José Palazzo - Imagen de su cuenta personal de Instagram

José Palazzo por Montevideo: “No estamos en un negocio para cagones”

A principios de abril, el productor musical José Palazzo pasó por Montevideo para ajustar detalles de lo que será el primer Cosquín Rock en Uruguay, que tendrá lugar el sábado 6 y domingo 7 de octubre en Landia. Y Entre las distintas entrevistas que dio por medios locales, encontró un hueco para “un café con colegas”, según describió desde su perfil de Twitter al encuentro que mantuvo en Agadu con productores y managers locales.

 

Los inicios en la música, Charly, el panorama actual de la industria y anécdotas del camino fueron algunos de los temas que recorrió el productor canoso de cresta blanca que se define como fanático del jazz, del blues y del heavy metal. El hombre atrás del Cosquín Rock, el festival de rock más importante de Argentina que nació hace 18 años en Córdoba y que en este 2018 desembarca por primera vez en Uruguay después de haber pasado por México, Perú, Colombia y Bolivia.

 

El señor del rock: De esas aguas si he de beber

“Mi mama era una artista plástica que impulsaba que su hijo fuera un creativo, versus mi viejo que era un abogado ortodoxo. Pero al poco tiempo me di cuenta que, como mi mamá era quien mandaba en casa, el tipo hacia lo que ella le decía.”.

 

Así recuerda sus inicios con la música, mientras transitaba la adolescencia en Córdoba. Cuenta que (tal como era su mamá la que mandaba), finalmente sus padres le regalaron una ´guitarra eléctrica´, pero cuando llegó a un profesor para aprender a tocar el instrumento, no contaba con que en realidad lo que le habían regalado era otra cosa  “Maestro, lo que usted tiene es un bajo, va a tener que ir a otro profesor”, le dijo el personaje en cuestión de aquel entonces.

 

“En aquel momento que mi padre era un tipo bastante formal y mi mamá más jipona, entraron en un debate porque yo empiezo a estudiar con un profesor de bajo que tenía pelo largo y barba, que era sinónimo de drogas… y tuve tanta mala suerte con el profesor de bajo que a la semana lo metieron preso porque tenía una plantación enorme de marihuana.”. Esto supuso un breve primer impasse con la música, ya que al tiempo -resquemores familiares mediante-, consiguió que su padre le regalara su primera guitarra acústica, y ahí “ya entré de lleno en la carrera del escaso talento musical, que es una de las cosas por las que me caracterizo”. En el camino también se recibió de abogado, más que nada, para cumplir con el mandato familiar.

 

La banda de rock que formó con sus amigos del barrio fue el puntapié inicial para que el hoy exitoso productor se diera cuenta que su talento musical quizás fuera más efectivo desde el costado del escenario. Así empezó el recorrido  del productor, pelándose con dueños de boliches por que le den tal sonido, tales luces. Un camino que transitó en principio espinado, después exitoso y que hoy lo rema “con dos hisopos en dulce de leche”.

 

“Mi primer concierto fue un gran éxito. Marky Ramone. 29 localidades vendí. Pero aprendí algo muy importante: la única forma de subsistir en la industria del espectáculo es pagar las deudas que uno genera en la industria del espectáculo. Si gasté uno, pago uno, si gané dos, me guardo uno, y mi consejo es que no se lo gasten porque lo van a volver a perder en algún otro show. (…) No hay un manual que te diga cómo ser productor y no morir en el intento, pero yo lo debería escribir.”.

