“La mamá y la puta” (Jean Eustache, 1973)

En 1973 Jean Eustache estrena su sexta y más larga película. La historia narrada se basa en la frivolidad de algunos sentimientos humanos (como la infinita insatisfacción, o la decepción amorosa), su desgarre e inocultable presencia, y su relación con la existencia del alma. Éstos son llevado a cabo por los tres personajes que hacen a la narración: Alexandre (con una de las figuras más represtantivas de la época, Jean Pierre Leaúd), Veronika (Françoise Lebrun) y Marie (Bernadette Lafont). Si bien el dolor en su alma es lo que comparten todos, se pueden notar diferencias dentro de ese punzar que sienten los personajes. Alexandre, un chico que cree en la poesía y el cine clásico (recuerda a grandes autores, como lo son Bresson, Chabrol, Belmondo, entre otros), mantiene su egoísmo y búsqueda de amor que lo pueda satisfacer en su completitud; pero a medida que se avanza en la narración fílmica, se ve la verdadera máscara de insatisfacción con cualquier mujer, que poseyó desde un principio, y que poseerá en cualquier futuro. Al costarle admitir su fracaso con su pareja anterior, se empecina y cae en manos de Veronika, quién a lo largo de la historia nos damos cuenta que sufre de una incomodidad constante con sus relaciones, sus contradicciones nos hacen notar que padece de una inseguridad sobre ella misma que se desencadena en la insatisfacción de cualquier tipo de relación, ya sea por deseo sexual, o por amor al otro. A su vez, Alexandre vive con su amante Marie, una mujer treintañera que vive de una tienda de ropa, obedece con rencor las irritaciones de Alexandre, se preocupa por su bien estar (no así sucede en recíproco), y al hacerle caso al libertinaje de Alexandre, su mascarilla de felicidad y sin preocupaciones se va derrumbando, hasta encontrar el sentimiento profundo de la soledad. A medida que Veronika va entrando con mayor insistencia en la vida de Alexandre, el problema pasa de ser de una pareja con conflictos, a problemas cada vez más íntimos, personales, y paradójicamente, se vuelve un problema de a tres.

A primera vista pues, nos puede dificultar entender cómo es que se da éste tipo de situaciones. Una pareja libertina en la cual uno de ellos conoce a un tercero, y reflotan sentimientos de celos en cada uno de los integrantes, es algo contraproducente. En primer término, recordemos que el objetivo de Eustache es reflexionar sobre el pesimismo interno que capa tras capa va refloreciendo a medida que transcurre el film. Para ello, el director apeló a la construcción no solo de un triángulo amoroso, sino la construcción de éste en base al enmascaramiento de los personajes. Cualquiera de los tres personajes se encuentran en contradicción si comparamos el principio con el final, y no es que haya un cambio psicológico fijo en el personaje, o algún giro de turca en especial; su explicación reside plenamente en la psicología de cada uno de ellos, y porque no, en la psicología de cada uno de nosotros, la psiquis del ser humano. Alexandre se guía puramente  sentimientos, ya sea de rencor, de aburrimiento, o de egoísmo; y su resultado, es el infinito fracaso de no encontrar la satisfacción que tanto añora, con sus constantes decepciones. Por su parte, Veronika se guía por sus impulsos humanos, nadie la detiene a la hora tener sexo, no implica culpa alguna; pero a su vez, ello le es un problema, pues por guiarse por impulsos, nunca logra encontrar el amor correspondido, y se torna en ella misma una confusión sobre la existencia del amor. Nótese por ejemplo, cuando se emborracha, y dice las cosas que verdaderamente piensa, hasta el punto de limpiarse del apodo “puta” que tanto le es puesto, por el prejuicio de tener sexo en exceso. Son muchas las veces que Veronika se emborracha, podría decirse que en casi todas las escenas en que ella aparece, y por lo tanto, son, escenas en dónde se muestra como realmente es. A continuación surge la vergüenza y el remordimiento, y su disculpas se escuchan en la voz del teléfono de la mañana siguiente. Marie, por su parte, comprende una psicología totalmente distinta, pero podemos comprenderla perfectamente. Una mujer que maneja las reglas de la casa, que está a cargo de la cocina y tiene un trabajo propio, le es acertadamente correspondida una actitud de madurez frente a los otros personajes. Así como Veronika se le puede atribuir “la puta” del título de la película, de la misma forma, a Marie podría ser la “mamá”. Una mamá que acepta las actitudes egoístas de Alexandre (“su hijo”), lo cuida, e interiormente acepta que no le pertenece como una pareja estable.

