Alberto Mandrake Wolf marzo 2016 foto paola scagliotti

Los Candombes: Entrevista con Mandrake Wolf

El CD/DVD “Los Candombes” representa el primer disco de género editado por Mandrake Wolf. Grabado en vivo, es una muestra de un show más extenso realizado en 2015 en la sala Hugo Balzo. Fue una ocasión bastante especial para Mandrake Wolf y Los Terapeutas, ya que (dejando de lado la influencia obvia del género en su discografía) nunca habían realizado un show consagrado íntegramente al candombe.

A comienzos de 2016, Mandrake tuvo la grata sorpresa de enterarse de que el show se repetiría una vez más el 12 de marzo, esta vez en La Trastienda. Eso dio lugar a la siguiente charla, donde recorrimos el mapa que lo condujo a esta particular instancia dentro de su carrera.

–En todas las notas que has dado respecto a este disco, lo que queda de manifiesto es el enorme afecto que le tenés al material, como así también al género. ¿Cuáles fueron las circunstancias que te condujeron a la concreción de este CD y DVD recién en esta etapa de tu carrera? ¿Y cómo se objetiva la continuidad de esto que fue presentado en su momento como un show específico, y sigue hasta ahora?  

–Esta profesión (porque hoy es una profesión ya) a veces es como un dolor de muela, es como algo que aparece y lo tenés que atender. Y este disco empezó así, tenía ganas de tocar candombe, tenía muchas ganas de hacer un show, porque lo había dejado medio de lado… pero nunca me dio la capacidad para hacer un disco entero, con diez o doce canciones de candombe. Y entonces un día le dije a los muchachos “¿Por qué no hacemos un show de candombe? ¿Por qué no hacemos una sala mediana?”. Porque la realidad es que si bien el candombe como género pareciera ser algo muy popular, la canción de candombe en sí no lo es… es más bien cosa de músicos, o de gente que está en eso, y le gusta mucho la música. No hay últimamente grandes canciones de candombe, en el sentido de que hayan sido hits. El último hit de candombe que hubo fue “La Manzana” de Rada.

Pero bueno, son cosas que a uno que ya tiene una cierta edad le vienen ganas de hacer, y me acuerdo que estábamos acá con Daniel Jacques (el bajista de Los Terapeutas) tomando unos mates una mañana. Entonces hicimos una lista de candombes como para tocar, mirando los discos viejos y sumando otros temas que teníamos. Nos quedó una lista larguísima, como de treinta temas. Y después lo bajamos a unos veinte temas, y ahí cuadró hacerlo.

Empezamos a ensayar los temas, primero entre nosotros, y después nos pareció que aparte de tocar estos temas en formato quinteto podíamos llamar a algunos invitados. Y ahí llamamos a Wilson Negreira, que siempre había sido el percusionista de la banda hasta que se fue en 2002 (y de hecho, cuando se fue es que armamos otro tipo de música, como más eléctrica). Pero bueno, llamamos a Wilson para que toque las congas en algunos temas. Y después se nos ocurrió que nos gustaría tocar con chico, repique y piano. Y ahí me acordé de mi amigo, el “Lobo” Nuñez. Y lo llamé, y arreglamos para tocar. Y ahí tenés la mejor cuerda del mundo, con el Lobo en el piano, y los hijos Fernando en el chico y Noé en el repique.

También hay que decir la verdad, me animé a tocar con chico y repique porque son ellos. Vos en la calle ves tambores, y los escuchás y te quedás como loco [improvisa un ritmo durante unos segundos]. Pero otra cosa es tocar una canción con los tambores. Es otro concepto. Y estos tipos que son tremendos músicos pueden tocar lo que quieras. Y así se armó el cuadro.

