Entrevista a Edu Pitufo Lombardo y a Jorge Schellemberg a días de presentarse en el Auditorio Nacional del Sodre © Carlos Lebrato

Jorge Schellemberg y Eduardo “Pitufo” Lombardo nos adelantan “Mateo X 6”

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En agosto de 1993, seis músicos uruguayos decidieron presentarse en el Teatro Stella de Italia e interpretar el repertorio de quien consideraban un maestro y un referente, pero (por sobre todo) un verdadero amigo: Eduardo Mateo.

Este espectáculo se dio a conocer como Mateo x 6, y se consolidó a través de innúmeras presentaciones a lo largo de veintiún años.

Cinco de los integrantes originales de Mateo x 6 continúan abocados a este emprendimiento: Eduardo “Pitufo” Lombardo (voz y percusión), Alberto “Mandrake” Wolf (guitarra y voz), Jorge Schellemberg (guitarra y voz), Ney Peraza (guitarra y voz) y Popo Romano (bajo y voz). Y el próximo 19 de febrero a las 21:30 junto a Martín Ibarburu (quien suple al baterista Juan Carlos Ferreira), el colectivo estará presentándose en la Sala Adela Reta del Auditorio del SODRE.

A una semana del evento, Jorge Schellemberg y Eduardo Lombardo se reunieron con nosotros en un bar de la Ciudad Vieja, y nos hicieron partícipes de sus recuerdos y experiencias junto a uno de los músicos más innovadores que supo dar nuestro país. En la conversación quedó plasmado el impulso que los conduce al escenario desde hace veintiún años, y que no ha menguado en absoluto: que la dimensión real de la obra de Mateo no se vea asordinada por la indiferencia, y tampoco por el costumbrismo.

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“A Mateo lo conocí en el año 83”, explica Jorge Schellemberg. “Yo había empezado a tomar unas clases con Rubén Olivera, después abrió el TUMP. Y Mateo empezó a aparecer por ahí. Él estaba saliendo de una temporada difícil, y contra todos los pronósticos sacó en el año 84 un disco que es de los mejores que escuché en mi vida: ‘Cuerpo y Alma’. Nos hicimos fans de Mateo inmediatamente, y además no perdíamos oportunidad de sentarnos en un boliche a tomar una grappa con él, a charlar, a escucharlo. Era un tipo muy querible, muy para arriba”.

Pero al mismo tiempo, Schellemberg observa que “era un tipo muy riguroso para trabajar, para ensayar. Y era muy radical en el sentido de que siempre insistió que él tenía que vivir de la música. Lo que me parece una cosa muy respetable, y muy valiente. Él hizo distintas cosas dentro de la música, tenía una banda de rock, tocó música brasilera… pero era un tipo que estaba muy adelantado. La cabeza de él volaba, y había canciones que hoy las escuchás y están súper- vigentes”.

Por su parte, Eduardo “Pitufo” Lombardo comenta que “la llegada de la música de Mateo a mi vida fue a través de un casete que tenía grabado ‘Mateo Solo Bien Se Lame’. Para mí es una gran maravilla, porque ahí está esa otra faceta de Mateo que si bien es conocida no es tan conocida que es la de percusionista. Es muy lindo, para mí es un disco de cabecera. En ese disco hay un desarrollo de Mateo como percusionista, y ese fue uno de los primeros instrumentos que empecé a tocar, fue el instrumento que me llamó más. Ese disco me voló un poco la cabeza, la forma de componer… “Mateo Solo Bien Se Lame” es una gran maravilla”.