Si no supiéramos nada de la película y nos guiáramos solo por el título, creyendo que efectivamente existe una madre y una puta, aún así nos generan algunas suposiciones que luego en la película, se dan de forma explícita. Una madre y una puta, en el sentido semántico, encontramos ya de por sí una ambigüedad entre los dos términos, el título hace chocar éstos dos términos, que se enfrenten uno al otro y se peleen por quién es mejor o peor. Efectivamente encontramos en la película una ida y venida de celos entre Marie y Veronika, una ida y venida por quien merece a Alexandre, inclusa una ida y venida por quién es peor una con respecto a la otra. Con su egoísmo infantil, Alexandre se desprende de los sentimientos que puedan surgir en las dos mujeres a partir de la situación creada por él; no se muestra interesado en cómo le afecte la existencia de una con respecto a la existencia de la otra, se podría decir incluso, que desde su perspectiva, no implica problema alguno, y todo lo que ocurra entre las dos amantes es poco recibido sin darle demasiada importancia. En parte podría decirse que se debe al libertinaje que le es (al menos en primera instancia) permitido por Marie.

Es interesante cómo Eustache hace incomodar y dudar al espectador por cómo se van dando las situaciones. Remitámonos por ejemplo, a la primera escena, en dónde con una simpleza delicada vemos a Alexandre levantarse de la cama, y besar a una chica (Marie) que está a su lado durmiendo. No es de sorprender que el espectador piense que ésta chica es la pareja u amante de Alexandre. A continuación, vemos a Alexandre persiguiendo a una ex novia, dónde nos entra la duda ¿Qué tipo de relación tendrá con la chica que besó al comienzo, si ahora insiste en volver con otra?, nos extraña ésta situación y nos planteamos la posibilidad de que la relación con la primera chica no es tan importante para Alexandre. Ésta suposición queda casi, completamente aclarada y acertada cuando Alexandre invita a una chica (Veronika) a salir. Para ese entonces, ya nos olvidamos de la chica del principio. Pero al volver a su casa, Alexandre saluda a la chica del principio con un beso en la boca, un signo claro de amor de pareja,  y es en dónde el espectador se encuentra más confundido, y no es casualidad que Eustache lo haya planteado de ésta forma. Eustache plantea una situación poco común, para luego en el trayecto de la historia, explicarnos cómo funciona la psicología interior de los personajes, y dar a entender que situaciones de ese estilo no son ideales, sino que se exponen los sentimientos más hondos del ser humano.

Como recurso utilizado en toda la película, Eustache recurre al sonido puramente diegético, lo que provoca una sensación de realismo que hace llegar más aún a la recepción del espectador. En varias de las escenas se recurre a la música para intensificar el mensaje escénico. Por ejemplo, la última canción que aparece en la película, “Les amants de Paris” de Edith Piaf, no solo podría decirse que resume gran parte de la película con su estribillo “En parís, los amantes tienen extraños modales” sino que es puesta por Marie, en la última escena que aparece ella antes del final, y mientras se encuentra enfadada y terca, la canción acompaña dando un gran contraste. O pues bien, en la secuencia dónde Alexandre lleva a Veronika a su casa y hay un primer encuentro entre ésta y Marie; en determinado momento Alexandre pone un disco y empieza a sonar “falling in love again” de Marlene Dietrich, una canción que podría definir muy bien el personaje de Veronika, las estrofas que escuchamos son “a menudo me pregunto, porque atraigo a los hombres (…) Me gusta contentar a mis hombres, Cuando afloran mis emociones, no hay razón para fingir”. Pero sin duda, a primera vista el espectador asocia éstas estrofas a las actitudes de Alexandre y su “dejarse llevar por las emociones del momento”.

