Lollapalooza 2015 – El circo de Perry Farrell desembarcó en Buenos Aires otra vez

Cuando un periodista le pregunto a Perry Farrell porque Lollapalooza, su mega creación festivalera nacida allá por el año 1991 (ideada como una fiesta de despedida de su grupo Jane´s Addiction) había desembarcado antes en Sudamérica que en  Europa, el contesto: “Te lo voy a responder con una analogía: fue algo así como elegir una chica para salir. En Europa había tantos festivales establecidos, así que fue como si hubiera muchas chicas.  Si iba a Europa nunca me iba a casar, en cambio en Latinoamérica pude enamorarme. Quería encontrar la indicada…”

Es claro que esto es un gran negocio, y también que existen buenos y malos negocios, y Lollapalooza es de los buenos, es un negocio en el que todas las partes salen beneficiadas.

El festival se ha posicionado a nivel global como uno de los eventos musicales más importantes, y su llegada a Buenos Aires por segunda oportunidad, ya lo coloca en la agenda rioplatense como quizás el más importante del año (si de masividad, diversidad musical y tendencias se trata).

Para todos aquellos que ya pasamos la barrera de los 30, el nombre Lollapalooza nos retrotrae a mediados de la década de los 90, pleno auge del Grunge (haciendo un poco de historia, Nirvana era la banda encargada de cerrar la edición de 1994 pero el suicidio de Cobain hizo que los Smashing Pumpkinks fueran sus sustitutos – recordada es la lectura en esa edición, por parte de Courtney Love de la carta que Cobain escribiera en modo de despedida antes de apretar el gatillo de su escopeta-).

Pero mucho ha pasado desde entonces.

Así arribamos al día 1 de esta edición.

Llegamos y nos encontramos con el nacido en Rio de Janeiro en 1971, Ed Motta, quien nos regalo un show basado en sus grandes éxitos, a puro swing y funk nos invito a bailar relajados sobre el verde césped del hipódromo de San Isidro. Con un jugueteo vocal notable (a lo Ruben Rada) se metió al público en el bolsillo cuando conto que “Un periodista me pregunto quién era más grande para mi, si Pelé o Maradona y yo le dije Luis Alberto Spinetta…” clap clap clap y aplauso colectivo.

Errores o contratiempos (usuales en esta clase de eventos) que desconocemos, hicieron que en la grilla coincidieran dos pesos pesados (aunque muy diferentes) que a priori mucho prometían, St. Vincent y Molotov.

Dado el atraso del show de la oriunda de Dallas, tuve la oportunidad de ver unas cuantas canciones de los mexicanos. Qué decir de ellos que no se haya dicho antes. Potencia en vivo y más si enfrente hay no menos de 5000 personas a puro pogo absorbiendo esa potencia.

En cuanto a St. Vincent, quizás se trato de uno de los mejores espectáculos de todo el festival. Guitarras distorsionadas bajo loops electrónicos y una batería poderosísima, invitaron tanto a rockear como a bailar.

Annie Clark, con una voz que coquetea entre Alanis Morrisette, Madonna y PJ Harvey, y con David Byrne como máxima influencia quizás, es dueña de “St. Vincent” (2014), ganador de un Grammy como mejor disco de música alternativa. Estamos ante uno de los artistas que mas prometen a futuro.

Luego llego el turno de Interpol. Grupo fundamental del Rock alternativo de fines de los años 90. La banda neoyorquina liderada por Pablo Banks (voz, guitarra y bajo) entrego un show hipnótico y perfecto, también a mi parecer otro de los momentos más altos de los 2 días.

Pasaron The Kooks (con un show repleto de buenas canciones), para luego darle paso a los nuevos ídolos adolescentes de Foster The People, para el deleite de los más chicos y los no tanto (muestra de la diversidad del Lollapalooza). Gopro´s con sus respectivos palos por donde se mirara, a pura selfie o grabación de videos, extraña nueva forma de ver los espectáculos a través de centenares de pantallas de teléfonos. Un espectáculo que incluyo sus máximos éxitos, liviano, si el que está por tocar después en el escenario contiguo es el mismísimo Robert Plant.

A esas alturas Cypress Hill en el escenario Alternative hizo saltar a la monada a lo loco repasando todos sus clásicos, mientras Sean Dog y Be Real (entre una nube de humo que salía de su cigarro loco (?)) rapeaban una frase tras otra, llegando a la locura colectiva con “Insane in the brain”. Un lujo fiestero haber disfrutado de ellos y un acierto incluirlos en el line up.