 

Una de sus primeras anécdotas nace de su obsesión por llevar a Dylan a Córdoba. “Durante tres años lo busqué a Bob Dylan para hacer un concierto MULTITUDINARIO en Córdoba… fui a las agencias de Estados Unidos y de Inglaterra, hasta que finalmente una empresa logró traerlo a Argentina y yo estaba “yo, yo, yo” (pidiéndolo). Creo que le debo haber pagado el caché más alto que le pagaron en su vida, pero no sé si le llegó porque Dylan no habla, no saluda, no lo ves, y cuando se sube al escenario no sabe si está en Mendoza, en Córdoba o en Uruguay, además de importarle un carajo dónde está… Pero más allá de su gran talento musical y su escaso talento para la diplomacia, la cosa es que lo llevé. Entonces preparé un estadio para recibirlo y saqué a la venta las entradas… pero la cuestión es que no había un estadio, entonces terminaron yendo 1250 personas a ver a Dylan… y yo perdí 250 mil dólares. Ahí vino mi segundo aprendizaje: cada vez que te enamoras de un proyecto que no analizaste antes, probablemente sea un ‘bobdilanazo’. Tengo una remera que dice ´Bob Dylan en Córdoba´, que me costó 250 mil dólares.”.

 

“Mi primer concierto fue Marky Ramone, aprendí la lección. Mi último concierto fue Phil Collins hace una semana, metimos 25.000 personas”. Y en el medio, el “bobdilanazo”

 

“En Cromañón todos perdimos algo”

“La tragedia de Cromañón” fue un 30 de diciembre. Durante un recital de Callejeros, mientras la banda interpretaba la canción “Distinto”, el boliche “República de Cromañón” del barrio Once de Buenos Aires empezó a arder, en forma literal, cuando uno de los fans prendió una bengala, ésta contactó con una tela inflamable y el fuego empezó a propagarse. Si bien no  hace falta entrar en los detalles de la fatídica noche, sobre los que se han escrito páginas enteras, vale retener que el saldo fue de 194 muertos y al menos 1432 heridos.

 

“Seguramente fue la mayor tragedia del espectáculo, por lo menos la más grande del Cono Sur”, dice José; pero además de las inequiparables pérdidas humanas, está convencido que en Cromañón “Todos perdimos algo” (…) Aunque nos tocara haber estado de cerca o de lejos, todos los que estamos en la industria sentimos que habíamos cometido algún error y que fruto de ese hacer o no hacer todos esos  chicos se habían muerto.”. Y, también, parte de los daños colaterales o el saldo de Cromañón también se lo llevó la industria musical.

 

“En ese mea culpa que algunos hicimos pudimos reconstruir la industria, que estuvo paralizada casi un año. El cien por ciento de los teatros más emblemáticos y de las discotecas estuvieron cerrados durante meses (…) La solución fue cerrar todo, desde discotecas a salón de eventos en los hoteles. Es fue el pánico y la locura que generó Cromañón.”.

 

“Algunos de los que entendimos que el suceso tenía que ver con irresponsabilidades que sucedían a diario empezamos a pensar en reconstruir, y otros directamente huyeron. Y otros, que estaban a cargo de las políticas en Argentina, empezaron a hacer genialidades con leyes pos-Cromañon que son de cumplimiento imposible.”.

 

Los músicos que antes llenaban estadios se quedaron sin lugares para tocar. “Los salones se convirtieron en otra cosa, como en depósitos o lugares deportivos. Las bandas se quedaron sin el under que había funcionado como un semillero histórico en Argentina, desde donde habían salido bandas como Sumo, Los Abuelos de la Nada, Soda Stereo, Virus, Los Fabulosos Cadillacs o Fito.”.

 

Por esas épocas negras para el rock en Argentina, Palazzo organizaba un nuevo Cosquín Rock, y con todo en marcha para el festival decidió seguir adelante, a pesar de la baja de sponsor y de los consejos de varios de que no era momento para más rock.

 

Así, a dos meses de Cromañón el Cosquín se hizo igual, y fue la mitad del público que había ido siempre a cualquier Cosquín habitual, a pesar que desde la organización se redobló la apuesta en programación y seguridad. “Perdí todo lo que había ahorrado en mi vida y parte de lo que habían ahorrado mis padres. Nadie quiso pegarse al rock, el rock pasó a ser una cosa tan peligrosa como encontrarse a Lucifer en la esquina de las calles de tu barrio”.