Ahora bien, si es cierto que la música elegida ayuda a reforzar el mensaje de la película, no hay duda que los extensos diálogos son parte fundamental de su esencia. Las opiniones de Alexandre, las reflexiones de Veronika, y las explicaciones de Marie son lo que hacen a la película un recorrido narrativo. Para cualquiera de los actores les fue espectacular en su manera de encarnar lo que el personaje necesitaba transmitir. Los diálogos no son vacíos y carentes de sentido, sino que por el contrario, están detalladamente cuidados para que en conjunto con la actuación correspondiente se logre una transmisión fuerte de las emociones. No podría decirse que un diálogo es más importante que otro, pero sí es emocionante saber como funcionan en su conjunto. En cualquiera de los personajes se nota una seguridad absoluta cuando declaran alguna afirmación.  Pero luego, por cuestiones humanas y sentimentales llevan a comportarse contrariamente, incluso a disculparse y admitir explícitamente que su declaración anterior fue errada (por ejemplo en el caso de Veronika y sus “verdaderos pensamientos” cuando se encuentra ebria). Podría considerarse, que los diálogos, forman parte de éste proceso psicológico-emocional del que nos quiere hacer entender Eustache.

Como muchas de las películas de la nouvelle vague, ésta no se queda sin su cometido con un final desgarrador. Luego de haber pasado la noche los tres juntos (Alexandre, Marie, y Veronika) Los tres personajes se encuentran un estado de insatisfacción individual y colectiva, Veronika se marcha a su casa, y Alexandre la acompaña, Marie se queda escuchando a Edith Piaf, y pareciese que quedase dormida, escuchando eternamente la canción de los amantes felices que canta Piaf. Veronika se va efadada, su insatifacción le dice que siempre se repite la misma historia, y prácticamente no saluda a Alexandre. Alexandre, que quiere pero a la vez no quiere perder a su amante que lo amala persigue en un acto desesperado y le pide matrimonio. Veronika ríe, desquiciada, en tono de una locura aparente, le responde que sí, y ya cumplido con su cometido, Alexandre se aleja, y se sienta en silencio, su satisfacción nunca se cumple.

 

 

   

 

 

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Leticia Durante

Leticia Durante

Leticia Durante tiene 22 años al 2015. Nace en Sayago y a la edad de tres años empiezan sus continuas mudanzas por los barrios Unión y La Blanqueada. A los 18 años comienza su vida universitaria en donde sus mudanzas prosiguen, ahora llevado a cabo en su carrera estudiantil. Transitará por la Licenciatura en Matemática, cursos de realización de video - cine en la escuela Contraplano y Licenciatura en Lingüística. Actualmente termina la carrera en Ciencias de la Comunicación. Aunque parezca mentira, para ella estas transiciones se dan por su propia lógica. Al menos, tiene la constante de gustarle el cine, ya sea en las grandes salas, o en la pequeña pantalla de su computador. Su gusto por el cine, se inicia a comienzos de siglo, descubriendo unas pocas películas nacionales que contaban historias de una manera distinta a lo que ella acostumbraba a ver. A partir de allí trata de investigar las referencias descubriendo un híbrido mundo. Se propone para el futuro hacer algunas realizaciones propias según las motivaciones que posea en su camino; pero de mientras tanto es una espectadora más que gusta de como todos, opinar al respecto. Se incorpora a cooltivarte en 2015.

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