Fue el turno en el main stage 2 de Robert Plant and The Sensational space shifters. Entre temas clásicos de Zeppelin (“Rock and roll”, “Whole lotta love”) propios y actuales se trato de un show perfecto.

Grandes músicos, improvisación, de lo armónico a lo ruidoso. Una lección desde la vieja escuela por parte de Mr. Robert Plant y compania para las nuevas generaciones. Quienes pagaron su entrada para Foster The People (muchos puberetes seguro no sabían quien era ese tal Plant) seguramente se llevaron esta noche de marzo de 2015 algo en sus retinas, que con suerte el tiempo pondrá en el lugar que corresponde de sus vidas, probablemente como una experiencia gloriosa.

 Llego el momento de Jack White. Cualquier adjetivo quedaría chico para él. A lo Víctor Hugo diría, “de q planeta viniste??… Jacko. Presentando gran parte de “Lazaretto” (2014) su segundo disco solista, se trato de un show sin igual. Acompañado por una banda enorme (Daru Jones en batería – y su particular armado en el instrumento -, Dominic Davis en bajo, la violinista Lillie Mae Rischie, el tecladista Dean Fertita – de Queens of the Stone Age y también compañero de White en The Dead Weather – y el multinstrumentista Fats Kaplin).

Una tras otra sonaron las descargas de un White hiperactivo que estaba en cada uno de los detalles, como un DT obsesivo, esos de los que quieren que todo paso por el (a uno de los asistentes de la banda, quienes estaban de traje, lo mando a agarrar una pandereta y lo unió al grupo en uno de las canciones, lo que pareció un loco impulso de improvisación in situ del propio Jack).

Momento sublime se dio cuando Robert Plant se unió a White y compañía para interpretar juntos “The lemon song “ del álbum “Led Zeppelin II” (1969).

Dos genios, iconos vivientes y vigentes de dos generaciones, consagraron este momento como algo histórico y único para todos los allí presentes, el Rey de la guitarra del hoy con quizás la voz más grande del Rock del ayer, juntos. Nada mas por decir.

El show de White se cerró con una extraña pero efectiva y nerviosa versión  de “Seven nation army” para terminar a pura zapada ruidosa bien arriba y a pura adrenalina.

Sin duda lo mejor que se vivió en San Isidro el fin de semana.

El fin del día 1 estuvo a cargo de Calvin Harris (Dj estrella del momento y en la actualidad el mejor pago del mundo) quien le dio música y fuegos artificiales a nuestra despedida para intentar ir a descansar un rato para lo que vendría el Domingo.

Día 2.

Atravesamos la ciudad en el 60 ramal bajo Maipu, desde el microcentro porteño hasta San Isidro, cómodamente sentados (a diferencia del día 1) en viaje de aproximadamente una hora, llegamos con la música de Pedro Aznar desde el Main stage 2 como banda sonora de fondo para un día de sol perfecto, ideal para que la gente se relaje en el pasto mientras disfrutaba de los varios espectáculos que se desarrollaban en simultaneo.

 Elijo ver Kongos. Un cuarteto de hermanos originario de Sudáfrica (pasaron su infancia en Londres) hijos del cantautor John Kongos (conocido como Tokoloshe man , quien tuvo un gran éxito en los años 70 en clamor por las libertades individuales en pleno ambiente caldeado por el apartheid, razón por la cual tuvo que emigrar). Dylan, Daniel, Jesse y Johnny Kongos ofrecieron un espectáculo de lo más variado, que fue desde las guitarras distorsionadas hasta el hip hop, pasando por diferentes estilos (interesante su versión de “Come together” de los Beatles). Un grupo muy recomendable para escuchar.

Poco después, en Perry´s stage, comenzó a sonar Ritmo machine. El grupo surge de la colaboración entre el percusionista de Cypress Hill, Eric Bobo y el mix master Latin Bitman quienes junto a Sean Dog (de Cyress también) como invitado, levantaron a puro ritmo y versos raperos al publico allí presente, disfrutando de uno de los mejores referentes actuales del hip hop en fusión con la electrónica.

Al mismo tiempo en el Main stage 1 era el turno del indie Rock a cargo de Alt -J. Los ingleses se despacharon con un show sobrio donde cada canción nos sumergió en un viaje que invitaba al trance.

Con guiños a Radiohead y con punteos ochentoso a lo The Cure de Robert Smith, Alt- J también podría ser incluido entre una de las mejores presentaciones del festival.

Llega el turno de los neoyorquinos de The Last internationale. A mi forma de ver la revelación de Lollapalooza. Vinieron en lugar de los legendarios NOFX quienes alegando problemas de índole familiar cancelaron su gira sudamericana.

