“Las revoluciones no se preparan, brotan”

Conclusiones VII

El libro, la mayoría de cuyos anteriores 85 capítulos el lector encontrará en este blog, en su versión impresa se titulará:

Los naipes están echados, el mundo que viene

La democratización permanente

Apuntes para un marco conceptual de la transformación de la sociedad global en el Siglo XXI.

Abordé el apasionante desafío de escribirlo como consecuencia de un difícil acontecimiento que decidí convertir en esperanzadora praxis político cultural.

Logré disponer del tiempo y los recursos necesarios para hacerlo tras una gestión iniciada por mi familia con el objeto de recibir una indemnización, pues como consecuencia de las prácticas del terrorismo de Estado implementadas por la dictadura uruguaya entre 1973 y 1984, resultó asesinado mi padre, Eduardo Bleier.

Reflexioné entonces que en tanto mi padre había dado su vida por participar del proceso de transformación democrático igualitaria de la sociedad, bien podía yo actuar con el mismo espíritu desinteresado y disponer de esos recursos en lugar de para la satisfacción personal de algún deseo, para contribuir a hacer efectiva otra de sus aspiraciones.

Que los partidos de los trabajadores del mundo entero, integrando a científicos e intelectuales, comenzaran a disputar la dirección general del proceso de la civilización a las clases más conservadoras del sistema capitalista.

Pues esa era su principal aspiración, en esos precisos términos enunciada.

No crea sin embargo el lector que no operó ningún interés “personal”.

Considero que si los partidos que se proponen impulsar la democratización permanente de la sociedad, (cualquiera sea su denominación político institucional), no logran concluir la regeneración teórica de la filosofía de la praxis, acentuar la densidad ética de sus prácticas y la calidad general de sus propuestas transformadoras, la crisis estructural derivada de la creciente distancia entre países hiperdesarrollados y países de desarrollo medio o bajo (que no se resuelve con atajos, ni estatal nacionales, ni ideológicos), producirá el desborde de una oleada neofascista que en el medio islámico y en algunos países del este europeo ya es hegemónica y que en muchas otras partes de occidente, todavía sin expresiones militaristas agudas, ha comenzado.

Corrientes ultra ideologizadas tomadas por el “anticapitalismo vulgar” que caracterizó a la crítica de la modernidad – considerada como el esfuerzo de tres siglos por tornar inviable toda forma de autoritarismo- y composiciones ideológicas anticomunistas y ultranacionalistas de diversa naturaleza y sensibilidad, (pues se expresan como antiestalinismo en aquellas sociedades que lo vivenciaron y como pánico ante la democratización de las relaciones sociales por parte de tradiciones históricamente antidemocráticas) confluyen hacia la promoción de prácticas que siguiendo la lógica amigo – enemigo introducen, en la ya extremadamente compleja situación mundial, de frágiles, muy frágiles equilibrios, niveles de irracionalismo muy semejantes a los de principios del siglo XX.

Algunas de las causas que procuran explicar por qué esto ocurre se han tratado de exponer en este libro.

Pero lo realmente relevante es que si tal proceso se acentúa retrotraerá a la civilización occidental a aquellos períodos dramáticamente caracterizados por la imposibilidad de la política de operar sobre los intereses en conflicto para encauzarlos hacia la democratización general de la sociedad.

Y eso es precisamente lo que se proponen los más “conscientes” de entre los grupos de interés que, históricamente, “perdidos por perdidos”, como se encuentran en posiciones de privilegio, no se inquietan en absoluto por alentar procesos de polarización política, pues en general no los afecta demasiado la crisis de las instituciones democráticas siempre que la situación derivada de esa crisis no afecte, precisamente, sus posiciones de privilegio.

Esto suele ocurrir cuando sobrepasan determinados límites, pero son calificados de “irracionalistas” entre otras cosas, -hiper ideologismo, resentimiento de clase hacia la “pretenciosa” aspiración democratizadora de las clases populares- porque suelen pertenecer a tradiciones dogmáticas de diferente naturaleza.

