Rodrigo Cotelo

“La música es de todos”. Entrevista con Rodrigo Cotelo

A mediados de junio y vía Skype entrevistamos al músico y productor Rodrigo Cotelo, con quien conversamos del colectivo musical internacional #Bloomerangs de su reciente trabajo “Horizon Sunset“, y de en qué anda su trabajo en la lejana Indiana, Estados Unidos, entre otros temas.

 

Rodrigo, ¿cómo estás? Contanos en qué andas en este momento…

-Estoy empezando a producir el álbum de una cantante increíble que se llama Elena Escudero, que es americana y la conocí acá pero es hija de padre argentino, y lo raro es que yo le estoy empezando a mostrar de nuestra cultura y nuestros artistas. Por ejemplo, ella nunca había escuchado a Pedro Aznar, nunca había escuchado ciertas cosas porque se crió acá, y a mitad de carrera para ser cantante de Ópera se decidió a estudiar Jazz y es increíble lo que hace. Ha estado cantando con nosotros en vivo con los #Bloomerangs y la estoy produciendo, de alguna manera, por agradecerle y por lo interesado que estoy en su arte, que estoy descubriendo y es increíble.

Tuve varias opciones de en qué meterme y me quedé con Elena; y lo otro que estoy haciendo es producir algunas cosas para artistas en Uruguay con músicos de acá y es un poco raro también, porque mi rol es agarrar desde una hoja lo que escribieron y ver cuáles de los músicos que conozco acá aportarían más a su estilo de música.

Chris, que es el batero que estoy tocando, es increíble y se dedicó a estudiar candombe, a Martín Ibarburu específicamente. Entonces le traje de Uruguay de regalo el libro de Miguel Romano y se tornó un estudioso del candombe, por lo que estoy más que sorprendido; y de alguna manera me hizo ver la responsabilidad que tengo porque son todos muchos más jóvenes que yo, todos tienen 20 o 21 años. Es una diferencia generacional que me hace apreciar todo esto diferente porque tengo una responsabilidad como de mentor, de mostrarles cosas buenas.

 

 y además son americanos, no están acostumbrados a escuchar otros ritmos que surgen por acá…

-Exacto, y de alguna manera es super energizante; y no es con cualquier ser humano jovencito que está dispuesto a entender realmente la calidad y de que hay otro tipo de jazz. Acá también hay una escuela muy fuerte que es más bee-boop, el clásico swing o lo que se interpretó como jazz en los principios; pero he tenido una suerte bárbara con los chicos que me estoy juntando porque que son curiosos de por sí. Por ejemplo Clay, el pianista con el que estoy grabando seguido, es fanático de la Bossa nova y eso me hizo entender por dónde le puedo entrar para, de a poquito, llevarlo en lo latino.

 

De tu parte ¿qué tomas vos de ellos?

-¡Pa! Qué no tomo sería la pregunta. Estoy sorprendido de lo sensibles que son a una edad tan temprana. Yo no recuerdo haber sido tan sensible cuando tenía 20 años, sensible a la música, a entender que los músicos somos afortunados en dejar que la música nos utilice para venir a luz. Y otra de las cosas que tomo de ellos es a nivel técnico, lo súper abiertos que son. Les robo piques todos los días, son increíbles como tocan todos. Y a cada uno recordarles también lo importante que son ellos como ejemplo para los que los rodean, y para mí también.

 

¿Cómo los conociste y cómo surge el contacto con estos músicos?

-A través de Chirs Parker, que toca el trombón en el disco (de Bloomerangs). Y lo raro es que a Chris lo conocí después que un compañero de trabajo me ayudó a hacer un afiche para buscar un baterista. Yo iba a ir a la Universidad donde estudia Chris a dejar un póster para comunicar que buscaba un batero sesionista y después que terminamos de armar el póster mi amigo me dice “¿por qué no llamas a este batero que lo vi tocar la semana pasada…?” y ahí me pongo a buscar el nombre y lo veo a Chris.

Le mandé en frío un mensaje después que lo encontré en el portal de la Universidad y también le envié un par de links donde estaba Martín Ibarburu tocando. Se ve que escuchó y paró la oreja enseguida. Los artistas sensibles viste como es… se ve que quedó copadísimo al punto que después con Chris terminamos produciendo videos de él, tocando temas de Martín con temas de mi anterior disco, y eso fue lo que me abrió la puerta.

