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La cuestión es entre la democracia y los grupos de privilegio

Cómo repeler acciones divisionistas contra la izquierda

Capítulo I

Al movimiento obrero, los asalariados y los intelectuales de izquierda

Este texto no constituye ni pretende ser un ensayo breve. Es algo así como un manifiesto. Procura aportar algunas ideas para evitar la fragmentación política de los partidos que representan o aspiran a representar a los trabajadores.

El autor cree, pese a su carácter más bien contingente, que este texto es más relevante que cualquiera de los que haya escrito alguna vez, y que cualquiera de los que pueda algún día escribir.

Procura ser una contribución a los esfuerzos que resulta necesario realizar para evitar la división de los partidos que comprenden que no hay civilización si la política no prevalece sobre las lógicas de los grupos de privilegio, de todos los grupos de privilegio.

Cada vez que un grupo de privilegio sustrae por la vía de una apropiación abusiva, o por la vía de la corrupción, o mediante arbitrariedades de cualquier naturaleza, repito, cada vez que un grupo de privilegio sustrae recursos a la sociedad, sin poder dar cuenta PUBLICA con argumentos razonables de las causas por las cuales accedió a esos recursos, TODA la sociedad pierde potencia de desarrollo económico y cultural.

Es posible que muchos de los temas que en este escrito apenas se enuncian reciban en otros textos un mejor tratamiento conceptual, pero como “alarma”, como convocatoria a reaccionar contra la acción profesional de los grupos de privilegio para dividir a la izquierda y a las alianzas de ésta con los partidos democrático – igualitarios o nacional populares, y como reflexión sobre cómo evitar la tentación de usar al aparato del Estado para beneficiar “amigos”, el presente texto adquiere la más alta importancia.

Pues el actual es EL MOMENTO en el que evitar la división de los partidos de matriz proletaria más significación tiene en el esfuerzo civilizatorio por lograr que las lógicas de la política prevalezcan sobre las lógicas de expansión y acumulación del capital.

Si no se logra evitar esa división las probabilidades de que la civilización occidental ingrese en un período de decadencia y conflictos radicalizados difíciles de administrar por la política serán enormes.

Pero no es suficiente con evitar la división.

Resulta necesario facilitar, propiciar, un enorme salto en calidad de la inteligencia crítica, la consistencia ética y la organización institucional de los partidos de matriz proletaria.

En la densidad intelectual, la consistencia ética y la calidad institucional de los partidos de matriz proletaria yace el destino de la democracia en occidente, esto es, del acumulado cultural civilizatorio que ha tenido lugar en los últimos cien años con el desenvolvimiento del Estado democrático igualitario de Derecho, la laicidad como pluralismo multicultural, el inicio del proceso de liberación de la mujer respecto de la tradición “patriarcal”, la creación de instituciones garantistas de control del poder, la implementación de políticas educativas y sanitarias públicas de calidad…

Sin el involucramiento decidido y lúcido de los asalariados organizados social y políticamente, sin una acción unitaria que sume al esfuerzo civilizatorio por ponerle límites a las lógicas de expansión y acumulación del capital a todos aquellos afectados material, existencial o intelectualmente por las consecuencias degradantes de la condición humana que esas lógicas tienen como efectos de sociedad, la humanidad no podrá (en el corto plazo) dar continuidad al gobierno de la política, que es el gobierno de TODOS.

La política es la forma en que el ser inexorablemente social de la especie humana se expresa culturalmente.

Es la representación intelectual y organizacional de los intereses de TODA la sociedad, puesto que la política es la forma activa en que la necesidad e inquietud por perfeccionar las condiciones de existencia de la especie como unidad, como tal especie, se desenvuelve en la sociedad.

En términos de proceso histórico, la izquierda global, el protagonista principal de la evolución civilizatoria de la humanidad en los últimos ciento cincuenta años, ha iniciado un camino de maduración político cultural que la fortalecerá en el mundo todo.

Pero el camino será lento y largo. En la memoria de todos aquellos que aspiran a transformar en un sentido democrático igualitario a la sociedad todavía quedan hollines de antiguas frustraciones, fracasos y monumentales errores que operan como elementos de perturbación, como obstáculos a una liberación de las energías creativas del espíritu transformador según lógicas radicalmente democráticas, es decir, políticas.

La indignación, el miedo y el resentimiento de cientos y cientos de millones de personas que no logran acceder a niveles dignos de calidad de vida operan también como factor de perturbación del proceso evolutivo de la civilización.

La ansiedad de esas masas de desamparados es fácilmente manipulable por los grupos de privilegio.

En los últimos años como consecuencia de un cambio muy significativo en la realidad geopolítica global un número importante de comunidades nacionales y dentro de ellas, un número importante de grupos de privilegio de diferente naturaleza ha sido sometido a una fuerte presión: el riesgo de que pierdan sus privilegios es alto, muy alto.

Un muy importante porcentaje de la burguesía española por ejemplo, afronta el riesgo serio de perder sus privilegios por no haber sido capaz de crear un Estado democrático igualitario competitivo como en cambio han logrado otras burguesías nacionales y otros Estados.

Y lo mismo le ocurre a una parte de la burguesía argentina o brasileña y a grupos de privilegio enquistados mediante articulaciones de poder en el aparato del Estado, al que ponen a actuar en su beneficio como tales grupos de privilegio, consumiendo recursos que por ello mismo no pueden ser distribuidos inteligentemente en beneficio de TODA la sociedad.

En este escrito no vamos a analizar en todo su espesor a esos grupos de privilegio, a los que denominaremos como “una trenza de grupos de privilegio de matriz oligárquica” o como “facciones” (islas de poder) que intervienen para preservar sus privilegios dentro de las fronteras del Estado nación aunque los primeros operan coordinadamente junto a otros grupos de privilegio de otras naciones y que tienen más o menos iguales características y que afrontan similares riesgos.

Nos vamos a concentrar en la acción de esos grupos para dividir a la izquierda.

Estos grupos se proponen provocar una ruptura entre la izquierda histórica, que más adelante vamos a definir en su rasgo sustancial y la tradición democrático igualitaria progresista, a la que también vamos a definir en un par de líneas en sus contenidos principales.

Se proponen en realidad dividir a todas las composiciones ideológicas expresadas en partidos políticos o en instituciones que por su nivel de involucramiento con la sociedad comprenden la necesidad de que la política gobierne en función de los intereses de TODA la sociedad en lugar de viabilizar plácidamente que las lógicas del capital se impongan salvajemente en su irracionalidad concentradora.

Para hacerlo, para horadar la unidad de acción de los partidos democrático igualitarios enfatiza y se mofa de lo que califica como “voluntarismo” del denominado “nacionalismo popular” que tiene su explicación y al que también definiremos en sus rasgos esenciales o se mofa y somete a crítica la torpeza en la gestión sistémica en que a veces incurren los trabajadores asalariados organizados en su esfuerzo civilizatorio por lograr que la política prevalezca sobre las lógicas de acumulación capitalistas.

Antes de iniciar esa travesía resulta necesario subrayar que las estructuras oligárquicas de privilegio a las que nos referimos suelen ser identificadas como de derecha, pues trabajan, operan, para preservar el statu quo de la desigualdad social y cultural, sea cual sea el discurso con el que “se presentan en sociedad”.

Y un error muy frecuente de los dirigentes de los partidos de izquierda es confundir a los votantes de esas opciones políticas con las estructuras de privilegio mismas y en ocasiones no diferenciar suficientemente que dentro de algunos partidos políticos digamos “tradicionales”, también se encuentran actores intelectualmente no dispuestos a aceptar que las lógicas del capital predominen sobre las lógicas de la política.

Pero no son de derecha aquellos que en ocasiones votan a partidos políticos de derecha, y que suelen hacerlo porque la izquierda o el movimiento progresista cometen errores en su esfuerzo por transformar a la sociedad, aspiración civilizatoria siempre infinitamente más difícil que preservar el statu quo.

Pueden en todo caso ser calificados de derecha TODOS aquellos que trabajan intelectual y políticamente para reproducir los sistemas de privilegios aun cuando tales sistemas conduzcan o puedan conducir a tal o cual comunidad nacional a su descomposición.

Y pueden ser, y está bien que sean, calificados como pequeño burgueses de derecha aquellos que funcionalmente y de modo acrítico trabajan para la preservación de privilegios desmedidos y aquellos que se auto definen de izquierda, pero en su acción operan para los grupos de privilegio, esgrimiendo las “razones” que fueren.

Lo que ocurre es que no es suficiente con calificar a tal o cual de tal cosa para que la realidad se transforme, es necesario modificar la realidad para transformarla en un sentido democrático igualitario…ese es el desafío!

Capítulo II

Racionalidad económica / voluntad transformadora

El problema más hondo que afecta a la civilización es el que tiene que ver con la dialéctica: realismo de la racionalidad económica / voluntad transformadora democrático igualitaria.

En el presente momento histórico LOS ESTADOS NACIONALES COMPITEN (y casi que es lo único que hacen) por asegurar su supervivencia como tales Estados nacionales.

La competencia por asegurar el desarrollo capitalista (el único sistema de producción existente) de sus economías, por parte de TODOS los estados nacionales al mismo tiempo, sin que la política haya logrado todavía establecer esferas de colaboración democratizadoras de las formas de producción e intercambio entre países constituye un problema estructural al que no se supera con eslóganes “revolucionarios” ni plegándose acríticamente a sus condicionamientos funcionales.

Mientras los estados nación compitan entre sí por perfeccionar cada uno sus condiciones de existencia (independientemente de lo que le ocurra a los demás) las elites políticas no pueden DESCONOCER LAS LÓGICAS COMPETITIVAS del sistema capitalista.

Sin embargo, tampoco pueden “abandonarse” a esas lógicas, pues en tal caso propician inexorablemente que al interior de las sociedades que dirigen se acentué radicalmente la desigualdad. A partir de ello la calidad de la cultura democrática comienza a descomponerse y a mediano plazo, toda la sociedad se degrada, tanto culturalmente como en su capacidad competitiva.

Este es el principal problema de la civilización, razón por la cual, el autor de este texto le está dedicando un “hacia ensayo” titulado “Los naipes están echados, el mundo que viene”. “Hacia ensayo y no ensayo, pues el autor no tiene otra pretensión que exponer lo que considera que son los principales nudos conceptuales que hay que desatar para viabilizar una praxis política civilizatoria en el Siglo XXI.

Antes de iniciar la travesía es bueno subrayar que este texto no está dirigido contra personas particulares, (tal o cual individuo), ni contra los muchos intelectuales histéricos a los que les perturba la osadía trasnformadora de la cultura popular y están siempre prestos a someterla a crítica, pero callan una y otra vez respecto de las razones de fondo que expican el incremento de la desigualdad en el mundo contempóraneo y que por ello son despreciados (y les desagrada) mediante la sabia sorna con que los proletarios reaccionan ante toda soberbia elitista.

La personalización de los conflictos de clase obstruye una comprensión inteligente de los mismos.

Las acciones divisionistas contra la unidad de la izquierda no prosperan por el protagonismo individualista de unos pocos, por más micrófonos que rodeen a esos pocos, sino por la incapacidad de las propias instituciones de izquierda de resolver conceptual y políticamente problemas serios, hondos, que se le plantean siempre a quienes aspiran a transformar en un sentido democrático igualitario a la sociedad.

Personalizar los discursos políticos revela algún tipo de odio resentido que en nada y nunca contribuye a enriquecer culturalmente a la izquierda, como señalaba una y otra vez de diversos modos el general Líber Seregni, el máximo líder histórico de la izquierda uruguaya.

De lo que se trata es de desarticular las operaciones divisionistas (en Uruguay y en el mundo todo) comprendiéndola, estudiando las razones por las cuales puede llegar a desenvolverse logrando su objetivo.

Capítulo III

Qué es ser de izquierda…

El proyecto de transformación de la sociedad en un sentido democrático – igualitario no es el resultado, no se desenvuelve, como consecuencia de que un grupo de personas elaboró algún día un cuerpo doctrinario de ideas perfectas detrás de las cuales emprendieron la aventura otros individuos, portando estandartes, programas económicos, armas o camisetas con la imagen de Carlos Marx.

La lucha política por expandir la libertad en toda su extensión imaginable, por crear las condiciones para que la abundancia de recursos posibilite la igualdad como oportunidad de una vida digna para TODOS los integrantes de la especie humana, y por diseñar formas de organización de la comunidad que permita sustituir la agresividad egoísta del individuo movido meramente por la necesidad de asegurar su supervivencia, por la fraternidad como actitud estimuladora del esfuerzo siempre e inexorablemente colectivo para perfeccionar las condiciones de existencia no se desenvuelve movida, EN PRIMER LUGAR, por ideas.

Se desenvuelve movida por la necesidad material de cada individuo particular y de la sociedad como un todo de asegurar y PERFECCIONAR uno en el otro, que no hay otro modo, sus condiciones de existencia.

Las teorías que procuran comprender cómo ese proceso ha tenido lugar históricamente y cómo puede desenvolverse hacia el futuro no son más que esfuerzos intelectivos de la racionalidad política cuya finalidad es facilitar el proceso de creación de cultura.

La cultura es el acumulado de conocimientos a partir de los cuales creamos soluciones materiales para asegurar nuestra existencia interviniendo sobre la naturaleza para transformarla y objetos estéticos o elaboraciones éticas con los que enriquecer nuestro ser social y nuestra experiencia vital, ya que somos el único bicho consciente de ella.

Como por las razones que fueren, en algún momento la sociedad se dividió en clases sociales poseedoras de medios de producción unas y carentes de ellos otras, el conflicto principal de la cultura – de la civilización, entendida como el esfuerzo de las comunidades humanas por perfeccionar sus condiciones de existencia- comenzó a desenvolverse entre esas clases sociales.

Los ciudadanos que deciden autodefinirse de izquierda, en el mundo todo, son aquellos que aspiran a lograr POLITICAMENTE la superación de la sociedad dividida en clases y cómo en la medida que la división de la sociedad en clases creó estructuras de privilegio que naturalmente, pugnan por preservarlos, para lograrlo, aunque sea dando un paso de un metro -en una carrera de un millón de kilómetros- cada veinte años, los que se proponen anular todos los privilegios se enfrentan a enormes desafíos prácticos, organizacionales e intelectuales.

El proyecto de transformación de la sociedad en la dirección de crear las condiciones para la superación de la sociedad dividida en clases por las razones antes señaladas, en primer lugar por la complejidad que entraña y las dificultades que enfrenta, no puede sino desenvolverse mediante la suma de acciones COLECTIVAS y elaboraciones teóricas, también siempre colectivas, que son cotejadas en su eficiencia según si logran o no resultados en su aplicación práctica.

El proyecto político que se propone la superación de la sociedad dividida en clases no tiene nada de utópico, pero no puede implementarse meramente a través de la voluntad sumada de unos cuantos millones de individuos ni a partir de la “pureza” de las ideas con las cuales impulsarlo.

No porque sea imposible lograrlo, sino porque para lograrlo es necesario crear las condiciones materiales y espirituales que expongan esa opción ante la inteligencia humana como la más razonable para perfeccionar las condiciones de existencia de todos los integrantes de la especie.

Autodefinirse de izquierda entonces, significa decidir participar INTELECTUAL Y PRACTICAMENTE, con mayor o menor dedicación según las posibilidades de cada uno en cada etapa de la vida, del proyecto COLECTIVO de transformación de la sociedad en la dirección que conduzca a la superación de la sociedad dividida en clases.

En el Siglo XX los que participaron de esa aspiración civilizatoria aprendieron (comparando ideas, realizaciones y fracasos), a no tener apuro, (los que más padecen las injusticias sociales no tienen apuro en cambiar la sociedad, pues necesitan cambiarla de veras, y no dando golpes al aire), aprendieron que no se avanza ni un centímetro si no actúan todos unidos aunque tengan algunas diferencias sobre cómo lograrlo y aprendieron que en algunos momentos de la historia del proceso de la civilización esa aspiración transformadora, por diversas razones, no es la prioritaria, pues la calidad de vida de los universos afectivos e identitarios en los que participan de la aventura de la vida se torna prioritaria o porque la dinámica del conflicto de clases (a escala universal) pone en juego decisiones perentorias, como la vida o la muerte de una comunidad.

Y aprendieron, también, que la capacidad de intervención sobre la realidad de los grupos de privilegio es tan inmensa que no alcanza con amalgamar en un único espacio político a sus propias fuerzas para avanzar sino que necesitan SUMAR a todos los afectados social o intelectualmente por esa fuerza de imposición (las estructuras de privilegio en el capitalismo) para por lo menos, ponerle límites, de suerte de evitar que el proceso de concentración de privilegios deje fuera de la posibilidad de disponer de una vida digna a cientos de millones de personas.

De modo que aunque cientos de millones de ciudadanos no compartan la aspiración de iniciar el proceso de superación de la sociedad dividida en clases, sí participan de la necesidad de ponerle límites a los grupos de privilegio, lo que genera las condiciones para que unos y otros se unan por lo tanto, detrás de una misma inquietud política y social.

Esa es la razón por la cual en el mundo todo desde hace unos pocos años la izquierda ha ido consolidando, con mayor o menor inteligencia, acuerdos políticos con todas aquellas tradiciones que aspiran ideológicamente a habitar una sociedad de iguales: democristianos, liberales igualitarios, republicanos, socialdemócratas, respetando su sensibilidad social o su humanismo, y discutiendo con ellos todo el tiempo, (enriqueciéndose mutuamente) sobre la mejor manera de intervenir sobre la realidad para hacer posible un mundo más justo.

Toda división, fragmentación de las fuerzas de quienes comprenden la necesidad de ponerle límites a los grupos de privilegio (única manera de lograr un mundo más justo a corto plazo) opera en beneficio de esos grupos de privilegio.

De tal suerte, quienes no perteneciendo a la burguesía, (clase social a la que estudiaremos mínimamente en próximos capítulos y que naturalmente defiende organizadamente su posición social) participan de acciones divisionistas tanto en las organizaciones humanas que aspiran a superar la sociedad dividida en clases como al interior de las organizaciones políticas que procuran ponerle límites a los grupos de privilegio pueden autodefinirse de izquierda, pero actúan en beneficio de esos grupos de privilegio, actúan como y por lo tanto son, individuos, (frecuentmente pequeño burgueses) de derecha, aquellos que midiendo únicamente su interés inmediato, (sus cargos como gerentes o publicistas de poderosos grupos mediáticos, o consultores de universidades o de instituciones privadas, en fin, cosas así de trascendentes) operan para preservar el statu quo.

Nota 1: En alguno de los próximos capítulos vamos a analizar cómo se están desenvolviendo los grupos de privilegio en América del Sur para dividir a la izquierda y a las organizaciones políticas que procuran ponerles límites (por ello progresistas, no hay progreso ni desarrollo cultural si únicamente unos pocos concentran la riqueza generada socialmente) y sobre el final vamos a analizar si la necesidad de no permitir operaciones divisionistas en las organizaciones políticas de izquierda y progresistas implica o no anular la crítica, el debate democrático de ideas al interior de esas organizaciones.

Nota 2: Algunos lectores de la web tomaron como un agravio el calificativo “pequeños burgueses de derecha” enunciado en un capítulo anterior. El autor de este escrito tiene un buen número de amigos que pertenecen a esa categoría nunca muy precisa pero necesaria para analizar la complejidad de la sociedad moderna. Son pequeño burgueses por el rol que desempeñan en la economía; luego, en general, como veremos más adelante, adoptan posturas radicales de defensa del statu quo o de crítica ansiosa del mismo según como disfrutan o padecen del estado de situación de la economía. Mis amigos pequeño burgueses eso sí, si se definen de derecha defienden al sistema capitalista como el mejor y “posiblemente” el último de la Historia y los de izquierda andan en general enojados con el vaciamiento cultural de la sociedad que adjudican menos al capitalismo mismo que a tales o cuales todopoderosos demiurgos. El fenómeno raro que se está dando en Uruguay y otros países de América del Sur es que aparecen pequeño burgueses que se autodefinen de izquierda y operan en beneficio de los intereses de los grupos de privilegio…No es un problema de calificativos, es un extraño fenómeno que muestra, EVIDENCIA, una sucesión ya muy extensa de HECHOS. Y al que por tanto hay que prestarle antención.

Capítulo IV

¿Lo puede todo la burguesía como clase dominante en el capitalismo?

La sociedad contemporánea se caracteriza porque en ella es bien, pero bien difícil, distinguir la manera en que PROCURA DESENVOLVERSE y PUEDE DESENVOLVERSE, la clase dominante, como poder económico, cuando lo logra como poder institucional y aún, como poder político – cultural.

Suele ocurrir, con mucha frecuencia, que la acción política organizada de los asalariados logra cambiar a una élite absolutamente “funcional” a la clase dominante por otra que a priori se diría no lo será tanto, pero la élite nueva reproduce luego los mismos comportamientos que la élite vieja… ¿por qué eso ocurre? ¿Es inevitable que ocurra?

El objetivo primordial de la lucha política de los asalariados a esta altura del Siglo XXI es modificar esa situación, ese estado de cosas ¿Por qué es tan difícil?

En los próximos capítulos de este texto procuraremos exponer algunos conceptos que luego nos permitirán comprender mejor asuntos del mundo actual, como por ejemplo, a entender por qué un porcentaje muy relevante de la burguesía argentina decidió a fines de 2015 apostar a Mauricio Macri, a un representante directo de ella, (y de una parte de la burguesía global) fenómeno en la segunda mitad del Siglo XX poco frecuente, como veremos.

Nos proponemos analizar si se trata de una tendencia que dice relación con un fenómeno al que hay que tratar con mucho, pero con mucho detenimiento y rigor intelectual.

¿Asistimos al fin de la política entendida como la acción intelectual de una élite culta por perfeccionar a la sociedad procurando responder a los intereses de TODA la sociedad o por lo menos, a los intereses de TODA la sociedad en la que esos políticos se desenvolvían, las ubicadas dentro de las fronteras de un Estado nación?

En el presente momento histórico, los principales adversarios para que la política prevalezca sobre las cada vez menos democráticas lógicas de acumulación del capital no son los que NATURALMENTE se oponen a ello (pues su interés primordial no puede ser otro que el de reproducir sus privilegios: la burguesía) sino los que erosionan desde adentro la densidad intelectual, la consistencia ética y la calidad institucional de las organizaciones que impulsan el proyecto democrático igualitario de transformación de la sociedad.

(No se apresure el lector a imaginar “traidores” por todas partes… la imagen del “traidor”, del “vendido” es funcional al ocultamiento del problema de fondo y frecuentemente estos “agentes sociales” no actúan más que por interés económico, privado, personal, de ellos mismos y alcanza con separarlos de los espacios de toma de decisión para anularlos).

Pero antes de ocuparnos de analizar esta afirmación en todas sus consecuencias, ocupémonos de comprender a la burguesía como clase, que no siendo en el presente momento histórico el principal adversario de la izquierda es, sin embargo, como estructura organizada, mejor o peor organizada según regiones, la que financia a las élites políticas, intelectuales y tecno – burocráticas que operan, a veces consciente, a veces inconscientemente, a su servicio.

Un apunte antes de comenzar a analizar a la burguesía como clase dominante en el capitalismo.

La clase dominante no podría dominar, ni un minuto, si no contara con élites a su servicio.

Y la clase dominante, para seguir siéndolo y cuando se desempeña con sofisticación, tiene que ocuparse del TODOS, pues en caso contrario tampoco dominaría ni un minuto. Ocuparse no quiere decir que pueda resolverlo, que PUEDA resolver las demandas de la sociedad en su conjunto, satisfacer los intereses de TODA la sociedad, pero tiene que intentarlo.

Por eso mismo es irrelevante “juzgar” por ejemplo a Macri, cuyo desempeño únicamente podrá evaluarse según qué haga como Presidente cuando lo que es necesario hacer es estudiar qué fenómenos están teniendo lugar en la sociedad para modificar aquellos que afectan los intereses de los trabajadores.

La clave para comprender esto que parece una paradoja (el adversario EN EL PRESENTE MOMENTO HISTÓRICO no es el que financia sino el que opera a su servicio, sabiéndolo o no, es sencilla: la burguesía TODAVÍA no es sustituible, las élites sí, a partir de la acción política de los asalariados organizados cuando logran acceder al control hegemónico del poder del Estado.

No es que sustituir a una élite sea “un boleto”, en absoluto, pero es posible hacerlo, sustituir a la burguesía (clase que posee el capital acumulado) en cuanto su capacidad generadora de riqueza, en cambio, no depende meramente de la voluntad política, sino de la generación de las condiciones materiales y espirituales para que ello suceda, como vimos en al capítulo anterior de esta nota y en varios capítulos de “Los naipes están echados, el mundo que viene”, que también puede leerse aquí.

¡La burguesía como clase estructuralmente dominante dejará de existir cuando se extinga el Estado, y falta para ello por lo menos un siglo!

Pero la burguesía puede ser desplazada como clase POLÍTICAMENTE dominante… hegemónica, y no hay cosa en el mundo a que tema más que a ello.

Es por ello que las élites tecno – burocráticas, en general compuestas por pequeño burgueses de derecha, pues trabajan a sueldo para la preservación del statu quo, se preocupan todo el tiempo por generar hechos que hagan aparecer como inviable la gestión del Estado y de la cultura sin ellas, es por ello que sostienen que “siempre habrá UNA élite” (lo que es cada vez menos cierto, pues el porcentaje de individuos instruidos crece sistemáticamente en casi todas las naciones.
Si así no ocurriese, si el porcentaje de la población en condiciones de ocupar espacios tecno burocráticos de decisión no se incrementase las naciones dejarían de ser competitivas.

La competitividad de cada nación particular y desde el punto de vista de los trabajadores AL MISMO TIEMPO, lograr esa competitividad distribuyendo la riqueza, es el desafío por excelencia de la política en el presente momento histórico.

Lo importante a señalar aquí en todo caso es que para contener políticamente la capacidad de influencia de la clase dominante en el capitalismo es posible y necesario sustituir a las élites que gobiernan y operan a su favor, por otras que le pongan límites a sus privilegios.

En caso contrario el mundo dejará de ser gobernado por la política, por la acción política organizada (luego, institucionalizada), de los individuos, y se tornara inhabitable, también para la burguesía…

(Todas las generalizaciones anteriores son válidas para occidente, no necesariamente para todo el mundo ni para todas las épocas históricas. La prueba de ello es China, sociedad a la que caracterizaba antes de la revolución lo que Marx denominó como modo de producción asiático, donde al no existir la propiedad privada de la tierra se producían fenómenos sociales, modos de organizarse la sociedad, diferentes a los de occidente, tema del cual no podemos ocuparnos aquí).

Ocupémonos ahora en cambio de analizar mínimamente a la burguesía.

La burguesía aprendió tempranamente, estudiando a Marx, que no le resultaba conveniente asumir directamente el control del poder del Estado, pues ello entraña un doble problema para sus intereses (preservar sus privilegios), debe hacerse cargo al mismo tiempo, de su incapacidad estructural, (las lógicas de acumulación de capital) para resolver las injusticias sociales, y de los problemas geopolíticos (conflictos) que ella misma genera a partir de la necesidad también estructural de expandir sus negocios para reproducir el capital.