 

Pero este nuevo traspié le confirmó que solo haciendo se puede fracasar o tener éxito. José Palazzo, el mismo tipo que sorteó el revés de haber vendido menos de 2500 entradas para un show de Bob Dylan en Córdoba y años más tarde logró que se cortaran 10.000 tickets para ver a Metallica en el Estado Orfeo de su ciudad (“El mejor show que vi en mi vida, y lo organicé yo”, dice con sincera humildad de ese concierto de la banda creadora del thrash metal), lanza un consejo categórico para todos los que quieran dedicarse a la industria de espectáculos: “No estamos en un negocio para cagones”.

 

Demoliendo hoteles

“Yo trabajé en la época en la que Charly García generaba úlcera en los productores. Era un tipo que literalmente demolía hoteles. Hubo una época en que producíamos los shows de Charly por el interior de Argentina y se le daba por destrozar las habitaciones, era un destructor. Una de las consecuencias de ser un destructor era que componía bien, pero no sé cómo, siendo un tipo con poca habilidad física, rompía tanto. Hasta llegamos a armar un baúl gigante con todas las cosas que él iba rompiendo y que nos cobraban para después usarlas para armarle el cuarto cuando nos íbamos de gira, para no siguiera rompiendo más.”.

 

Entre demoliciones y giras “totalmente intoxicadas”, José cuenta que también tuvieron que aprender a girar con Charly. Aunque esto implicara poner de vez en cuando en riesgo la integridad física del equipo, ya que “El artista argentino tiene una vocación por querer hacerse cagar a trompadas”, jura.

 

“También Charly tenía un don para que la gente nos quisiera cagar a trompadas. No sé cómo hacía, porque la gente cantaba sus canciones pero en el fondo pensaban “te odio, te mato, corré”. Una vez lo logré llevar a Jujuy, un pueblo donde casi no llegaban shows, y Charly llegó en camisón, peinado con gomina y con la boca pintada. Le dije ´Charly, ¿te parece?´, y el abre el telón, sale al escenario y lo primero que dice es ´¡Jujeños, los odio!´. Pensé, bueno… espero que no hayan escuchado, y Charly vuelve a repetir ´¡¡Jujeños los odio!!´.”.

 

Pero a pesar de la poca simpatía o tacto que muestran algunos de los artistas argentinos a su público (como sucedió en Montevideo con Andrés Calamaro, cuando durante un Pilsen Rock en el 2010 le dijo al público presente que “los uruguayos son más amargos que el mate”), Palazzo defiende el hecho artístico de músicos como Charly o el Pitty Álvarez; ya que, a pesar de que “te hacen sufrir mucho, en el momento que se suben al escenario la gente los ama.”

 

Y como buen productor experto, -“pillo”, según dice de sí mismo, “Peñarol inteligencia”, diríamos por acá- sabe que al músico se lo cuida, porque es la pieza probablemente insustituible para que la maquinaria siga andando. El público quiere ver a la banda de sus amores en vivo, por lo que la venta de entradas sigue siendo la clave para que el negocio marche (claro que los sponsors también, y de esto si bien habló largo y tendido vamos a dejarlo para otro momento).

 

Ya lo dijo el Carpo, “Hay psicosis masiva, es menester que sea rock; si estás a la deriva, la única salida es rock. Si no tienes salida, es menester que sea rock; si estás en la avenida, la única salida es rock. ”. El Cosquín Rock va a tener su primera edición en Uruguay. Que más decir. Que sea rock.

 

Imagen portada: José Palazzo – Imagen de su cuenta personal de Instagram

 

 

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Camila Siqueira

Camila Siqueira

Redactora, muy alejada del periodismo de “datos duros” y muy amigada con el que cuenta historias. Se incorpora a cooltivarte en 2017.







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