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¿La democracia como utopía?

Apuntes para un marco conceptual de la transformación de la sociedad en el Siglo XXI

El “republicanismo crítico” y la experiencia democrática radical del Frente Amplio de Uruguay

Capítulo XII

En estos apuntes hemos identificado al “Estado de Bienestar” como el momento más alto de evolución política de las comunidades humanas.

Daremos desde este capítulo una vuelta de tuerca a ese enunciado y comenzaremos a designar como democracia igualitaria institucionalizada, sin calificativos meramente economicistas, a ese estado de situación en el que los integrantes de una sociedad han alcanzado niveles de libertad e igualdad tan elevados que puede indicarse, nadie queda excluido de la posibilidad de una vida digna.

El Estado de Bienestar como proyecto político económico estuvo condicionado en el momento de su implementación por un momento histórico caracterizado por el conflicto de competencias por resolver la cuestión social entre el capitalismo con reglas de juego liberales y el socialismo estalinista.

La sociedad de mercado de matriz liberal fracasó desde el punto de vista de la igualdad, (y progresivamente también en relación a la libertad, como veremos más adelante) y el socialismo estalinista desde el punto de vista de la libertad y luego, naturalmente, también desde el punto de vista de la igualdad.

El Estado de Bienestar, que representó sin duda el momento más alto de la evolución civilizatoria en las formas de organización de la sociedad incurrió en burocratismos y excesos paternalistas que resulta ahora necesario, en otro momento histórico, someter a crítica.

Incluso resulta necesario ir más allá, y analizar críticamente algunas concepciones igualitaristas que parten de mentalidades resentidas formuladas ideológicamente por una parte, y someter a crítica a la crítica de igualitarismo desde posiciones elitistas por otra, (las mismas que una vez justificaron el esclavismo, el racismo, la subordinación de las mujeres y otras lindezas así. Pero esto quedará también para más adelante).

Ahora resulta relevante poner en evidencia, constatar, un fenómeno característico del desenvolvimiento de las sociedades divididas en clases.

La disputa por el poder, en el Estado y en el mercado, ha tenido una particularidad histórica: hasta el surgimiento de las formas más avanzadas del Estado de Derecho, (el nivel anterior de desarrollo civilizatorio previo a la democracia igualitaria institucionalizada al que se accede en occidente como consecuencia de las luchas burguesas y obreras) los participantes del conflicto, motivados por razones económicas, ideológicas o religiosas pretendieron siempre acceder al control monopólico del aparato del Estado para asegurarse la hegemonía de los sectores de la economía en que se desenvolvían (en el mercantilismo) o de la capacidad de imposición de los valores morales que coincidían con sus postulados ideológico religiosos y sus intereses (en el feudalismo y antes cuando el Imperio se impone sobre la República en la Roma antigua).

Esta tendencia continuó luego de la revolución burguesa y continua hoy enmascarada en enunciados nacionalistas, o en presuntas superioridades singularistas (occidente contra oriente, tradición judeo – cristiana vs el islam fundamentalista, etcétera).

La tendencia de los grupos de privilegio es siempre a constituir monopolios u oligopolios. Naturalmente, en todo momento desafiados por los que como consecuencia de esas prácticas ven limitadas sus posibilidades de desarrollo o de supervivencia.

Al análisis de este fenómeno histórico en tres niveles, (1) el de la apariencia, lo que parece que ocurre en la economía y en la sociedad luego de la revolución burguesa, (el libre intercambio); (2) el estructural, lo que en realidad ocurre, (el desenvolvimiento de las lógicas de acumulación de capital) y (3) las tendencias de transformación que el desenvolvimiento del conflicto de clases produce en las relaciones de producción de las condiciones de existencia de las comunidades humanas dedicó Carlos Marx el grueso de su obra monumental.

La economía es el escenario de acción de los seres humanos donde estos reproducen y procuran perfeccionar sus condiciones de existencia.

La pervivencia de diversas comunidades dispersas en la tierra y la emergencia de grupos de privilegio al interior de esas comunidades producen todo el tiempo escenarios de competencia y de cooperación.

Cooperación en el intercambio de saberes y excedentes de producción mientras esto no pone en riesgo la propia vida de la comunidad, competencia para asegurarse la reproducción y perfeccionamiento de la calidad de vida en las condiciones de existencia de cada comunidad.

