideas y proyectos que las comunidades pueden (con los elementos a su disposición en la realidad material) elaborar en relación a cómo aspiran mayoritariamente que sea el futuro.

Cuando sostenemos que la política, en tanto representación y praxis de los intereses y las exigencias de la sociedad se enfrenta a lo que hemos denominado “la “razonabilidad” propia de la gestión del desarrollo por parte de los intereses del capital”; en ese enfrentamiento, ¿es posible imaginar y poner en práctica alguna forma de acción común supranacional de las comunidades para lograr que la política prevalezca sobre los intereses del capital?

En otra época histórica organizaciones supranacionales de socialistas, democristianos, socialdemócratas o comunistas pretendieron desempeñar ese rol unificador de las demandas de la sociedad y de la representación de sus intereses frente a los intereses y lógicas del capital.

¿Qué fenómenos y disputas las condujeron al fracaso?

¿Es imaginable hoy la creación de alguna forma de asociación internacional de los ciudadanos del mundo que no disponen de capital en condiciones de producir más capital para fortalecer la capacidad de la política de dirigir el proceso de la civilización?

En este libro se procura responder a las preguntas antes formuladas incorporando además otros conflictos, por ejemplo, el que se desenvuelve entre democracia y autoritarismo, entre Estado nacional y globalización, entre racionalismo y anti – racionalismo, entre las elites burocráticas y el vasto universo del trabajo social y el que se desenvuelve entre algunas potencias capitalistas desarrolladas y las potencias emergentes, en estos apuntes denominados “Los naipes están echados: el mundo que viene: La Democratización Permanente”.

 

Capítulo 2

Lucha de clases, conflicto entre imperios expansionistas, conflicto entre occidente y “el resto” …

Desde fines del Siglo XIX hasta la segunda guerra mundial el conflicto estructural entre el capital y el trabajo asalariado, (que el fortalecimiento del sistema financiero, la extensión de la revolución industrial y su expansión a la producción agropecuaria acentuaba en el continente europeo), adquirió un carácter radical.

Al igual que la competencia entre potencias europeas por el control del embrionario mercado mundial.

Un mundo de tradiciones fuertes asentadas en instituciones muy antiguas, por otra parte, se desmoronaba…

Los grupos de interés privilegiados más vinculados al viejo patriciado feudal, acostumbrados a disponer del control monopólico del Estado en las estructuras monárquicas o imperiales, por un lado y las organizaciones revolucionarias que desafiaban esos privilegios por otro, ingresaron en un conflicto radicalizado que producía altos niveles de inestabilidad.

Algunos pocos países lograron evitar caer al interior de sí mismos en ese nivel de radicalidad del conflicto de clases.

Estados Unidos, Inglaterra, Holanda, Suiza, Uruguay, Canadá, Australia, Suecia…

Las naciones que lograron evitar ser arrastradas por la híper polarización del conflicto de clases lo hicieron creando instituciones democráticas garantistas, sistemas educativos y de sanidad accesibles a la mayoría de la población, políticas públicas que propiciaban un desarrollo sostenible, incremental, de sus economías, mecanismos más o menos eficientes de distribución de la riqueza y progresivamente, mayores niveles de libertad individual a sus ciudadanos.

Los países europeos o los que se constituyeron como naciones autónomas al independizarse del imperio británico se beneficiaron del enorme, inmenso proceso de acumulación de capital que habían generado las incursiones expansionistas tanto inglesa como francesa, portuguesa, española, belga, alemana, holandesa…y que mayoritariamente fueron a dar a sus economías.

La segunda revolución industrial había generado en Inglaterra y Francia un desarrollo acelerado de las fuerzas productivas (de la tecnología con la que esas naciones producían y perfeccionaban sus condiciones de existencia, y de las formas de organización del trabajo) lo que comenzaba a modificar radicalmente las relaciones de poder al interior de esas naciones así como a las que de una u otra manera, se encontraban en su órbita más cercana de influencia.

En el plano de las ideas, la aspiración de que la racionalidad política surgida de procesos deliberativos no sometidos a mecanismos coercitivos (la imposición meramente por la fuerza de decisiones estatales o dogmas de comportamiento con base en tradiciones religiosas, previas a la revolución burguesa) impregnaba la acción de millones de individuos de las clases que no disponían de otro poder que el que emergía de su organización colectiva en partidos o asociaciones con base en su capacidad de generar riqueza o en su protagonismo en la generación de la riqueza.