“Yo a Mateo lo conocí un poquito más adelante, en el año 87. Entré al TUMP por esos años, y – un poco como decía Jorge – él estaba ahí en la vuelta. Ya había empezado a dar clases, y le gustaba entrar a todos los salones, ¡y era muy divertido! Muchas veces cuando había un horario puente él agarraba una guitarra y se ponía a tocar. Pero hablar mano a mano con él, solo en dos oportunidades. Una de ellas en Sondor, durante la grabación de ‘Los Que Iban Cantando’. Y después otra vez que fui a ver un espectáculo que se estrenó en el Teatro del Notariado, que era con Fernando Cabrera. Pero no lo vi en el Notariado, yo lo vi en La Barraca. Lo hacían en dos vueltas, y me acuerdo que después de la segunda vuelta yo estaba como arrinconado contra la barra, y él se acercó y pudimos conversar un poco…”

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Eduardo Mateo falleció en 1990, en una situación de pobreza radicalizada. No pudo vivir del arte, y es hasta posible decir que murió del arte, destino nefasto que a su vez suele estar reservado a muchos de los creadores más brillantes que pasan por la tierra, y dejan huellas equiparables en profundidad a las cicatrices que la vida les propinó.

Mateo dejó setentisiete canciones inéditas, que ingresaron al dominio público cuando se editó el libro “Razones Locas” de Guilherme de Alencar Pinto. La gente que lo conoció contribuyó diversas grabaciones inéditas, y aquellos artistas que recordaban alguna de sus canciones que fueron ensayadas pero nunca tocadas en vivo completaron el aporte.

“No era un autor masivo, Mateo era un adelantado. Y lo sigue siendo”, acota Schellemberg. Y ratifica la lectura que le ofrezco de que eso es bueno, y es malo con su reflexión de que es “bueno para todos nosotros, y malo para él. Porque eso genera mucha incomprensión”.

Luego de su fallecimiento, operó un drástico cambio, y el interés por su obra alcanzó cimas impiadosas, sobre todo si tenemos en cuenta lo difícil que había sido para Mateo tratar de acercar su talento creativo al público. Sin ir más lejos, un equipo televisivo se hizo presente cuando estaban despidiendo sus restos en el cementerio, y (como recuerda Schellemberg) “el ‘Corto’ Buscaglia [padre de Martín Buscaglia, y co-autor del tema Príncipe Azul con Mateo] los sacó a ponchazos”.

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El primer concierto de Mateo x 6 llegaría en 1993, a instancias de Ney Peraza. Cuatro fechas fueron agendadas en el Teatro Stella de Italia, y como si esa mala estrella que alumbró la carrera de Mateo siguiera empecinada en arrojar sombras sobre su legado, el primer evento contó con una magra convocatoria. Pero la suerte cambió súbitamente, la propuesta se tornó viable, y el colectivo continuó adelante a ritmo cada vez más decidido, hasta editar un disco con el sello Perro Andaluz.

Sus integrantes siempre aclaran que Mateo x 6 no es un homenaje, al menos no en el sentido más acartonado de la palabra. Como dice Schellemberg, “siempre hay implícito cuando vos cantás una canción de algún otro un homenaje, pero nosotros lo quisimos hacer sin oropel, sin grandilocuencia. Desde el lugar de ‘nosotros lo pasamos bien, y nos divertimos pila tocando estas canciones’. Nosotros siempre asumimos que nos gusta mucho su música, y nos daría mucha lástima que no se siguieran cantando estas canciones tan bonitas”.

Y es así que tras 21 años de trayectoria, Mateo x 6 alcanza uno de los escenarios de mayor prestigio hoy por hoy en nuestro país: la Sala Adela Reta del Auditorio del SODRE.

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Programado para el miércoles 19 de febrero a las 21:30, el espectáculo en la Sala Adela Reta tendrá una hora y media de duración. Seguirá la estructura ya establecida en el disco que editara el colectivo, con “Canción Para Renacer” como inicio y “Cuerpo y Alma” como clausura – el tributo ideal para una existencia donde lo artístico y lo vital eran interioridades encendidas por las mismas bandadas de llamas, y el homenaje perfecto para alguien que el Pitufo Lombardo retrata como un “maestro de maestros”. Schellemberg destaca el hecho de que en esta nueva función estarán compartiendo algunas canciones de Mateo que nunca antes han interpretado juntos en escena.