Pocas veces como en la actualidad resulta tan esencial al proceso de la civilización derrotar a todas las prácticas autoritarias, pues entrañan inexorablemente que la política institucional, la única posible en la sociedad occidental contemporánea, con sus complejidades derivadas de los juegos que caracterizan a la disputa por el poder estatal, sea tomada definitivamente por el cinismo, la corrupción, el burocratismo organizado en forma de nuevas castas (articulación capital – política para satisfacer intereses cortoplacistas) … y por la descomposición progresiva de la potencia transformadora de la comunidad organizada políticamente.

Al poder no lo constituye ninguna “máquina que decide”, sino la praxis humana en la forma de acción política.

Acción política mediante la cual, en la sociedad del trabajo alienado, los ciudadanos delegan, quizá, y sin quizá, más de lo que resulta prudente, a otros individuos a los que no controlan suficientemente, la gestión de las instituciones.

Y es esa actitud, digamos, poco prudente, la que posibilita la creciente influencia de formas de manipulación encubridoras de los intereses que siempre operan detrás de las “composiciones ideológicas” mediante las cuales las clases y los grupos de interés disputan el control de las instituciones.

Tanto cuando surgieron (las composiciones ideológicas) por razones estructurales fundadas, naturalmente necesarias para dar respuesta aproximada, aunque errónea, a los problemas de la civilización en determinado período de su evolución, como cuando son profesionalmente elaboradas.

Desde mediados del siglo XIX sin embargo, las “composiciones ideológicas” representan un retroceso cultural también cuando hacen uso de ellas partidos que se autodefinen de izquierda, pero que no representan ni pueden representar a la tradición de la filosofía de la praxis si su acción no combate culturalmente toda forma de populismo, irracionalismo, antidemocratismo o voluntarismo.

Ningún partido “nacionalista popular” o de ultraizquierda que cultive discursos de contenido “amigo – enemigo”, ninguna estructura política cuyo objeto sea la conformación de aparatos burocráticos en la forma de clanes de amigos que hacen uso clientelar de los recursos sociales, representa al humanismo revolucionario contenido en las ideas de Marx.

El objeto de la filosofía de la praxis es la democratización permanente de las instituciones políticas y de las estructuras económicas a favor de la SOCIEDAD, en primer lugar de la propia, a la que se pertenece afectiva y culturalmente, para elevarla a un más alto nivel de civilización, como en este libro observamos enfatizó Gramsci.

Esa acción no está exenta de duras batallas, en todos los planos, pero no estratifica adversarios reales o imaginarios al barrer, sino que articula voluntades políticas mayoritarias para en cada época histórica encontrar el modo de ahondar el proceso democratizador.

Toda práctica que se aleje de esa lógica político cultural no contribuye a derrotar no ya al neofascismo, ni siquiera a la ideología inherente al neoimperialismo en su forma en el siglo XXI ya clásica: el “neoliberalismo”.

La promoción de iniciativas productoras de riqueza por parte de “asociaciones de productores” o capitales locales en aquellos países de desarrollo medio que encuentran enormes dificultades para competir con las reglas de juego que suelen imponer las prácticas neoimperialistas mediante la apertura o cierre de mercados y cuyo objeto es proteger a las multinacionales “de origen”, son necesarias, pero tienen que ser el resultado de decisiones consciente y democráticamente adoptadas por las sociedades donde esas políticas se promueven.

En caso contrario se crean “nuevas castas” que luego tienden naturalmente a actuar en la defensa de los privilegios a los cuales accedieron como si la generación de los mismos fuere mérito exclusivamente individual de ellos y de las tecnoburocracias que empujaron las iniciativas.

Este “problema” que parece menor, ha constituído la eterna historia del capitalismo monopolista de Estado y en el actual estado de la situación global conduce generalmente al empobrecimiento de la dinámica productiva de las naciones.

A este capítulo de “Los naipes están echados, el mundo que viene”, último aquí de las Conclusiones, le seguirán dos más que incorporan elementos cuya publicación en la red no resultan esenciales. Se trata del desarrollo de algunos problemas teóricos referidos a cómo la praxis productiva universalmente considerada, y no hay otra manera de considerarla, no determina, pero empuja tendencialmente procesos económicos y culturales cuya orientación general viabiliza “la democratización permanente” de la sociedad global.