Las dos guerras mundiales que fueron el resultado de esa dialéctica de conflicto entre clases sociales viejas y emergentes y naciones que habían desarrollado la revolución industrial y las que no lo habían hecho, afectaron significativamente a las naciones involucradas en esas conflagraciones bélicas.

Estados Unidos, Canadá, Australia, Suecia, Uruguay… que en buena parte de ese conflicto permanecieron ajenos y que en cambio aprovecharon sus capacidades exportadoras de alimentos, energía o minerales para con esos recursos perfeccionar la calidad institucional de sus democracias disponen hasta hoy de ventajas comparativas medida en términos de estabilidad política y potencialidades de desarrollo.

Ciertamente esa es la única generalización posible de enunciar en relación a esas naciones, pues en otros campos (formas de resolver en su interior los conflictos de clases, modelos de inserción internacional de sus economías, significación demográfica) se fueron diferenciando desde el fin de la segunda guerra mundial.

El conflicto por el rol de dirección del proceso histórico entre la burguesía, las oligarquías feudales y a partir de la revolución rusa, el proletariado, explica la radicalidad de la lucha de clases, que se convirtió literalmente en “guerra de clases” durante el período que analizamos y vamos a analizar detalladamente.

En el período que analizamos, paralelamente al “estado de guerra de clases” que el desarrollo radicalmente competitivo entre naciones con voluntad imperialista en toda Europa propiciaba, comenzaba a tener lugar, de modo cada vez más acentuado, la radicalización del conflicto entre “nacionalidades” por el control de las reglas de juego del comercio internacional, factor de poder ya imprescindible para dar sostenibilidad al desarrollo del capitalismo en cada país.

Ninguno de los clásicos del marxismo alcanzó a discernir la enorme relevancia que este último conflicto adquiriría en el devenir de la evolución histórica de la lucha de clases e intereses a nivel global.

Rosa Luxemburgo fue quizá la única en intuir la dramática interferencia en el proceso de emancipación que el nacionalismo imperialista (y como consecuencia el nacionalismo antiimperialista) en los países industrializados y de desarrollo medio, significaría.

La importancia que en el occidente europeo adquiriría el nacionalismo en sustitución de la religión, como factor de homogenización identitario de las comunidades en su afán por preservar su ser colectivo no fue suficientemente valorada, posiblemente, porque entre mediados del silgo XIX y principios del XX la horrible imagen de la sobreexplotación de los asalariados en casi toda Europa (obreros y campesinos) excitaba la idea de la viabilidad de la superación definitiva de la sociedad dividida en clases.

En cierto sentido puede decirse que desde la Comuna de París hasta la Revolución bolchevique tuvieron lugar dos procesos paralelos, la intensificación de la lucha de clases radicalizada y como respuesta y consecuencia del expansionismo imperialista, la emergencia del nacionalismo como un problema político de la más alta importancia.

Desde el fin de la segunda guerra mundial hasta la caída del Muro de Berlín, sin embargo, comenzó en Europa un proceso de debilitamiento de la significación política del nacionalismo, que iba siendo sustituido como factor de homogeneización por la organización de las sociedades con base en un consenso democrático garantizado jurídicamente: el Estado de Derecho.

Desde fines de la década del 90, como respuesta a ese fenómeno, el debilitamiento del nacionalismo como factor cohesionante de los países europeos en cuanto entidades particulares (ya analizaremos la re emergencia de ese fenómeno en la actualidad y sus causas, así como su pervivencia -la del nacionalismo- en otras regiones del mundo) comenzó a estimularse en buena medida artificialmente, para amortiguar otra vez la significación de los conflictos de clase que reaparecían, lo que Samuel Huntington llamó el “choque de civilizaciones” entre occidente y el integrismo islámico.

Había que evitar el conflicto entre países integrantes de un mismo bloque, organizados militarmente en la OTAN.

También a fines de la década del 90, muy lentamente, comienza a surgir otro conflicto geopolítico global, consecuencia de la emergencia de China como potencia productiva.