Y también se me ocurrió que algunos grandes referentes nos acompañen. Entonces, invité a Roberto Darvin, que para mí es uno de los mejores compositores de candombe. También a Gonzalo Brown, un tipo que viene de la Abuela Coca pero tiene todos esos piques del rap, y nos cruzamos en el Polonio y resultó que sabía uno de mis temas y surgió meterle un rap, y quedó increíble. Y después, Camila Sapín, que es una chiquilina que la conozco prácticamente de niña, y es una gran cantante. Y me gusta que haya un coro de mujer.

–En tu mapa mental al menos, ¿cómo se sitúa el candombe en función al rock y a la música popular?

–Lo que pasa con el candombe es que a veces mucha gente lo identifica con el canto popular. Y para mí no tiene nada que ver, para mí el candombe va por otro lado. El candombe viene de otro lado: es africano. En la época de la dictadura, mucha gente del canto popular lo agarraba como una especie de herramienta, como una forma de decir “esto es nuestro, esto es un sentimiento uruguayo, esto no es foráneo”… y a mí me parece que es tan foráneo como el rock. Es música de gente que la trajeron de forma horrible, totalmente de prepo a nuestro continente. Lo mismo pasó con la gente que trajo el blues, y en definitiva el rock al mundo. Viene todo de África.

–¿Y dónde se sitúa este CD/DVD en el esquema mayor de tu discografía?

–Para mí es un disco más de Los Terapeutas, solo que es un disco de candombe. Y yo me siento muy orgulloso de poder haber hecho un disco de género. Me siento muy bien con el hecho de haberme podido dar el gusto.

Ahora, lo que hicimos antes y lo que vamos a hacer el doce de marzo en La Trastienda es algo más extenso que este disco. En el disco hay once canciones, nosotros tocamos unas veinte. El disco lo que pretende es mostrar a la nueva generación de gente que está más vinculada al rock la cantidad de lugares que puede conocer una canción con base de candombe. Porque no son tampoco canciones que yo compuse para una comparsa como “Serenata Africana” o “Mi Morena”.

Soy muy fanático de una banda alemana de los 70s llamada Khan, que es un grupo que mezclaba una cantidad de cosas, y a mí siempre me llamó mucho la atención. Y me di el gusto de hacer algo parecido a lo que hacía esa banda, solo que usando tambores. Yo tengo los tambores acá, y unos músicos de la puta madre para tocar. Me pude dar ese gusto, ¡a ellos les faltaría eso! [Risas]

–¿Qué proximidades ha generado este disco con el público? ¿Te preocupaba el hecho de que al ser 100% un disco de género le resultara desconcertante a cierto grupo de oyentes?

–Yo soy un tipo que hace canciones, no quiero dar un perfil de “raro”. Si mis canciones son mejor recibidas por mucha gente, entonces yo me siento muy contento. No me interesa tocar para determinada gente solamente, no tengo ese tipo de concepto de “art music”. Yo soy mucho más popular.

–De hecho, en una nota de radio hace poco decías “No soy Bowie, no tengo que reinventarme todo el tiempo”.

–Sí, pero ojo que a mi Bowie me encanta. Me encanta todo lo que ha hecho, y todas las mutaciones que tiene, porque siempre sigue siendo él. Eso es lo que me gusta de él. Y lo mismo pasa con Bob Dylan, que fue una cosa, y después hizo otra, pero seguía siendo él. Y los Beatles lo mismo. Hay muchos casos de tipos que les da por muchas cosas, y que incursionan en otros lados. Y esos son los artistas que más me gustan.

–La esencia siempre se mantiene fijada en su lugar, y lo que hay son excursiones estilísticas que…

–¡“Excursiones”! [risas] ¡Eso me encantó! ¡Me voy a dar un viaje por candombelandia, y después vuelvo! ¡Y capaz después uno por Hip-hoplandia, o andá a saber! [risas] A mí me encanta todo, no tengo ningún prejuicio. Pero de “Los Candombes” en particular me siento muy orgulloso porque sé que es un disco que tiene que ver con nosotros. El candombe es algo de acá. Date cuenta que lo primero que hizo Mick Jagger fue ir a la casa del Lobo Núnez. Y a veces me parece que nosotros mismo no lo valoramos, y estamos medio dormidos de la importancia que tiene esa música negra autóctona para los de afuera…

–Cierta vez, un amigo que había viajado al extranjero me dijo que por lo primero que nos identifican es por el candombe y por Peñarol.