“A mí me encantan todos los temas de Mateo, pero tengo una historia fuerte con una canción que se llama Kin Tin Tan”, comenta. “Fue una canción que apareció en esa camada de canciones inéditas de Mateo, que él nunca cantó en vida. Yo incluso la grabé en un disco mío, con un arreglo medio extraño. Y a mí me encanta cantarla en Mateo x 6.

Además, pasaron cosas muy lindas con esa canción. Apareció una guardería en un barrio muy popular (el barrio Lavalleja), le pusieron ‘Kin Tin Tan’ de nombre, y me pidieron que fuera a inaugurar la guardería. Tengo un vínculo afectivo que trasciende la canción”.

El concierto en la Sala Adela Reta será filmado, y editado en DVD por Montevideo Music Group (selló que hace poco también se encargó de re-editar el disco de Mateo x 6). Jorge se muestra particularmente entusiasta al respecto, ya que no existe un registro visual del colectivo en el escenario.

En lo que respecta a futuros fonogramas, los miembros de Mateo x 6 ven difícil la grabación de un segundo volumen, ostensiblemente por un tema de horarios, y de conciliación de actividades.

Pero como señala Schellemberg “por lo pronto para nosotros juntarnos otra vez para tocar estas canciones en esta sala tan linda es una alegría bárbara. El primer ensayo que tuvimos fue increíble, hicimos una repasada del show, y parecía que hubiéramos tocado juntos la semana anterior”.

Y Lombardo concuerda en la alegría que suscita “el hecho de poder tocar sus canciones, que esta música siga viva. Y yo lo digo por mí, pero para todos mis compañeros de Mateo x 6 debe ser lo mismo, hay un gran aprendizaje en la música de Mateo”.

Es evidente que ese es el nutriente de este colectivo:“enseñar” en el sentido de “compartir”, de brindarle a todos lo mágico, lo vulnerable, lo urgido y lo premeditado de lo que fue un talento sin parangón. Porque nada puede reparar la pérdida de Eduardo Mateo, nada puede obliterar la certeza de esa pena.

Pero de algún modo, al conversar con los integrantes de Mateo x 6 es imposible no sentir que a través de estas personas que tan bien lo conocieron y que tanto aprendieron de la alquimia que lo convirtió en un artista ejemplar, Mateo también estará presente en la Sala Adela Reta en cuerpo y alma esa noche, como en cada concierto desde hace veintiún años cuando el grupo sale a escena y “Canción Para Renacer” inicia una velada donde la música pareciera darle una respuesta absoluta en su serenidad al misterio mismo de la vida.

 
 

   

 
 

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Emilio Pérez Miguel

Emilio Pérez Miguel

(Montevideo, 2 de diciembre de 1979) Traductor público de idioma inglés, periodista cultural y organizador de eventos a beneficio de hospitales pediátricos en Uruguay y Argentina. Su labor periodística comenzó en junio de 2009 con la fundación de MusicKO, un sitio dedicado a la reseña de artistas emergentes. En la actualidad colabora con diversos portales entre los que se incluye Cooltivarte, al cual se integró a inicios de 2011. Como escritor, publicó dos libros de poesía en 2009 y 2010 (“Once” y “Ten”) y uno en prosa que vio la luz en 2013 (“Ayer La Lluvia”). "Once" y "Ten" fueron libros híbridos, con una propuesta enraizada en igual parte en la música y la poesía. "Ayer La Lluvia" aunó esta pluralidad de formas, y se presentó con los artistas que lo inspiraron en un festival de música y literatura que se extendió durante dos años, al término del cual Pérez Miguel se retiró como escritor. Las experiencias vividas durante ese tiempo fueron entonces sintetizadas en la "Campaña Del Juguete", una gira de conciertos que beneficia al Hospital Pereira Rossell en Uruguay, y al Hospital Garrahan en Argentina. Pérez Miguel fue asimismo el primer escritor uruguayo en subir todos sus libros a Internet, amparándose en el sistema de derechos libres conocido como Creative Commons. Basándose en que "el arte es para compartir y no para competir" y buscando "una democratización real de los bienes culturales", el autor comparte su obra en su propio sitio y en diversas páginas que fomentan la literatura, de manera libre y gratuita.







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