KADAVAR en Bluzz Live - 25 de setiembre 2015 - Foto © Xóchil Hernández www.cooltivarte.com

Kadavar en Bluzz Live

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Fuimos a ver a Kadavar entre varias y de un buen humor en mi caso no acompañado con el cuerpo, víctima de uno de esos días que parecían no terminar. Coincidimos en la puerta de Bluzz Live; el aire festivo sugería verano pero nosotras estábamos de campera y buzo. Cuando llegamos, paramos al lado de una camioneta multicolor, una van sesentosa a la que solo le faltaba Scooby Doo.

“Vinieron en eso” nos dice Sofía, que llegó antes que nosotras. “Y son muy muy altos”, agrega Martina, aunque no enseguida. “Tipo, muy altos”.

Viene un par de veces un hombre a buscar cosas a la camioneta. No era miembro de la banda, seguramente, porque me llevaba más o menos diez o quince centímetros. De fondo se escucha la banda telonera. “¿Quiénes eran los teloneros, alguien sabe?” pregunto. “Oro de la gran puta” me dice Sofía, riéndose y con cara de estar tocando de oído. “Suenan bien los Oro de la gran puta”, digo y coincidimos. La banda se llama Oro a secas, descubriré luego.

“Alguien se tiene que ir con un músico” dice Valentina, y miramos a una de nuestras amigas, recientemente soltera. Nos gusta a veces jugar a los lugares comunes de las salidas de solteras y por mucho que esta salida tuviera un fin específico, no sería la excepción. “Hablan alemán, ¿qué les podemos gritar?”. “A mí me encanta la palabra Arschloch” contesta Sofía. “Schwanz, yo qué sé” les digo yo, acordándome de una conversación con mi compañera de trabajo, haciendo referencia a una de mis palabras favoritas del español. “¡Gritáselo vos!” me dicen. “No, ni a palanca”, contesto. “Yo me animo”, dice Valentina. “Pero enseñame bien cómo se dice. ¿‘Shuans’?”

Luego de que un señor ya visiblemente borracho se nos cayera arriba y nos tirara cerveza (“A cualquiera le puede pasar”, me dice) y de un par de tabacos, entramos a ver a la banda. Nos disponemos adelante y perdemos a Xóchil, que se aventura a sacar fotos, con cerveza en el pelo todavía. Entran sin mediar palabra y se ubican. Veo unas cuatro baquetas trabadas en la batería, el baterista está pronto para romper todo. Abren con Lord of the Sky y ya siento el verano del año que viene, sentada en el Rutas del Sol, arrancando a donde venga. El baterista suda desde la primera canción en adelante.

No será hasta el cuarto tema que la gente empiece a hacer un pogo, para nada violento y bastante reducido, pese a que estamos enlatados y compactos. Hay alguno saltando más que otro, pero la mayoría del público asiente enérgicamente con la cabeza, sacudiéndose.

“¿Están prontos para un poco de Rock and Roll?” nos dice el guitarrista en un inglés un poco duro. Se dirigen a nosotros en inglés, pero hablan a los sonidistas y entre ellos en alemán. “¿Qué dicen?” me pregunta Valentina. No tengo idea, le digo.

Siguen tocando. Encuentro el disco nuevo más enérgico que los anteriores, para mi gusto un poco más cuadrados o más lentos (sin que esto sea negativo, más bien diferente: a mí me gusta la música cuadrada y lenta). Berlin es explosivo, y ver los temas en vivo me hace querer bailar, moverme, desplazarme en el espacio. a diferencia quizás de los discos anteriores que me hacen querer agarrar un auto y manejar por la primera ruta disponible (no sé manejar).

En alguna pausa, Valentina me mira. Me pregunta “¿Yuans dijiste?”. Pese a sus intentos de gritarlo dos veces, Kadavar no escucha. Están enamorados de lo que hacen. “Was für ein tiefes Solo!” dice el guitarrista después de una canción, traducible quizá a “¡Zarpado solo eh!”. Hay una sensación de trance general, unos tocan diversos instrumentos invisibles, unos pocos saltan, un par buscan el pogo, otros mueven la cabeza con cara de entender, y el resto mira con una cara de lo que está sucediendo es imponente, “profundo” quizá, como lo describía el guitarrista originariamente. No entiendo, en otro orden, cómo el guitarrista toca la guitarra con todo el pelo encima de ella. El bajista es imponente, es una muralla gigante con un bajo en las manos. Era cierto que eran muy altos.

Terminan con Come back life y explota todo. Es una versión más sencilla, más austera, pero con todo lo necesario para rompernos la cabeza. Con eso concluye también el toque: no hay bis ni nada, se van con aire solemne. Me gusta que no haya bis, a veces menos dice más, ellos no son para nada sencillos más que en los gestos, se contrasta esa complejidad en la música con una sencillez al manejarse.

Nos quedamos afuera sentadas un rato, a la gente le cuesta irse. Un toque brillante, con el aire de los toques de antes, de boliche chico y mucha cerveza. La gente se va quedando un rato más. Estamos todos profundo, estamos tratando de volver. Charlamos, volvemos a la realidad: a que estamos de campera, a que no es verano y que estamos acá y ahora. Salimos del pozo y nos vamos de a poco.

Imagen portada: KADAVAR en Bluzz Live – 25 de setiembre 2015 – Foto © Xóchil Hernández

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Mad Madelaine

Mad Madelaine

A diferencia de su progenitora, no nació, sino quizá apareció, con la única misión de fundar y administrar el Primer Club de Fans de los Fideos con Manteca y Queso. Como ocurre con los clones, y los viajes en el tiempo, algo salió mal y Mad Madelaine fagocitó a quien escribe adquiriendo sus superpoderes: Nació el 6 de Marzo de 1991, estudia Lingüística en Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, y puede correr a la velocidad de la Luz.

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