Esa es la razón por la cual la burguesía necesita élites, políticas y tecno – burocráticas, que le sean funcionales.

A pesar de lo dicho antes sin embargo, en ocasiones, la burguesía, que está mejor preparada para gobernar que ninguna otra clase, porque conoce intelectualmente el funcionamiento de la economía en la sociedad dividida en clases mejor que nadie y naturalmente, no compra los discursos ideológicos que sin embargo vende (el libre mercado) decide limpiar la casa ella misma.

Eso ocurre cuando los políticos, intelectuales que pretenden intervenir de modo autónomo en la gestión POLÍTICA del Estado, le resultan ya demasiado ineficientes… (Cuando escribo este texto Donald Trump y Macri son una manifestación de ello. Donald Trump además es un fenómeno nuevo en la realidad política de Estados Unidos, representa la emergencia de una forma de nacionalismo radical que casi no tenía relevancia política en esa sociedad).

La burguesía como clase dominante, en términos de proceso histórico, (aunque sí en algunos períodos) no puede, como clase, hacerse cargo del perfeccionamiento de las condiciones de existencia de TODA la sociedad, que es de lo que se ocupa la política.

No puede por razones estructurales, (las lógicas de acumulación del capital) razón por la cual, como vimos, prefiere evitar gobernar directamente.

La burguesía, como clase social estructurada –aunque operen en esa estructura intereses a veces contrapuestos de sus diferentes componentes, asunto que también analizaremos cuando reflexionemos sobre qué cosa es en la actualidad una burguesía NACIONAL-, accedió en el occidente desarrollado al control político hegemónico del Estado mediante élites políticas con las cuales pactaba todo el tiempo recién al concluir la segunda guerra mundial.

Y ya desde entonces procuró no ejercer su rol de clase dominante directamente, a través de empresarios capitalistas reconocidos en tanto que tales, sino influyendo decisivamente en partidos policlasistas a través de su capacidad, cada vez más acentuada y exclusiva, en el proceso de la generación de riqueza.

La burguesía por su rol en la generación de riqueza, por el desafío intelectual permanente que le impone ese rol (producir capital de un capital acumulado previamente no es “soplar y hacer botellas”) y desde hace unas cuantas décadas, por su capacidad económica para crear y financiar élites que intervengan en la realidad a su favor, dispone de una enorme influencia política.

Como sus intereses políticos ESENCIALMENTE consisten en reproducir el estado de situación que le permite preservar sus privilegios, y como todo sistema ECONÓMICO únicamente comienza a ser seriamente desafiado cuando otra manera de producir riqueza se muestra más eficiente, lograr sus objetivos políticos es para la burguesía asunto relativamente sencillo, salvo en los períodos de crisis aguda.

En el mundo, el proceso de formación política que luego condujo a su participación indirecta pero profesionalmente ejecutada en la disputa por la hegemonía cultural y por el control del aparato del Estado por parte de la burguesía puede resumirse muy sucintamente como sigue.

Comenzó su formación política como clase con conciencia de sus intereses particulares en el mismo momento en que se conforma como resultado del desgajamiento de los gremios de maestros artesanos de la Edad Media, en los cuales el saber hacer se transmitía de generación en generación y en general dentro de una misma familia.

Al independizarse integrantes de esos gremios para satisfacer necesidades productivas emanadas del crecimiento demográfico de las ciudades algunos poseedores del saber hacer artesanal comenzaron a competir con sus antiguos maestros, a perfeccionar las técnicas de producción en serie y a contratar cada vez mayor cantidad de asalariados.
Este proceso se acentuó mucho más luego al inicio de la revolución industrial, en el que comienza a emerger la figura del empresario capitalista desligado de todo otro interés que no sea el de acumular capital mediante la expansión de sus negocios.

La burguesía, como sabemos, participó protagónicamente en el proceso de formación de los Estados nacionales, proceso que perduró hasta la segunda guerra mundial, disputando el poder hegemónico en la administración del aparato del Estado con las viejas clases sociales monárquico – feudales (propietarios todavía de grandes extensiones de tierra).

En términos generales puede señalarse que asumió intelectual y organizativamente su rol como clase dominante y hegemónica, aunque no participando directamente de la función política, luego de concluidos los procesos bélicos en la Europa de mediados del silgo XX.

Como decíamos antes lo hizo influyendo decisivamente en partidos políticos que al ser desafiados por el proletariado como clase también organizada e intelectualmente influyente fueron asumiendo la defensa del sistema capitalista como su principal objetivo.

Sólo cuando esos partidos le resultan ineficientes a la salvaguarda de sus intereses suele intervenir directamente… (Cuando no puede recurrir a fuerzas militares).

En la sociedad dividida en clases y con estados que compiten entre sí, las comunidades necesitan una burguesía que produzca riqueza y elites que organicen esa competencia.

La percepción de que los asalariados organizados no estaban preparados para gobernar en ese estado de cosas llevó a los militares de muchas naciones a intervenir a favor de los grupos de privilegio en situaciones de disputa radicalizada del poder.

Pero la disputa política se desenvuelve en relación a contenidos sustanciales: o bien la reproducción lisa y llana del statu quo o bien el intento de los asalariados por administrar políticamente el proceso de distribución de la riqueza generada socialmente mediante el control hegemónico del poder del Estado.

De suerte que la solución militar siempre es coyuntural y no siempre puede recurrirse a ella: los soldados integran la sociedad y padecen las desigualdades como cualquier otro trabajador, incluso en sociedades desarrolladas.

Arribados a este punto conviene señalar que ni la clase dominante ni las élites políticas y culturales constituyen una asociación de individuos todopoderosos y malévolos, sino que surgen como una NECESIDAD HISTÓRICA, cuando las comunidades humanas comienzan a competir por recursos escasos y resulta necesario ORGANIZAR a la sociedad para esa competencia.

En un texto famoso Federico Engels sugiere la siguiente hipótesis para pensar el origen de ciertas funciones PÚBLICAS, políticas, que luego derivan en una clase dominante.

Las funciones públicas “se encuentran en las comunidades primitivas de todos los tiempos”, sostiene y añade, están, naturalmente “provistas de cierto poder y son los comienzos del poder estatal. Las fuerzas productivas crecen paulatinamente, (las tecnologías con las cuales satisfacer la manutención colectiva), la población, adensándose, propicia el surgimiento de intereses comunes, luego, aparecen también intereses en pugna entre las diversas comunidades, cuya agrupación en grandes complejos suscita una nueva división del trabajo: la creación de órganos para proteger los intereses comunes y repeler los contrarios”.

“Estos órganos, que ya como representantes de los intereses colectivos de todo el grupo asumen frente a cada comunidad particular una determinada posición que a veces (ya entonces) puede ser incluso de contraposición (con los intereses colectivos) empiezan pronto a independizarse progresivamente, en parte por el carácter hereditario de los cargos, carácter que se introduce casi obviamente porque en ese mundo todo procede de modo natural y espontáneo, y en parte porque esos cargos van haciéndose cada vez más imprescindibles a causa de la multiplicación de los conflictos con otros grupos”.

Y concluye: “No es necesario que consideremos ahora cómo esa independización de la función social frente a la sociedad pudo llegar con el tiempo a ser dominio sobre la sociedad…ni cómo, por último, las diversas personas provistas de dominio fueron integrando una clase dominante. Lo único que nos interesa aquí – a Engels entonces y a nosotros ahora, que estamos analizando la realidad contemporánea para mejor repeler acciones divisionistas contra la izquierda y las fuerzas progresistas- es comprobar que en todas partes subyace al poder político una función social, y el poder político no ha subsistido a la larga más que cuando ha cumplido esa función social”.

El lector que esté siguiendo serenamente este texto, sin demasiado alboroto a su alrededor digamos, habrá observado que en algunos momentos resulta complejo interpretar qué rol cumple la clase dominante, qué rol el poder político, qué rol las élites, burocracias estatales y tecno – burocracias estatales o privadas…en la preservación y reproducción de los privilegios o en la contención u anulación de esos privilegios…

Y eso ocurre porque así efectivamente ocurre en la vida de la sociedad, no siempre es sencillo diferenciar qué intereses se desenvuelven en beneficio de qué grupos o clases detrás de ciertas funciones sociales…

A los asalariados les va, literalmente, la vida, sin embargo, en el esfuerzo de comprensión de esa complejidad, para mejor intervenir políticamente en ella, (en esa realidad compleja), a su favor.

Nota 1: Cuando aquí y en próximos capítulos se indiquen algunos rasgos y modos de proceder de la burguesía como clase no deben extenderse esos caracteres a tal o cual empresario capitalista como persona particular, pues una cosa es la lógica sistémica mediante la cual una clase preserva sus privilegios y otra muy diferente es la actitud personal del integrante de una clase cuando adopta decisiones políticas. Engels sin ir muy lejos, era uno de los burgueses más importantes de Londres, cuando decidió someter a dura crítica al capitalismo y no por ello dejó de ocuparse del funcionamiento de su fábrica textil, con cuyos recursos financió la investigación de Marx.

Nota 2: buena parte de los contenidos conceptuales de estos apuntes van a ser desarrollados en “Los naipes están echados, el mundo que viene”… pero la evidencia de una operación divisionista contra el Frente Amplio en curso en Uruguay, a la que resultaba imprescindible repeler, motivó al autor a adelantar una mínima síntesis de ese análisis aquí.

Nota 3. Mientras escribía este texto el autor leyó en una red social que parece que la izquierda no entiende que las sociedades NECESITAN UNA ELITE. Y es cierto, la izquierda no acepta que las sociedades NECESITEN, UNA élite, pues las sociedades necesitan UNA élite cuanto más injustas son.

La tendencia histórica por otra parte, siempre que gobierne la política en interés de TODA la sociedad, (no si gobierna el capital en beneficio únicamente de sus propios intereses en cuyo caso todos los asuntos conceptuales que nos ocupan aquí no tendrán ninguna relevancia, habrá que comprarse una ametralladora nomas) es a que las sociedades necesiten cada vez menos a UNA Y LA MISMA élite profesional, que eso no lo dice el intelectual “crítico”.

¿Por qué se involucra la burguesía directamente en la praxis política?

Capítulo V

El fenómeno político es expresión del “TODOS a una” de la condición social reflexiva de la especie humana.

Pero en tanto que las primitivas comunidades humanas se vieron obligadas (en su lucha por sobrevivir) a competir entre sí por bienes escasos y territorios, la política tiende inexorablemente a organizar intelectual e institucionalmente esa competencia.

Y así ocurrirá mientras no se generen las condiciones materiales y espirituales para superar esa etapa de lo que podríamos denominar la pre historia de la especie humana como tal especie.

Como vimos en el capítulo anterior con Federico Engels para defender los intereses comunes, las comunidades primitivas crearon más o menos espontáneamente órganos para administrar económica y militarmente la competencia con otras comunidades.

Los integrantes de esos órganos cumplían por lo tanto, una función social.

“En todas partes subyace al poder político una función social, y el poder político no ha subsistido a la larga más que cuando ha cumplido esa función social”, sostiene Federico Engels en el texto que citamos.

Para que la función política siga prevaleciendo sobre las meras lógicas de acumulación del capital por tanto, los sistemas políticos tienen que lograr que la función social que desempeñan siga operando, entre otras cosas, como administración civilizada de los conflictos.

Siguiendo esta lógica conceptual, Max Weber desarrolló a principios del Siglo XX, lo que consideró como un modelo ideal de gestión del Estado nación para su época.

Le asignó gran importancia a la burocracia como ejecutora “imparcial” de procedimientos administrativos ajustados a normas, a la burguesía como clase dominante por su rol en la generación de riqueza y a la elite política como administradora del conflicto de clases y a partir de la legitimidad social que por ello alcanzaba, como conductora estratégica del desarrollo económico y cultural de cada país.

Pero para justificar esa propuesta, anuló el contenido ético de la praxis política.

Para Weber era más importante que el Estado nación fuese gestionado eficientemente a los efectos de prevalecer competitivamente en un sentido económico y cultural sobre los demás que toda consideración ética de la práctica política.

Por esa razón se distanció radicalmente de Marx y Engels, que estudiaron a la sociedad para observar cómo esta funciona, pero también cómo esta podría funcionar si la política lograba prevalecer sobre la satisfacción mera y básica de la producción de las condiciones de existencia.

No podemos aquí profundizar en las ideas de Weber pero a los efectos de lo que nos ocupa es importante señalar que sugirió este modelo pues consideraba que el proletariado no estaba en condiciones de dirigir el proceso de modernización capitalista que necesitaba Alemania para competir con otros estados europeos.

Desde entonces hasta aquí la burguesía como clase dominante siguió esencialmente su modelo en todos los países desarrollados y en las naciones en vías de desarrollo pero sin involucrarse directamente en la acción política.

La burguesía, por los recursos con los que cuenta, por las tensiones intelectuales a las que está sometida en el proceso de generación de riqueza, por la creciente sofisticación con la que aprendió a desempeñarse como clase dominante para preservar sus privilegios, se encuentra, aún hoy, en mejores condiciones que el proletariado para gobernar.

En la medida en que TODOS los estados nacionales compiten por perfeccionar su desarrollo capitalista para preservar ese carácter, el de Estados nacionales autónomos, la burguesía resulta insustituible como clase.

Y ello es obviamente percibido por las burocracias estatales y por las tecno – burocracias privadas o de las instituciones internacionales, que por eso mismo tienden a desempeñarse operando a su favor.

Esto implica que para la burguesía, financiar la formación de las elites tecno – burocráticas, gerenciales e incluso intelectuales con las cuales gobernar resulte, sin contar con que dispone a su favor con la experiencia de varios siglos ya acumulada en esa dirección, extremadamente más sencillo que para los trabajadores.

Cuando las organizaciones políticas de los asalariados acceden al poder, además de realizar un aprendizaje sistémico en la administración de los procesos de gestión capitalista (descartada por ahora la opción de avanzar en el inicio de la superación de la sociedad dividida en clases en un solo país) tienen que experimentar en el diseño de políticas que logren equilibrar las relaciones de poder con la burguesía.

Esa es la razón por la cual para las organizaciones políticas de los asalariados es infinitamente más difícil gobernar en todos los tiempos históricos y muy especialmente en la globalización, uno de cuyos rasgos principales es la capacidad de los capitales de trasladarse de un lugar a otro del mundo en búsqueda de los mejores costos de producción.

Para la burguesía como clase es absolutamente intrascendente que existan o no empresas públicas, antes bien, suele considerarlas un factor de perturbación en el modo de ser “natural” del funcionamiento del mercado.

No para toda la burguesía, para la burguesía como clase.

Para los asalariados (el proletariado como se le denominó en el Siglo XIX) la existencia de empresas públicas bien gestionadas es un factor esencial en la posibilidad de administrar políticamente los recursos de la sociedad y de generar equilibrios de poder, a través del fortalecimiento del rol del Estado en la economía, con la burguesía.

Hasta hace algunas décadas las burguesías nacionales, de cada país, aspiraban a desarrollar, según la lógica planteada por Weber, marcos institucionales desde los cuales desenvolverse competitivamente para prevalecer sobre otras burguesías en áreas específicas, donde consideraban que podían ser competitivos.

En el presente momento histórico ocurren dos fenómenos, como tendencia, al mismo tiempo.

Hay una parte de la burguesía global, que es muy competitiva tecnológica e institucionalmente para la cual lo más relevante en el plano de la política internacional es producir ESTABILIDAD.

Procuran que nada ni nadie interfiera en su capacidad expansiva pero en favor de la generación de estabilidad está dispuesta a realizar concesiones.

Pero hay otros componentes de la burguesía y de los propietarios de vastas extensiones de tierra, de matriz oligárquica, es decir que tienden a procurar el control radical en pocas manos del poder en los Estados en que se desenvuelven, que desafiados por empresarios más eficientes ante el riesgo a mediano plazo de perder sus privilegios suelen radicalizar el conflicto de clases.

Las burguesías de los países ya desarrollados, en general, al encontrarse en un proceso complejo de competencia con China al mismo tiempo que no pueden dejar de incursionar en ese inmenso y decisivo mercado a riesgo de que otras burguesías “nacionales” lo hagan se encuentran “apretando las clavijas” de su influencia global para no añadir más conflictos que los que son inevitables. Procuran administrar políticamente el escenario de competencia múltiple en que se encuentran.

Pues compiten entre si, como burguesías nacionales, y con China, en la disputa por las reglas de juego del comercio mundial.

Y en realidad procuran administrar políticamente una triple competencia, porque las organizaciones políticas de matriz proletaria (con mayor o menor densidad intelectual) persisten en su esfuerzo por consolidar el rol del Estado como administrador de los recursos naturales, como empresario en algunas áreas que tienden al monopolio; y en otras como regulador institucional de los mercados.

Esta situación está llevando a algunos sectores de las elites burguesas globales a involucrarse directamente en la esfera política. En un caso produciendo estabilidad, en otro radicalizando los conflictos.

La radicalización de los conflictos la protagonizan sobre todo aquellos sectores de la burguesía nacional que ven peligrar la preservación de sus privilegios

Y lo hacen promoviendo representantes confiables, absolutamente confiables de su propia estructura de gestión del poder, desarrollando campañas mediáticas con todos los instrumentos a su disposición para debilitar a los sectores políticos que no están dispuestos a dejar prevalecer las lógicas de acumulación de capital por sobre las lógicas de representación de los intereses de toda la sociedad, es decir, las lógicas políticas, y contratando a “agentes sociales”, de algún modo hay que denominarlos, para que intervengan a su favor en conflictos de poder y político – culturales de diferente naturaleza.

La burguesía como clase, en fin, se está involucrando directa y decididamente en la cuestión política, como no lo hacía desde su etapa revolucionaria, o bien (algunos sectores) promoviendo escenarios de estabilidad o bien radicalizando (otros componentes de la burguesía) los conflictos, para debilitar a los partidos y movimientos sociales que les disputan la hegemonía.

La acción de los grupos de privilegio de matriz oligárquica, además de poner en riesgo la calidad de la democracia, (porque radicaliza los conflictos al interior del sistema) de acentuarse la tendencia polarizadora con los partidos y clases sociales que procuran ponerle límites, pondría en entredicho la función social de la elite política.

Es decir, la elite política dejaría de cumplir un rol y por tanto, la guerra de clases (no la lucha de clases de Marx, fenómeno estructural que siempre tiene lugar en la historia de las sociedades divididas en clases) la guerra de clases, volvería a emerger en toda su desestabilizadora contundencia (la misma que a principios del Siglo XX provocó dos guerras mundiales y cientos de conflictos armados).

En un sentido muy generalista, pero a los efectos de facilitar la comprensión del problema, puede indicarse que mientras fue Presidente de Estados Unidos, Barak Obama actuó como representante de la burguesía que promueve la generación de condiciones de estabilidad para la solución de los conflictos, mientras José María Aznar, Uribe y otros dirigentes de ese talante (que actúan en nombre del liberalismo pero cuando ven peligrar sus privilegios procuran “apropiarse” del Estado para preservarlos) operan radicalizando los conflictos con el objeto de debilitar la capacidad de influencia de los partidos de matriz proletaria.

Y aunque todos estos asuntos el autor de este escrito los desarrollará con todo el rigor intelectual de que es capaz en el “hacia ensayo” “Los naipes están echados, el mundo que viene”, lo expresado resulta suficiente para poder, ahora sí, avanzar en la reflexión sobre cómo puede la izquierda repeler la ostensible acción divisionista que en todas partes tiene lugar sobre las organizaciones políticas y sociales de los asalariados.

Si llegaron hasta aquí, los lectores habrán comprendido que la situación que enfrenta el mundo es de extrema gravedad, razón por la cual, los juegos de poder o ideológicos que algunos cretinos útiles protagonizan alegremente en Uruguay y otros países (y que pueden conducir a la división de la izquierda) no resulta conveniente que el autor de este escrito y mucho menos los líderes de la izquierda, los analicen superficialmente o dejándose llevar por enconos personales y pulseadas de poder empujadas por aparatos que en sustitución de la lógica de proyecto están haciendo prevalecer las lógicas de contabilidad de cargos y preservación de privilegios clientelares, aunque la encubran en discursos “revolucionarios”.

(Algunos) desafíos que enfrenta la izquierda cuando gobierna

Capítulo VI

La izquierda, en tanto que estructura organizada de la praxis político – cultural de los asalariados, no tiene que preparar elites para gobernar, sino cuadros político – técnicos integrados a un proyecto colectivo y a los que es imprescindible formar para que asimilen como conducta “natural” el hecho de someter sus decisiones y actuaciones a la deliberación democrática de ese proyecto colectivo y de la sociedad en su conjunto.

Respecto de todo y ante todo.

Esto quiere decir que los cuadros político técnicos que la izquierda (o una nación democrática a través de estructuras públicas, como la Universidad) forma, tienen como función además de desempeñar en algunos momentos roles institucionales, el de informar y formar a su vez a la sociedad como un todo POLÍTICO y en el caso del partido a los adherentes al proyecto colectivo de transformación de la sociedad, a efectos de que estén preparados para entender la complejidad de los procesos sociales ante los cuales a ellos se les posibilita formar parte como participantes en la toma de decisiones.

Una elite es una estructura de saber que tiende a preservar sus propios privilegios obtenidos a partir de ese saber.

Saber que obtuvo esencialmente como resultado de que la sociedad como un todo tuvo necesidades de resolver problemas y conflictos que no podía solucionar sino mediante la creación de funciones sociales que únicamente podían desenvolver los mejor preparados en un determinado MOMENTO del proceso histórico de su evolución.

Los mejor preparados suelen ser los individuos que nacieron en hogares de familias que ya anteriormente hubieren accedido a ciertos privilegios, más allá de que siempre hay también un componente (al que es necesario no subestimar) de esfuerzo individual en la obtención de espacios de acción privilegiados.

(El entrecomillado de la palabra “natural” utilizado más arriba obedece a que la exigencia de aceptar controles por parte de los cuadros político técnicos es sencilla de enunciar, pero extremadamente difícil de instrumentar en la sociedad capitalista, en tanto las lógicas de acumulación de capital que la caracterizan no propician el desenvolvimiento de la cultura democrática, sino el de la formación de grupos de privilegio que procuran autonomizarse de los controles políticos).

Lo que surge de lo anterior es lo siguiente: en la sociedad dividida en clases, además de la burguesía, se constituyen elites que también disponen de privilegios que procuran preservar.

Incluso al interior de los partidos u organizaciones sociales.

Razón por la cual, puesto que para el proletariado como clase, gobernar es infinitamente más complejo y políticamente mucho más desafiante que para la burguesía o para los partidos que no se proponen transformar en un sentido democrático igualitario la sociedad,

1.- la organización institucional,

2.- la democratización del conocimiento y

3.- la densidad intelectual del marco conceptual con el que orientan su acción se constituye como asunto esencial a su praxis transformadora.

El proletariado no tiene que hacer únicamente frente a los desafíos que le plantea la clase dominante, sino también a los desafíos que le plantean las elites que estructuralmente le son funcionales.

La burocracia (que repite funciones normativizadas y así posibilita el desempeño administrativo de la sociedad) y en la medida que la sociedad se hace más compleja, las tecno burocracias que la dirigen en cada coyuntura, tanto las que se desenvuelven en el Estado como en la sociedad civil, para preservar sus privilegios, al igual que la burguesía, procuran “autonomizarse” del universo de la política de modo de eternizar el estado de cosas que les permitió acceder a esos privilegios.

Únicamente la praxis política, en tanto que representación de los intereses y necesidades de la sociedad como un TODO, crea la condiciones para un proceso democrático de toma de decisiones.

Pero para implementar esas decisiones la praxis política necesita crear instituciones que las ejecuten y esas instituciones están integradas por burocracias y tecno – burocracias que como vimos, cuando obtuvieron privilegios que en un momento la sociedad consideró oportuno otorgarles, pretende preservarlos.

Así se constituye lo que Max Weber denominó como una “jaula de hierro”. (La formulación exacta en alemán no es esa pero en todo caso dice lo que esencialmente quería decir).

LA SOCIEDAD NECESITA A LA BUROCRACIA PARA AUTOGOBERNARSE, Y NECESITA UNA CLASE PRODUCTORA DE RIQUEZA PARA COMPETIR CON OTRAS COMUNIDADES.

Esto quiere decir que en su esfuerzo por transformar la sociedad en un sentido democrático – igualitario los asalariados tienen que administrar una dialéctica de conflicto entre los intereses de la sociedad – la igualdad política y económica como fundamento de la posibilidad del ejercicio de la libertad por TODOS – y los grupos de privilegio económicos e institucionales.

El poder de la burguesía radica en su disponer del monopolio del capital acumulado, el poder de las elites de un saber hacer que viabiliza el funcionamiento de la comunidad como un cuerpo social organizado para competir con otras comunidades humanas.

Y el asunto todavía es más desafiante, porque los asalariados no resuelven nada “enojándose” con la burguesía o con las elites que en un determinado momento histórico alcanzaron ciertos privilegios que pretenden eternizar.

Los asalariados tienen que crear estructuras democráticas radicales que posibiliten que LA POLÍTICA PREVALEZCA sobre los privilegios, digamos para usar un término impactante aunque no muy sutil, pero que ayuda a comprender el problema, de casta.

Las castas fueron las primeras formaciones sociales de organización competitiva de las sociedades primitivas Y SE NIEGAN A renunciar a su posición privilegiada.

Los asalariados no resuelven nada “enojándose” porque mientras una FUNCIÓN SOCIAL resulte necesaria no lograrán anular su significación y por tanto los privilegios que otorga su desempeño.

La única manera de resolver POLITICAMENTE el problema es luchando sin descanso y sin pausa para desarrollar una sociedad radicalmente democrática y cada vez más culta, más instruida, de suerte que TODAS las estructuras de privilegio puedan ser sometidas al juicio crítico de la sociedad, controladas inteligentemente, y transformadas institucionalmente para adaptarlas a las necesidades de cada etapa histórica a través de procedimientos también radicalmente democráticos.

Y eso en la sociedad dividida en clases y en medio del conflicto de clases que se desenvuelve al interior de la comunidad pero también, y al mismo tiempo, en la esfera de la competencia entre naciones, es extremadamente difícil de lograr.

Pero no imposible.

Para lograrlo como señalamos antes, la izquierda necesita prestar mucha y sistemática atención a

1.- la organización institucional, (de sí misma y de la nación cuyo gobierno acceda a ejercer)

2.- la democratización del conocimiento y

3.- la densidad intelectual del marco conceptual con el que orienta su acción.

No podemos aquí desarrollar conceptualmente estas “tares” de los asalariados organizados políticamente, es decir, de los partidos de izquierda, lo que haremos en cambio es señalar todavía otros obstáculos.

Como EN EL PRESENTE MOMENTO HISTÓRICO TODAS las naciones compiten entre sí por alcanzar niveles de desarrollo capitalista que les permita preservar su autonomía como tales naciones (no ser barridas de la historia por las naciones que sí lo logren, para decirlo crudamente) lograr los objetivos políticos antes enunciados depende de logar AL MISMO TIEMPO que la sociedad que se integra genere los recursos económico financiero suficientes para evitar que en su interior se produzcan conflictos radicalizados por la distribución de la riqueza generada socialmente, lo que suele conducirlas a su autodestrucción o por lo menos, a reducir muy significativamente la posibilidad de implementar transformaciones democrático – igualitarias, pues antes que nada los individuos necesitan resolver su supervivencia.