Yo ya había grabado todas las baterías del disco cuando lo conocí, pero después que me di cuenta lo artista que es lo grabé en todo: trombones, eufonios, platos adicionales y redoblantes porque estaba sorprendido. Y a través de él empecé a conocer a todo el resto: me empezó a invitar a tocar, y eso llevó a conocer a Clay, y después de Clay conocí a Elena, y después a Jacob y así sucesivamente.

Eso pasó mientras estaba terminando el álbum y fue un poquito decisivo de por qué armarlo con el concepto de un colectivo musical. En este caso fue un accidente porque en esta especie de lanzamiento están mis composiciones; pero quiero generar una plataforma para ayudar a cualquier otro músico del Planeta  a producir y que sus composiciones vengan a la luz, y a la mejor luz posible.

 

-¿Cómo es el trabajo a distancia con músicos que están en todas partes: Estados Unidos, España, Uruguay, Argentina?

-Es muy parecida a esta dinámica que estamos teniendo vos y yo (Skype). Estoy poniéndome a pensar y mis primeras grabaciones datan del 99’, y hago música desde el 95’ más o menos… entonces a través de los años he conocido gente que si son uruguayos terminaron desperdigados, o cuando he estado en otros países he conocido músicos y hoy en día con la tecnología podemos hacer mucho con esto, porque casi que todo el mundo se puede grabar a sí mismo en su casa aprovechando los medios que nos da el Internet y la tecnología.

Entonces un poquito gracias a eso, y otro es que realmente el fuerte del disco lo hicimos en Uruguay con Marco Messina. Con él, trabajamos nueve meses incansablemente en campamentos larguísimos: apenas podíamos estábamos de jueves a domingo encerrados en el estudio. Y es por eso que creo que se llegó a lograr el álbum que se logró, porque hubo varias etapas que se maduró, ya que frenamos de trabajar en el álbum tres meses y después volvimos a retomar y sin saber, al principio, que iba a terminar en un disco. Al principio estábamos grabando unos temas para presentarme a un proyecto del MEC y después empezamos a darnos cuenta que podía ser un disco porque nos gustaban las dos, tres primeras composiciones.

Después otros colaboradores surgieron a nivel internacional y ahí empezamos a nivel producción a imaginarnos cuales serían la instrumentación de estas composiciones. Así surgió de traer, por ejemplo, a Rodrigo González Pahlen que es un músico increíble que estuvo tocando recientemente en Uruguay.

Rodrigo ya había grabado el piano en mi disco anterior y ahora lo quería invitar, pero salió de el decirme “estoy tocando la armónica”… quiso, por su generosidad artística, colaborar, y entonces dijimos ‘bueno vamos a probarlo con armónicas’ y realmente algunas cosas quedaron increíbles. Y también con Ramiro Flores, que es un saxofonista de primera línea que conozco desde el año 2005 y tenemos una relación que ha venido madurando. Ramiro es un clase A y tenerlo cerca ha sido una bendición para mí. Fue Marco a grabarlo a Buenos Aires y el ya tenía toda ‘la data’, por decirlo de alguna manera.

Lo que también fue un eje grande en este disco a nivel composición fue que el Sudei me dio una beca de perfeccionamiento artístico que me hizo ir a clases con Esteban Klísich; y fue gracias a esa beca y a esas clases que nació el ‘esqueleto de las composiciones’. Surgieron de ejercicios, de deberes que tenía que hacer para Esteban de mi ‘semi-maestría off the record’ de composición, armonía y contrapunto, los tres puntos grandes con él. Eso realmente fue un eje y voy a estar eternamente agradecido al Sudei, fue un antes y un después y también como productor, porque por primera vez tuve las herramientas para escribir arreglos para otros músicos.

Antes lo hacía a oreja o se improvisaba en el estudio y hoy en día estoy trabajando de tal manera que escribo todas las partes de todos y tengo las herramientas para poder comunicarme fluidamente a nivel musical con estos jovencitos con los que estoy tocando.  Ellos leen música extremadamente bien, y yo hoy en día les puedo armar los arreglos y estructuras y vienen y leen casi que a primera vista. Es una experiencia rarísima, nunca me había pasado en mi vida.

 

-A la hora de presentar el disco en vivo ¿cómo se da? ¿cuántos son arriba del escenario? ¿tienen una formación fija con el colectivo y otros músicos que colaboraron puntualmente para la grabación?