–¡Y está perfecto! [Risas] ¡¿Qué más querés?! Ya está. Perfecto, Peñarol y candombe. Toda esa magia musical, y toda esa gloria aurinegra. ¡No hay mejor definición del Uruguay! [Más risas]

–Enfocándonos ya en tu evento del sábado, vas a presentar en vivo un material que de por sí ya fue grabado en vivo. Creo que eso es algo muy de la época actual – se tiende a darle una importancia o altura a ciertos hechos que antes no ameritaban la celebración de un evento específico. Porque así como vos vas a presentar en vivo un disco que ya había sido grabado en vivo, hoy en día los músicos también suelen hacen eventos con motivo del estreno de un video, o similar. ¿Cómo lo ves en función al hecho artístico en sí? Porque esto antes no pasaba.

–Mirá, en realidad yo no iba a hacer nada. Lo presentamos el año pasado, y para mí ya estaba. Pero me llaman de La Trastienda mismo, y me plantean presentarlo ahí. Y se conversó con mi manager, y se armó esta nueva presentación. Y la verdad que ahora me parece fenómeno, porque me doy cuenta que este disco sino no lo podría hacer de vuelta. Es inviable económicamente hacer toda aquella movida otra vez. Así que tengo la posibilidad de tocar en vivo esta música que sino yo nunca la toco. No es un repertorio que haga habitualmente.

–Cuando escuchás el disco ahora, ¿qué te transmite? ¿Qué te revela que en su momento no fuera obvio?

–Vos sabés que realmente estoy muy contento. Lo que más deseo es tocarlo de vuelta, ahora mismo estamos ensayando y es como decías recién, es irse de vacaciones, es como viajar al mundo del candombe. Y es un disco tocado en vivo que quedó buenísimo aparte, más allá de alguna edición menor que se hizo, la grabación no se tocó prácticamente. Me gustó sobre todo el coloque que logramos esa noche.

Claro, imagínate que me vaya bárbaro con este disco y me salga una gira mundial de doscientas actuaciones, capaz a la actuación número noventa y nueve decimos “pah…”, y los temas los estamos tocando de otra forma por una cuestión de gimnasia, y lo que significa el hecho de tocar en vivo. Aparte el candombe es un ritmo que da para mucha improvisación. Es como una máquina del tiempo, empezás en un lugar y terminás en otro. Es como un ascensor.

–¿Y cómo va a ser el toque nuevo en función al anterior?

–Va a ser muy similar. Desgraciadamente no contamos con Gonzalo Brown y con Roberto Darvin, pero son los únicos con los que nos contamos. Está todo el mismo plantel. Ahora, estaba pensando justo en agregar un tema, pero en general va a ser muy parecido.

Lo que hay que resaltar del show es el hecho de que no vamos a hacerlo una vez más. Desgraciadamente este no es un show que podamos hacer a menudo, porque nos cambia la perspectiva de todo, tiene muchos invitados… Es hasta un show arriesgado para nosotros.

–¿Qué otras actividades planificás para este año?

–Por suerte tengo una buena agenda, toques con la banda, montones de toques solo, hay una fecha con los Buenos Muchachos (que son muy buenos amigos)…

–¿Con Mateo X Seis?

–¡No sé, a veces salen cosas con Mateo X Seis! [Risas] Ahí tenés, esa es otra cosa que es como irse de vacaciones. Es ir a tocar esa música tan linda, y lo que más me gusta es que cada cual tiene su viaje. Pero no es como una banda, es algo que  pinta cada tanto, es como una casualidad o una magia que se da, y de repente estás ahí tocando esa música que es como un viaje espacial.