Y como sin comprender lo que hasta aquí hemos expuesto era imposible entender por ejemplo el fenómeno “peronista” en la Argentina, y sus expresiones de “derecha” e “izquierda”, el autor de este escrito decidió postergar hasta alguno de los próximos capítulos el análisis de las acciones que se desenvuelven para debilitar a la izquierda en cada país y a escala global…

Y como, por otra parte, es improbable que en los próximos capítulos el autor pueda desarrollar aún otro obstáculo serio, muy serio, a las aspiraciones democrático – igualitarias de los asalariados organizados, aprovecha esta pausa para enunciarlo, de modo que quede en el tintero para otra oportunidad.

La sociedad contemporánea, por la radical competencia entre naciones que impulsa, y por los procesos de concentración de poder que promueve, dificulta muy gravemente las posibilidades de los asalariados de participar activamente de la praxis política…lo que fortalece la capacidad de eternizar sus privilegios tanto por parte de la burguesía como por parte de las elites…

Y como si eso fuera poco las burocracias y tecno – burocracias (que responden a la necesidad de resolver problemas nuevos derivados de la revolución científico técnica y sus efectos SISTEMICOS de sociedad) suelen “dramatizar” ciertas ineficiencias provocadas en general por ellas mismas, con el objeto, paradójicamente, de realzar la “apariencia” de necesidad de la continuidad de SU función social, de la importancia de la función social que ELLAS desempeñan.

Nota: No se angustie el lector de izquierda ante el cúmulo de adversidades que es necesario superar para transformar en un sentido democrático – igualitario a la sociedad, ha habido momentos peores…como veremos cuando analicemos mínimamente al “populismo” ultra nacionalista.

Pero la formulación de las dificultades resulta imprescindible para fundamentar por qué es necesario actuar con inteligencia y valentía política para “poner en vereda” a aquellos que DESDE ADENTRO debilitan a las organizaciones políticas de la izquierda en la calidad de su organización institucional, en sus consistencia ética y en su capacidad crítica con la que es necesario se desempeñe todo proyecto COLECTIVO de transformación de la sociedad.

Poner en vereda no significa “expulsar”, “demonizar”, sacarse de encima, recurso bobo e inútil, porque el problema de fondo no son los “desvíos” individuales, sino la dialéctica compleja entre política y privilegios estructurales, (que generan las sociedades para desenvolverse competitivamente con otras sociedades) que eso es lo que nos propusimos mostrar en los anteriores capítulos de este texto.

La forma de resolver el problema es comprenderlo en toda su complejidad y luego democratizar RADICALMENTE los procesos de deliberación previos y posteriores a la toma de decisiones.

Y esta frase así tan sencilla abre un universo entero: el de la calidad de la democracia.

¿Cuáles son las zonas vulnerables de la izquierda cuando gobierna?

Capítulo VII

¿Cuáles son, en términos teóricos y prácticos, las zonas vulnerables de la izquierda en tanto representación política de los intereses de los asalariados organizados, cuando gobierna una nación?

Sin pretender reseñar todos los planos en los cuales la praxis política de los asalariados es particularmente desafiante, en los capítulos anteriores de este artículo hemos apuntado algunos.

Ahora nos ocuparemos de los que en el presente momento histórico son más relevantes pues constituyen un espacio de vulnerabilidad sobre el que operan fenómenos estructurales y acciones deliberadas de los agentes sociales del statu quo cuyo propósito es debilitar la capacidad de los trabajadores de ejercer eficientemente el gobierno del Estado o de evitar que accedan a ejercerlo.

Como vimos en un capítulo anterior, el creador del marco conceptual con el que la burguesía participa decisivamente del universo de la política, Max Weber, sostenía que a principios del Siglo XX el proletariado no estaba en condiciones de gobernar pues su ética política como sujeto de la transformación de la sociedad – la eliminación de todos los privilegios- no era aplicable en un escenario de competencia entre estados nación en los que las burguesías de cada país se habían constituido, en tanto poseedores del capital acumulado, como los más eficientes creadores de la riqueza necesaria para desenvolver esa competencia.

Toda pretensión de resolver desde el Estado, mediante una ejecución por tanto necesariamente burocrática, el proceso de generación de riqueza, creía Weber, conduciría a la anulación de la dinámica individualista y eficientista con arreglo a fines utilitarios que caracteriza al capitalismo y con ello a la debacle económica del Estado nación que lo intentase.

Como sabemos, esto efectivamente ocurrió a la muerte de Lenin, cuando el intento por lograr un equilibrio entre desarrollo capitalista y administración política de ese desarrollo por parte del Estado fue sustituido por el militar voluntarismo, esto es, por la pretensión de imponer autoritariamente una nueva manera de producir riqueza concentrando la propiedad de TODOS los medios de producción en el Estado.

Los privilegios de la burguesía terminaron concentrados en una casta burocrática, además, ineficiente.

Las causas de esta deriva autoritaria de la revolución bolchevique así como la experiencia de la República Popular China en la actualidad el autor de este escrito las analiza en otro trabajo, titulado “Los naipes están echados, el mundo que viene”, ya citado.

Aquí nos limitamos a señalar que el conflicto entre administración política del desenvolvimiento del capitalismo como sistema de producción de riqueza por parte de Estados nación que compiten entre sí por la hegemonía en la determinación de las reglas de juego del comercio mundial o dicho de otro modo, por prevalecer como Estados en competencia con otros Estados, es el rasgo principal de la realidad contemporánea.

De suerte que cuando la izquierda accede al gobierno de cualquiera de esos Estados en competencia, como tiene que velar por la calidad de vida de TODA la población de ese Estado, no puede pretender modificar esta situación a prepo, a martillazos, digamos.

En caso contrario corre el riesgo de anular la significación y trascendencia de su praxis política gubernativa pues las sociedades no aceptarán ningún retroceso en los niveles de calidad de vida que hayan alcanzado.

Por el contrario, exigirán perfeccionar sus condiciones de vida, lo que no es posible lograr si la sociedad no genera suficiente riqueza y si la distribución de la riqueza generada socialmente no se realiza equilibrada e inteligentemente.

En el siglo XX como sabemos, el equilibrio entre generación de riqueza y administración política de la distribución de esa riqueza que mayor estabilidad social y desarrollo cultural produjo al interior de los Estados nación en competencia fue el denominado Estado de Bienestar.

La revolución tecnológica, en particular la aplicada a las comunicaciones permitió sin embargo al capital, (desde la década del 80 con especial vigor) comenzar a desplazarse de un lugar a otro del mundo para producir donde mejores condiciones de rentabilidad obtenga, con lo cual, la capacidad de recaudación impositiva de los Estados de Bienestar, más una excesiva burocratización de sus estructuras estatales, con los costos para la competitividad de esos estados en relación a otros que esa excesiva burocratización significaba, pusieron al finalizar el Siglo XX en jaque a esa experiencia democrático igualitaria.

De suerte que en el estado actual del mundo, cuando la izquierda en occidente accede al gobierno tiene que lograr que las lógicas de la política (el interés de TODA la sociedad) prevalezcan sobre las lógicas de acumulación del capital, sin que los Estados que gobiernan pierdan competitividad en relación a otros Estados.

No es imposible lograrlo, pero requiere amplísimos acuerdos políticos, potencialidades productivas en condiciones de radical competitividad en áreas en las cuales ya se hayan alcanzado históricamente ventajas naturales, tecnológicas o culturales muy relevantes, pues así como en un mundo hiper – competitivo (en particular desde el ascenso productivo de China) existen desigualdades cada vez más profundas al interior de los Estados también existen desigualdades muy pronunciadas en el grado de desarrollo entre los Estados que compiten entre sí.

Ahora bien, como vimos en capítulos anteriores de este escrito los Estados son una construcción de las comunidades humanas para mejor organizar la competencia entre ellas, así como las funciones sociales que con ese objeto se implementaron, de suerte que, en realidad, cabe preguntarse: ¿quiénes compiten con quiénes en el mundo contemporáneo?

¿Una alianza de las denominadas “burguesías nacionales” con el proletariado de sus respectivos Estados nación?

¿Existe todavía algo que pueda caracterizarse como una burguesía nacional?

¿Y tiene la izquierda cuando accede al gobierno que beneficiarla en cualquier circunstancia y condición porque se presume que una parte considerable de las utilidades que produce las re-invierte en el Estado nación en el que produce o habita?

¿Y cómo se logra la eficiencia competitiva de las empresas públicas en aquellas naciones que todavía disponen de ellas para que no se conviertan en un obstáculo a la competitividad general de la economía en que operan, en un costo, en lugar de en una solución a favor de una mejor redistribución de la riqueza?

¿Se justifica todavía el “nacionalismo” como composición ideológica legitimadora de esa alianza entre burguesías nacionales y proletariado, asalariados organizados, en cada país?

Y finalmente, como el inicio de la superación de la sociedad dividida en clases, que terminaría con esta competencia vulgar entre integrantes de la misma especie humana, no parece poder iniciarse hasta tanto no se den determinadas condiciones que no analizaremos aquí, ¿se justifica la anulación de la ética política en la administración del Estado nación que Weber sostenía resultaba inevitable si se pretendía ser eficiente en la competencia con otros Estados?

Marx y Antonio Gramsci creían que no, que por el contrario, que en la praxis política de los asalariados organizados como sujetos de transformación de la sociedad en la dirección de la eliminación de todos los privilegios la ética política resultaba imprescindible se constituyese como el factor de legitimación sustancial a partir del cual lograrían, en pugna con adversarios muy poderosos, la hegemonía político cultural que les permitiría iniciar el proceso para que la política, como representación y praxis de los intereses de TODA la sociedad, comenzara a prevalecer sobre las meras lógicas de acumulación del capital.

De explicitar cómo creían que era posible lograrlo nos ocuparemos en alguno de los próximos capítulos.

Ahora, antes de poner puntos suspensivos, (para comenzar más adelante a responder preguntas que hemos formulado, o intentar responder preguntas que hemos formulado) quizá resulte conveniente observar que según lo hasta aquí enunciado, la izquierda, cuando gobierna, tiene que resolver cómo participa de la gestión competitiva de la economía del país en que se desenvuelve sin abandonar su aspiración sustancial, la administración política de la riqueza generada socialmente para ponerla al servicio de toda la sociedad, pero, al mismo tiempo, tiene que lograr iniciar el proceso de anulación de TODOS los privilegios. Es decir, no puede, al gobernar, sustituir a una casta privilegiada por otra casta privilegiada.

O mejor dicho, poder puede, pero en tal caso deja de ser izquierda y comienza a autodestruirse como opción civilizatoria.

Esto es, si la izquierda falla en la calidad de la gestión de la economía del Estado nación en que gobierna, si la izquierda falla en la calidad ética de su acción política estatal, si la izquierda falla en la generación de las condiciones instrumentales para distribuir la riqueza generada socialmente, si la izquierda falla en la democratización de la sociedad mediante el único procedimiento posible, no sustituyendo a unos grupos de privilegio por otros, si la izquierda falla en la calidad de la fundamentación cultural con la cual conduce la transformación de la sociedad junto a ella, junto a la sociedad, para lograr que la política prevalezca sobre las lógicas de acumulación de capital, entonces…los asalariados se indignan… y buscan otras alternativas para solucionar sus problemas esenciales.

Los proletarios son gente de pocas pulgas cuando lo que está en juego es su calidad de vida, mejor, las más de las veces, su supervivencia.

Y los adversarios de la izquierda saben esto, a veces mejor que la izquierda misma y operan para que falle.

Sobre todo operan en una zona muy sensible, que es en la intervención sobre la capacidad de la izquierda de tejer alianzas con todos aquellos que comparten, si no la aspiración de iniciar el proceso de anulación de todos los privilegios, sí sin embargo la necesidad de que la política prevalezca sobre las meras lógicas de acumulación del capital…

¿Es de “izquierda” Cristina Fernández de Kirchner?

Capítulo VIII

1.- “Oligarquía” y “descamisados”

En absolutamente todos y cada uno de los países en los cuales, por las razones que fueren, una casta es o fue capaz de producir (al disponer por ejemplo de tierras de muy buena calidad y peones en condiciones de semiesclavitud) enormes cantidades de dinero, sin que la sociedad, a través de instituciones democráticas sólidas, pueda o haya podido intervenir sobre la manera de distribuir esa riqueza generada socialmente y de la que por tanto se apropia esa casta, a veces denominada “oligarquía”, hay un momento, frecuentemente cuando en ocasión de una crisis profunda dejan de acceder siquiera al dinero necesario para la supervivencia, en el que los asalariados estallan, se rebelan y arremeten contra ese estado de cosas.

Como ese tipo de oligarquía en general gobierna despóticamente o a través de trenzas articuladas al modo casi feudal, un integrante de la familia hace la carrera militar, otro estudia para cura, otro se prepara para hacerse cargo de las Haciendas y así… (en la actualidad un integrante de “la familia” se ocupa de los medios de comunicación), los “movimientos” violentos que contra ella se rebelan suelen actuar más bien espontáneamente y terminan siendo liderados por un caudillo o líder carismático.

Para representar a las masas “descamisadas” por tiempos prolongados y disputar el poder a la oligarquía, los caudillos que se ponen al frente de la rebelión o que la organizan anticipándose al estallido suelen tener que comprometerse con ellas en relación por lo menos con la creación de instrumentos para satisfacer sus necesidades básicas.

Y se produce así un sistema de lealtades diferente al de las sociedades democráticas (donde tuvo lugar una revolución burguesa o una revolución democrático igualitaria).

En las sociedades democráticas más que lealtades de tipo religioso a “movimientos” o caudillos, se genera adhesión respecto de partidos más o menos democráticos.

Adhesión sobre la base de propuestas programáticas y líderes que en medio del intercambio de ideas procuran persuadir a los ciudadanos para disputar el beneficio de administrar el poder por un período previamente establecido, digamos, de unos cinco años.

Se solía decir a principios del Siglo XX que las oligarquías no tienen “patria”, sino propiedades. Y las oligarquías eran muy sensibles a esa acusación.

De modo que las oligarquías y también quienes la combatían por indignación intelectual o desesperación existencial exaltaban la idea de la unidad de la patria y el “glorioso” honor de pertenecer a una misma nación acusándose sin embargo unos a otros de “apátridas”.

La cultura democrática se desarrolla en una nación cuando los ciudadanos aprenden a valorar la significación civilizatoria de la política ejercitándola en condiciones de libertad durante períodos prolongados.

Nada de eso ocurre ni ocurrió en naciones gobernadas por oligarquías. La imposición por la fuerza, con mayor o menor sofisticación, prevalece sobre la cultura democrática.

Y el tipo de nacionalismo que se exalta por lo tanto, es más bien religioso, no debatible. Cuando una nación delibera democráticamente sobre su identidad la perfecciona, cuando la convierte en una religión indiscutible la empobrece.

Lo mismo ocurre con las “ideologías” en general, ciertamente.

En los países oligárquicos que además producen en poco tiempo mucha riqueza, países por ejemplo con tierras muy fértiles, suelen tener lugar episodios de extrema violencia en la disputa por esa riqueza, a tal punto que la misma se “normaliza”, aparecen diferentes formas de proceder mafioso, la corrupción se institucionaliza y a ellas, a la violencia y a la corrupción, recurren tanto quienes ejercen el poder como quienes desafían a los grupos de privilegio.

Y lo hacen porque en caso contrario son aplastados sin ninguna consideración puesto que no existen instituciones democráticas que posibiliten la resolución política del conflicto.

Todo aquel “movimiento” de individuos que se rebela contra una oligarquía y es aplastado, entierra a sus muertos, traga miedo, pero luego de un determinado tiempo, si la situación no se modifica, vuelve a intentarlo, con más violencia que en la ocasión anterior….

(El concepto “movimiento” utilizado y remarcado ya varias veces aquí es muy relevante, pero no disponemos de espacio para analizar en profundidad el fenómeno. A cuenta de un análisis más profundo en “Los naipes…” digamos que en la lógica de movimiento yace implícita una crítica del sistema de partidos y de la praxis política e intelectual que tiene lugar a través de los mismos y una apuesta en cambio, al desempeño de la sociedad sin dirigentes que la conduzcan…puesto que el enemigo son las clases dirigentes (no los fenómenos estructurales que produce la sociedad dividida en clases) responsables de todo los males, aunque, como sabemos, de esa “apariencia” de horizontalidad “democrática” inviable en sociedades históricamente muy fragmentadas luego surge Mussolini… porque el problema naturalmente, no son las clases dirigentes, sino la organización y la forma democrática o no de controlar y si resulta necesario desplazar democráticamente a las elites dirigentes).

El fenómeno “populista” como nacionalismo radical, como integrismo religioso o como una mezcla de ambos ha ocurrido y ocurre siempre en la historia, lo que ocultan los cientistas sociales mediáticos, en sociedades organizadas según diferentes variantes del modelo de castas u oligárquico.

La República Oriental del Uruguay ha tenido el invalorable privilegio de haber protagonizado en su historia tres episodios democrático igualitarios de enorme densidad intelectual y significación cultural: el artiguista, el batllista y el frenteamplista y los tres han contribuido decisivamente al perfeccionamiento de la tradición democrática mediante la valorización de la política como articuladora de los conflictos por la distribución de la riqueza.

Pero no ha ocurrido lo mismo en casi que ningún otro país de América del Sur y no ocurrió lo mismo en Alemania, Italia, España, Grecia y Portugal hasta que bien entrado el siglo XX la formación de la Unión Europea y antes la derrota de Hitler en la segunda guerra mundial propiciaron por lo menos, la posibilidad de una evolución en esas naciones de la cultura democrática, digamos cuidadosamente, algo “apadrinada” por naciones más desarrolladas y a las que la guerra había devastado u aterrorizado.

La racionalización POLÍTICA de una nación tiene lugar y únicamente tiene lugar cuando en ella se ha producido una revolución burguesa o democrático – igualitaria de matriz proletaria.

Cuando eso no ocurre o no ha ocurrido se expandió como una gangrena incontrolable la lógica amigo – enemigo, esto es, la radicalización sin política del conflicto de clases, la emergencia de formas de ultranacionalismo en tanto que tales sin contenido cultural: pura reacción resentida ante la constatación del desarrollo de otras naciones que las aventajaban económica y culturalmente, cuando algunas de ellas habían desempeñado momentos destacados en la Historia de la humanidad o tenían, como Argentina, condiciones para destacarse.

(El autor de este escrito solicita disculpas a los cientistas sociales que lean el texto. El relato es extremadamente poco académico. Advierte además, que en lo que sigue, ya con algo de sentido del humor, que no puede utilizarse para describir el hasta aquí expuesto drama de las naciones gobernadas por oligarquías, insistirá en la forma de exposición técnicamente rudimentaria. Para sus propósitos, la considera más atinada que a la monótona reiteración de lugares comunes con los que algunos refinados periodistas y algunos sesudos “intelectuales” refieren en estos días al “populismo” y a una presunta diferenciación entre una izquierda “científica”, racional, (que ellos naturalmente integran) y otra emocional, romántica… Y eso que muchos de esos “intelectuales” se educaron estudiando la peripecia revolucionaria de Artigas, Batlle y Ordoñez y la obra de Rodó, que fueron, todos ellos y cada uno a su modo, AL MISMO TIEMPO radicalmente racionales y emocionales y tal la razón por la cual los recordamos con orgullo y debatimos sobre sus realizaciones con respeto).

Descrita la trama del drama de las naciones gobernadas por “oligarquías”, término que nos es útil aquí para simplificar la complejidad de los procesos históricos de una buena cantidad de países del mundo, podemos ahora preguntarnos algo que cuando se analiza la manera mejor de repeler acciones divisionistas contra la izquierda y las alianzas de partidos progresistas es muy relevante.

¿Son de “izquierda” todos los partidos y “movimientos” que se rebelan con el apoyo de los proletarios contra un estado de cosas “oligárquico” o más o menos encubiertamente “oligárquico”?

¿Es de “izquierda” Cristina Fernández de Kirchner en tanto que heredera del fenómeno en general incomprendido al que el mundo conoce, aunque sin saber a qué cosa exactamente refiere cuando lo menciona, como “peronismo”?

2.- Los “proletarios”

Cuando se trata de asuntos políticos en los que está en juego la calidad inmediata de su vida, los proletarios suelen ser personas severas y poco propensas a ocupar demasiado tiempo deliberando.

Lo que no quiere decir que actúen espontáneamente. Optan por lo que consideran mejor o más conveniente para resolver un problema practico en un momento concreto y no disponen de las condiciones ideales para reflexionar hasta cualquier hora.

Tragan saliva cuando se equivocan, vuelven a empezar. Todo el tiempo está en juego su existencia misma en condiciones de dignidad.

Saben, por ello mismo, que lo único que no pueden perder es la dignidad y salvo en momentos muy críticos en los que perciben el riesgo del más absoluto desamparo, suelen no perderla. Por eso pueden volver a empezar.

Hasta ahora hemos sostenido en este escrito que los partidos proletarios, los representantes de los asalariados, “son de izquierda” pues representan o procurar representar los intereses de los trabajadores.

Y a los trabajadores les resulta vital anular los privilegios desmedidos o derrotar políticamente a los grupos que para preservar privilegios, concentran de tal modo la riqueza generada socialmente, que los sumen a ellos en el riesgo permanente de desempleo.

Hagamos ahora todavía más inquietante la pregunta anterior: ¿es de izquierda Marie le Pain?

¿Son estúpidos los trabajadores que en número de decenas de millones respaldan a esas líderes políticas? ¿Es simplemente por ejemplo, que las ven como madres protectoras en tiempo de desamparo e incertidumbre?

El lector recordará que estamos en este escrito analizando cómo se desenvuelven y por qué las acciones divisionistas contra la izquierda y las fuerzas progresistas. Lo estamos haciendo para mejor repelerlas.

Y hemos sostenido que lo que está en juego cuando se trata de la calidad institucional. la consistencia ética y la densidad intelectual de los partidos proletarios en este momento de la historia es nada menos que la calidad de la cultura democrática en occidente.

Es por ello que hemos sugerido algunas de las zonas vulnerables de la izquierda global, pues es sobre ellas que actúan, naturalmente, quienes para preservar privilegios se esfuerzan por recluir a la izquierda a espacios testimoniales de acción o a anularlas como organizaciones políticas realmente desafiantes y capaces de transformar la realidad a favor de los asalariados.

A pesar de ello hay un tumulto de pequeño burgueses que tienen enormes “dificultades” para comprender los fenómenos político culturales que se producen cuando a los proletarios los gana la desesperación, incomprensión que frecuentemente se expresa en simpáticos debates entre neo estalinistas y neo trotskistas , neo maoístas y neo reformistas, “lacanianos” y posmodernos y en fin, un estrado entero de sutiles “revolucionarios NEO” poco propensos a analizar las consecuencias prácticas de sus marcos conceptuales en el devenir de la experiencia histórica, aunque paradójicamente de eso se ocupan como revisionismo todo el tiempo, mientras a los trabajadores comienzan a representarlos otras composiciones ideológicas menos “reflexivas” pero más imbricadas en los problemas concretos de los asalariados.

Esto, que enunciado con humor parece asunto de comedia, tuvo, en varias oportunidades durante el Siglo XX, la muy trágica consecuencia de que al no sentirse representados por los partidos que habían contribuido a formar, los proletarios, en particular los campesinos que habían perdido sus tierras, se lanzaron a la búsqueda de soluciones radicales, y ahí estaban el fascismo y el nazismo, financiados por parte de las mismas “oligarquías” cuyos privilegios decían venir a combatir.

Pero también, para su deshonor, por algunos componentes del actor al que analizaremos más adelante: la burguesía nacional.

El ultranacionalismo vale la pena mencionarlo, es un fenómeno que vuelve a tener cierta importancia en algunos países y que se expresa de modo bastante semejante a como lo hace el integrismo religioso en las sociedad musulmanas: como radicalismo resentido de masas de asalariados que se sienten desamparados, “traicionados”, humillados por algo externo a ellos que viene a “robarles” su riqueza.

Riqueza que en general se encuentra en las cuentas bancarias de sus propias oligarquías, naturalmente.

Pero volvamos a lo que más nos interesa. En cada circunstancia en la que los partidos proletarios no resultaron capaces de encausar la indignación de los asalariados de países en crisis hacia alguna forma de radicalismo democrático igualitario el nacionalismo (o el integrismo religioso) fue el recurso mejor de las oligarquías para re orientar hacia AFUERA la indignación incontenible de los desamparados.

El integrismo iraní aniquiló a los dirigentes de los partidos proletarios y lo mismo hicieron varios movimientos “nacionalistas” en América Latina, aunque en las naciones en que no lo lograron, en algunas de ellas y empujados por miles de sus adherentes confluyeron hacía acuerdos con partidos de izquierda, sobre todo en relación a un fenómeno que los afectaba a ambos: el imperialismo.

Y aunque el imperialismo, ubicado “afuera” y “demoníaco”, sirvió en la forma de “anti imperialismo” a las oligarquías y a las burguesías nacionales de esos países, que no habían sido capaces de elaborar proyectos políticos democráticos que propiciaran su desarrollo económico, para justificar cualquier cosa, al tener también efectos reales sobre la capacidad de esos estados de distribuir la riqueza, impulsó a los partidos de izquierda a observar el fenómeno como un posible factor de alianza con partidarios de los nacionalismos “populares”, (“anti imperialistas” y “anti oligárquicos”, etcétera..)

La dialéctica, resentimiento manipulado hacia un nacionalismo radical de masas desamparadas, participación de esas masas en luchas comunes junto a partidos de izquierda, produjo intercambios que en la medida que se ha incrementado el nivel de instrucción de los asalariados, como resultado de conquistas de sus propias luchas, ha generado diálogos políticos que pueden propiciar una síntesis madura por parte de esas masas de asalariados en cuanto a cuales son las mejoras formas políticas para alcanzar una equilibrada distribución de la riqueza, para derrotar al anti – democratismo consustancial de las oligarquías, para contener a las lógicas de acumulación de capital inherente al modo de desenvolverse de las burguesías.

Y es aquí, en esa dialéctica, donde hay que detenerse con seriedad y rigor, en lugar de dejarse arrastrar a la crítica de toda forma política de expresión de sentimientos de impotencia por parte del proletariado calificando a los partidos que lograron representarlos como “populistas” y dejándose llevar al juego interesado de la burguesía como clase por dividir a los partidos que con mayor o menor sofisticación se le oponen.

Para que ello ocurra, ciertamente y como pedía Gramsci, los partidos proletarios de izquierda tienen que actuar como intelectuales orgánicos administrados de un modo radicalmente democrático por los propios trabajadores, desenvolverse según una ética política que prefigura los contenidos de la transformación que se procura alcanzar y saber desempeñarse tácticamente con la sutileza que requieren los desafíos del presente momento histórico de la humanidad, en la que lo que está en juego es si prevalecen las lógicas del capital o las lógicas de la política.