Serán sólo publicados en la versión impresa, a partir de una razonable solicitud del editor que he decidido atender.

En todo caso, salvo los capítulos que se acaba de indicar contienen formulaciones teóricas referidas a la todavía lejana, pero cuya experimentación ya se inició, transición hacia la superación dialéctica de la sociedad civil para abrir el universo de la humanidad socializada, faltan aquí en la web otros fragmentos de la obra que contienen el comentario crítico de algunas formulaciones particularmente polémicas de las exposiciones de los textos de los autores que hemos citado y cuyas obras hemos expuesto deliberadamente de una manera que posibilitase al lector sacar sus propias valoraciones, JUGAR SUS PROPIAS CARTAS.

Meditar sus propias “conclusiones”.

Que la elaboración de una teoría de la democracia, tanto como la institucionalización de una cultura democrática, es necesariamente una obra colectiva.

Los problemas de la civilización no los resolverán por sí solos los herederos históricos de la filosofía de la praxis, aunque su aporte resultará esencial siempre que logren representar a la mayoría de los trabajadores e intelectuales organizados en partidos políticos y asociaciones de diversa naturaleza.

Será necesaria también la concurrencia de muchos conglomerados humanos y composiciones ideológicas democráticas, pero el autor de este escrito no se consideró en condiciones de contribuir nada más que a proveer a los trabajadores de una reflexión crítica sobre los errores y horrores de la izquierda en el siglo XX y no podía abarcar al conjunto completo de problemas teóricos que implican a otras tradiciones, como la liberal democrática, la demócrata cristiana u otras.

Este libro fue concebido en el verano de 2005 a partir de un mail y una serie de encuentros con el profesor Julio Rodríguez, escritor e historiador uruguayo, traductor al español de buena parte de la obra inédita de Marx preservada en la ex URSS, donde vivió muchos años.

La frase anterior no describe al personaje, un “gallego”, según el decir rioplatense, cuyo sentido del humor enaltecía al espíritu y que mientras yo le formulaba inquietantes preguntas existenciales, traducía en simultáneo del inglés al ruso, del ruso al francés, del francés al español, y así, textos y documentos con los cuales se propuso, entre otras cosas, escribir una historia comentada de la revolución bolchevique.

Creo que antes de fallecer concluyó en su sustancia la obra.

El contenido del mail que antes había enviado a uno de sus hijos y que me reenvío con el objeto de “satisfacer ansiedades periodísticas” que yo le había formulado en el proceso de preparación de una extensa entrevista televisiva, se publicará aquí en seguida.

Como el texto va a provocar seguramente el mismo estupor que produjo en mi espíritu, corresponde señalar que el contenido de los diálogos que mantuvimos sobre el “¿Qué hacer?”, que también agitarán al lector, constituyen el contenido de este libro.

No pude acometer la escritura del libro en aquellos años por razones prácticas que no viene al caso enunciar, pero inicié el estudio de las obras que consideré imprescindibles y apenas dispuse de la posibilidad de “encerrarme” a escribir, postergué casi todo cuanto me había ocupado hasta entonces e inicié la redacción.

He aquí el texto del mail de Julio Rodríguez con el que, salvo por un mínimo apunte posterior, concluye la versión web de “Los naipes están echados, el mundo que viene: La democratización permanente”.

“Julio Rodríguez
Montevideo, 11 de diciembre de 2004

“En cuanto a mi trabajo, me permite ahora dedicar más horas y sobre todo más continuidad al trabajo.

Habiendo terminado la parte cronológica documental del año 17, estoy en la tarea de desarrollar los “diálogos nocturnos” entre el joven periodista uruguayo, el gallego Gómez de Mestre, y el sardo Manlio Orgósolo. Creo que recordás las funciones del diálogo y de los personajes. Ellos discutirán diversos temas: el esencial – comparación entre el nacimiento, desarrollo, organización y burocratización del cristianismo y el proceso similar del movimiento liberador, el burgués, particularmente francés, el socialista real e irreal, los partidos liberadores y su parábola de la frescura a la esclerosis.