Y aparte tengo que ver si empiezo a trabajar un disco nuevo de rock, ya tengo todos los temas escritos. De hecho, es el disco que iba a hacer el año pasado, pero como salió esto otro lo dejé para más adelante. Ojalá pudiera editar dos discos el mismo año, pero sería como hacerme guerra yo mismo.

–¿Querés contarme un poco sobre Mateo? Noto que su sola mención ya tiene una carga emotiva muy especial para vos.

Mateo no solo es uno de los músicos que más me ha influido, sino que lo conocí muy bien como persona. Me explotó en la cara, yo tenía quince o dieciséis años. Lo conocí de una forma muy casual, había ido a un baile en el Banco República. Había ido con el Wilson, un amigo. Y me dice, “mirá, ese es Mateo”. ¡Y yo no lo podía creer! Yo tenía los discos. Y viene directo a mí, y me hace así en la cara [cachete] y me dice, “¿qué hacés flaquito, no querés entrar al baile?”. Y me mete para el baile, porque conocía a los porteros. Y adentro sonaba este tema de la época de Travolta que tiene como ochenta mil voces, y giraba todo. Y él me dice “¡Mirá Claudio, mirá cómo se escuchan las voces”! Y yo pensaba, “estoy con el uno, decime como quieras”. Después cuando nos conocimos y supo mi nombre le pregunté, “¿Por qué me decías Claudio?”. ¡Y me dice  que era porque yo era igualito al hijo de una novia que tenía! [Risas]

Después nos fuimos haciendo amigos, yo lo seguía a todos lados. Y al principio era difícil, yo no entendía cómo hablaba, era un tipo con un lenguaje extraño. Vos no sabías de qué estaba hablando a veces.

–Cuando entrevisté a Jorge Schellemberg con motivo de Mateo Por Seis, me explicó que Mateo era un adelantado, y eso lo que generaba principalmente era incomprensión…

–Sí, era un adelantado. Pero también era un tipo que iba mangueando por la calle. Cuando mis padres vieron que me había hecho amigo de Mateo, me decían “¿Pero cómo andás con ese tipo que está loco?”. Claro, lo habían agarrado con tres porros y en esa época eso era bravo. Era como si fuera el diablo. Pero yo era fanático del tipo, y así nos fuimos haciendo amigos. Y él me decía siempre, “¿Cuándo vamos a tocar juntos vos y yo?”. ¡Y yo me cagaba hasta las patas! [Risas] Para tocar conmigo tuvo que llamar al Jacques y al Wilson, y decirles “Bo, el boludo este no me da bola, ¿vamos a tocar?”. Y ahí tocamos. Pero no porque yo no le diera bola, sino porque estaba cagado hasta las patas. ¡De haber sido por mí, no tocábamos nunca! [Risas]

Y cuando lo iba conociendo, cada vez lo entendía más. Y fui viendo que era un tipo súper-sensato. El problema –y esto es algo que los jóvenes a veces no entienden– es lo que fue vivir la dictadura. Un tipo con esa cabeza tan sensible, que estaba más allá del bien y del mal, que disfrutaba de lo más mínimo… Claro, fue mal juzgado por todos. Por los milicos, que lo encontraban con un porro y lo metían para el loquero .Y también por la gente de izquierda, que decía “este tipo está en contra de la causa, es un drogadicto” y lo trataban como si fuera un paria. Y nosotros pensábamos, “pero este tipo es el uno, ¿por qué no está tocando en las cosas de música popular? ¡Tendría que estar él!”.

Cuando lo conocías bien te dabas cuenta que era un tipo muy exigente, de loco no tenía un carajo. Era un tipo que escuchaba toda la música, él dejaba que la música fluyera. Él tenía veinte años más que yo, era un tipo grande, y te retaba cuando la pifiabas. Pero era un tipo bien, muy buena persona…

Un artista.