Néstor Kirchner y Cristina Fernández procuraron desarrollar ese proceso de maduración del proletariado argentino cuando crearon el Frente para la Victoria. (No importa aquí, lo analizaremos más en profundidad en otro escrito, si lo lograron o no, y qué métodos utilizaron, pero no se puede reflexionar sobre el fenómeno (y someterlo a crítica) si al mismo tiempo no se contempla la radicalidad ultraconservadora de la muy vigente “oligarquía” argentina. Y mucho menos es aceptable, bajo ningún concepto, que personas que se autodefinen de izquierda operen para grupos de privilegio aliados a esa oligarquía).

Como vimos en capítulos anteriores, uno de los rasgos geopolíticos de la realidad contemporánea es la radicalidad de la competencia entre Estados nación “completamente armados”, según los definió en una obra sublime Hannah Arendt.

En buena parte del Siglo XX a las burguesía de las naciones desarrolladas les resultó imprescindible la expansión imperialista de sus Estados para acceder a mercados cautivos y materias primas, (y generar riqueza suficiente para administrar sus propios conflictos sociales) lo que causó como sabemos dos guerras mundiales y cientos de conflictos armados.
Pero sobre todo, fue la razón sustancial por la cual la política no pudo prevalecer sobre las lógicas de la guerra, del conflicto radicalizado.

Para que la política prevalezca sobre las lógicas de la guerra la “alianza” de los partidos políticos que comprenden la necesidad de establecer límites a las lógicas de expansión y acumulación del capital es absolutamente vital.

Razón por la cual, como ya señalamos, toda acción divisionista basada en vulgares estigmatizaciones de lo que no se comprende o conoce, de lo que no se estudia, o promovida por cretinos útiles contratados como agentes sociales por grupos de privilegio a los que les inquieta la alianza de los partidos de izquierda y los partidos progresistas es, en el presente momento histórico, un atentado a la civilización, pues erosiona la posibilidad de que la política, como representación y praxis de los intereses de TODA la sociedad, prevalezca sobre ese “egoísmo que lastima” que dice Pepe Mujica al referir a los grupos de privilegio.

Y ahora, finalmente, en tanto que la hemos mentado ya demasiado, llegó el momento de analizar qué rol ha cumplido en este proceso, y que rol cumple en la actualidad, quizá el actor principal, protagónico, (a veces por inacción) de este relato, la denominada “burguesía nacional”, tanto en los países desarrollados económica, tecnológica y culturalmente, como en los emergentes o que pugnan por desarrollarse.

Nota: En varios capítulos anteriores el autor de este escrito ha sido muy elogioso del proletariado como clase, y muy flexible respecto a eximirlo de culpa cuando en situación de desesperación fue manipulado hacia diferentes formas de radicalismo apolítico en el Siglo XX.
El autor tiene en alta estima a la cultura proletaria, forjada en el trabajo duro y en la solidaridad, no obstante, así como lo hizo en relación a la burguesía como clase deja constancia que esa valoración no se extiende así sin más a individuos particulares, sujetos como todo el mundo a toda clase de flaquezas y aún de vilezas, propiciadas por la feroz racionalidad competitiva del capitalismo pero también porque pertenecer a una clase explotada no es sinónimo de madurez política y de integridad ética.

Globalización y burguesía nacional

Capítulo IX

Ningún emprendimiento empresarial, ningún proceso de generación de riqueza, ni aquellos que requieren una inversión reducida, ni aquellos que demandan enormes sumas de capital, puede desarrollarse en el estadio actual del mundo contemporáneo si el Estado nación como organización legal e institucional de las sociedades que compiten entre sí, no garantiza la estabilidad – y no cualquier estabilidad- necesaria para su desenvolvimiento.

Para desenvolver el ciclo de reproducción del capital la burguesía necesita al Estado, y los Estados (las sociedades) necesitan TODAVIA a la burguesía en su calidad de sujetos poseedores de capital a partir de lo cual cuentan con la posibilidad casi monopólica de desarrollar emprendimientos que produzcan más capital, riqueza.

“Casi” monopólica porque si bien los Estados cuentan con instrumentos, o pueden contar con instrumentos para realizar inversiones que creen riqueza y administrarlas mediante tecno – burocracias, al tener que ocuparse de la satisfacción de las necesidades de TODA la sociedad y “paradójicamente”, al tener que invertir para preservar la capacidad competitiva autónoma del Estado mismo en relación a otros estados, por ejemplo en infraestructura, o en medidas para contener la inflación, esos recursos en contadas circunstancias son suficientes como para anular la significación funcional de la burguesía.

A dónde va la riqueza que produce el ciclo reproductivo del capital, cómo se generan las condiciones para redistribuirla sin afectar al proceso de su reproducción, pero al mismo tiempo cómo se limita la capacidad extorsiva de los poseedores de capital para reproducir los privilegios que le otorga esa condición de poseedor casi monopólico de capital en condiciones de producir más capital y del saber hacer empresarial que alimenta al ciclo, ese, es el asunto político por excelencia de la realidad contemporánea desde hace por lo menos cien años.

Y lo será por unas cuantas décadas todavía. Y no es imposible que por más de un siglo.

Como un capital inmóvil es un capital (a mediano plazo) muerto, el ciclo no se detendrá hasta tanto su “racionalidad” competitiva comience a ser observada como absurda – y sustituible- por la abrumadora mayoría de la sociedad mundial.

Vamos a hacer de cuenta aquí, por un rato, que no sabemos que el capital es un fenómeno histórico, como la ciudad Estado de la antigüedad o el Estado nación en la modernidad, y que así como surgieron, la ciudad Estado, el Estado nación y el capital, desaparecerán un día.

Lo mismo que desaparecieron la esclavitud o la forma de producción de las condiciones de existencia propia de la sociedad feudal, con sus príncipes poseedores de vastas extensiones de tierra y vasallos, campesinos que la trabajaban “protegidos” por esos príncipes y reyes y generales.

Y lo vamos a hacer porque mientras la historia de la humanidad se desenvuelva en la forma de competencia entre Estados nación “completamente armados”, ninguna clase social al interior de esos Estados puede prescindir de él, ni de las funciones sociales que organiza.

La burguesía procurará controlarlo hegemónicamente para asegurar y reproducir sus privilegios, el proletariado, la suma de los asalariados organizados social y políticamente, procurará acceder al control hegemónico de sus estructuras funcionales para comenzar el proceso de anulación de TODOS los privilegios.

Y esa es la razón por la cual, como clase, todavía tiene relevancia histórica la burguesía nacional – aunque es necesario estudiar con más detalle cómo sus diferentes componentes se desenvuelven en la actualidad, en la globalización-.

Desde un punto de vista no funcional, (cómo organizan las naciones la competencia con otras naciones) sino político, (con qué contenidos se desenvuelve) el problema de la preeminencia de la competencia entre Estados como rasgo sustancial de la época tiene enorme importancia para el proletariado.

Pues si para asegurar su supervivencia en condiciones de autonomía, (tomar sus propias decisiones democráticamente) y para administrar políticamente los recursos que crean, las sociedades necesitan fortalecer la capacidad de crear riqueza según el modelo de organización contractual conocido como Estado – nación, el problema de con qué contenidos económicos y culturales lo hacen resulta extremadamente relevante.

Es decir, no hay que prestar atención únicamente a los contenidos de clase en relación a cómo los Estados en su interior administran / y las clases disputan la riqueza generada socialmente, sino también a los contenidos, (la calidad de las instituciones nacionales) sobre las que es necesario intervenir para fortalecer la capacidad competitiva de la comunidad como tal comunidad. Suele reflexionarse en torno a esta dialéctica bajo la categoría: “la cuestión nacional”.

Por todo lo anterior, cuando el lector se encuentre, cada vez con más frecuencia en las redes sociales, con infografías que sugieren que el mundo es “dominado” por un reducido grupo de corporaciones, o que una élite de banqueros se reúne en tal o cual lugar, bajo tal o cual denominación, y dirige al mundo, ríase socarronamente.

Lo están tratando de manipular para que concentre sus energías en demonizar a esos grupos, sienta que son demasiado poderosos y se resigne, y no preste atención a otros fenómenos extremadamente importantes en relación con su posibilidad de influir políticamente (y de modo muy decisivo) en la distribución de la riqueza generada socialmente dentro de las fronteras de la nación en la que habita y respecto de los contenidos institucionales y culturales de la democracia en la que se desenvuelve.

Si el problema de la anulación de los privilegios que impiden una racional distribución de la riqueza o de la contención de las hirientes desigualdades sociales se resolviese aniquilando a esas elites, ya se hubiese resuelto con toda sencillez.

El lector tiene que saber que en la tierra como un TODO, -en el mercado global- por razones ESTRUCTURALES que estamos enunciando muy simplificadamente, toda vez que una elite concentra demasiado poder hay otra elite que corre el riesgo de perderlo y que por tanto se organiza para perfeccionar sus condiciones de competencia con la primera.

Así como en los países gobernados por “oligarquías” el problema SUSTANCIAL que entorpece o inviabiliza una equilibrada redistribución de la riqueza generada socialmente no radica en la supuesta “capacidad divina” de esa oligarquía para hacer y deshacer a su antojo, sino que depende de la calidad de la democracia, es decir, de las relaciones de poder que se producen en la lucha de clases y de la calidad institucional y la densidad intelectual de los partidos proletarios para construir POLITICAMENTE democracia y limitar el poder de las clases dominantes, así ocurre en el mundo pero entre diferentes grupos de privilegio.

La burguesía nacional tiene todavía una enorme significación política pues la suerte de toda burguesía depende EN ÚLTIMA INSTANCIA, de su capacidad de influencia global y de la generación de estabilidad en los Estados en que tiene su base original y afectiva –la red de contactos personales con base en la cual se desarrollan todos los emprendimientos-.

Desde que a fines del Siglo XIX y principios del XX fracasó el esfuerzo del proletariado por iniciar EN ESE MOMENTO el proceso civilizatorio de superación de la sociedad dividida en clases a nivel de los países entonces más desarrollados la lógica de competencia entre Estados nación por prevalecer como tales Estados nación es el rasgo característico del mundo y no se resolverá mediante ningún empeño voluntarista.

Es por ello que cuando se analiza al sistema de producción capitalista resulta necesario reflexionar en dos planos:

el de sus lógicas estructurales (la forma del capital de reproducirse operado por los mismos agentes: la burguesía), lo que propicia la lucha de clases al interior del Estado nación

y el de la necesidad de expansión del capital operado por las empresas más importantes para preservar la rentabilidad y competitividad de sus negocios, lo que produce una reacción inexorable contra esa expansión de las elites burguesas u oligárquicas de los estados nacionales afectados.

El riesgo totalitario de un grupo de privilegio controlando al mundo es altamente improbable se efectivice pese a representar una pesadilla recurrente en la literatura universal.

La esperanza civilizatoria de una democracia universal tiene (a partir de la revolución de las telecomunicaciones) más chance de efectivizarse que el de un gobierno totalitario global.

Y ello porque en la sociedad dividida en clases, la lucha por la distribución de la riqueza generada socialmente, es decir, por su administración política o por su mera reproducción inercial, (fenómeno al que tiende el capital pero que es inviable HISTORICAMENTE, pues una reproducción inercial de tales características no permite la reproducción en condiciones de estabilidad del capital), se desenvuelve, tanto al interior de cada sociedad, como entre clases sociales y entre integrantes de una misma clase pero establecidos en Estados nación diferentes que compiten entre sí.

Mientras existan los Estados nación la lucha de clases no afecta únicamente a los protagonistas principales, a los que disponen de capital en condiciones de producir más capital y a los que no disponen de capital y por ello deben “vender” su fuerza de trabajo sino que se desenvuelve también entre integrantes de una misma clase: las burguesías nacionales de cada uno de esos estados, aun cuando en algunos planos tengan fuertes intereses comunes, como los tiene el proletariado como clase a nivel global.

No es casual que tanto el proletariado como la burguesía hayan fracasado en su esfuerzo por crear o influir decisivamente en estructuras políticas estables, permanentes, a nivel global.

La re significación histórico coyuntural de la burguesía nacional y sus implicancias políticas

Capítulo X

Mientras exista la competencia entre Estados, y mientras esos estados tengan que lograr altos niveles de estabilidad institucional y política para participar eficientemente de esa competencia, la burguesía nacional seguirá siendo el actor principal del conflicto civilizatorio, a pesar del fenómeno de concentración de capital (en algunas sectores de la economía) al que conocemos con el nombre de corporaciones transnacionales porque reúne capitales de burgueses pertenecientes a diferentes países.

Pese a subrayar sin embargo, como hemos hecho antes en este escrito, que las burguesías nacionales, sobre todo las de países demográficamente significativos, siguen siendo el actor principal de la economía mundial, es importante enunciar (aunque quizá no pueda analizarse en profundidad aquí), que el “neoliberalismo” (la ideología de las corporaciones transnacionales, un mundo sin regulación librado a la lógica competitiva eficientista del capital) como ideología y como praxis expansiva de las mayores concentraciones de capital acumulado (las más importantes de ellas situadas en EEUU y Gran Bretaña), se desenvolvió en los años 90 del Siglo XX con arrolladora contundencia, porque supo políticamente “trabajar” la crítica de la burocracia como casta privilegiada e ineficiente (lo que en muchas naciones se correspondía con la realidad) y reunir así apoyo político a sus postulados y por su enorme capacidad extorsiva en cuanto que por un período pudo contribuir al desarrollo o hundir a la economía de muchos estados.

La emergencia y consolidación de China como potencia mundial terminó con ese ciclo y creó un nuevo escenario geopolítico que aquí no podemos analizar pero que en todo caso resignificó la trascendencia de las burguesías nacionales.

(El lector puede buscar información sobre cómo Estados Unidos revitalizó su industria automotriz facilitando las condiciones de inversión a capitales nacionales, siempre y cuando, claro, produjesen dentro de Estados Unidos).

Para comprender mejor el estado de situación antes descripto y para poder arribar a definiciones más profundas sobre cómo mejor repeler acciones divisionistas contra la izquierda y los partidos progresistas es absolutamente necesario (cuanto antes mejor) realizar un análisis técnico profesional de las diferentes formas de desempeñarse de los diferentes sectores de la burguesía nacional en los últimos veinte años.

Así podremos observar qué ocurre cuando integrantes de esa burguesía se benefician integrándose con otras burguesías nacionales en emprendimientos comunes, y qué significación política tiene ello, qué ocurre cuando integrantes de la burguesía nacional corren el riesgo de dejar de disponer a mediano plazo de capital en condiciones de producir más capital si se asocian con empresas que cuentan con más capital (y frecuentemente más respaldo de sus Estados nacionales) y así.

Es necesario observar en la práctica el abanico de posibilidades de reacción de un burgués nacional cuando es desafiado en su misma área de actividad por empresas más eficientes que producen en otra región o nación y que a mediano plazo por tanto pueden desplazarla mediante la adquisición de sus bienes de capital y sus marcas o mediante la ocupación hegemónica del mercado… etc.

Para significar metafóricamente la entidad de este fenómeno complejo que dice relación con la dialéctica competitiva entre burguesías nacionales con otras burguesías nacionales, burguesías transnacionales con otras burguesías transnacionales, etc, el creativo publicitario uruguayo Álvaro Moré declaró con sofisticada inteligencia: “a todos nos va a llegar nuestro UBER”…

Lo que, sin embargo, sería cierto si los Estados nación dejasen de estar en condiciones de regular jurídicamente la competencia al interior de sus fronteras, fenómeno que como tendencia, es altamente improbable ocurra por lo menos en los próximos cincuenta años.

Una vez realizado ese estudio se podrá definir con más precisión cuándo al proletariado le resulta conveniente establecer acuerdos de cooperación para facilitar el desarrollo productivo de la nación que comparten con integrantes de la burguesía nacional, cuándo recurrir a capitales multinacionales o transnacionales puede ser beneficioso y en qué condiciones, cuándo en caso de resultar posible y positivo ponerlos a competir entre ellos y en fin, un buen número de escenarios de esa naturaleza, sin el análisis de los cuales el proletariado no puede hacer política al nivel que demanda su rol civilizatorio en el presente momento histórico.

Es necesario hacerlo, pues la no casual ausencia de una reflexión intelectual sobre estos fenómenos propicia, abre flancos, a partir de los cuales operan los grupos de privilegio de matriz oligárquica para dividir a la izquierda y a las alianzas de ésta con los partidos progresistas.

Pero dediquemos ahora, a la espera de ese estudio, unas líneas a pensar en una institución que expresa (¿cataliza?) el conflicto derivado de ese desempeñarse en dos planos de la lucha de clases que mencionamos más arriba,

el que tiene lugar al interior de la comunidad como política,

y el que tiene lugar entre Estados como competencia productiva,

sean gobernados esos Estados hegemónicamente por la burguesía o por el proletariado organizado a través en general de su influencia en partidos policlasistas dirigidos por elites políticas que procuran administrar civilizadamente el conflicto de clases y orientar estratégicamente el desarrollo de las naciones en que se desenvuelven como tal elite.

Es importante hacerlo porque así como el análisis de la competencia entre Estados, así como el análisis de la pervivencia de ese estado de situación a todas luces absurdo no habla muy bien del grado de evolución de la especie humana, sí lo hace en cambio, y muy significativamente, la evolución de la institución a la que nos referiremos brevemente.

EL CONTRATO

El contrato como institución que sustituye a la mera imposición por la fuerza, pues ella, la mera imposición por la fuerza, produce sistemáticamente inestabilidad y la inestabilidad debilita la capacidad competitiva de una sociedad en relación con otras sociedades, (como vimos en capítulos anteriores que ocurre en los países gobernados por oligarquías, donde a los contratos no los respeta nadie), tiene una significación absolutamente decisiva en el proceso de la civilización.

El contrato, como institución, tiene virtudes que hasta el presente no han podido ser superadas por ninguna otra institución.

Produce estabilidad (aunque los contenidos del contrato están en disputa todo el tiempo entre las clases sociales) y fomenta la cultura de la confianza, de la cooperación, (aunque esta sea competitiva) en sustitución de la mera imposición del más fuerte que como vimos produce inestabilidad y por tanto reduce las posibilidades de supervivencia y perfeccionamiento de las condiciones de existencia de las comunidades humanas como tales comunidades, es decir, como estados nación.

El contrato es la institución mediante la que se desenvuelve la racionalidad política inmanente al fenómeno humano, y aunque sus contenidos siempre están en disputa y quizá por ello mismo, garantiza, si es cumplido por las partes contratantes, la CALIDAD DE LA ESTABILIDAD al interior de una comunidad.

El contrato como institución civilizatoria influye decisivamente en el tipo de sociedad.

La sociedad crea al contrato como Derecho Constitucional, como norma penal y civil y mediante ese procedimiento regulado según técnicas procesales produce confianza en la esfera de las relaciones sociales; el contrato disciplina, pero lo hace políticamente, es decir, según procedimientos democráticos, precisamente porque SIEMPRE están en disputa sus contenidos.

Para que opere generando estabilidad en las relaciones sociales, las democracias establecen mayorías especiales toda vez que una clase social aspira a modificar sus contenidos en su propio beneficio.

Así, el contrato que articula las relaciones sociales al interior de una nación no es el resultado de una imposición, o de una pretensión de validez no negociable políticamente, como ocurre en un régimen despótico de naturaleza militar o religiosa.

El contrato, pese a su inmenso valor civilizatorio desde que fue establecido como Derecho en Roma y todavía más luego de las revoluciones burguesas en Inglaterra, Estados Unidos y Francia, si no es administrado por la política, esto es, si no se produce mediante procedimientos democráticos, consagra una desigualdad en el punto de partida: el que tiene capital tiene condiciones de influencia mayores en los contenidos del contrato (de cualquier contrato desde el Constitucional hasta el laboral) que aquel que no dispone más que de su capacidad de trabajo.

Poco antes de su muerte a fines del Siglo XIX, Federico Engels hizo notar lo que aquí se enunció y añadió que para que el contrato tenga validez, una vez que fue instituido como procedimiento civilizado de administración de la lucha de clases, las dos partes tienen que cumplirlo.

Y subrayó que en caso de que la burguesía lo incumpla el proletariado cuenta con el recurso de la revolución, mediante por ejemplo una huelga general muy prolongada, es decir, seria y muy bien preparada.

Lo hizo notar, pues con ello quería poner en evidencia que la posibilidad de una revolución es un instrumento de poder que si no equilibra las fuerzas, establece sin embargo la conveniencia de que la burguesía y el proletariado para fortalecer sus posiciones como integrantes de una misma nación en competencia con otras naciones respeten el contrato.

Y construyan así CALIDAD institucional y estabilidad para el desenvolvimiento de una competencia que puede no agradarles, pero en la que participan inexorablemente como protagonistas.

Engels tenía la expectativa de que el proletariado de los países más desarrollados de Europa se unieran detrás de una misma aspiración civilizatoria, iniciar el proceso de superación de la sociedad dividida en clases conjuntamente en todos esos países, razón por la cual, consideraba extremadamente relevante que los partidos proletarios pudieran desenvolverse políticamente en las mejores condiciones posibles en la disputa por la hegemonía en la administración del poder del Estado.

La lógica “nacional”, por las razones que fueren, prevaleció sobre ese universalismo para el que la humanidad no estaba preparada.

En la actualidad, en tanto China, India, Rusia y Alemania continúen estando en condiciones de competir con Estados Unidos y Gran Bretaña por la hegemonía en el establecimiento de las reglas de juego CONTRACTUALES del comercio mundial, el fenómeno imperialista, tal como lo conocimos desde fines del Siglo XIX y durante casi todo el Siglo XX dejará de tener la trascendencia que tuvo, lo que, otra vez, resignifica la importancia de las burguesías nacionales.

Como el lector atento habrá intuido, casi todas las consideraciones de este capítulo tienen por objeto generar las condiciones para formular la siguiente pregunta: ¿En qué condiciones es para el proletariado confiable la burguesía nacional o algunos de sus componentes en particular, en cuanto al diseño común de un proyecto nacional de desarrollo?

Por lo pronto sabemos, que EN EL ESTADO ACTUAL DEL MUNDO, las elites más inteligentes de cada nación, tanto las proletarias o que participan de la acción política defendiendo los intereses del proletariado como las que lo hacen con sofisticación defendiendo los intereses de la burguesía, se ven en la necesidad histórica de perfeccionar la lógica del contrato al interior de cada uno de los estados nación, es decir, se ven ante la necesidad histórica de consolidar la cultura democrática como sustento de toda estabilidad más o menos sólida…

No es en absoluto casual que en casi todas las lenguas, la literatura del siglo XX haya producido versos como el que sigue:

“Los hermanos sean unidos
Porque esa es la ley primera
Tengan unión verdadera
En cualquier tiempo que sea
Porque si entre ellos pelean
Los devoran los de afuera”.

Y aunque el autor de este escrito desearía habitar un mundo en el que esa “verdad” fuese anacrónica, todavía no habitamos en tal mundo, y aunque la idealización de la hermandad por identidad (tradiciones, afecto por el terruño, sentido crítico para perfeccionar esas tradiciones) encubre privilegios de unos y vulnerabilidad de otros, la realidad contemporánea impone a aquellos estados nación que aspiren a preservar su autonomía a darle un significado político y contractual muy relevante al decir popular.

¿Es confiable la burguesía nacional cuando los estados nación tienen que perfeccionar radicalmente su competitividad económica?

Capítulo XI

“Los pueblos adquieren la vocación de la libertad y el temperamento para sentirla, luchando por ella”. Emilio Frugoni.

Ficción I

Algunos paisanos de la República Oriental del Uruguay utilizan un simpático giro lingüístico para anunciar que lo que dirán a continuación tiene que ser considerado ficción, aunque no lo sea, o aunque quizá no lo sea…

“Un suponer”, dicen, y arrancan el relato.

Imaginemos que a las comunidades humanas que habitan en Uruguay y en la República Socialista de Cuba, una mañana húmeda, calurosa, de esas que estimulan cierto desasosiego, les viene en mente la decisión de ser ingleses.

Así, sin que exista a golpe de razonamiento acalorado, ninguna justificación para ello.

Alguien con cierto conocimiento de la historia de esas naciones podrá arriesgar la hipótesis de que como en el breve período histórico en el que el Imperio Británico controló o tuvo decisiva influencia en los puertos de Montevideo y La Habana la tradicional lentitud realizadora de los criollos fue sustituida por obras que se realizaron en muy poco tiempo y que todavía permanecen como patrimonio cultural: estaciones de trenes, vías férreas, canales… la extraña vocación espontánea y simultánea por “hacerse” ingleses tendría algún fundamento.

El personaje en cuestión podría arriesgar que la reminiscencia de esos acontecimientos, sumados a la necesidad de ser productivamente híper competitivos para poder seguir siendo uruguayos y cubanos, empujó la voluntad espontánea de esos pueblos a “cortar camino” e integrarse no con sino a una nación que en su período imperial realizó tan enorme proceso de acumulación de capital que desde el punto de vista del desarrollo tecnológico, científico y cultural productivo les lleva cien años de ventaja.

Mientras los españoles tuvieron influencia decisiva en sus puertos las naciones de nuestro relato y durante demasiado tiempo, apenas se ocuparon de producir carne (los orientales), azúcar (los isleños).

No fuera cosa que se volvieran competitivas en relación al Reino de España, como ocurrió con Estados Unidos en relación a Gran Bretaña, nación a la que, pese a haber iniciado ella la revolución industrial le costó doscientos años “adaptarse” a esa competencia de su ex colonia, cosa que logró en los 90 del Siglo XX, mediante una alianza estratégica que perdurará…

A la tradición “oligárquica”, casi feudal, española, le llevó varios siglos – ¿lo ha logrado? – adaptarse a la arrolladora vocación transformadora del capitalismo, a la que Marx describió con sofisticación literaria y política en el Manifiesto Comunista.

(“Todo lo sólido se disuelve en el aire”…)

El orgullo que los cubanos sienten por sus rasgos identitarios, por su heroica aventura revolucionaria, torna más que imposible que la ficción antes expuesta se efectivice, no obstante, durante su segunda presidencia el Presidente Obama aprobó la solicitud de una empresa norteamericana para instalar una fábrica ya previamente autorizada por el gobierno de Cuba, lo que podría sugerir a una mente apresurada que para acortar camino los cubanos eligieron a Estados Unidos, que está más cerca, en lugar de a la vieja Inglaterra.

Lo mismo ocurrió con una cadena de Hoteles de capitales norteamericanos, que se instala en Cuba.

El orgullo que los uruguayos sienten por haber construido y ahora estar perfeccionando a una de las democracias igualitarias más sofisticadamente diseñadas de la tierra también torna inviable que la ficción pro inglesa se efectivice (la democracia inglesa es muy elitista) y sin embargo al gobierno uruguayo no le desagradaría en absoluto que inversores británicos establecieran una planta moderna de producción de Corned Beef en donde ya hubo una, en Fray Bentos, puesto que en la industria frigorífica se está produciendo una cierta concentración de capitales de un mismo y cercano país.