Se trata de un trío (Delila Paz en Bajo y voz – en tono de Ptti Smith y Joplin -, Edgey Pires guitarra y Brad Wilk bateria – Rage against the machine – quien en esta oportunidad fue remplazado por Fern Sanchez, dado que un rato después se haría cargo de darle poder desde los palos a Smashing Pumpkins), quienes cuentan sobre sus espaldas el excelente “We will reign” (2014).\

El grupo entrego un show potente y básico, guitarra bajo y batería, siguiendo el legado de RATM.

Incluida una versión acústica por parte de Delia Paz de “El derecho de vivir en paz” del chileno Victor Jara (notable momento). The Last internationale cuentan con el apadrinamiento de Tom Morello (guitarra de RATM y Audioslave entre otros) quien ha nombrado al grupo como uno de sus actos favoritos en la próxima ola de roqueros rebeldes, catalogándolos como crudos y reales.

Con letras cargadas de poesía y contenido social y con caricaturas de fondo de Carlos Latuff (dibujante brasileño) críticas al sistema invasivo e imperialista norteamericano, el grupo hizo vibrar al público en su totalidad, siendo ellos, para la mayoría desconocido en lo previo. Otro grupo verdaderamente recomendable.

Luego, a las 19:15, llego el turno de los británicos Kasabian con su indie electro rock. Un buen show, basado en “48:13” (2014), su último disco, y gran parte de sus éxitos  (destaco entre el setlist el cover del gran Fat Boy Slim, “Praise you” ). Recordemos que fueron los encargados de cerrar uno de los días en Glastonbury, (Somerset, Inglaterra) en 2014, uno de los festivales más importantes del mundo. Nada fuera de lo esperable, supieron cumplir con las expectativas creadas para la ocasión.

Entradas las 20:30 horas llego el turno de Billy Corgan y compañía. Esta versión de los Smashing Pumpkins que vimos esta noche dista mucha de la que se convirtiera en una de las bandas referentes de la música alternativa allá por los años 90 y que cerrara Lollapalooza en 1994 en lugar de Nirvana.

En esta oportunidad Corgan estuvo acompañado por Marck Stoermer en bajo (The Killers) y Brad Wilk en batería (RATM), un grupo de lujo. Dejando de lado las distancias temporales, esa actitud de Corgan al principio, que pareció un tanto extraña, termino ganándole a los miles de nostálgicos de los años 90 (y al multitudinario publico) que presencio el show a base de los sonidos que salían de su guitarra, sumado a una excelente selección de canciones. Clásicos como “Disarm”, “Tonight Tonight”, “1979”, “Bullet with butterfly wings”, “Today” (en una deliciosa versión acústica) y “Zero” para el cierre, dejaron a todos contentos y con la plena convicción que (a pesar de unos kilitos de mas) Corgan lo puede seguir haciendo y mantiene su talento y voz intactos.

Ya en la recta final tuvimos tiempo de volver al Perry ´s stage (escenario que albergó en su mayoría a los principales referentes de la EMD mundial durante los 2 días, un clásico en las últimas ediciones del Lollapalooza)

Vimos, al parecer, al nuevo ídolo teeneger de la electrónica mundial, Dillon Francis, quien con su show a base de éxitos remixados y luces hizo bailar a más no poder a los jóvenes presentes.

Luego fue el turno de Major Lazer (proyecto del productor Diplo, quien viene de trabajar con Madonna en “Rebel Heart” y acaba de editar un disco de Jack U -su proyecto con Skirllex-) quien cerró la actividad en ese escenario y convirtió en un verdadero dance club parte del hipódromo de San Isidro. El publico enloqueció a puro salto durante su show, que muchos esperaban, y que presento, con un gran atractivo visual en escena.

Pero lo que la gran mayoría fue a ver este segundo día, fue la primera actuación de Pharrel Williams en Argentina. En el show sin duda de mayor concurrencia durante el festival , Williams recorrió todos sus éxitos. Pharrel es un artista que se encuentra en la cresta de la ola en estos momentos, dentro de lo que es el show business musical actual, luego de su participación en el aclamado y exitoso hit “Get Lucky” de “Random Access Memories” (2013) de los robóticos franceses Daft Punk y de su último disco “GIRL” (2014), y quizás, bien merecido se lo tenga (guste o no) porque viene remándola desde hace tiempo tanto desde su trabajo como productor como desde arriba del escenario. Luego del mega éxito “Happy”, gran parte del público marcho feliz (valga la redundancia simple) y contento para su casa.

Cerrando este enorme fin de semana Lollapaloozero, llego Sonny John Moore, o más conocido como Skrillex, poniendo remixes y electrónica a la banda sonora de la despedida.