-Somos un total de nueve cuando estamos todos. Los fijos en realidad es la sesión rítmica; pero lo divino de un colectivo, y tomando una página del libro de Snarky Puppy, es que ellos tienen como tres o cuatro músicos por cada instrumento, y varían ‘el plantel’ dependiendo de donde sea el tour; y creo que es un poco inspirado en eso que sucede de esta manera.

Lo fijo realmente es la sesión rítmica que son el bajista Jacob Jezioro, Clay Wulbrecht en piano y Chris Parker en batería, y yo en guitarra. A partir de ahí invitamos diferentes vientos, pero más que nada a trompetistas y saxofonistas que  si bien cambian tratamos de tocar siempre con los mismos; y a Elena, que también ya es una componente fija del grupo. Es súper difícil en estructura y producción llevarlos a los nueve siempre, entonces tenemos como un repertorio para tocarlo a cuarteto con una base fija, y el resto son invitados.

Por ejemplo, el año que viene uno de los músicos del disco de Uruguay va a estar en Estados Unidos, entonces cuando se dan estos casos preparamos un show para que cuando vienen de visita músicos amigos podamos tocar. Y va un poquito por ahí también a nivel filosófico lo de poder tener una sesión rítmica sólida con la música servida para que cuando vengan podamos tocar con ellos y que sirva también para ser una plataforma internacional para los músicos que colaboran con el colectivo.

 

¿Cómo se generan los espacios para poder tocar ahí?

-Es un montón de laburo lo que conlleva. No hemos tocado seguido y yo prefiero a nivel filosófico pero hacer lo que le llaman acá “carrier building”, o sea que cada vez que tocas sea algo para desarrollar tu carrera y no solo tocar para tratar de vivir de eso. Prefiero tocar en un teatro tres veces al año que tocar todos los fines de semana en un bar, por ejemplo.

 

Y ya que lo mencionas, ¿da para vivir de la música?

-Si da, si estás todo el tiempo en esa y dispuesto a tocar música que no pensabas que tenías que tocar… entonces son compromisos que haces. Depende tu nivel ‘estomacal’, ja. Tengo amigos que no tienen estómago, le das una partitura y salen tocando lo que sea y viven de eso.

En mi caso yo prefiero tener un trabajo part-time o mi propio negocio y que me dé el espacio de proteger esa relación con la música, para hacer mi música o la música de mis amigos. No es fácil acá, hay mucha gente que toca muchísimo y todos tocan bien, entonces lleva determinado sacrificio y esfuerzo llevar a tu carrera a ese punto donde estás haciendo plata con la música, no sobreviviendo.

Chris, por ejemplo, toca un promedio de cuatro o cinco veces por semana, y a mí a nivel producción me lleva un montón de laburo porque me tengo que ajustar al calendario de ellos, que todos tocan seguido con varias agrupaciones. Tengo que ponerme como dos meses por adelantado para organizarlos bien y concretar fechas. Por ejemplo ahora nos invitaron a tocar el 8 de julio, y con tres semanas de antelación ya estoy entendiendo que no se puede.

 

¿El disco está en formato digital?

-En Uruguay solo en formato digital, pero podés conseguir el físico en Amazon. Pero con lo que vale el gasto de envío por mandarte un CD no sé si le sirve a alguien…, técnicamente está disponible a través de Amazon en Uruguay. Por ahora en disquerías no lo puedo mandar, es difícil porque hay trabas aduaneras para hacer llegar discos a Uruguay y es parte de las reglas del juego de importar discos con aranceles que lo hacen no viables. Pero hoy en día igual, ¿Quién compra un disco? Creo que tendría más suceso haciendo una edición de vinilo que es lo que estoy considerando más que el CD.

 

Si, y no solo quién hace un disco en físico, sino quién logra hacer todo un disco hoy en día, que en realidad parece que está siendo más viable hacer un par de tracks y subirlo a plataformas digitales para ver si funciona

-Si, y me encanta lo que están haciendo con los videos que hoy en día son los que mandan. Por ejemplo “La Jarana” ahora, podrían haber hecho un disco pero están haciendo una serie de videos y lanzan uno cada un tiempo y está increíble todo, la música, las imágenes… Eso es una buena referencia para tener en cuenta de cómo se está distribuyendo la música hoy en día, y por eso tampoco me tomo muy seriamente lo de “oh, tienen que estar los discos en Uruguay”. En realidad la gente lo puede escuchar de arriba abajo y esto es acerca de la música. Y si tengo la suerte de ir a Uruguay y llevar a alguno de los chicos ahí me imagino que llevaré algunos discos.