A las elites inglesas es seguro no les desagradaría una integración voluntaria de la nación que a su modo contribuyeron a hacer nacer, y además, como beneficio extra, se evitarían así derrotas futboleras a manos de “rebeldes indisciplinados”, como Obdulio Varela o Luís Suárez…

Sin embargo, pese a que las elites cubanas y uruguayas saben de las exigencias que sobre ellas recaen en cuanto a lograr en condiciones más bien adversas desarrollar un modelo de economía que les permita preservar autonomía como naciones, no sólo no parecen dispuestas a colocarse como vagón de cola de ninguna poderosa locomotora, sino que se esfuerzan por evitar que tengan demasiada influencia en sus agendas internas naciones que hablan español o portugués y con las que comparten una historia entera de épicas batallas autonómicas.

Tanto a Cuba como a Uruguay les convendría que los procesos de integración sudamericana se desenvolviesen con más vigor y que el libre comercio se desenvolviese libremente, para seguir con el juego de palabras, no obstante lo cual, como tal cosa no ocurre, las elites de ambas naciones se devanan los sesos para ver cómo logran abrir mercados donde no les cobren aranceles que ponen en situación no competitiva a sus productos tradicionales y a partir de inversiones en ciencia y tecnología muy bien pensadas, también respecto de nuevos productos por ejemplo en los campos del software o la farmacología…

Y como para abrir mercados a su vez tienen que abrir el propio piensan y piensan cómo hacerlo sin perder autonomía. Y como la competencia por sobrevivir entre naciones se desenvuelve muy pero muy rápido tampoco es que tengan demasiado tiempo para pensar…

Es cierto que en tanto que los países compiten en una institución denominada mercado mundial, y mientras compitan a través de esa institución, no lo harán militarmente…

¿El mercado no es nada más que una institución en la que desde hace cientos de años los individuos intercambian los excedentes de producción?

Y si fuera tan sólo eso, ¿por qué es tan demonizado o sublimado?

Quizá lo que ocurra es que el mercado global pone de relieve que los países que participaron de procesos de acumulación de capital violentamente obtenidos disponen de ventajas ¿inalcanzables? por los países que fueron objeto de “rapiña”, como se decía a principios del Siglo XX.

Aunque la República Popular China parece haber encontrado la manera de superar ese obstáculo… claro que China tiene algunas particularidades culturales, es una civilización más antigua que las naciones que luego de la revolución industrial se tornaron Imperios expansivos y además tiene una significación demográfica…

Los paisanos orientales, de la República Oriental del Uruguay, cuando relatan se van por las ramas, se toman su tiempo…y dejan puntos suspensivos por todas partes.

Y aunque en el próximo capítulo trabajaremos otra ficción para poder observar la complejidad de un problema esencial referido a la autonomía de una nación cuando decide ser autónoma y pagar los costos que ello conlleva, formulemos ahora la pregunta a la que con nuestro relato queríamos llegar.

¿Puede un país sin burguesía nacional, ser al mismo tiempo competitivo en la esfera del mercado global y distribuir la riqueza para producir estabilidad social y política que le permita preservar autonomía?

¿Se puede “inventar” una burguesía nacional donde no la ha habido o donde no ha sido suficientemente innovadora como para expandirse al mercado mundial y por ello mismo ha tendido a aliarse con los propietarios de vastas extensiones de tierra conformando algo que podríamos denominar como una “oligarquía 0.0”?

Y ¿cómo se asegura, si puede asegurarse, el sistema político o los partidos con aspiraciones democrático igualitarias que esa burguesía, una vez respaldada por el Estado para que comience a expandirse reinvierta una parte de las utilidades en ese Estado? ¿Es suficiente con que pague impuestos?

Y ¿por qué, cuando una sociedad aspira a cobrarles impuestos para financiar por ejemplo una educación gratuita de calidad que a mediano plazo les resultaría útil, suelen irse, cuando pueden, a producir a otros Estados; es que el capital no tiene patria nomás?

Y ¿puede pretender la elite política que la burguesía nacional no venda a capitales de otras naciones sus emprendimientos ante la primera crisis de la economía global?…

Y ¿tiene sentido pretender tal cosa? ¿La lógica de elaboración de políticas públicas con ese fin, si lo tuviera, es la misma para un país demográficamente relevante que para un país con poca o muy poca población o mercado?

El autor de este escrito podría arriesgar respuestas a todas estas preguntas, aunque sin el rigor técnico con el que podría hacerlo un economista, y quizá lo haga en otro escrito, pero centrando la inquietud en el estudio de la significación política de la burguesía nacional cuando ella es innovadora, pues cuando no lo es suele resultar conveniente a los países que capitales de otros países desarrollen los emprendimientos con mayor eficiencia, como ocurrió en Uruguay con la producción de granos, o como va a ocurrir en Cuba, donde hasta ahora quienes se han ocupado de gestionar emprendimientos productivos y comerciales han sido esencialmente las Fuerzas Armadas…es decir, la burocracia más disciplinada y por tanto eficiente…¿suficientemente eficiente para propiciar un desarrollo sostenible?

Grupos de poder económico, medios de comunicación, política y soberanía

Capítulo XII

¿Puede una nación que aspira a ser autónoma habilitar que grupos de poder económico o multimedia de otras naciones participen activamente de la vida política de esa nación?

En el capítulo anterior “trabajamos” una ficción para poner en evidencia algunos problemas estructurales referidos a la matriz productiva necesaria para que una nación genere la riqueza suficiente que le permita ser autónoma, es decir, para decidir su rumbo según los procedimientos que ella misma como sociedad decida adoptar.

TODOS los Estados nación del mundo compiten en el presente momento histórico por captar inversiones productivas, que generen riqueza y empleo.

Lo hacen sancionando un marco de garantías en cuanto a que las reglas de juego que se acuerdan para viabilizar la inversión no serán modificadas, de modo de asegurar al inversor o los inversores la estabilidad necesaria para el desenvolvimiento del proyecto.

En Uruguay por razones climáticas y de suelos los eucaliptus crecen más rápido y más vigorosos que en otros países, razón por la cual la industria maderera y de celulosa se ha desarrollado con capitales de otros países que terminaron involucrando también a capitales nacionales.

Cuando esos capitales internacionales invierten en Uruguay no se involucran en la agenda política, aunque negocian con el sistema político, los principales actores sociales y el Estado, las reglas de juego, (impuestos, beneficios, etc.) antes de invertir.

Al iniciar este capítulo, que en breve continuará con el relato de una ficción al modo de la que se desarrolló en el anterior, formulamos la siguiente inquietud:
¿Puede una nación que aspira a ser autónoma habilitar que grupos de poder económico o multimedia de otras naciones participen activamente de la vida política?

La formulación PARTICIPEN ACTIVAMENTE DE LA VIDA POLITICA, es decir, en el proceso de toma de decisiones estratégicas o institucionales, obedece a que todo grupo económico, de cualquier naturaleza y procedencia, tiene intereses y pugna por lograr las mejores condiciones para satisfacerlos, pero a las empresas serias les alcanza con asegurar la rentabilidad de sus negocios, en cambio a otras, por diversas razones, puede resultarles tentador y en algunos momentos necesario intervenir en la vida política de la nación en que se desenvuelven o deciden intentar desenvolverse.

Es relevante, muy relevante señalar, que a las empresas que instalarse en un país les resulta vital a sus intereses competitivos globales no les resulta conveniente involucrarse en la cuestión política de esa nación, pues hacerlo les podría significar perder prestigio social y arriesgar sus intereses.

En cambio, a las empresas que se desenvuelven por ejemplo en el sector de los medios de comunicación, como las naciones independientes han sancionado leyes que prohíben a actores no nacionales a desenvolverse en él, (por razones obvias, dispondrían de una enorme capacidad de influencia en las decisiones políticas, que necesariamente tienen que ser soberanas cuando se aspira a preservar autonomía) les resulta necesario involucrarse en la cosa política en general para burlar las reglamentaciones nacionales.

La presencia en la grilla de las operaciones de cable o en internet, de medios de comunicación, globales o regionales, no es en principio regulable, salvo que alguno de esos medios implemente campañas desestabilizadoras o injerencistas abusivas, ante lo cual las naciones pueden intervenir mediante procedimientos tecnológicos o regulatorios que las sacarían de la grilla o del mercado, si además operan como proveedoras de ese servicio.

Pero casi que ninguna de esas empresas se arriesgaría a generar un conflicto de tal naturaleza pues comprometería su prestigio, luego, su audiencia o la cantidad de abonados, que es lo que le permite comercializar la publicidad o preservar el negocio, que en general es más financiero que comunicacional.

Como sabemos algunos medios han desarrollado acciones injerencistas abusivas en momentos críticos de ciertos países, cuando estaban en juego intereses geopolíticos y económicos muy relevantes, pero no pueden hacerlo sistemáticamente y en general nunca resultan suficientemente influyentes (aunque pueden ser muy desestabilizadores por momentos) porque los sistemas políticos de cada país cuentan a su vez con su propia de red de influencia en los medios locales, que en los momentos de crisis o conflictos serios son los más vistos por la población.

El lector tiene que saber que estamos analizando uno de los problemas políticos más importantes del mundo contemporáneo y que el mismo será tratado por el autor de este escrito con la profundidad que merece en los últimos capítulos de “Los naipes están echados, el mundo que viene” que se publica en http://gerardobleier.blogspot.com.uy .

Aquí nos limitamos a formular algunas generalizaciones básicas que necesitamos para fundamentar las conclusiones a que se arribará en este escrito sobre “cómo repeler las acciones divisionistas” contra los partidos de izquierda y las alianzas o acuerdos (por ejemplo respecto de cuestiones vinculadas a soberanía) de los partidos de izquierda con los partidos progresistas y nacionalistas que cuentan con fuerte apoyo de los asalariados.

En el capítulo anterior se relataba una extraña ficción en la que a los pueblos uruguayo y cubano se “les daba por ser ingleses” casi sin ninguna justificación y apenas por un momento, una especie de delirio propio de algo como un estado febril pasajero.

A partir de este momento y siguiendo el estilo imaginativo de algunos paisanos orientales, de la República Oriental del Uruguay, iniciamos el relato de otra ficción, que, como todas ellas, puede o no representar hechos reales.

Ficción II

Presa, literalmente presa, de un estado febril, como saben los paisanos orientales, a alguna gente se le da por emular a Luis Suárez y patea en la cama y la coloca en el ángulo, o compone como Alfredo Zitarrosa y canta como Gardel y agradece con una leve inclinación de la cabeza, las muestras de afecto expresadas en aplausos.

Imaginemos que en un estado así de ansiedad onírica, al Gerente General del Grupo O Globo de Brasil, se le viene en gana ingresar al sector de las comunicaciones en Uruguay, no porque necesite hacerlo, sino porque le han convencido de que será útil a sus intereses estratégicos, sobre todo políticos.

Y porque secretamente de sus frecuentes visitas de fin de año a Punta del Este se volvía una y otra vez a su inmenso país con un poco de envidia respecto de la calidad de la democracia uruguaya, que tan significativo rol juega en el prestigio de Uruguay en el mundo. Y a su empresa le serviría, ¡cómo no!, que el prestigio de Brasil se acreciente en el mundo, mundo en el que coloca sus formidables telenovelas.

El último episodio que había alimentado su envidia fue observar a TODOS los Presidentes vivos de la República Oriental del Uruguay sentados en una misma mesa pensando país, pensando país respecto de la política petrolera o gasífera si, como parece, se encuentran hidrocarburos o gas en las aguas oceánicas pertenecientes al pequeño país.

¡Cuántos problemas nos ahorraríamos en Brasil si respecto de la corrupción, la reforma del sistema electoral y de partidos que termine de federalizar la política para reducir el peso de los caudillos semi feudales, o la presencia directa de corporaciones y grupos religiosos en las cámaras legislativas o respecto de la política energética y de administración de los recursos naturales, pudiésemos alcanzar acuerdos de la elite política! Aseguran que pensó el gerente general de O Globo.

Como el Gerente General de O Globo tiene muchas ocupaciones, para hacer efectivo su sueño uruguayo decide contratar por un vuelto, unos 100 000 dólares mensuales, a un empresario y dirigente político, el único en su tipo hasta hace bien poco, y que, además, se autodefine de izquierda.

Puesto que la izquierda gobierna al país desde hace ya más de una década a nuestro gerente le parece lo más conveniente contratar a un personaje del que como única referencia sabe que es muy, pero muy ambicioso. Le indicaron que se cree infinitamente más inteligente de lo que es pero al Gerente no le pareció relevante ese dato, pues lo que necesitaba era alguien que se moviese con soltura al mismo tiempo en el ámbito empresarial y político, para poder sortear las prohibiciones legales a que un grupo mediático extranjero opere en Uruguay.

La calidad de la democracia uruguaya que el Gerente General envidia, entre otras cosas, obedece precisamente a que su elite política nunca, en los últimos cien años, permitió injerencias externas desmedidas de actores que naturalmente, al no pertenecer a la comunidad política y espiritual denominada Uruguay, jamás podrían tener los mismos intereses que los uruguayos.

(Cuando por un breve período, muy breve, de unos tres o cuatro años, aceptó injerencias indebidas durante la guerra fría, el asunto terminó bien mal, en una dictadura que se prolongó más de una década).

Pero sigamos con nuestro relato. Luego de contratar al empresario / dirigente político el Gerente General se olvidó del asunto, que suficientes problemas tiene en su comarca.

Hasta que le fueron a pedir dinero para comprar unas radios CX no recuerda bien cuánto, si 30, 16 y 1010 o algo así, una imprenta Polo o Polar o algo así, un diario de apellido jacobino, y quizá hasta un canal de televisión con alguna vinculación a un Cerro de Azúcar…o eso es lo que entendió.

Le explicaron que el entramado de personas que participarían de la operación la tornarían tan compleja que nadie entendería nada respecto a cómo las pondrían a operar profesionalmente ni mucho menos que él sería el inversor principal.

En un momento del proceso, uno de los empleados contratados hizo notar como inquietud existencial, uruguayo al fin y al cabo, que la importancia de la operación, que incluye otros medios menos históricos, le planteaba la siguiente pregunta: ¿Si, un suponer, en algún momento dentro de unos años, surge un conflicto de intereses de la política uruguaya con el grupo que financia la operación porque quizá aspire digamos a quedarse con el fútbol uruguayo, con el monopolio de la televisión por abonados, o con ANTEL (la empresa pública de telecomunicaciones) o si surge un conflicto de carácter geopolítico con Brasil, el Gerente General, le atenderá el teléfono, a quien sea que en ese momento sea, el Presidente de Uruguay?

Cuentan, pero son sólo chimentos, que el Gerente General, al enterarse de la irreverencia del “uruguayito” y algo molesto, se limitó a decir, “bueno muchachos, hasta aquí llegó la generosidad de mis accionistas, ahora hagan funcionar ese multimedia y ganen dinero” y se retiró, riendo e imaginando el fracaso, pues por lo que le fueron diciendo respecto a quienes participan de la romántica construcción revolucionaria intuyó que aunque creían saber, ninguno de ellos tiene la sofisticación intelectual y espiritual suficiente como para operar exitosamente en la complejidad del mundo contemporáneo de las comunicaciones, ni siquiera un diario barrial.

Cuando le contaron del desplante, el “uruguayito” digno de nuestro relato se fue a dormir pensando: ¿Puede una nación que aspira a ser autónoma habilitar que grupos de poder económico o multimedia de otras naciones participen activamente de la vida política de esa nación?

Nota, el Gerente General de O Globo es una persona demasiado inteligente y además se asegura en los medios especializados, una personalidad sobria y racional, de suerte que lo elegimos para esta ficción por razones obvias, jamás participaría ni indirectamente, de una aventura ilegal en un país al que respeta.
La ficción no persigue, por lo demás, otro fin, que el de poner en evidencia la complejidad que entraña la praxis política en el presente momento histórico caracterizado por una radical competencia entre estados nación que procuran al mismo tiempo perfeccionar sus condiciones de existencia y preservar autonomía política.
La disputa de poder en los medios de comunicación ocupa actualmente, en todo el mundo, el centro del conflicto de clases, de suerte que esta ficción uruguaya se expresa de modos parecidos en todos lados.

Capítulo XIII

La ética proletaria I

Cuando aprenden a no actuar por impulsos de indignación ante la vulnerabilidad de sus condiciones de existencia, antes de adoptar decisiones políticas o ejecutivas, los trabajadores lo discuten todo, para lo cual necesitan saberlo todo.

¿Se puede alcanzar siempre y en todo momento esa ética democrática mientras se disputa la hegemonía con la burguesía?

Esa humilde inquietud ha estado en el centro de la praxis política y de la reflexión teórica de los partidos proletarios.

Cuando la perspectiva revolucionaria, (alcanzar el poder de modo insurreccional en varios de los países más desarrollados al mismo tiempo) prevalecía sobre la perspectiva política, como consecuencia de la radicalidad que adquirió el conflicto de clases (entre todas las clases sociales: burgueses, obreros, campesinos, terratenientes, pequeño burgueses en la forma de burócratas estatales y privados) en algunos períodos de los siglos XIX y XX, los proletarios consideraron que no era prudente “avisarle” a la burguesía cuales serían todos y cada uno de sus movimientos, a pesar de lo cual en el interior de sus organizaciones lo discutían todo, todo el tiempo.

La burguesía (y los partidos policlasistas a los que apoya – apoyaba-), las más de las veces no puede trabajar esa ética de la democracia.

Ni en períodos de conflicto radicalizado de clases ni en períodos de estabilidad.

¿Por qué? Porque la burguesía como clase dirigente por su rol en la producción de riqueza se ha desenvuelto y vuelve a desenvolverse influyendo decisivamente en Estados nacionales que compiten con otros Estados nacionales.

Y así como el proletariado, en un contexto socio económico caracterizado por formas de abrumadora sobreexplotación, que entre otras cosas era el resultado de su debilidad organizativa y conceptual, (cómo participar de la disputa política del poder) consideraba que parte de su praxis tenía que ser secreta o reservada pues estimaba que únicamente se saldría de esa sobreexplotación mediante un proceso insurreccional; la burguesía, en un contexto, desde principios del Siglo XX, de competencia imperialista con otras burguesías nacionales, consideraba que la reserva y el secreto debían caracterizar su praxis estatal, gubernativa.

Pero ocupémonos aquí de lo esencial, cuando el proletariado, entendido como la suma organizada políticamente (mejor o peor organizada) de los asalariados de una nación, accede al control del aparato del Estado, ¿con qué criterios éticos debería desenvolver su acción gubernativa?

Pues también el proletariado como clase, cuando dirige los destinos de una nación lo hace participando inexorablemente, aunque le disguste, y le disgusta profundamente, en la competencia con otras naciones, (por tanto con otros proletarios) incluso con aquellas dirigidas por partidos de matriz proletaria parecidos o semejantes a los suyos.

Antes de avanzar en la consideración de las implicancias políticas que tienen los fenómenos que hemos expuesto sucintamente hasta aquí hagamos una breve pausa para trabajar otra ficción, como las que nos ocuparon en los dos capítulos anteriores.

Ficción III

Imaginemos a un individuo que participa de una competencia deportiva (una maratón) en el transcurso de la cual observa a su lado a un compañero que por alguna razón, quizá no se alimentó o hidrató lo suficiente, se desvanece…

El individuo tiene inexorablemente dos opciones: o sigue de largo apurado por lograr sus propios objetivos o se detiene a socorrer al que pudo constatar sufría algún tipo de debilidad.

En casi todas las circunstancias, moralmente, la actitud del que se detiene a socorrer al débil, (ya podrá luego seguir su camino), es infinitamente más valiosa que la de aquel que continúa apurado por llegar.

Y si alguien viene a acusarlo de “populista” porque usted sostiene la prevalencia moral del que se detiene frente al que no, usted ríase a carcajadas en su cara, y siga su camino (que es más largo) sin perder tiempo ahora sí, en debatir con quienes para justificar que operan para la preservación de privilegios incurren en cualquier forma de relativismo cultural. (Toda acción o discurso tiene igual valor… sostienen).

Pero.

Si el mismo individuo, una vez que arribó a su domicilio, perturbado quizá porque su compañera, una muchacha menuda que tiene por costumbre, imaginemos, formular muchas preguntas inquietantes, y molesto por eso, (la muchacha le pregunta de diversas maneras por qué no llegó antes) la golpea, el individuo es un canalla.

Es decir, si el individuo, porque se detuvo unos momentos en la carrera para velar por un compañero competidor que sufrió un percance de salud, se considera superior a otras personas en todos los campos meramente por esa actitud solidaria, el tipo es un “zapallo”, pues la actitud solidaria es necesario mantenerla todo el tiempo, en toda circunstancia, para poder entonces sí, sentir orgullo de su ética individual.

(Lo mismo ocurre a nivel colectivo, y todo proceso de transformación de la sociedad es necesariamente colectivo. ¿O alguien cree que puede cambiar la realidad solo?)

El individuo de nuestra ficción podrá sentir orgullo de su ética individual en la medida que se esfuerce por extenderla a todos los campos de su acción o relacionamiento social sin tener necesidad de comparar su ética con la de nadie, pues no será él mismo el que evalué la calidad de los contenidos morales de sus actos, sino la sociedad en la que se desenvuelve.

Es la sociedad la que decidirá si su modo de entender la vida puede ser considerado superior al de otros, y en caso de que así ocurra lo respaldará en las acciones que aspire a desarrollar.

Porque la ética es parte sustancial de la condición social Y POLÍTICA de la especie humana.

(Los animales los conflictos los resuelven en última instancia por la fuerza, los seres humanos creamos cultura precisamente para superar ese estado de naturaleza y poder estar en condiciones de perfeccionar nuestras condiciones de existencia colectivamente, que no hay otro modo, como ya hemos visto)

Lo antes expuesto decían Marx y Antonio Gramsci respecto de la ética del proletariado como clase.

Y Gramsci entregó su vida para exponer en los hechos esa concepción.

Gramsci consideraba que la aspiración de transformar en un sentido democrático igualitario a la sociedad, anulando de a poco todos los privilegios, era A PRIORI éticamente superior a la de quienes se desenvuelven trabajando para preservar privilegios, TODO TIPO de privilegios.

Pero al mismo tiempo subrayaba que únicamente la constancia de un comportamiento sujeto a esa ética en todos los campos de la vida constituía un hecho POLITICO.

Crítica y autocrítica

Capítulo XIV

(La ética proletaria II)

El proletariado no puede ejecutar su proyecto civilizatorio, comenzar a implementarlo, si no es mediante la anulación de TODOS los privilegios, pues como consecuencia de la pervivencia de los mismos es que la sociedad es incapaz de superar las lógicas del conflicto de clases: el poder como imposición y la disputa de poder como necesidad de supervivencia, en lugar del desenvolvimiento de la potencia plena de la creatividad humana que implicaría una comunidad empujando toda en el esfuerzo por su perfeccionamiento como tal comunidad.

Mientras avanza en esa dirección, paso a paso, el proletariado participa del mundo tal cual este es y por lo tanto interviene en la realidad ajustando su praxis política a esa realidad.

De suerte que únicamente será capaz de intervenir sobre la realidad histórica si contempla las complejidades propias de esa dialéctica, entre el mundo tal cual es y el mundo como considera – con bastante fundamento – puede ser.

Ese poder ser del mundo mejor, (la sociedad sin clases y antes un Estado democrático – igualitario): ¿constituye una forma de idealismo?

¿Y el modo de arribar a ese nuevo estadio de la cultura, en el que la disputa del poder deja de ocupar la centralidad de la acción humana, está escrito en los libros?

¿Y en tanto que alguien participe de esa voluntad transformadora revolucionaria, (aspira nada menos que anular TODOS los privilegios que son consecuencia del proceso de la civilización, del modo en que se ha dado) ese hecho mismo, el de participar de una voluntad transformadora, lo sitúa en una posición, desde el punto de vista del análisis del comportamiento moral de cada individuo particular, éticamente superior a la de quienes no participan de ese anhelo transformador?

¿Qué riesgos surgen si se confunde la ética como praxis política, como voluntad transformadora en la dirección de anular todos los privilegios y como crítica de la realidad existente, con la ética como un deber ser ideal absoluto?

Antonio Gramsci consideró imprescindible responder a estas inquietudes para viabilizar lo que constituyó su principal preocupación existencial –alcanzó a intuir la emergencia y el fracaso del estalinismo, el militar voluntarismo, la transformación a hachazos de la realidad): que el proletariado alcanzara mediante una praxis política paciente y sofisticada, mediante una organización pensante, COLECTIVA, la legitimidad política a partir de la cual, sus postulados pudiesen ser abrazados por la abrumadora mayoría de la sociedad.

Estudiando a Maquiavelo, (como el primer pensador republicano, preocupado por los problemas del control del poder) a Kant (como el creador del idealismo ético) y naturalmente, a Marx y Engels, Gramsci procuró responder a las preguntas anteriores.

Gramsci percibió producto de una sensibilidad y una riqueza espiritual admirable (hasta para quienes no compartían sus ideas) que la reflexión sobre los problemas de la política como ética de la transformación de la sociedad resultaba esencial para generar el impulso de la voluntad y a la vez la inteligencia crítica sin la cual, toda aspiración transformadora no resultaría más que mero voluntarismo.

(La política como acción, luego, como comprensión, es la aptitud que nos caracteriza a TODOS -el hombre y la mujer somos seres sociales que nos desenvolvemos en una realidad que necesitamos transformar INTELIGENTEMENTE para sobrevivir-, y por ello se ocupa del TODOS)

En “Los naipes están echados, el mundo que viene” nos ocuparemos todo lo hondamente que podamos de analizar el pensamiento de Gramsci y su relevancia actual, aquí nos limitamos a señalar que para él, la ética proletaria representa una racionalidad transformadora con arreglo a una teoría crítica cuyo universalismo consiste en que prioriza CULTURALMENTE la consideración de la especie humana como tal especie y por ello se propone anular todos los privilegios, por encima de cualquier singularidad (nacional, religiosa, de clase, etc.) pero interviene sobre la realidad tal como esta se expresa HISTORICAMENTE.

Gramsci no consideraba oportuno formular el problema ético tal como lo hicimos en el capítulo anterior, tomando el caso de una decisión individual para establecer una generalización moralista, y sometió por ello a critica a Kant, (a quien admiraba) pues a su juicio pretendió establecer una especie de moral universalista para todos los hombres en todos los tiempos… sin considerar las diferentes condiciones sociales y posibilidades de los individuos reales desenvolviéndose en un contexto específico.

Lo principal de su legado a los efectos de lo que nos ocupa –cómo repeler las acciones divisionistas sobre las organizaciones políticas de los asalariados- consiste en la comprensión de la significación de la política como representación y praxis de los intereses de TODA la sociedad, de las limitaciones culturales que operan sobre los individuos HISTÓRICOS, es decir que se desenvuelven según un orden de valores heredados de etapas anteriores, pero también su convicción de que actuando COLECTIVAMENTE en la forma de un INTELECTUAL ORGÁNICO el proletariado como clase – la única clase interesada en anular TODOS los privilegios para poder dejar de verse obligada a “vender” su fuerza de trabajo en condiciones desfavorables – puede desenvolverse anticipando en su acción transformadora los contenidos del mundo que aspira a viabilizar como evolución civilizatoria.

Y que aunque el modo de desenvolverse de las personas individuales no puede no estar condicionado por las limitaciones de la sociedad dividida en clases, (la disputa del poder, las tentaciones individualistas) organizado institucionalmente como INTELECTUAL ORGÁNICO, el proletariado puede anticipar en su praxis los contenidos de la sociedad que aspira a construir.