Lo mismo ocurre al interior de cada comunidad o nación entre los grupos de privilegio y los trabajadores: cooperan para alcanzar niveles de estabilidad en las relaciones sociales que aseguren la permanencia de la comunidad, compiten por la riqueza generada siempre socialmente.

Tanto los grupos de privilegio que acceden al control de un saber, de un recurso natural o de un sector del mercado como las naciones que lo hacen procuran preservar el control de ese saber, ese recurso natural, o ese sector del mercado si con ello aseguran la obtención de los recursos necesario para la reproducción y perfeccionamiento de sus condiciones de existencia.

Este es un rasgo permanente en el proceso de desarrollo histórico de las comunidades humanas que se acentúa con el incremento de la población, la complejidad de la competencia tecnológica, la escasez de algunos recursos, como los energéticos y minerales, y que adquiere un carácter estructural con la consolidación del proceso de expansión del capitalismo.

Forma parte del proceso de evolución de la especie, de lo animal a la cultura, y no se resuelve con enunciados idealistas sobre la igualdad de todos los seres humanos y la redacción de normas que aseguran derechos que luego no se efectivizan.

Se resuelve, como hemos procurado demostrar y seguiremos haciéndolo en futuros apuntes, a partir de la aptitud política que caracteriza al ser social de la especie humana y la puesta en acción de esa aptitud política para crear instituciones – entre ellas las jurídico políticas, las impositivas o empresariales, es decir, las jurídico económicas- que permitan superar o administrar políticamente esa competencia “natural”.

Pero mientras los individuos no estén en condiciones de “reflexionar con serenidad sobre sus condiciones de existencia” para encontrar los instrumentos políticos con los cuales superar esa competencia cada vez más vulgar en la medida en que la tecnología posibilita ya la satisfacción de las necesidades de todos los habitantes de la tierra la tendencia de los grupos de privilegio a preservarlos monopólicamente o casi monopólicamente persistirá.

Este rasgo del proceso evolutivo de las comunidades humanas generó en muchas ocasiones en la historia la pretensión de acceder a su superación mediante procedimientos de tipo militar voluntarista, como en todas las formas de absolutismo o autoritarismo, como en el estalinismo, pero únicamente los esfuerzos realizados en clave política y político jurídica permitieron diseñar formas de organización de la sociedad con los cuales ir generando las condiciones para que la civilización humana (como tal) ingrese en una etapa superior de su desarrollo político – cultural y de su estructura económica de reproducción y perfeccionamiento de las condiciones de existencia.

El Estado de Bienestar representó un esfuerzo en esa dirección, como lo es hoy el Estado democrático igualitario que algunas naciones procuran institucionalizar.

El carácter y los contenidos de la democracia igualitaria, que únicamente puede desarrollarse si se implementa sobre un marco conceptual basado en lo que aquí se ha denominado republicanismo crítico están siendo expuestos y seguirán siendo desarrollados sobre el fin de este año en estos apuntes.

Pero antes de ingresar a ese momento de la reflexión en que se sintetizan los postulados resulta necesario ahondar en las razones por las cuales la pretensión monopolista fue el rasgo definitorio de todas las formas de disputa del poder previas al surgimiento del Estado de Derecho y analizar con rigor y coraje intelectual, si éste, el Estado de Derecho, ha logrado desde los acuerdos de Bretton Woods al terminar la segunda guerra mundial establecer un marco normativo, de reglas de juego, que logre establecer controles y límites a esa intención monopolista en la disputa del poder del Estado, en la obtención y control de recursos y en el control por intereses privados respaldado por disposiciones estatales de sectores estratégicos de la economía.

Imagen portada: Daniela Hernández

 
 

   

 
 

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Gerardo Bleier

Gerardo Bleier

Gerardo Bleier nació el 26 de noviembre de 1960. Escritor, Periodista y Asesor en Comunicación Estratégica. Dirigió revistas, radios y programas de televisión. Publico varios libros de poesía entre ellos Ideanimas (Arca) y Cenizas (Artefato) y una novela Cráneo de Vaca (Cruz del Sur). http://gerardobleier.blogspot.com/

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