El problema del carácter involuntario, inintencional, del cambio de las formaciones económico-sociales, y el hecho decisivo, que no hay cambio de régimen económico-social si previamente no han surgido las semillas del nuevo tipo de estructura económica, si estas semillas no se transforman en un nuevo entramado reticular que abarque los sectores productivos fundamentales, si en esa transformación no se forman nuevas relaciones sociales, si éstas no se interiorizan por un nuevo tipo humano portador cotidiano de las prácticas nuevas, y si finalmente esa internalización de la práctica en ideología espontánea y cotidiana no asciende a la formación de un nuevo tipo de organización consciente de una práctica política sustitutiva de la actual.

De ahí que, del mismo modo que en la historia, ninguna formación social procuró transformarse en otra, sino que se transformó sin que nadie se lo propusiera, lo proyectara ni organizara, el paso de una a otra, todo devaneo sobre la preparación de la nueva sociedad socialista, es precisamente un devaneo, que pese a cuanto se le advierta a sus entusiastas seguidores, siempre habrá quien procure proponer, proyectar, organizar, el cambio, que por supuesto vendrá de modo totalmente distinto al imaginado y vendrá por pura transformación de todos los niveles arriba citados sin que nadie se imagine cuáles serán. Todavía sigue siendo verdad la respuesta de Marx

1)… las revoluciones no se preparan, brotan;

2)… el comunismo es el nombre que se da a la resolución de las contradicciones del capitalismo,

3) …no es un proyecto ya diseñado de la sociedad futura, “me la imagino como una sociedad de cooperativistas cultos o civilizados”, negándose siempre a darle un contenido concreto porque sabía que nadie proyectó la sociedad esclavista como sustitutiva de la comuna primitiva, ni nadie diseñó el feudalismo, ni nadie diseñó el capitalismo, simplemente vinieron con o sin la voluntad, el deseo, el placer o el disgusto de los hombres.

El hombre siempre se encontró sorpresivamente con la criatura entre los brazos y creyó que su último gesto, el político, de desescombrar la cumbre de la sociedad de la elite decrépita de turno de la vieja formación social, era el resultado de su sola voluntad (parecían decir ingenuamente pero con soberbia y jactancia “¿cómo no nos dimos cuenta antes?) sin jamás percatarse que el poder tener el deseo y la voluntad de hacer gestos políticos revolucionarios había exigido cambios estructurales geológicos durante siglos en todos los niveles que he citado, cambios estructurales ya triunfantes y asentados y que simplemente parecían pedirle a los hombre “la mesa está servida” a comer (o sea a derribar esta podrida superestructura política despótica y a crear la nueva forma más democrática, háganla lo mejor que puedan”).

Y ahora es lo mismo en cuanto a que

1) …deberá surgir esa semilla, la autonomía productiva -premisa de la autonomía política- del individuo a caballo de la continuidad y aceleración exponencial de la revolución tecnológica,

2)… deberá extenderse como un océano, sobre la mayoría de la humanidad, de modo tal que sea un paisaje cotidiano de modo tal que la percepción cotidiana de los hombres muestre sin necesidad de teoría, y solo como preconciencia no-consciente de la internalización del hábito, de que se está viviendo otra sociedad;

3)… y a la par entre miles de intentos, invenciones, fracasos, semifracasos, a modo de “selección natural” de todas las tentativas democráticas, algunas florecerán y mostrarán “competitivamente” su mayor eficiencia en resolver las contradicciones que los aquejan en el momento t a la enésima, de su sucesiva toma de decisiones de cambio político-democrático, por supuesto creando el terreno para la aparición de otras contradicciones que aquejarán a sus sucesores y que estos tratarán de resolver cuando a su vez, surjan nuevas semillas de un post-post… post capitalismo.

Pues bien, de todo esto hablarán y discutirán esos tres personajes en sus nocturnidades, mientras en las calles de Petrogrado arde la revolución, el voluntarismo, la utopía… y espera agazapada la futura quiebra del socialismo real, el orgasmo de la burocracia y el doble discurso triunfante en el socialismo real y más triunfante sin doble discurso – ¿qué falta les hace? – en el post-comunismo más que real.

Por tanto arriba están los que dicen “arriba los que luchan”, mientras abajo quedarán los que no lo dicen y son los que luchan sans phrase.