Puede construyendo DEMOCRACIA, cultura. (La democracia es creación de cultura pues su esencia consiste en viabilizar institucionalmente la igualdad de todos los individuos en cuanto su capacidad de decidir, de participar de las decisiones sobre lo común).

Siguiendo a Gramsci que sometió a severa crítica tanto al relativismo cultural como al dogmatismo idealista (porque la realidad como le enseñaron Marx y Engels, cambia en el mismo momento en que es estudiada, pues al intervenir sobre ella para producir nuestras condiciones de existencia mientras la transformamos nos transforma y se transforma) los proletarios han aprendido que al procurar transformar a la sociedad en beneficio de TODA la sociedad se “equivocarán” una y otra vez….

Es decir, los proletarios aprendieron a ser conscientes de que se equivocarán inexorablemente en el proceso de transformación de la sociedad. Pero también, como saben que volverán a comenzar, pues necesitan hacerlo para perfeccionar su calidad de vida, aprendieron a encontrar la forma de evitar que esos errores los inmovilicen en su praxis política.

Cuando el autor de este escrito era más joven a ese aprendizaje se le denominaba “crítica y autocrítica”. Ha llegado la hora de someter a crítica al Frente Amplio de Uruguay.

Nota para los lectores uruguayos: en próximos capítulos comenzaremos a analizar los contenidos de la crisis que afecta al Frente Amplio luego de desenvolverse por más de una década como partido de gobierno. En las redes sociales el autor de este escrito observó mientras lo escribía que para miles de ciudadanos los responsables de la crisis fueron Raúl Sendic, por los errores que se sostiene cometió él y sólo él en el ejercicio de la Presidencia de la principal empresa pública del país y Esteban Valenti, que para imponer la candidatura a la presidencia de Danilo Astori en las próximas elecciones instrumentó la campaña de linchamiento contra el único dirigente de izquierda que parecía poder ganarle la interna, Raúl Sendic.
El autor de este escrito, contra la opinión de esas miles de personas cuyos comentarios leyó en las redes sociales, cree en cambio, que ni Raúl Sendic es responsable de la “crisis ANCAP” ni Esteban Valenti es responsable de la crisis del Frente Amplio. Si así fuera, los problemas que afectan al más original y sofisticado partido de matriz proletaria que existe actualmente en el mundo, el Frente Amplio de Uruguay, serían extremadamente fáciles de resolver.
Los mandamos en penitencia…todas las veces que sea necesario, hasta que aprendan a comportarse…
El autor de este escrito también incurrió durante muchos años en el error de “personalizar al mal”; como Esteban Valentí (un extraño caso uruguayo de empresario y dirigente de izquierda) es un individuo de ambiciones desmedidas, odios largos y resentimientos hondos, posiblemente porque fue educado en el estalinismo, el autor de este escrito creyó que la capacidad de Esteban Valenti de intervenir negativamente sobre la realidad era muy peligrosa. Y procuró en más de una ocasión marcarle la cancha. (El problema principal de los individuos como Valenti es que no tienen límites y no aceptan que nadie se los ponga, por eso son fácilmente manipulables).
Cuando se frustró su experiencia como dirigente comunista a fines de los ochenta, Valentí afirmó que nunca más aceptaría ser “controlado por nadie”. Es medio complejo participar de un proyecto colectivo de transformación de la sociedad tal y como pedía Gramsci, según una ética de lo colectivo, sin dejar que las acciones individuales que asumimos las “juzgue nadie” ¿no?

De suerte que la izquierda global tiene que estar precavida sobre este tipo de personajes y desplazarlos a ellos o sus testaferros de los espacios de decisión estatales.
Pero no centrar en una figura tal o cual el problema de la ética en la praxis política.

Cuando el autor de este escrito comprendió que esa lógica, la de la personalización del mal, resultaba funcional al ocultamiento de los problemas de fondo que afectan a los procesos de transformación de la sociedad, decidió escribir “Los naipes… para lo cual se preparó durante una década, estudiando, leyendo, pensando… (Sin que ello signifique nada sobre la calidad de los contenidos, naturalmente).

Personalizar el mal, incluso en una institución histórica, (el imperialismo, el capital, etc.) es tan peligroso como banalizarlo.

De modo que a partir de su experiencia personal el autor de este escrito se toma el atrevimiento de sugerir a los lectores, a los de izquierda en particular, que no personalicen para realizar la catarsis frente al dolor de observar el estado de descomposición ética del Frente Amplio…o de cualquier otra organización de izquierda ante casos similares de autonomización de individuos respecto del proyecto colectivo.
Hay que meter el bisturí a fondo, pero hacerlo con la mira alta, muy, muy alta.

Cómo la “nueva” oligarquía se propone dividir a la izquierda

Capítulo XV

“La conciencia del cambio de las circunstancias que produce la actividad humana, sólo puede ser considerada y comprendida racionalmente en tanto que práctica (praxis) transformadora”. Carlos Marx.

El Frente Amplio de Uruguay, como organización institucional que reúne a todos aquellos que consideran que es imprescindible que la política prevalezca sobre las meras lógicas de expansión y acumulación del capital, como composición ético – política para iniciar el proceso de transformación democrático igualitario de la sociedad y como proyecto nacional de desarrollo productivo está sufriendo un monumental, digamos, impacto de realidad.

Fue concebido como una alianza política para disputar el poder estatal y superó todos los desafíos y obstáculos que se le interpusieron para acceder a él y una vez que accedió al gobierno logró también superar los desafíos que derivan de la asunción de la responsabilidad de gobernar para TODA la sociedad, demostró, para decirlo con Seregni, que disponía de la suficiente “cultura de gobierno” como para desempeñarse con eficacia en tanto que administrador de la “cosa pública”.

Y es que en términos generales disponía de un programa y un conjunto de cuadros técnicos en condiciones de hacer mientras aprendían, aprenden, a gobernar mejor.

Puede afirmarse algo todavía más relevante: la abrumadora mayoría de los cuadros políticos, político técnicos y tecno burocráticos que designó en miles de cargos a lo largo de todas las instituciones estatales y departamentales se desempeñaron, en términos de ética política y también, aunque con más dificultades, propias del imprescindible proceso de aprendizaje, respecto de la calidad de gestión, con encomiable honestidad y destreza.

Pero muchos de los sectores políticos que integran el Frente Amplio no dispusieron nunca y no disponen más que embrionariamente ahora, de una teoría de la democracia, es decir, de la administración igualitaria del poder, entendido como conflicto POLITICO, no meramente como conflicto de clases o como conflicto de “identidades”: (los rosados contra los rojos y así).

Y esa carencia estimula la formación de facciones, en sustitución de la lógica de proyecto, porque desvaloriza la significación histórica de la práxis política.

Las facciones, para auto legitimarse, tienden a pronunciar las diferencias con otras facciones.

La lucha de clases se desenvuelve en la sociedad capitalista (mientras permanezca organizada en la forma de Estados nacionales que compiten entre sí), con o sin política; en el primer caso produce civilización, cultura, en el otro, inestabilidad autodestructiva.

Cuando se participa del conflicto de clases sin política, la tendencia es al “todo vale”, aunque ese escenario de conflicto termine perjudicando a todas las partes, pues compiten con otras sociedades que han logrado administrarlo políticamente.

La izquierda global no dispone de una teoría de la democracia porque no ha concluido el proceso, digamos, de su “desestalinización” total y no lo ha hecho porque la agudización periódica del conflicto de clases ha puesto en crisis a la democracia misma, al acumulado cultural general de la civilización.

(Ruego al lector, le ruego literalmente, que no se atemorice ante la aparente dificultad de lo que se ha enunciado hasta aquí, pronto observará que no es tan intrincado. Si el lector, por lo demás, dispone de tiempo puede leer los capítulos 35, 36, 37 y 38 de “Los naipes están echados, el mundo que viene” publicados como borrador en http://gerardobleier.blogspot.com.uy que le ayudarán a interpretar mejor las apreciaciones de este texto).

Cuando se analiza el impacto de realidad que afecta una institución política que aspira a transformar en un sentido democrático igualitario a la sociedad es necesario distinguir dos planos, el teórico, el esfuerzo comprensivo de las causas o explicación de un fenómeno, y sus efectos prácticos, sobre los que es necesario intervenir disponiendo de una teoría, pero también de una metodología democrática de regulación de instituciones, que eso es la política, de una praxis, pues en la sociedad dividida en clases, TODAS las instituciones tienden a preservar privilegios, incluso cuando se proponen o fueron creadas para superar la concentración de privilegios.

Es la praxis transformadora la que produce los CONTENIDOS de una institución y es la radicalidad democrática la que posibilita la praxis transformadora en lugar de la mera imposición del más fuerte.

En las sociedades democráticas los contenidos de una institución están siempre en disputa a través de la lucha política; a través de la imposición y la reacción violenta a esa imposición, en las sociedades que no lo son.

Pero los contenidos de una institución, el Estado de Derecho, por ejemplo, están siempre en disputa y es esa disputa la que viabiliza la praxis política, la creación de cultura.

La acción divisionista que se desenvuelve contra el Frente Amplio de Uruguay en particular y contra la izquierda de América del Sur y de España en general, “golpea” centralmente sobre esa vulnerabilidad que hemos enunciado: la ausencia de una teoría sofisticada de la democracia, es decir, del problema de la política y el poder. (Asunto que analizaremos en su consecuencia práctica en un próximo capítulo pero que ya hemos adelantado cuando referimos a cómo la disputa entre facciones se está imponiendo sobre la lógica de proyecto, es decir, sobre las lógicas políticas, en el caso del FA de Uruguay).

La acción divisionista sobre las organizaciones de los asalariados golpea políticamente sobre esa debilidad y golpea, CULTURALMENTE, para ahondarlas, sobre las diferencias que caracterizan al universalismo racionalista de matriz marxista, (universalista pues pretende iniciar el proceso de superación de la sociedad dividida en clases en todo el mundo) al universalismo racionalista de matriz republicana, (pues pretende empujar la democracia cono mecanismo de control del poder al mundo todo) al universalismo social cristiano, (que procura educar en el igualitarismo de los evangelios a todos los hijos de Dios) entre ellos y en particular con el nacionalismo anti imperialista y en algunas naciones, “emocionalmente” anti capitalista, surgido en el Siglo XX en los países europeos menos desarrollados.

Ese nacionalismo fue “emocionalmente” anticapitalista, porque surgió como ideología en países, Italia, Alemania y España particularmente, que se encontraban muy retrasados en cuanto desarrollo productivo respecto de otras naciones (Inglaterra, Francia, Estados Unidos) que las estaban desplazando de espacios de privilegio en el conflicto geopolítico global.

El Frente Amplio de Uruguay es una construcción cultural que priorizando el acuerdo sobre la necesidad de establecer límites a las lógicas de expansión y acumulación del capital “ató” con sofisticada inteligencia, en una misma organización política, a TODAS esas tradiciones.

Los cretinos útiles que en estos días enfatizan las diferencias entre esas tradiciones, aunque se autodefinan de izquierda, son funcionales a esta estrategia divisionista elaborada por representantes de lo que en otro capítulo hemos denominado como “oligarquías de nuevo tipo o 0.0”, (porque no agregan nada a la civilización).

Como en este texto no podremos ahondar demasiado en la definición conceptual de esta “oligarquía de nuevo tipo” y en las razones por las cuales se une por encima de fronteras nacionales para dividir a la izquierda y a los partidos progresistas apuntaremos, como una simplificación que el autor de este texto más bien siempre tiende a desdeñar pero que aquí es necesaria, que está compuesta esencialmente por grandes propietarios de tierras, altos burócratas estatales y empresarios no suficientemente preparados para participar del actual estado de radical competencia de occidente con China y que por ello necesitan recuperar el control hegemónico del aparato del Estado nación para preservar sus monumentales privilegios.

La tradición “nacionalista” y dicho sea al pasar, aunque el fenómeno merece un libro especializado, frecuentemente católica, -como el Papa Francisco-, en el caso de Uruguay ha tenido exponentes de una enrome densidad intelectual: Carlos Quijano, Alberto Methol Ferré, Eduardo Galeano, Vivían Trías, Raúl Sendic, Danilo Astori, Wilson Ferreira Aldunate, Enrique Iglesias y José Mujica son algunos de ellos.

Los cretinos útiles que acusan a esta tradición de “emocional” y no suficientemente “racionalista” y cuando no, de “populista”, como si su emergencia y desarrollo no hubiese tenido una justificación histórica muy consistente en el esfuerzo CULTURAL y político por unir a América del Sur con base en sus rasgos específicos, no solamente son funcionales a los intereses divisionistas, también son, en Uruguay, antiseregnistas, aunque algunos de ellos actúen esgrimiendo su nombre.

Pues Seregni se preocupó especialmente de integrar esa tradición al Frente Amplio.

Los divisionistas “juzgan” a la tradición nacionalista como si la misma hubiese permanecido estancada en algunos de sus rasgos “resistentes” originales y sin contemplar su evolución en una compleja dialéctica político cultural entre nacionalismo y universalismo, regionalismo multicultural de matriz católica socialmente apegado al padecimiento de las poblaciones sudamericanas (y que por ello en muchas ocasiones las representan mejor que nadie) e intereses económicos de grupos de privilegio asentados en la propiedad de la tierra y por ello frecuentemente “autonomistas”, como si no tuviese un componente republicano, lo que la diferencia del nacionalismo conservador español, durante el proceso independentista, y en fin, como si no formara parte sustancial de una historia entera de luchas por la administración POLITICA de los recursos naturales de enorme significación.

El general Líber Seregni en cambio, que veneraba a Artigas, (que nunca fue nacionalista pero fue también acusado de “populista” por su imbricación con los sectores sociales más desprotegidos); que admiraba a Quijano y trajo a Methol Ferré como uno de sus asesores durante el proceso fundacional del Frente Amplio, aun cuando él mismo se sentía más identificado como Batlle y Ordoñez (y al igual que Frugoni), con el republicanismo y el liberalismo igualitario mediado por una atenta lectura de Marx, se esforzó tensamente por encausar a todas las tradiciones mencionadas detrás de una misma inquietud: construir en Uruguay la democracia igualitaria más avanzada del mundo.

Rodney Arismendi, el Secretario General del Partido Comunista de Uruguay en ese mismo proceso fundacional, procuró más tarde – una vez derrotada la dictadura militar- darle consistencia teórica a ese esfuerzo de Seregni elaborando los primeros trazos de lo que denominó como una “democracia avanzada”.

El espíritu latino – americano, (no latinoamericano, concepto importado que deja afuera a la ilustración europea) sino, latino – americano, que toma la tradición iluminista europea, que incorpora al renacimiento italiano y a la Revolución Francesa, que incorpora las reivindicaciones indigenistas sustentadas claro está en la presencia viva de culturas indígenas, que incorpora la tradición independista americana, que incorpora a la tradición social cristiana, que incorpora la dialéctica de dialogo multicultural arribada a estas costas en las sucesivas olas inmigratorias entronca nada menos que con José Enrique Rodó, que fue quizá, el primero en procurar darle un sentido histórico cultural contraponiéndolo al utilitarismo anglosajón.

Y aunque desde el punto de vista del pensamiento de izquierda clásico es correcto considerar que esta densa composición ideológica tiene un componente crítico de la teoría de la lucha de clases, pues en su afán por construir un “espíritu” nacional necesita “superarla” ideológicamente, también es cierto que la decadencia del marxismo en su versión estalinista erosionó la capacidad de estimular un diálogo político sofisticado respecto de “intereses” comunes, cuales son los de un acuerdo básico respecto de la necesidad de lograr que la política prevalezca sobre las lógicas del capital.

Uno de los aportes sustanciales de los fundadores del Frente Amplio de Uruguay es el que deriva de la inteligencia crítica y táctico – política con la que supieron, muy en particular el general Líber Seregni, desenvolver calidad de diálogo entre estas tradiciones para elaborar un PROYECTO NACIONAL, imprescindible para preservar autonomía en un mundo con Estados en radical competencia entre sí, al mismo tiempo que procuraban dar forma a acuerdos regionales con todas las composiciones ideológicas que participaban y participan de la misma inquietud autonomista, aunque más no sea respecto al uso POLITICO de los recursos naturales de la región.

(Este tema será desarrollado en Los Naipes… aquí, sin embargo, queda enunciado “como problema”, para rememorar a Methol, autor de un libro clásico titulado “El Uruguay como problema”. Otro libro de Methol sobre la importancia geopolítica de la “cuenca del Río de la Plata”, José Mujica se lo obsequió al Papa Francisco cuando lo visitó en Roma).

Pero lo que está afectando al Frente Amplio luego de muchos años de ejercicio del gobierno no es principalmente un problema político – cultural, (puesto que los desafíos histórico nacionales, -y regionales- aunque en un nivel superior, permanecen) sino que es el resultado de que la lógica de proyecto (la democracia avanzada como proyecto) ha sido sustituida por la competencia de poder entre facciones, algunas de ellas, como consecuencia de la ausencia todavía de una elaborada teoría de la democracia, cuasi mafiosas.

El Grupo Clarín y la política uruguaya

Capítulo XVII

“En la densidad intelectual, la consistencia ética y la calidad institucional de la praxis política de los partidos de matriz proletaria, yace el destino de la democracia en occidente”, se afirmó antes en este escrito.

Y el autor cree firmemente en la validez de esa apreciación, razón por la cual, le asigna una importancia histórica extremadamente relevante a los desafíos que se derivan de esa NECESIDAD histórico política.

La necesidad de que los partidos de matriz proletaria se constituyan en los regenerados de la cultura democrática en occidente, nada menos.

La elaboración de toda composición cultural, teórica, de una organización política, se desenvuelve como proceso y lo mismo ocurre respecto de las características institucionales, organizacionales, que diseña para mejor intervenir en la realidad.

Un partido político de matriz proletaria se desarrolla como intelectual orgánico cuando es capaz de interpretar la complejidad de la realidad en la que se desenvuelve y de reflexionar críticamente cuando SU PROPIA INTERVENCION en la realidad modifica los contenidos de esa realidad.

No es la misma institucionalidad la que demanda a un partido político la realidad histórica cuando se desempeña en la oposición, que cuando accede al gobierno y así.

En el capítulo anterior se enfatizó por ejemplo, en uno de los aspectos que más gravemente ha erosionado la calidad institucional del Frente Amplio de Uruguay desde que accedió al gobierno: las lógicas de facción estructuradas en torno a la conquista de espacios de poder estatales sustituyeron a la lógica de proyecto.

Sobre ese fenómeno pues, es necesario intervenir para superarlo.

Es el proyecto de transformación de la sociedad y la calidad de sus contenidos, (la densidad intelectual de sus postulados) el que “enamora”, entusiasma, motiva a las personas a batallar por perfeccionar sus condiciones de existencia, no la disputa de “cargos” a cualquier precio para obtener privilegios en la forma de influencia en la cosa pública, aunque esa influencia resulte necesaria a todo el que se propone intervenir sobre la realidad.

La ocupación de espacios de acción es relevante si los cargos a los que se accede están sometidos a la lógica de proyecto, pues la sociedad revalidará la capacidad de influencia de una organización política si y solamente si, en su acción contribuye a perfeccionar sus condiciones de existencia.

Para que la distribución de espacios de poder una vez concretada resulte sometida a la lógica de proyecto, la organización que posibilita mediante su legitimidad y prestigio que una organización o grupo acceda a esos cargos, tiene que estar en condiciones de posicionarse en el control de la gestión por encima de TODAS las corrientes de opinión y de interés.

A eso se alude cuando se refiere a la calidad de la praxis política desde el punto de vista institucional.

Cuando diversas corrientes de opinión, diversas tradiciones, INTEGRAN una institucionalidad política, en el caso que ahora analizamos denominada FRENTE AMPLIO, para desenvolverse con eficiencia en la calidad de gestión política, o político – técnica una vez que accede al gobierno, resulta IMPRESCINDIBLE que TODOS los componentes participen de TODAS las decisiones.

Ese es el rol del partido político, pues los agentes que se desenvuelven en la gestión gubernamental son absorbidos por su responsabilidad principal y tentados por la posibilidad de disfrutar de los privilegios que en mayor o menor medida siempre otorga la integración a espacios de decisión públicos, estatales.

Como en el caso del Frente Amplio de Uruguay, ninguna de las tradiciones que la componen estaría en condiciones por sí sola de reunir el respaldo necesario para acceder o preservar su influencia político estatal, el general Líber Seregni le asignó una importancia vital a la articulación política entre las diversas composiciones ideológicas por un lado, (la calidad institucional del FA) pero también al proceso de ELABORACIÓN COLECTIVA de un cuerpo doctrinario de ideas que fueran amalgamando a las partes detrás de un mismo objetivo: la construcción de una democracia avanzada en la República Oriental del Uruguay.

La historia de la izquierda global está llena de episodios de luchas fratricidas, (de facciones) que condujeron a muy importantes partidos de matriz proletaria a espacios apenas testimoniales de acción política.

Uno de esos episodios fue el que desbarrancó a la experiencia de la República Española.

Antoine de Saint – Exupéry definió a ese acontecimiento histórico de la siguiente manera: “una guerra civil no es una guerra, sino una enfermedad”, refiriéndose, no únicamente a que las lógicas de la guerra sustituyeron a las lógicas políticas al interior de una sociedad que durante siglos había construido una identidad común, sino a que esas mismas lógicas “tomaron” a la alianza política que había hecho posible el acontecimiento revolucionario.

La lucha de facciones al interior de la experiencia civilizatoria que conocemos como la República Española la debilitó de tal manera, que a pesar del heroísmo de miles de españoles, fue derrotada contundentemente, al punto que el conservadurismo encarnado en el franquismo perduró por más de cuarenta años.

Las facciones, enunció Antoine de Saint – Exupéry son tomadas por el cinismo de las lógicas militares y las lealtades de guerra, tornando inviable toda creación política, toda acción en beneficio de los intereses de TODA la sociedad.

A la lógica de facciones que con frecuencia, cuando acceden a espacios relevantes de poder estatal y cuando logran autonomizarse de las estructuras políticas que la llevaron allí, en la defensa de los privilegios a los que accedieron, se tornan en casi mafias, pues cuentan con recursos económicos para construir lealtades, no se las combate con apuntes filosófico políticos.

Se las derrota o se autonomizan en la defensa de sus privilegios respecto de cualquier proyecto político, cualquiera sea su naturaleza.

Si esa autonomización facciosa ocurre en tiempos de no generación de suficiente riqueza para distribuir socialmente, sus efectos sobre el prestigio de la institución que les permitió acceder a espacios de poder del Estado son devastadores y deterioran y descomponen hasta la autodestrucción hasta el más denso de los partidos políticos.

Cuando estás lógicas se normalizan como prácticas clientelares (compra de lealtades) o cuasi mafiosas, a través de la articulación con estructuras sociales de privilegio, en la esfera que sea, (empresarial o sindical o cooperativa o cultural) tenemos algo que se denomina Argentina.

Una de las naciones con mayores recursos naturales e intelectuales del mundo que una y otra vez agudiza su fractura social y política y torna a la disputa de poder en asunto entre grupos de privilegio de matriz oligárquica y grupos de privilegio de matriz lumpen proletaria.

2

Arribados hasta aquí formularé una pregunta sencilla:

¿Se ha preguntado el lector, por qué razón el Grupo Clarín de Argentina en un momento del proceso histórico de ese país respaldó al luego denominado “kirchnerismo” y posteriormente invirtió decenas de millones de dólares para destruirlos?

Si el lector es un dirigente político y no se formuló esa pregunta es un “nabo”, dicho con respeto.

Lo que ocurre es bien complejo y toda respuesta en blanco o negro no conducirá a una correcta interpretación de la realidad.
El grupo Clarín es una empresa multimedia muy influyente en la República Argentina.

Si el autor de este escrito fuese argentino y tuviese alguna posibilidad de participar en el esfuerzo por perfeccionar la calidad de la cultura democrática de esa nación, así como la posibilidad de participar del diseño de un proyecto de desarrollo más o menos consensuado por los agentes sociales más relevantes procuraría mantener un dialogo calificado con las autoridades de Clarín.

Por lo menos mientras el grupo Clarín, en la razonable defensa de sus intereses como parte de la “burguesía nacional” argentina, no pretenda mandar más que la política, que cuenta con la legitimidad de su representación democrática.

El grupo Clarín como saben todos los habitantes del Río de la Plata tuvo un conflicto salvaje con Cristina Fernández. Raúl Sendic (el vicepresidente de Uruguay y ex Presidente del Directorio de la petrolera uruguaya ANCAP) mientras tanto, tuvo un diálogo privilegiado con el gobierno argentino de Cristina Fernández, por razones estratégicas y por razones culturales.

Estas últimas vinculadas esencialmente a que la tradición político cultural que encarna Raúl Sendic (y que encarnaba su padre, en fundador de igual nombre del MLN –Tupamaros-) tiene puntos en común con el “kirchnerismo”.

En el capítulo XV de este escrito procuramos enunciar muy sucintamente algunos rasgos de esa corriente de pensamiento y su importancia en Uruguay.

El grupo Clarín tiene además intereses en Uruguay, pues en este mercado opera Cablevisión, su empresa proveedora de televisión para abonados).

En los primeros meses del año 2014, caracterizados por una agudización de los tensiones políticas en la región, en Argentina y Venezuela particularmente, se produce el inicio de un proceso de polarización política radicalizada en casi toda América del Sur, incrementada esa polarización por los procesos electorales en el horizonte de varios países y por las primeras luces amarillas en relación al precio de las materias primas.

La radicalización de los conflictos cruzó fronteras en razón de que comenzaron a tener lugar diálogos políticos y articulaciones de grupos de interés supranacionales, algunos legítimamente preocupados por esa pendiente que podía debilitar la calidad de la democracia, y con ello los procesos que acompañan tales crisis, enlentecimiento de las inversiones, estancamiento económico, freno a los procesos de reducción de la pobreza, pero otros decididamente orientados a desestabilizar a gobiernos POLITICAMENTE legítimos mediante campañas de desprestigio muy profesionalmente orquestadas.

(Disculpen los lectores aquí un apunte totalmente personal expuesto desde mi calidad de periodista: la crítica a los medios de comunicación formulada como generalización, sean quienes sean sus propietarios y se desempeñen como se desempeñen los profesionales que laboran en ellos, es totalmente inútil e infantil. Pues demonizar a un actor entraña una debilidad propia, enfatiza esa debilidad propia, siempre y en todos los campos.

En las sociedades democráticas todo el tiempo está en disputa tanto el poder estatal como los contenidos de las instituciones y todos los actores y agentes sociales y económicos participan de esa disputa y recurren a los medios de comunicación o contribuyen a la creación de los propios, de suerte que cuando una acción político mediática perturba los perturbados deberían antes que enojarse con los ajenos, disgustarse con los propios, que no han sabido participar del conflicto con la inteligencia necesaria como para superar político culturalmente a los intereses que REALMENTE están detrás de todo conflicto social y que no se supo neutralizar. Los intereses en pugna en la sociedad son siempre protagonizados por parte de grupos de privilegio que recurren a todos los instrumentos disponibles para preservarlos.