 

¿Y tienen pensado venir a Uruguay pronto?

-Y la voluntad está. Clay siempre me pregunta ‘¿Cuándo vamos a Uruguay, cuándo vamos a Uruguay? Ellos están con ganas y cuando les pregunto si están dispuestos a faltar a clase ya empiezan a retroceder un poquito. Cuando estuve en octubre, que tocamos con mi grupo en la Camacuá, estuve a milímetros de haber llevado a Chris, pero era difícil por un solo toque, porque a nivel de producción requiere casi nueve meses de planeamiento para poder hacer la suficiente cantidad de toques como para por lo menos empatar la mitad del pasaje… Si algún festival de Uruguay nos invita, que tienen sponsors de las aerolíneas o piden fondos al Ministerio, facilitaría la situación. Nosotros estamos siempre con la mente abierta.

Hay un término acá que es el “grassroots” que significa como armar un movimiento de abajo, y nosotros estamos empezando de abajo. Y si bien la mayoría de las composiciones son mías o en co-autoría, quiero dejar en claro que muchos de los músicos que participaron de onda dejaron muy buena energía en el disco, y no me cobraron o dieron lo mejor de sí para estar y ser parte de.

Eso me hizo entender que no debería ser ‘acerca de mí’. Otro término que acá usan mucho es “musicianship”, que personalmente lo interpreto como “friendship” (amistad) y “musician” (músico) juntos, y va un poquito por ahí, es decir por la buena onda hacia la música. Esa fue la inspiración.

Era mucho más fácil para mí haber hecho un disco solista pero preferí pasar por el laburo de empezar a establecer algo nuevo, porque es una nueva etapa y de alguna manera va a ser un nuevo grupo, y si mañana hay otros músicos el concepto del colectivo es más grande que cualquiera de sus componentes, incluso de mi.

 

Por el momento, el resto de los proyectos por acá, como el Rodrigo Cotelo Cuarteto ¿están en stand by o siguen trabajando a distancia?

-Es circunstancial en realidad, yo trabajo con eso en mente. Estoy empezando a trabajar nuevas composiciones que seguramente van a ser para cuarteto y tal vez con el que estamos tocando ahora, con el cuarteto base de #Bloomerangs. Incluso ya tengo el nombre y es “Layers of complexity” o capas de complejidad, inspirado en la cantidad de cosas que tienen que suceder para traer un álbum a la vida.

 

-Para cerrar, contanos qué estás escuchando…

-En Uruguay me partió la cabeza el último disco de Melchaca, que es fuera de serie y es lo que más me ha llegado. Me encanta el nuevo grupo de Manuel Contrera y me fascina todo lo que hace como compositor Nico Ibarburu, que es como mi ídolo personal…

 

¿Has podido mandarle las grabaciones que hicieron con el batero sobre su música?

-Se lo mandé a su manager en un videíto corto mientras estábamos haciéndolo, pero Martín lo sabe porque estoy tratando de presentar un proyecto en la Universidad de Indiana para traerlo a que le enseñe a los chiquilines a tocar candombe. Es un proyecto largo que tal vez demore años porque tengo que conseguir fondos, sponsors y todo eso para poder costear por lo menos el pasaje, pero hablé con él y está interesado. Y haber hecho el video es el principio del proyecto.

Y siguiendo con la música, pero de acá, recomiendo a Robert Glasper, que me está rompiendo la cabeza; y estoy escuchando un montón a Kendrick Lamar que está cruzando fronteras a nivel del Rap, haciendo algo único improvisando freestyle arriba del jazz. Y el otro que me encanta es Thundercat, que también es increíble. También R&B, que es croosover con jazz. Eso es lo que he estado escuchando más que otras cosas.

Y por último quiero agradecerle especialmente a los músicos que de alguna manera le dieron vida al álbum, que fue grabado nueve meses antes de mudarme para acá. Cuando me di cuenta de esa situación y de que tenía que cerrar mi estudio en Uruguay empecé a sentir el apoyo de esos músicos que fueron a casa y grabaron. Invito a la gente a escuchar a la música ya que la música es de todos, y los que estuvimos involucrados en el proyecto solo fuimos los suertudos que ayudaron a traerla a la vida.

 

 

 

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Camila Siqueira

Camila Siqueira

Redactora, muy alejada del periodismo de “datos duros” y muy amigada con el que cuenta historias. Se incorpora a cooltivarte en 2017.

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