–Mirá, no sé, para mí era como un extraterrestre que justo vino a caer acá. Todos los del Kinto son para mí una cosa aparte. Hablo con Urbano, y parece que estuviera hablando con Zaratustra, con un iluminado. Te das cuenta cómo le baja la música. Y ahí te das cuenta que son casi iguales. Porque Mateo se drogaba, pero Urbano toma leche nomás. Y tenían el mismo trance, el mismo coloque.

–Una conexión con algo que no está acá.

–Hay una canción de Jaime que habla de eso, “bienvenido al mundo el quinto conjunto”. Como si bajara un plato extraterrestre. Yo creo que esa gente fue especial, esos músicos fueron increíbles para mí. Y mirá lo que son las casualidades, voy a sacar la entrada para los Rolling Stones, y me dice la muchacha que me atiende, “¿Vos sos Mandrake? ¡Yo soy la hija de Walter Cambón!”. Y me emocioné mucho. Para mí el Kinto fue la banda de Uruguay.

–Los nombrás siempre en todas las notas relacionadas con Los Candombes, aunque sea como una influencia implícita.

–Sí, eso es lo primero para mí. Pero ojo que está lleno. Tenés a Totem, a Limonada, a Fatorusso, a Jaime, a Galemire, a Jorginho… y también hay compositores que no son tan conocidos como Heber Piriz, del cual hacemos una canción. Está lleno de compositores de candombe que no son conocidos, y no entiendo por qué no se conocen. Y cuando hice este disco, pensaba en que me hoy me está siguiendo un público joven en boliches como el Solitario Juan, con chiquilines que parecen mis nietos. Y uno que es un músico, tiene que darse cuenta de compartir ciertas cosas. Es como decir, “si les gusta lo que yo hago, escuchen esto también, y vean cómo se engancha por acá. Yo lo hago así, capaz vos lo hacés mejor”. Y eso es mi pequeño tratar de aportar algo. Con “Los Candombes” busco exponer lo que humildemente puedo aportar, hay once canciones cada una con un tratamiento distinto, está buscado adrede. Hay tambores, congas, hay una guitarra sola… Es decirle a los más jóvenes, “buscale la vuelta, metete en esta cosa que es increíble, y es de una colectividad negra que está acá, y esto es algo que está vivo”.

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Emilio Pérez Miguel

Emilio Pérez Miguel

(Montevideo, 2 de diciembre de 1979) Traductor público de idioma inglés, periodista cultural y organizador de eventos a beneficio de hospitales pediátricos en Uruguay y Argentina. Su labor periodística comenzó en junio de 2009 con la fundación de MusicKO, un sitio dedicado a la reseña de artistas emergentes. En la actualidad colabora con diversos portales entre los que se incluye Cooltivarte, al cual se integró a inicios de 2011. Como escritor, publicó dos libros de poesía en 2009 y 2010 (“Once” y “Ten”) y uno en prosa que vio la luz en 2013 (“Ayer La Lluvia”). "Once" y "Ten" fueron libros híbridos, con una propuesta enraizada en igual parte en la música y la poesía. "Ayer La Lluvia" aunó esta pluralidad de formas, y se presentó con los artistas que lo inspiraron en un festival de música y literatura que se extendió durante dos años, al término del cual Pérez Miguel se retiró como escritor. Las experiencias vividas durante ese tiempo fueron entonces sintetizadas en la "Campaña Del Juguete", una gira de conciertos que beneficia al Hospital Pereira Rossell en Uruguay, y al Hospital Garrahan en Argentina. Pérez Miguel fue asimismo el primer escritor uruguayo en subir todos sus libros a Internet, amparándose en el sistema de derechos libres conocido como Creative Commons. Basándose en que "el arte es para compartir y no para competir" y buscando "una democratización real de los bienes culturales", el autor comparte su obra en su propio sitio y en diversas páginas que fomentan la literatura, de manera libre y gratuita.







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