Como balance, se podría decir que, por una entrada que si se saca con anticipación, está cercana de los 2500 pesos uruguayos (lo que muchas veces cobra un solo artista en un buen lugar para presenciar su espectáculo en nuestro país) tuvimos la oportunidad un año más, de tener (relativamente cerca) a más de 50 artistas internacionales, en absoluta vigencia, de los más diversos géneros y estilos (de eso se trata Lollapalooza, un festival que desde la diversidad, gracias a Farrel y el tiempo , ya ha conseguido tener una identidad propia, lo que no es poco) quienes, se presentan en esta especie de Feria Circo gigante, tal como se desarrolla en cada lugar en el que se realiza. Cabe mencionar la diversidad gastronómica ofrecida, que iba desde la comida mexicana hasta el clásico chivito uruguayo entre otros, la presencia de cientos de baños químicos ubicados estratégicamente por todo el predio y el servicio de contar con agua gratuita durante todo el evento a través de tanques con varias piletas y canillas ubicados en un punto especifico, a entera disposición del público.

Y aunque las comparaciones sean odiosas, para quienes estuvimos el año pasado, vimos claramente que la cosa fue distinta y cambió bastante en un año. Si comparamos los cierres de ambos y vamos de arriba para bajo vemos que, en 2014, el gran final estuvo a cargo de Arcade Fire y Red Hot Chili Peppers respectivamente (cierres bastante distintos a los de este 2015, a cargo de Calvin Harris y Skrillex), y que bandas como Nine Inch Niles, Soundgarden o Pixies hicieron difícil la tarea de empardar la vara con el line up de este año. Pero ustedes dirán, de que quejarse si se juntaron en escena dos monstruos de la música, de la talla de Jack White y Robert Plant no?. Mi planteo va en busca de más de ese tipo de momentos.

Y no digo esto para plantear un análisis profundo sobre que la música está cambiando y la creación este en crisis ni mucho menos. La verdadera música siempre cambio, ella se transforma, sobrevive, y todo el tiempo da muestras de nuevos talentos que aparecen en cualquier rincón del mundo (y aquí no hablo solo de Lollapalooza) y son ellos quienes mantienen viva su verdadera escancia y lo que realmente vale.

Y mucho de eso vimos en este excelente Lollapalooza, al que asistieron más de 100 000 personas, que, una vez más nos dejo casi sin piernas, exhaustos y con nuestros tímpanos mas castigados (vale destacar la calidad de sonido en cada uno de los 4 escenarios al igual que la imagen en cada una de las gigantescas pantallas que los acompañaban) pero con el espíritu muy arriba, sabiendo que hemos vivido una (o quizás la) celebración artística musical diversa internacional mas importante del año por estos lares.

Solo queda darle las gracias a Perry Farrel por su Lollapalooza otra vez mas (Santiago de Chile, San Pablo, Chicago y próximamente Berlín también agradecidos imagino), y de disfrutar la posibilidad de que existan festivales como estos y que lleguen al Rio de la Plata. Nos vemos en 2016. Seguramente.

Imagen portada: www.lollapaloozaar.com

 

   

 

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Alejandro Hoffmann

Alejandro Hoffmann

Estudio Psicología y Antropología en la Universidad de la República. En 2013 se recibió de Diseñador Web. Realizó talleres de periodismo y gestión cultural. La música siempre lo ha acompañado durante su vida (música la cual considera más grande y abarcativa que conceptos filosóficos como el amor o la libertad juntos, o cualquier otro) y el ancho de banda de sus gustos se ha extendido con el paso del tiempo, aunque quizás no tanto, porque considera (en estos tiempos de mega democratización de los medios de difusión, donde todo artista tiene un lugar para compartir su creación) es sencillo diferenciar lo bueno de lo no tanto, porque según él, lo perceptivo influye más para el entendimiento de la música que lo intelectualizante snob, como esa canción que marca la diferencia en cuanto a las otras en un disco, y es claramente notorio que se destaca. Hoy transita sus días esperando escuchar y ver cosas que no haya escuchado ni visto antes. Se une a cooltivarte en 2014. Escribe para moog.uy - indiehoy.com - acapasancosas.com.ar - la revista Efecto Metal de Argentina y Zona de Obras de España. Desde 2016 lleva adelante Sudtopia, proyecto con el cual intenta difundir bandas latinoamericanas que están por fuera del circuito comercial masivo. Su eje central se desarrolla con publicaciones semanales en el portal http://cooltivarte.com/portal/ y bimensuales en su segmento de la Revista Wop! de Montevideo.

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