Así, una esfera de conflictos desestabilizadores parece comenzar a superarse cuando aparece otra…

Al análisis de las causas profundas por las cuales eso ocurre se aboca también este libro.

Capítulo 3

¿Dictadura del capital vs dictadura del proletariado?

Europa fue protagonista, desde el “renacimiento” (la recuperación del pensamiento griego) hasta el derrumbe del socialismo militar voluntarista, de un muy intenso proceso dialéctico de evolución de la potencia científico – técnica, de la creatividad productiva y de la calidad conceptual de la racionalidad política, características que constituyen los rasgos esenciales de la condición humana.

La ruptura de la sociedad estamental, el desarrollo de las fuerzas productivas, de la innovación tecnológica, (el inicio de la revolución científico – técnica), propició una reflexión progresivamente menos apegada al pensamiento metafísico característico de largo período histórico en el que los seres humanos debían encontrar respuestas a su singularidad sin los suficientes elementos de conocimiento de la naturaleza al mismo tiempo que se veían impelidos a controlar conflictiva y sistemáticamente, la agresividad natural de su condición animal original.

La preservación integral de la vida, la vocación por perfeccionar las condiciones de existencia de la comunidad y la especie constituyen lo propio de toda racionalidad política, del ser social de los individuos.

Cuanto más se “libere” el potencial creativo, productivo, de cada individuo particular, mejores posibilidades generan las comunidades (la especie) para asegurar el perfeccionamiento de sus condiciones de existencia, su continuidad como vida inteligente.

¿Es funcional el sistema de producción al que conocemos con el nombre de capitalismo a esa imperiosa liberación del potencial creativo de todos y cada uno de los individuos que necesita la comunidad, (la especie) para perfeccionar sus condiciones de existencia?

Marx y Engels creían que no. Y al mismo tiempo que advertían que un sistema de producción que contribuye a asegurar las condiciones de existencia de la comunidad según un estado dado de las fuerzas productivas y las relaciones de producción no es sustituido por otro sino hasta el momento en que en su interior surgen los gérmenes de lo nuevo y se hacen carne en las formas de desenvolverse de la sociedad, no dejaban de anhelar que la superación del capitalismo tuviese lugar.

En este escrito vamos a analizar si las lógicas propias del sistema capitalista en su actual estado de desarrollo contribuyen a generar o si en cambio obstruyen el desenvolvimiento de una racionalidad política que asegure el perfeccionamiento de las condiciones de existencia de la especie humana.

Analizaremos más en profundidad el carácter, los contenidos, de lo que hemos señalado como el principal conflicto de nuestra época, el que se desenvuelve entre “la “razonabilidad” propia de la gestión del desarrollo por parte de los intereses del capital” y la política, en tanto representación y praxis de los intereses y las exigencias de la sociedad.

Pero antes realizaremos un largo recorrido que comienza con un breve viaje a las últimas décadas del Siglo XIX y las primeras del XX.

Necesitamos comenzar a analizar por qué los más importantes revolucionarios de la época, entre ellos Rosa Luxemburgo y Vladimir Ilich Uliánov (Lenin), discutieron, en los primeros años del Siglo XX, sobre los contenidos y la pertinencia de lo que el Manifiesto Comunista había designado con el nombre de “dictadura del proletariado” para referir al período de transición entre el sistema capitalista y el inicio del proceso que conduciría a la superación de la sociedad dividida en clases.

Y sobre todo, puesto que procuramos aquí elaborar un método para “mirar” al mundo que viene, necesitamos saber si la China de hoy es el resultado de una experiencia frustrada de superar al capitalismo mediante procedimientos “militar voluntaristas” como el “estalinismo” o si en cambio es una expresión manifiesta de que corrigiendo esa desviación militar voluntarista respecto del pensamiento de los clásicos del marxismo la expectativa de estos en el sentido de que el proletariado iniciara esa transformación (la superación del capitalismo) resultaba sensata, viable.

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Gerardo Bleier

Gerardo Bleier

Gerardo Bleier nació el 26 de noviembre de 1960. Escritor, Periodista y Asesor en Comunicación Estratégica. Dirigió revistas, radios y programas de televisión. Publico varios libros de poesía entre ellos Ideanimas (Arca) y Cenizas (Artefato) y una novela Cráneo de Vaca (Cruz del Sur). http://gerardobleier.blogspot.com/







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