Lo realmente grave, al interior de una nación, es que actores externos adquieran, mediante los procedimientos que fuere, una capacidad de injerencia desmedida sobre el conflicto político que se desenvuelve al interior de toda comunidad nacional, tal y como se expresó en el capítulo XII de este escrito).

Pero volvamos a lo esencial.

Las lógicas de conflicto radicalmente polarizado fueron superadas en Uruguay con el esfuerzo de todos los partidos una vez recuperada la democracia a mediados de los ochenta. Y los uruguayos saben que no fue sencillo lograrlo, pero aprendieron a distinguir entre la disputa política como creación de cultura, por más dura que por momentos sea y la radicalización fuera de control de esa disputa como proceso autodestructivo.

Toda acción que debilite ese proceso de creación y consolidación de cultura democrática atenta, no únicamente contra ese “activo” que prestigia al Uruguay sino contra las posibilidades de desarrollo económico de la nación. Los países pequeños, en un mundo caracterizado por la intensa competencia entre países para perfeccionar sus condiciones de existencia, tienen en la estabilidad el cimiento esencial sobre el que se construye el edificio del desarrollo.

El Grupo Clarín de Argentina comenzó en ese período al que referíamos antes a intervenir de modo desmedido en la realidad política uruguaya, es decir, no defendiendo meramente derechos adquiridos en el mercado, lo que no tendría nada de objetable, sino operando mediante la contratación de un empresario y dirigente político “de izquierda” llamado Esteban Valenti por muchos miles de dólares por mes, en la esfera misma del debate político a través de la pretensión de influir en el libre juego de la competencia político mediática entre grupos nacionales.

Hasta el presente Cablevisión es el principal avisador de Uypress, la agencia de noticias de Valenti.

(La mención a un actor particular, Esteban Valenti en este caso, no es relevante, en TODOS los países hay uno o más actores de esa naturaleza. Lo relevante es comprender la sustancia del problema: la calidad de la democracia es todavía en el mundo un fenómeno esencialmente nacional, por tanto, toda injerencia externa excesiva la empobrece).

Si el Grupo Clarín intervino en la realidad uruguaya de modo desmedido porque consideró que debilitar a los sectores de tradición “nacional popular” de Uruguay, (Mujica – Sendic), le resultaba beneficioso a su conflicto con el “kirchenerismo” en vísperas del proceso electoral en el que apoyó decididamente a Macri o meramente empujado por agentes que solicitaron su apoyo económico para desarrollar emprendimientos comunicaciones es asunto irrelevante. Lo preocupante es que las lógicas con que opera el Grupo Clarín, PROPIAS DE LA DEBILIDAD DE LA CALIDAD DE LA CULTURA DEMOCRÀTICA ARGENTINA no puede el Uruguay, bajo ningún concepto, dejar que se trasladen al debate político nacional por ninguna vía.
El activo democrático uruguayo es sustancial a la potencia de desarrollo con que cuenta la República.

Y lo mismo, naturalmente, puede decirse de la organización política Frente Amplio, que al reunir en su interior a tradiciones político – culturales EN SU GENÉSIS histórica, muy disímiles, no puede aceptar injerencias externas de ninguna naturaleza y demanda, para su funcionamiento, una muy refinada y sistemática acción de coordinación, esto es, demanda una sofisticada cultura política que un día sí y otro también, es necesario desarrollar.

Pues únicamente así resulta posible que las lógicas de proyecto prevalezcan sobre las lógicas de facción.

Detrás del Grupo Clarín por otra parte, se desenvuelve una trenza de grupos de privilegios de matriz oligárquica temerosos de la sistemática pérdida de influencia en la globalización, como veremos más adelante.

Nota: En los días en que se escribió este capítulo estuvo en Uruguay, invitado por el Grupo Canal U que emite su programación por la plataforma de televisión para abonados del Grupo Clarín, un dirigente político chileno que pertenecía a la Concertación, alianza política de centro izquierda, a la que abandonó para formar su propio partido… de centro izquierda. Se trata de un empresario vinculado a los medios de comunicación.

Nota 2: El autor de este escrito realizó en el mismo todo el esfuerzo que estuvo a su alcance, tanto para evitar la división del Frente Amplio, como para evitar que las lógicas de la polarización radicalizada del conflicto social que caracteriza a otros países de América del Sur, lo que los afecta en su capacidad de construir desarrollo sustentable, se traslade a Uruguay. Por eso mismo procuró ser muy cuidadoso en la forma de expresarse. A veces pudo, a veces le costó un poco más. El “caso uruguayo” para quienes no son uruguayos, tiene mucha relevancia, pues fenómenos parecidos ocurren en casi todos los países.

La crisis de gobernabilidad del Frente Amplio y sus reales causas

Capítulo XVIII

¿La crisis de gobernabilidad del Frente Amplio obedece a que como en su interior se está procesando por razones biológicas una transición de liderazgos nadie tiene suficiente capacidad de mando como para “ordenar a la tropa”?

¿Los errores que se cometieron durante el período de gobierno 2010 – 2015 en la gestión de la principal empresa pública del país, la petrolera ANCAP, obedecen a que Raúl Sendic es una “muuuy mala persona”?

Las razones de la ingobernabilidad (las dificultades para lograr que los sectores se muevan en una misma dirección) que afecta al FA, la aparente incapacidad de articular políticamente a TODAS las tradiciones que lo componen, ¿es el resultado de que sus diferencias político culturales se acentúan en el ejercicio del gobierno, que además es más complejo de gestionar porque la economía regional se ha estancado y los precios de las materias primas se redujeron drásticamente?

O lo que es lo mismo, ¿es el resultado de que la dialéctica gestión sistémica, (gestión eficiente de la economía capitalista para que el país pueda seguir redistribuyendo la riqueza) versus, desafío creativo a las inequidades estructurales del sistema capitalista, es muy difícil de administrar equilibrada e inteligentemente en épocas de estancamiento económico?

Aunque algunos de esos problemas están interviniendo en la gravedad de la crisis puede el lector responder tranquilamente, “No”, “No” y “No” a las tres preguntas.
Pero no es suficiente.

Es imprescindible (y tomando en cuenta que a pesar de la complejidad de la situación mundial y regional la prioridad de todo partido al que se le concedió la responsabilidad de gobernar no puede ser otra que gobernar en beneficio de TODA la sociedad) descubrir con hondura y valentía intelectual cuales son las causas de la crisis que ostensiblemente afecta al Frente Amplio de Uruguay.

Escribimos en el capítulo anterior: “Cuando diversas corrientes de opinión, diversas tradiciones, INTEGRAN una institucionalidad política, en el caso que ahora analizamos denominada FRENTE AMPLIO, para desenvolverse con eficiencia en la calidad de gestión política, o político – técnica una vez que accede al gobierno, resulta IMPRESCINDIBLE que TODOS los componentes participen de TODAS las decisiones. Ese es el rol del partido político”.

Y sugerimos que el PRINCIPAL problema que afecta al Frente Amplio es el que se deriva de que la lógica de facciones autonomizadas sustituyó a la lógica de proyecto, incluso al interior de varios de los sectores que componen al FA.

Cuando en un partido político gobernante las lógicas de facción clientelares (grupos de privilegio que defienden sus privilegios y “compran” lealtades) sustituyen a la lógica de proyecto, hay un momento, en el que compitiendo entre ellas por espacios de poder estatal, las facciones comienza a utilizar el recurso de la extorsión.

(“Si ustedes hacen pública o intentan detener la acción que desenvuelvo “para financiarme” nosotros hacemos pública la acción que ustedes desenvuelven” y así).

Como cada facción dispone, muchas veces en la forma de rumores, de información sobre “desvíos” de la otra, acerca por ejemplo de la utilización del Estado para favorecer a tal o cual grupo o empresa o en la forma de “construcción de poder”, mediante la creación de estructuras de beneficio que operan para unos intereses en contra de otros…hay un momento, en el que ese círculo vicioso deja de poder ser controlado por nadie.

La lógica misma de las facciones autonomizadas anula la capacidad de las direcciones políticas de intervenir para contenerlas y someterlas a las decisiones COLECTIVAS.
Esto es, a las decisiones democráticas del colectivo político, del partido político que les facilitó acceder a espacios de toma de decisiones.

¿Qué ocurre cuando una “trenza” de agentes estatales y grupos de privilegio de cualquier naturaleza se autonomiza de todo liderazgo o de toda estructura democrática de dirección para conformar una facción que compite con otra facción por espacios de poder sin que el partido político que les permitió acceder a los mismos, ni el líder del que se autonomizan, (por ejemplo, porque al financiar campañas se sienten con la capacidad de influir en decisiones que les permita recuperar el dinero invertido) deja de responder a las decisiones democráticas del partido político que les permitió acceder a espacios de decisión?

Este problema: ¿se resolverá demonizando a Raúl Sendic o cualquier dirigente político?

¿Qué carajo quiere decir, para ir hasta el hueso, ese asunto de la “construcción de poder”?

Antes de ahondar todo lo brevemente que sea posible en el análisis de este asunto clave a todo proceso de transformación de la sociedad es necesario enfatizar que el fenómeno afecta a TODOS LOS PARTIDOS POLÍTICOS y que la política ha procurado responder al problema de diferentes maneras desde hace por lo menos seis décadas.

Y es imprescindible indicar que por lo menos hasta el inicio de la última crisis económica global en el 2009 el mundo anglosajón parecía venir resolviendo este problema de mejor manera que el mundo latino y asiático.

Los países anglosajones hasta inventaron un término, “accountability”, algo como la obligación de “rendir cuentas” y crearon instituciones para como procuró hacer Lenin (no se asuste el lector por la mención del revolucionario ruso, pues efectivamente fue el primero en reflexionar sobre el problema en su sentido práctico) en la revolución bolchevique, ocuparse de someter a SEVERO CONTROL a los tomadores de decisión involucrados en la asignación de recursos del sector público y en el incumplimiento de las normas estatales por parte del sector privado.

Si se observa la sucesión interminable de fenómenos de corrupción política en casi todos los países del mundo no puede dejar de concluirse que estamos ante un dilema civilizatorio de la máxima relevancia, razón por la cual, nos ocuparemos de él en “Los naipes están echados, el mundo que viene”.

Ahora sin embargo, continuemos exponiendo el problema que surge en un partido político cuando grupos de privilegio, casi mafias, en el proceso de “construcción de poder”, se autonomizan de las estructuras democráticas (las direcciones electas de los partidos) y burlan a las estatales, de control.

Sostuvimos más arriba: “Cuando en un partido político gobernante las lógicas de facción clientelares (grupos de privilegio que defienden sus privilegios y “compran” lealtades) sustituyen a la lógica de proyecto, hay un momento, en el que compitiendo entre ellas por espacios de poder estatal, las facciones comienza a utilizar el recurso de la extorsión”.

(“Si ustedes hacen pública o intentan detener la acción que desenvuelvo “para financiarme” nosotros hacemos pública la acción que ustedes desenvuelven” y así).

El recurso de la “extorsión” con el que estos grupos pretenden preservar en la opacidad su acción, tiene sin embargo una vuelta de tuerca, digamos, paradójica.

Frecuentemente ninguno de ellos puede ir hasta el final en el juego sucio de intercambio de amenazas en cuanto a hacer pública la acción de otro grupo de iguales características, pues en tal caso es altamente probable que atente contra sus propios intereses, es decir, contra su capacidad de seguir operando como grupo cuasi mafioso de privilegio autonomizado de la política democrática.

Hay una sola circunstancia en la cual ese límite deja de operar, deja de ser relevante, es cuando uno de esos grupos decide romper a la institucionalidad política bajo cuyo amparo logró acceder a espacios de poder estatal, para crear otra con otros nombres y otros agentes, aunque eso le cueste perder algún peón…

Hay algunos veteranos revolucionarios formados en los años sesenta del siglo pasado, para los cuales la concepción gramsciana de la ética política, según la cual el desempeño de un partido de matriz proletario tiene que prefigurar en su acción los contenidos de la sociedad que aspira a fomentar, constituye una “inocentada”.

El autor de este escrito, que el lector puede dar por seguro no es en absoluto “inocente” y comprende perfectamente las complejidades de la disputa del poder en el plano cultural y en el plano estatal cree, con Gramsci, el “Che” y Seregni, que entre las palabras y las acciones no puede haber diferencias en política cuando se defienden los intereses históricos de los asalariados, aunque resulte más arduo alcanzar los objetivos.

Y que exceptuando muy raras ocasiones históricas, en medio de una agudización fuera de control de la lucha de clases en la que únicamente una acción radical puede evitar una guerra civil, (y en lo posible salvo que se trate de un asunto de vida o muerte ni siquiera en ellas) la ética proletaria no puede desenvolverse según la lógica del fin justifica los medios pues en caso contrario se deteriora el SENTIDO político cultural de toda aspiración revolucionaria.

La democracia por cierto, es asunto muy pero muy exigente, pero lo es para todas las partes que participan de la disputa de poder, por tanto, en la búsqueda de legitimidad política, (el apoyo mayoritario de la sociedad).

Los partidos de matriz proletaria tendrán que agudizar el ingenio, la imaginación, el espíritu emprendedor, pero ya no podrán, como en otras épocas históricas, recurrir a cualquier medio para desafiar a la burguesía.

Pero vamos a darles la razón, vamos a suponer que en el mundo no ha pasado nada, no ha habido evolución civilizatoria alguna, que sigue siendo válida la concepción según la cual en determinados momentos históricos “el fin justifica los medios”, porque de eso se trata en suma: como la burguesía dispone y es cierto que dispone, de enormes recursos para defender sus privilegios, los partidos proletarios que desafían esos privilegios tienen que recurrir a veces a métodos no del todo éticamente defendibles en público.

Ese es el argumento con el que se desenvuelven, aunque las más de las veces, está probado históricamente, las cuentas bancarias que se engrosan son las de ellos mismos.
Pero vamos a darles la razón a los veteranos revolucionarios.

Supongamos que tienen razón. Que para “combatir a la burguesía” resulta en ocasiones necesario confundir Estado y Partido, es decir asignar beneficios a amigos utilizando instituciones estatales, abstraerse de los quinientos años de luchas republicanas llevadas adelante por los trabajadores – control del poder-, omitir absolutamente que la confusión entre Estado y Partido es uno de los fenómenos que llevaron a la implosión de la revolución soviética, pues a partir de ella se conformó una burocracia privilegiada además, autoritaria…no importa, supongamos que tienen razón.

Pero en tal caso: ¿quién decide quiénes y cómo intervienen para generar recursos con los cuales por ejemplo, financiar la realización de un emprendimiento multimedia profesional pero inclinado a defender los intereses de los trabajadores?

El problema que aquí se ha descripto es el más grave que afecta a la izquierda uruguaya y es el que explica, a pesar de que se pretenda exponerlo como un conflicto entre diferentes concepciones ideológicas, la situación actual de ingobernabilidad del Frente Amplio.

Ni un caballo, ni una hoja de papel…

Capítulo XIX

“Ni un hombre, ni un caballo, ni una hoja de papel, puede poner la autoridad a favor de su Partido”.
José Batlle y Odoñez.

Todo aparato burocrático jerárquico constituye al mismo tiempo una estructura que viabiliza el funcionamiento civilizado del contrato social que toda comunidad necesita sancionar para no autodestruirse y una estructura funcional que (en tanto que es necesaria al desenvolvimiento de la sociedad) dispone de ciertos privilegios.

No tanto en cuanto que funcionarios del Estado, como en cuanto articuladores de decisiones estatales que pueden conceder o anular privilegios.

El autor de este escrito no conoce mejor definición de la cultura republicana que la humilde frase de José Batlle y Ordoñez con la que encabeza este capítulo.

Pues de ella se desprende un radicalismo democrático en la concepción de la autoridad, que Batlle, (además de estadista, brillante político), acompañó de un radicalismo democrático en la concepción de la política práctica.

Pues para lograr que el republicanismo resulte efectivo como cultura política se necesita la participación multitudinaria (con sus libertades garantizadas) de la abrumadora mayoría de la sociedad.

Para lograr que la “autoridad” no incurriese en desvíos ni en el uso de los recursos de toda la sociedad, ni en la implementación de trampas que alteraran la voluntad mayoritaria durante los procesos electorales, Batlle le asignó enorme importancia al sistema de partidos, a la competencia política.

En los procesos más agitados de construcción de la República, Batlle recurrió a la dinamización democrática de su partido, como si en los próximos dos años el Plenario Nacional del gobernante Frente Amplio de Uruguay organizase asambleas abiertas por todo el país y se reuniese más de cien veces para definir hacia dónde y cómo en cada área estratégica se dirige el proceso de transformación democrático igualitario del Uruguay.

En la asamblea reunida, la oquedad del poder es transfigurada en cultura democrática. “La historia de las asambleas es la historia de la libertad”, sostuvo Batlle y Ordoñez.
Para que la “autoridad” no incurra en la tentación del abuso de poder existe únicamente un remedio: la activa participación democrática de la sociedad controlando el uso de los recursos en cuya creación participan todos los ciudadanos que conforman un Estado nación.

Tanto porque en la realidad contemporánea los Estados nación compiten con otros estados nación y necesitan para organizar esa competencia TODOS Y CADA UNO de los recursos que generan, como porque una vez instalada la lógica de la dilapidación o fuga de recursos como algo natural luego es culturalmente muy difícil revertir los procesos de deterioro de la ética pública.

“En una democracia de verdad, el pueblo no debe conformarse con elegir a sus gobernantes, debe gobernar a sus elegidos”, enfatizaba Don Pepe y subrayaba Líber Seregni.
Y Vladimir Ilich Lenin señalaba por su parte, más o menos en el mismo momento y en medio de otro proceso revolucionario, que para que la democracia soviética funcionara los trabajadores tenían que “saberlo todo” y participar en “todas las decisiones”.

La única manera de controlar a los grupos de poder, tanto en cuanto grupos de privilegio basados en su disponibilidad de capital como en cuanto funcionarios jerárquicos del Estado con capacidad de asignar recursos era, para Batlle y para Lenin (y para Thomas Jefferson pero no disponemos de espacio aquí para ocuparnos del revolucionario norteamericano) que todos los asuntos se ventilaran en público, que participaran en las decisiones TODOS los integrantes de la República, “donde naides es más que naide”, donde no hay reyes ni súbditos, amos ni esclavos…

En los dos últimos capítulos de este escrito analizamos el problema que aqueja a un partido gobernante cuando las lógicas de proyecto son sustituidas por las lógicas de facción, grupos de privilegio que confunden Estado y Partido, en el caso de los partidos de izquierda que todavía no superaron las “secuelas del estalinismo” mediante el recurso intelectual de relativizar al poder democrático.

Pues eso es lo que en suma hacen. Sostienen que en tanto que en la sociedad dividida en clases, la burguesía dispone, y es cierto que dispone, de más recursos para pugnar por la hegemonía en el control del aparato del Estado, cuando los partidos democrático – igualitarios de matriz proletaria acceden al gobierno no “disponen del poder REAL”.

Tal la concepción “estalinista” del poder, visto como una entelequia que a la manera de un Dios se encuentra por encima de la sociedad.

¡Y tal la concepción que combatió Gramsci… desde la Cárcel, donde fue recluido por comunista!

Hace unos pocos años, el autor de este escrito fue a reunirse con un importante dirigente político y jerarca frenteamplista para advertirle que la lógica de facciones comenzaba a sustituir a la lógica de proyecto…y que resultaba necesario implementar alguna acción fuerte de modo de ponerle límites a esas facciones en germen.
El dirigente comenzó a referirse a las dificultades que le representaba desempeñarse según como él consideraba que debía actuarse en cada caso, en el organismo en el que actuaba como jerarca.

– “La trasformación de la sociedad es un proceso lento” esgrimí.

– “Nosotros estamos aquí de paso”, respondió.

En ese momento comprendí la enorme significación que tuvo el “estalinismo” en la cultura de los partidos proletarios en cuanto a que en el fondo, decenas de dirigentes de la izquierda no terminaban de comprender que ya nunca más en la historia de la humanidad, ningún proceso de transformación de la sociedad en occidente se desenvolvería mediante el control MONOPÓLICO del Estado…

Razón por la cual, la re significación del republicanismo en clave gramsciana era sustancial para elaborar una teoría de la democracia que tomase en cuenta tanto a la disputa por el poder del Estado como un proceso democrático permanente, en el cual por esa razón la LEGITIMIDAD política adquiría más relevancia que las armas, (o que las lógicas militares en las cuales el fin justifica los medios) tal y como había señalado Engels antes de morir, como en cuanto a que el control del poder, de todo poder, de todo grupo de privilegio, comenzaría a resultar en la sustancia esencial de la praxis de los partidos proletarios.

Pues los recursos que los grupos de privilegio desvían hacía si mismos sin un proceso de deliberación democrática que lo avale – ¿qué otra cosa harían TODOS los grupos de privilegio que preservar sus privilegios?-, son recursos que se sustraen a la sociedad como un todo y que deslegitiman la dimensión civilizatoria de la praxis política… hecho que beneficia a los privilegiados, que no necesitan de la política para preservar sus privilegios.

¿Quiénes están detrás de la acción desestabilizadora sobre América del Sur?

Capítulo XX

En el estado actual de la realidad contemporánea, para intervenir en la praxis política defendiendo los derechos y bregando por satisfacer las necesidades históricas de los trabajadores, los partidos progresistas necesitan evaluar muy rigurosa y seriamente qué fuerzas intervienen en cada momento y cómo, para evitar que la política como representación de los intereses de TODA la sociedad prevalezca sobre las lógicas de acumulación y expansión del capital.

Algo apresuradamente, pues mientras escribíamos una “trenza” de poder multinacional de matriz oligárquica procuraba derrumbar al gobierno democrático de Dilma Rousseff, linchar a Cristina Fernández y a Raúl Sendic (no someter a crítica, linchar) y dividir al más original proyecto político de izquierda de todos los que en el mundo existen, al Frente Amplio de Uruguay, en los capítulos anteriores procuramos hacer una contribución a ese esfuerzo.

Dilma Rousseff resolvió iniciar un proceso de limpieza de la corrupción en Brasil para regenerar institucional y empresarialmente al buque insignia de las posibilidades de desarrollo de Brasil, Petrobras, Cristina Fernández recuperó a la petrolera YPF (y a sus inmensas reservas de petróleo y gas) para el Estado argentino y Raúl Sendic dedicó todos sus esfuerzos a lograr que la petrolera uruguaya ANCAP culminase el proceso para determinar si existe petróleo en la República Oriental del Uruguay.

La disponibilidad de energía es la base de sustentación de cualquier proyecto de desarrollo autónomo.

Los responsables del diseño de esas acciones de linchamiento, (la “trenza” de poder multinacional de matriz oligárquica), actuaron muy profesionalmente para dividir a los partidos progresistas: ubicaron las vulnerabilidades de cada uno de los líderes y partidos políticos que simbólicamente representaban la consolidación de proyectos NACIONALES de desarrollo apoyados en la vocación de que la política prevalezca sobre las lógicas del capital y golpearon sobre esas debilidades.

Las lógicas de expansión y acumulación de capital, si no son contenidas por la política, inercialmente, reproducen las desigualdades, desestabilizan la potencia de estabilidad necesaria para que las naciones elaboren proyectos de desarrollo autónomos.

La trenza de poder multinacional de matriz oligárquica que intervino procurando desestabilizar a los gobiernos progresistas seguirá actuando salvajemente para destruir a los proyectos de transformación de la sociedad democrático – igualitarios o nacional – populares, con particular encono donde estas dos tradiciones político culturales se encuentren aliadas.

Tal la razón por la cual se ha enfatizado en los capítulos anteriores de este escrito en la imperiosa necesidad histórica de perfeccionar la densidad intelectual, la consistencia ética, y la calidad institucional de los partidos políticos de matriz proletaria o respaldados masivamente por los asalariados.

El autor de este texto siente un profundo desprecio por las formas de hacer política basadas en la lógica de matriz fascista “amigo – enemigo”, tanto cuando las utilizan actores sociales de matriz oligárquica, como cuando las utilizan corrientes políticas afincadas entre los trabajadores, o que procuran representarlos.

Las lógicas amigo – enemigo empobrecen la calidad de la democracia.

Tienen su origen en fenómenos muy complejos ocurridos en las primeras décadas del silgo XX, como el fascismo y el estalinismo, que fueron consecuencia tanto de la radicalidad que adquirió el conflicto de clases en Europa como de la radicalidad que adquirió la competencia entre Estados nación por el control hegemónico de las reglas de juego de la economía mundial, la expansión imperialista de muchos países desarrollados al mismo tiempo.

Esa expansión alteró el contenido del sentido de pertenencia de los individuos a sus comunidades de origen exaltando y facilitando la emergencia de formas radicalizadas de nacionalismo.

El fenómeno nacionalista contiene en su lógica, digamos, natural, una tendencia a acentuar los conflictos entre “nosotros” y “ellos” y lo mismo ocurre cuando la teoría de la lucha de clases de Marx se vulgariza, “nosotros los buenos proletarios, ellos los malos burgueses” y así.

A principios del silgo XX, como consecuencia de fenómenos muy complejos que no podemos analizar aquí, la racionalidad política de la teoría de la lucha de clases fue sustituida como fundamento de la acción de los partidos de matriz proletaria por las lógicas amigo – enemigo, y por la anulación de la política que esas lógicas implican.

Tanto las lógicas amigo – enemigo de base nacionalista como la radicalización sin política de la lucha de clases, que comienza por ello a desenvolverse como “guerra de clases”, anulan la significación civilizatoria de la praxis política.

Y como señalamos en capítulos anteriores, cuando no hay política, es decir, cuando las sociedades no logran resolver sus conflictos en medio de procedimientos democráticos, quienes se benefician son los grupos de privilegio, que no necesitan de la política para preservar sus privilegios.

Pero, y lo que sigue es muy pero muy importante considerarlo rigurosa y seriamente: ¿son todos los grupos de privilegio los que se benefician de la anulación de las lógicas políticas que al ser sustituidas por la mera imposición del más fuerte, deterioran hasta su descomposición a la cultura democrática, única productora de la estabilidad necesaria para viabilizar el desarrollo sostenido (económico y cultural) de una nación?

¿Los empresarios capitalistas que NO NECESITAN del aparato del Estado para preservar sus privilegios operan políticamente del mismo modo en que lo hacen los empresarios, aunque somos generosos al denominarlos así, que si dejan de controlar o de poder influir decisivamente en las decisiones del Estado nacional donde son propietarios de tierras o empresas “apalancadas” corren el riesgo EN EL ESTADO ACTUAL DEL MUNDO de ser desplazados por empresas más competitivas?

¿Operan con lógicas similares los empresarios capitalistas y sus accionistas cuando gestionan empresas competitivas que cuando gestionan empresas que EN LA GLOBALIZACION sin el apoyo del Estado nacional serían desplazadas del mercado?

En los países que en la segunda mitad del siglo XX no consolidaron estructuras democráticas para la administración política del conflicto de clases suele ocurrir una radicalización de ese conflicto, que aunque no beneficia a ninguna de las partes, opera digamos “desbocado”, en la realidad política de esas naciones.

La “rabia” sustituye al intercambio de ideas, el resentimiento y la animadversión a la cultura política, es decir, a la disputa de poder respecto de los contenidos de la democracia.