Humanidad, levántate y anda, pues tu destino es andar, tropezar, reincorporarte, morder el polvo y preparar el mejor destino para tus descendientes, tal como las madres primates procuraban mejorar a sus primatitos, familia a la que pertenecemos sin dejar de recordar que la hominización es y fue maravillosa, y que solo nos salvaremos si comprendemos que la hominización es una faena eterna y siempre inacabada.

Nunca digamos como Jesús en la cruz, “Señor, por qué me has abandonado”. No hay señor, ni hay abandono, hay simplemente historia.

*pin*pan*pum*

El próximo capítulo “¿Chto delat” o sea “¿Qué hacer?”. ¿Supone esto que no hay nada que hacer sino esperar que pase el cadáver del capitalismo por la puerta de la casa, o en realidad que pase el cadáver de diez mil años de injusticia, sevicia, explotación, etc. por la puerta de la casa?

A este capítulo seguirá pues el segundo: ¿Matará el Caín capitalista al Abel del pueblo de pata-en-el-suelo? No cambie de canal, siga prendido y envíe su voto por Sí o por No. Los que acierten tendrán derecho al sorteo de un “Primus” a keroseno que perteneció a Pedro Cea y a un par de “alpargatas” Rueda que usara Petrone en el Mundial del 30”.

En una conversación cara a cara posterior a la recepción de este mail me armé de coraje (sus respuestas irónicas a una pregunta mal formulada podían herir la sensibilidad de los espíritus poco flexibles) y le pregunté por qué en lugar de una historia de la revolución bolchevique no escribía una teoría marxista de la democracia, que quizá esa fuera precisamente la respuesta al “qué hacer” en el siglo XXI.

– “Ni por la de cuero del Mundial del 50, pero quizá si usted se atreve a borronearla, puede hacerse acreedor a las “alpargatas” de Obdulio Varela”, apuntó.

Y luego de cavilar un rato, pero sin quitar la mirada de la pantalla, sin dejar de teclear y como “sonseando”, sugirió:

– “Quizá sea necesario estudiar por qué y cómo se produce, aunque muy lentamente, la democratización de las relaciones sociales… En el libro que en los setentas me secuestraron tu padre y santa madre hay alguna sugerencia, incluso creo que subrayadas por mí, con la pretensión de armar algo como un esbozo de Marx sobre la dialéctica trabajo – democracia”.

Durante muchos años, cada vez que nos encontrábamos me reclamaba ese libro, que negué siempre haber visto jamás, pero que me acompañó en mi juvenil travesía por varios países de Europa. Se trata de la obra de Godelier que ha sido citada aquí cuando se expone el esquema de una teoría de la civilización.

La relectura de ese libro, que luego del diálogo con “su propietario” adquirió otro contenido diferente al de la mera curiosidad o la intención más o menos consciente de incrementar la cultura general y muy en particular la de los textos del Cuaderno VI de los manuscritos sobre las “formaciones económicas precapitalistas” escritos por Marx entre octubre de 1857 y marzo de 1858, desataron una serie de entusiasmos, inquietudes y hasta ambiciones intelectuales, que concluyen ahora.

No hay en este libro una teoría marxista de la democracia, sino precisamente el borrador de una tal teoría, de modo que no me considero merecedor de otro “premio” diferente a la atención que si llegó hasta aquí, me ha dispensado el lector.

Gerardo Bleier

-“Primus”: artefacto cocinilla a keroseno de arácnida presencia.
– Pedro Cea, Petrone y Obdulio Varela, campeones mundiales uruguayos de fútbol.
– “Alpargatas”. Calzado popular de tela, propiciaba una prudente oxigenación, pero era “alérgico” al agua, por su suela de yute.

 

imagen portada: Facsímil del mail de Julio Rodríguez que originó este libro.

 

 

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Gerardo Bleier

Gerardo Bleier

Gerardo Bleier nació el 26 de noviembre de 1960. Escritor, Periodista y Asesor en Comunicación Estratégica. Dirigió revistas, radios y programas de televisión. Publico varios libros de poesía entre ellos Ideanimas (Arca) y Cenizas (Artefato) y una novela Cráneo de Vaca (Cruz del Sur). http://gerardobleier.blogspot.com/







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