La cultura política tiende a articular intereses y necesidades diferentes para hacer posible el desarrollo de formas de organización económica y social que viabilicen ciertos niveles de calidad de vida a TODOS los integrantes de la sociedad, a todos los habitantes de cada una de las comunidades que compiten con otras comunidades por preservar su autonomía como tales comunidades.

Cuando ese fenómeno tiene lugar, cuando la política no es capaz de administrar inteligentemente los conflictos al interior de una comunidad suele ocurrir que diversos actores en ocasiones incluso actúen en contra de sus intereses de largo plazo.

La radicalización de los conflictos obstruye a la racionalidad política.

Un porcentaje muy importante de la burguesía de San Pablo por ejemplo, está “indignada” con el costo del mantenimiento de las políticas sociales del gobierno del PT pues sostienen que Brasil no genera la suficiente riqueza para sostener esas políticas, una parte de cuyo costo sienten lo pagan ellos en la forma de pérdida de competitividad de la economía brasileña en relación a otras economías.

Y a cortísimo plazo les puede asistir razón. La reacción sin embargo, no se desenvuelve como política, es decir, como un esfuerzo intelectual de involucramiento en el debate público para consolidar modelos de desarrollo autónomos e inclusivos, superadores de las desigualdades sociales.

Tienden en cambio a buscar soluciones que reproduzcan rápido el viejo sistema oligárquico de concentración salvaje de la riqueza, aunque a largo plazo ello debilite la capacidad de Brasil de construir la estabilidad necesaria para su desarrollo sostenible.

¿Toda la burguesía de Brasil se desenvuelve según la misma “primitiva” lógica?

¿Y en Argentina?

¿Es el “imperialismo” el que está detrás de las acciones de desestabilización de los gobiernos progresistas de América del Sur?

¿Es la “derecha” y los medios de comunicación (así como generalización)?

¿Y qué cosa es eso que el autor de este escrito denomina como una “trenza de poder multinacional de matriz oligárquica”?

En el decurso de este escrito se procuró aportar elementos para la reflexión en dos planos: el que dice relación con la correcta determinación de quiénes y por qué operan para fragmentar, dividir, a los partidos progresistas y el que dice relación con las debilidades de los partidos de matriz proletaria que es necesario superar para fortalecer su capacidad de influencia estratégica en la sociedad.

Sin esos dos componentes, sin un correcto análisis de la realidad, y sin el fortalecimiento de su densidad teórica, su consistencia ética y su calidad institucional, los partidos de matriz proletaria no lograrán en un escenario internacional adverso dar continuidad a los procesos de transformación democrático – igualitario de la sociedad.
Y los perjudicados no serán únicamente los asalariados. Lo será América del Sur como comunidad cultural y política.

Pues el deterioro de la calidad de la democracia, el debilitamiento de la praxis política como instrumento para resolver los conflictos fomenta el desenvolvimiento de las lógicas “amigo / enemigo” empobrecedoras de la inteligencia colectiva y generadoras de inestabilidad.

Detrás de las acciones de desestabilización de los gobiernos progresistas y del esfuerzo de ruptura de la unidad de TODOS los partidos políticos de América del Sur que comprenden la necesidad de que la política prevalezca sobre las lógicas del capital o que participan de la idea de elaborar proyectos de desarrollo autónomos, necesariamente poli clasistas, se encuentran sectores de la burguesía española, que necesitan que sus empresas obtengan utilidades muy significativas en el mercado sudamericano pues han perdido otros mercados, propietarios de vastas extensiones de tierra de varios países de la región, tecno burócratas estatales y privados y algunos agentes de las burguesías nacionales disconformes con lo que consideran – y a veces les asiste razón- excesos de voluntarismo en las practicas gubernativas de algunos partidos de matriz proletaria o “nacional – populares” pero también por agentes que como vimos, necesitan al Estado para preservar sus privilegios.

No son O Globo o el Grupo Clarín los que operan para desestabilizar a los gobiernos progresistas, es una compleja “trenza” de estructuras de privilegio aterrorizadas por el debilitamiento sistemático de sus posiciones de influencia tanto por razones políticas, el avance de los proyectos democrático igualitarios en América del Sur, como por razones económicas, el debilitamiento de su capacidad de influencia en la globalización…debilitamiento que apenas comienza…

O Globo y Clarín se pliegan a esa acción desestabilizadora cuando deberían participar de procesos de construcción de autonomía competitiva de nuestras economías, de procesos de fortalecimiento de la cultura democrática, por el resentimiento de clase ante esa pérdida de influencia y el temor a perder sus privilegios que los impulsa a buscar soluciones cortoplacistas…

A veces a los partidos proletarios les pasa lo mismo… también buscan «acortar camino»… y eso ocurre en uno y otro caso, porque las economías de América del Sur se encuentran muy pero muy rezagadas en términos de competitividad e innovación en relación a otras economías del mundo…

El autor de este escrito profundizará el análisis de todos los fenómenos que aquí apenas enunció en “Los naipes están echados, el mundo que viene”, que como ya se apuntó se publica en el blog http://gerardobleier.blogspot.com.uy/ pero en atención a la complejidad de la realidad contingente consideró necesario aportar algunas ideas que ojalá sean útiles para evitar un retroceso en el proceso de consolidación de la cultura democrática en América del Sur.

Un aspecto muy relevante de esa realidad, cómo influyen en la realidad de América del Sur los intereses de las naciones más desarrolladas, en franca y compleja competencia a nivel global, apenas fue mencionado aquí.

Las elites estadounidenses, alemanas, chinas, mejor, los diferentes componentes de las estructuras de privilegio o dirección de Estados Unidos, Alemania, China… ¿qué tipo de realidad política y económico – social desearían para América del Sur y por qué?

También ese componente es relevante estudiarlo con rigor y seriedad.

En caso contrario se lanzan golpes al aire. Acusar al “imperialismo” sin analizar por qué a los países más desarrollados, Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, les interesaría desestabilizar a América del Sur, no contribuye en nada a identificar qué fenómenos y qué actores protagonizan acciones contra los intereses estratégicos de América del Sur y por qué.

Finalmente, y para los lectores uruguayos, como en algunos capítulos o notas de este escrito se aludió a Raúl Sendic y la denominada “crisis ANCAP” el autor de este escrito considera necesario formular un apunte sobre ese “problema local”.

Lo hará en el último y próximo capítulo.

¿Al problema de la crisis del FA lo explica el conflicto por la gestión de ANCAP?

Capítulo XXI

Todo proceso de distribución de la riqueza generada socialmente, tanto en países desarrollados como en países emergentes, TIENE COSTOS financieros.

Y en todos los países se produce una disputa respecto de un asunto sustancial: sobre qué espaldas recae ese costo. Y sobre qué espaldas puede recaer sin que la economía de que se trate pierda competitividad en relación con otras economías de otros Estados nación que en la globalización compiten entre sí.

Si no se genera suficiente riqueza tiene costos para la sociedad como un todo, para la sociedad como Estado nación que compite con otros Estados nación por producir y exportar sus productos a otros mercados.

Pero si no se distribuye la riqueza se deteriora la calidad institucional de la democracia, la política deja de poder administrar el conflicto de clases que en toda sociedad se produce respecto de la distribución de la riqueza y la nación como tal nación pierde capacidad de competir en mejores condiciones culturales y productivas con otras naciones que producen lo mismo.

El Estado tiene por ejemplo que destinar recursos para evitar que la inflación sobrepase determinados límites, pues en caso contrario se afecta la capacidad adquisitiva de los que únicamente disponen de un ingreso fijo en la moneda local.

Si la inflación “se va de madre” se reduce el consumo, se enlentece la economía y así.

El Estado para autofinanciarse como comunidad organizada recauda impuestos. En períodos de crisis económica global resulta bien complejo elevar esos impuestos, pues lo que se obtiene por un lado se pierde por otro: inversiones que no se captan, no se realizan, empleos que se pierden o no se generan.

Los Estados que diseñan proyectos nacionales de desarrollo sostenible necesitan por ello contar con empresas que coloquen en el mundo productos de calidad y, en lo posible, que se expandan instalándose en otros mercados; TODOS los Estados necesitan y procuran lograr eso.

Y todos los Estados necesitan crear las mejores condiciones, digamos, ambientales, en un sentido bien amplio, políticas, financieras, culturales, tecnológicas, institucionales, para poder lograr eso.

Los pequeños necesitan además disponer POLITICAMENTE de sus recursos naturales, es decir, no avalar que la explotación de los recursos naturales se realice sin que las sociedades de cuyos territorios se extraen o en cuyos suelos se re crean (como por ejemplo en la industria alimenticia o minera) no obtengan por ello beneficios en la forma de riqueza que, en tanto que se genera socialmente, es necesario también y positivo distribuirla socialmente. Esto se puede realizar perfectamente una vez que los inversores obtienen una renta satisfactoria.

Los países pequeños (y algunos grandes también porque parten en la competencia global desde posiciones retrasadas en cuanto cultura productiva, disponibilidad de capital y capacidad de desarrollo científico técnico) necesitan además disponer de empresas públicas en algunas áreas estratégicas en las que, con mucha frecuencia, si no se desenvuelve un monopolio público, la actividad termina en un monopolio privado.

Y los monopolios privados distribuyen las utilidades entre accionistas privados (aunque toda actividad genera riqueza pública en la forma de impuestos) mientras que los monopolios públicos las distribuyen – de mejor o peor manera según cómo se desenvuelvan -, entre toda la sociedad.

Esto así tan simplemente expuesto es un “lío de la gran siete”.

Pero tampoco es mucho más complicado que como se enunció.

Durante muchas décadas las empresas públicas en Uruguay no realizaron – no importa aquí por qué razones- las inversiones necesarias para continuar siendo eficientes en la generación de utilidades y en la competencia con empresas privadas que se desenvuelven en la misma área de actividad y que constituirían monopolios privados si no existieran esas empresas públicas.

Como el monumental crecimiento de China durante la primera década del Siglo XX permitió a los países exportadores de materias primas crecer muy por encima de sus promedios históricos, el gobernante Frente Amplio de Uruguay decidió destinar recursos para regenerar institucionalmente y fortalecer tecnológicamente la capacidad competitiva de las empresas públicas.

En particular decidió fortalecer a la petrolera ANCAP, a la productora de electricidad UTE y a la empresa de telecomunicaciones ANTEL, que tendió cables de fibra óptica que pusieron al Uruguay a la vanguardia del desarrollo de las telecomunicaciones y participó en importantes proyectos de innovación tecnológica, como el Plan Ceibal (una computadora con conexión a internet por niño en edad escolar y liceal).

La empresa productora de combustibles ANCAP invirtió en la actualización de su planta de refinación de crudo, en el desarrollo de biocombustibles, en la producción de cemento portland (pues el país cuenta con importantes reservas de cal) y en la búsqueda junto a empresas privadas de petróleo o gas, así como en otros emprendimientos tendientes a abaratar a mediano y largo plazo el costo de la producción de energía en Uruguay.

Invirtió mucho dinero.

El directorio de la empresa estatal ANCAP estuvo integrado durante el segundo gobierno del Frente Amplio de Uruguay por tres representantes de ese partido y por dos de la oposición.

En el período de gobierno al que aludimos, la economía uruguaya venía creciendo con tanto dinamismo que la inflación, a raíz esencialmente de un notable incremento del consumo resultado de procesos de distribución de la riqueza y del incremento del salario real de los trabajadores se expandió por encima del “rango meta” que se habían fijado las autoridades responsables de la gestión político – técnica de la economía.

Una de las maneras de evitar que ese proceso se acentuara era contener el aumento de los combustibles, y así se hizo.

Esta situación por un lado afectó los recursos FINANCIEROS de ANCAP.

Por otro lado, la empresa ANCAP algunas de las inversiones que realizó no las gestionó eficientemente y no es imposible que otras no hubiese debido realizarlas si no obtenía antes recursos propios. No se midió correctamente el tiempo que resultaría necesario para recuperar esos recursos invertidos no recurriendo a endeudamiento, sino con las propias utilidades de la empresa.

Y no es imposible que atendiendo a que la economía mundial comenzaba a dar señales de enlentecimiento e incluso, en algunas regiones, de franco estancamiento, algunas inversiones no debieron realizarse

Pero con el diario de lunes…

Una y otra cosa, la contención del aumento del precio de los combustibles y algunas inversiones realizadas sin la suficiente previsión respecto a cómo y en qué plazos se recuperaría el dinero invertido, así como una incorrecta gestión en el proceso de implementación de algunas de esas inversiones, colocaron a ANCAP en una situación, desde el punto de vista financiero, difícil.

Los analistas más serios sostienen que si las inversiones que realizó para descubrir petróleo, que fueron las más cuantiosas, dan resultados positivos, la empresa saldrá fortalecida, muy fortalecida, de la crisis.

El Presidente de la empresa ANCAP durante el período que aludimos fue el dirigente político Raúl Sendic, actualmente Vicepresidente de la República y uno de los líderes que según las encuestas contaba con las mayores posibilidades de competir por la Presidencia de la República en el futuro próximo.

Quizá por ello, algunos actores políticos, de la oposición y de su propio partido, en lugar de generar un debate serio sobre lo que se hizo bien y lo que se hizo mal durante su gestión como Presidente de ANCAP organizaron, propiamente, un “linchamiento” político y personal contra él.

El autor de este escrito no va a agregar ni una línea más sobre ese episodio.

El paseo por la mugre se lo deja a los que les agrada revolverse en la mugre.

Pero va a indicar sin embargo, que el “linchamiento” ocurrió sobre un dirigente que representa a una de las tradiciones político- culturales que en su afán por lograr la autonomía política de las naciones en que se desenvuelven, juegan muy duro en la esfera del conflicto político.

Y si juegan el juego del radicalismo tienen que estar preparados para esos vendavales.

En capítulos anteriores hemos analizado las virtudes y los defectos de esa tradición, desde la perspectiva de la forma de entender la praxis política del autor de este escrito.
Pero hay un detalle que es necesario remarcar, subrayar.

El Frente Amplio de Uruguay es un partido – coalición cuya originalidad sustancial consiste en que “amalgamó” desde su génesis a diferentes tradiciones y composiciones político – culturales, todas las cuales participan de la idea de que la política debe prevalecer sobre las lógicas de acumulación del capital. De que es la política, como representación y praxis de los intereses de TODA la sociedad, la que debe gobernar a las naciones, y no los grupos de privilegio económicos.

Además de las virtudes culturales que entraña esa unidad de acción que se desenvuelve institucionalmente en el partido político Frente Amplio, el fenómeno tiene efectos electorales.

Líderes políticos que representan sensibilidades y modos de analizar al mundo y a las sociedades diferentes entre sí, SUMAN electoralmente a ciudadanos que también participan de la vida política de la sociedad desde diferentes sensibilidades, aunque todos comparten que la política debe prevalecer sobre las lógicas de los grupos de privilegio.
Y tal la razón de fondo por la cual se produjo el “linchamiento” contra Raúl Sendic. La aniquilación de un líder que representa a una de las sensibilidades deteriora la capacidad de sumar del conjunto…

Todo lo demás es debatible, su comportamiento individual como gestor público y como persona, pero debatible políticamente, es decir, civilizadamente.
Y no es lo que ocurrió. Lo que ocurrió fue un “linchamiento”.

Linchamiento que resultaba beneficioso a los grupos de privilegio que aspiran a fragmentar, dividir a la izquierda de América del Sur, beneficioso como debilitamiento de los partidos progresistas y beneficioso como debilitamiento de la tradición cultural que le asigna una enorme importancia a los PROYECTOS NACIONALES de desarrollo.

Proyectos que, en tanto que tales , NACIONALES AUTONÓMOS, afectan a grupos de privilegio que desearían hacer con los recursos naturales de América del Sur lo que hizo el imperialismo a principios del Siglo XX: rapiñarlos.

Grupos de privilegio por lo demás que, en tanto algunos de ellos provienen de países que no están siendo suficientemente competitivos en la economía global, necesitan -digamos vulgarmente para ahorrar palabras que ya hemos escrito muchas- reinstaurar la lógica de rapiña, aunque encubierta en ingenierías más sofisticadas.

El carácter grotesco del linchamiento contra Raúl Sendic fue de tal entidad, que lo principal que resultaba necesario fuese discutido no se ha puesto en consideración todavía.
La dialéctica gestión política / gestión tecno – burocrática de TODAS las empresas, pero de las públicas en particular, es cada día más difícil de administrar en el estado actual del capitalismo.

Hasta hace no más de cuarenta, cincuenta años los conocimientos sustanciales de los que era necesario disponer para gestionar una empresa potabilizadora de agua por ejemplo, se los podía explicar a un estudiante de secundaria en dos o tres meses.

En el mundo contemporáneo, la aceleración de la revolución científico técnica, la hiper sofisticación del sistema financiero, la constante necesidad de aplicar los nuevos conocimientos a todas las áreas de gestión de una empresa demandan que las mismas sean gestionadas con la precisión de una obra de ingeniería y de una obra literaria al mismo tiempo.

Pues resulta necesario contemplar fenómenos científicos, económicos, financieros, éticos, medio ambientales, geopolíticos, político – culturales…

Ninguna de las empresas públicas uruguayas, ninguna, cuando asumió el gobierno el Frente Amplio, estaban preparadas ni funcional ni conceptual, ni empresarialmente para ejecutar satisfactoriamente el rol estratégico que se esperaba cumpliesen en el actual estado de desarrollo competitivo del capitalismo.

Bien por el contrario, varias de ellas estaban “abandonadas a su suerte” y a sus estructuras corporativas de dirección o habían sido vaciadas mediante prácticas clientelares.
Por esa razón y a iniciativa del actual Intendente de Montevideo, Ingeniero Daniel Martínez (entonces Presidente de ANCAP) se conformó un grupo transversal, con representantes de todas las empresas, que comenzó a estudiar un nuevo modelo de gestión.

La relación, dirección política / cuerpo gerencial, (es decir, ejecución tecno – burocrática de las decisiones políticas), las capacidades que era y en algunos casos todavía sigue siendo necesario fortalecer, los agentes externos que resultaba necesario contratar para ese proceso de capacitación, las sinergias que resultaba necesario estimular, por ejemplo en la ejecución de la política energética, (alianza ANCAP – UTE), pero también la aplicación de las nuevas modalidades de administración de la logística, de la aplicación de nuevas tecnologías y gestión financiera…resultaban TAREAS pendientes que se comenzaron a resolver.

Una transformación de esa naturaleza no se realiza en menos de una década.

Como, al mismo tiempo, las lógicas de facción (de islas de poder) comenzaron a sustituir a las lógicas de proyecto, ese proceso se vio enlentecido y su seguimiento centralizado abandonado.

Y esa es la razón por la cual resulta absurdo pretender mediante la “demonización” de un agente o dirigente político, justificar los errores que se cometieron, encubrir la ausencia de una reflexión crítica que es necesario realizar con altura.

El lector puede dar por seguro que sustancialmente, es aquí donde se encuentran las causas de un deterioro en la calidad de gestión de algunas de las empresas públicas.
(El actual Presidente de la República, Tabaré Vázquez, es plenamente consciente de ello y ya comenzó a intervenir para resolver esas deficiencias).

El problema de la adaptación de las empresas al proceso de hiper profesionalización de la gestión de TODAS las empresas en el actual estado del capitalismo, y en el caso de las públicas la búsqueda de un correcto equilibrio entre cuerpo gerencial tecno burocrático y gestión política centralizada para que se adapten a un proyecto de desarrollo autónomo sustentable y dirigido en interés de toda la sociedad no se resuelve “demonizando” ni a un político en particular, ni a dos, ni a cien, ni a “los gerentes”, así como generalización.

Aunque hubo gerentes que ejecutaron mal las inversiones, por ejemplo en la producción de cemento portland, y será necesario desplazarlos.

Antes de concluir, un apunte sobre el Frente Amplio de Uruguay al que en algunos capítulos anteriores el autor de este escrito sometió a severa crítica, sosteniendo entre otras cosas que desde que accedió al gobierno y progresivamente de modo más acentuado ha dejado que las lógicas de facción sustituyan a las lógicas de proyecto.

El Frente Amplio de Uruguay es el partido político más densamente imbricado en la sociedad, razón por la cual, en el gobierno o en la oposición, es y será un actor insustituible en la generación de condiciones de estabilidad política y social, en la construcción sistémica de calidad de democracia en Uruguay.

Es por ello pertinente antes de concluir señalar algunas de sus contribuciones desde que es gobierno.

El Frente Amplio ha enriquecido notablemente la cultura democrática del Uruguay, también ha enriquecido su capacidad de gestión político – técnica, entre otras cosas procesando debates, y muy hondos, sobre sus errores, aunque no los ventile públicamente todo el tiempo.

Ha fortalecido la influencia de los trabajadores en la sociedad, ha perfeccionado sustancialmente la calidad de vida de cientos de miles de personas, ha logrado iniciar un proceso de distribución inteligente de la riqueza, ha diseñado los fundamentos de un país desarrollado, (aunque muy a los ponchazos en algunas áreas, como en la educación), ha regenerado institucionalmente a las empresas públicas, –aunque este proceso ha sufrido un deterioro pues en lugar de transformar la calidad de gestión de los aparatos burocráticos en algunas áreas ha sido cooptado por las lógicas burocráticas-, ha propiciado una revolución en la matriz energética, sin la cual ningún proyecto de desarrollo era sustentable, ha recuperado al Banco de la República y creado instituciones de fomento a la innovación, ha superado la lógica amigo – enemigo de la que lastimosa pero naturalmente se había dejado impregnar como consecuencia de los efectos del deterioro de la democracia y la brutalidad de la represión que sufrió durante la dictadura y el período más radical de la guerra fría a fines de los sesentas, superó esencialmente el voluntarismo propio de las aspiraciones revolucionarias del siglo XIX pero sin perder como cuerpo político ambiciones transformadoras radicales, es decir, sin abandonar la cuestión sustancial de que la política prevalezca sobre las lógicas del capital…

Y en fin, puede escribirse un libro entero sobre la significación histórico política y sobre el rol del Frente Amplio en la transformación democrático – igualitaria de la sociedad uruguaya, pero el hecho de que la población uruguaya le haya concedido, en el mundo actual, el muy pero muy poco frecuente honor de dirigir los destinos de la nación durante tres períodos consecutivos con mayorías parlamentarias, torna innecesario ese esfuerzo aquí.

Los lectores deben saber no obstante, que cuando un partido de matriz proletaria logra acceder al gobierno del Estado durante tres períodos consecutivos con mayorías parlamentarias hay grupos de privilegio de matriz oligárquica que acentúan la radicalidad de su acción para recuperar el poder, mucho más los que necesitan del aparato del Estado para preservar sus privilegios.

Y debe saber, asimismo, que como se señaló en este escrito, la complejidad de la competencia a que están siendo sometidas algunas elites mundiales en el esfuerzo de cada una de ellas por preservar sus privilegios hace que tampoco a esas elites les resulte agradable tener que interactuar con partidos “demasiado” autonomistas, sobre todo respecto del manejo de los recursos naturales…

Finalmente, dado el estado del mundo, y la enorme relevancia que adquiere la densidad intelectual, la consistencia ética, y la calidad institucional de los partidos de matriz proletaria para la regeneración de la democracia en occidente, los debates al interior de los partidos de izquierda resulta necesario se procesen con valentía política y con honestidad intelectual, pero tomando en consideración que los grupos de privilegios, TODOS los grupos de privilegio, operarán cada día más radicalmente para dividirlos.
Desde la implosión del modelo “estalinista” los partidos de matiz oligárquica, los grupos de privilegio, TODOS los grupos de privilegio y un tumulto de pequeño burgueses de derecha aspiran a que cuando la izquierda debate se “autoflagele”.

Se autodestruya. Y estimula para ello la radicalidad de esos debates.

Y en tanto que la transformación democrático – igualitaria de la sociedad es asunto infinitamente más compleja que la preservación del statu quo de la desigualdad social y cultural todo el tiempo surgen asuntos que propician ciertamente acalorados debates.

Pero va siendo hora ya de que la izquierda global aprenda a contener sus ansiedades (de matriz más pequeño burguesa que proletaria) su tentación de “cortar camino” por aquí o por allá para no llegar a ninguna parte, o la tentación reiterada de “excomulgar” a los críticos pues “debilitan” al partido…

Es posible debatirlo todo, como aspiraba Marx a hacerlo, sin autodestruirse…es cuestión de priorizar realmente las ambiciones transformadoras por sobre toda lógica de facción, por sobre todo narcisismo…por sobre todo talante dogmático de matriz religiosa e identificar, con precisión y rigor, en cada momento, qué preservación de qué privilegios encubre la radicalidad de los discursos…

Pues puede dar por seguro el lector que detrás de un discurso radical (cuando no opera el resentimiento social ante desigualdades abusivas) hay siempre un privilegio que alguien o un grupo de personas aspira a preservar.

Para “jugar” el juego de la disputa de poder cuando se aspira a transformar a la sociedad es necesario “pensar rápido y ejecutar con precisión” como hace actualmente Luis Suárez, y no tanto “morder”, aunque si es necesario en algunos momentos morder para no ser herido pues resultará necesario “morder”, pero no a tal o cual adversario, sino la cancha, como piden en sus textos varios formidables músicos uruguayos: Jorge “Choncho” Lazaroff. Mauricio Ubal, Jaime Roos…

Gerardo Bleier

Nota: En el presente texto se han formulado críticas severas a las redes de privilegio que utilizan al Estado para su reproducción o que se enquistan en él y mediante alianzas con grupos de privilegio económicos sustraen recursos de toda la sociedad para su propio beneficio y bien puede ocurrir que algún despistado procure utilizar esa línea argumental para someter a crítica a su vez derechos conquistados por los trabajadores del Estado. Por ejemplo, cuando los trabajadores de una empresa pública que, digamos, cuenta en su plantilla con más de 1000 trabajadores, disponen de su propio servicio médico, tal servicio podría considerarse un privilegio. Y lo es, pero porque genera calidad de vida, (de atención en salud) a los trabajadores de esa empresa, cuando otras no disponen de la atención personalizada que un servicio de tales características provee. La solución de los tecnócratas frecuentemente ante estos casos es eliminar esas conquistas considerando que presuponen un costo superior al del sistema de salud público en general. Si bien frente a situaciones como las que se describe aquí a título de ejemplo es necesario analizar si no hay sobre costos excesivos, un tal servicio suele ser resultado de conquistas obreras que siempre que no se ponga en riesgo la viabilidad de la empresa pública es necesario procurar preservar. Lo que se desea enfatizar en todo caso es que no hay que confundir estructuras clientelares de privilegio con derechos conquistados por los trabajadores, en el caso mencionado aquí pero también en otros mil posibles.

imagen portada: wikipedia.org

 


 

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Gerardo Bleier

Gerardo Bleier

Gerardo Bleier nació el 26 de noviembre de 1960. Escritor, Periodista y Asesor en Comunicación Estratégica. Dirigió revistas, radios y programas de televisión. Publico varios libros de poesía entre ellos Ideanimas (Arca) y Cenizas (Artefato) y una novela Cráneo de Vaca (Cruz del Sur). http://gerardobleier.blogspot.com/

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