Jorge Armani Trío en Francesco Bar 13 de julio de 2017 Fotos de Adriana Xalambri y Jorge Gonzalez Ballart

Jorge Armani Trío: dulzura y garra rioplatenses

Jorge Armani es argentino, más específicamente marplatense. Hace años que viene a Montevideo y ha tocado con varios músicos uruguayos, entre ellos con Osvaldo Fattoruso, Nacho Mateu y Juan Pablo Chapital, con quienes grabó, en Estudios Sondor de Montevideo, un CD llamado “Aire”, el día 29 de julio de 2011, un año exacto antes del fallecimiento de nuestro admirado Osvaldo.

El 13 de julio de 2017 quiso la suerte que Jorge Armani se presentara a trío, en Francesco Bar (Hocquart y Martín C. Martínez), nada más ni nada menos que con Martín Ibarburu en la batería y Federico Righi en el bajo, y con Juan Pablo Chapital (guitarra) como invitado.

Montevideo tiene estas instancias mágicas cada no tanto tiempo y es lo que la hace más querible: poder ver tremendo show de música maravillosa, como quien no quiere la cosa, cualquier día de semana, en un lugar de precio accesible y de ánimo descontracturado.

Juan Pablo Chapital tomó la posta del micrófono e hizo la presentación de los músicos. En su voz se podía escuchar su admiración por Armani, así como por Martín y Fede. Y cuando un músico como El Chapa admira a otro, es sabio parar la oreja, porque la mano viene interesante.

Las primerísimas notas de Armani ya trajeron certeza, confianza… eso bastante indefinible que hace que desde la audiencia una se sienta tranquila de que la mano viene de disfrute. Su sonoridad se presentó alegre, algo juguetona, muy dulce y con perfume a “candombe mántrico”, digamos. Las frases en la guitarra, al estilo pregunta y respuesta, fueron armando una historia que generaba intriga. Apenas un par de minutos de comenzado el primer tema, Armani toca su primer solo, con gran calidad, con esa impronta de músico experiente que tanto se agradece, y ahí mismo arranca el despliegue de genialidad de Martín. Iban dos minutos. O sea, era casi un calentamiento; por lógica mucho ensayo no podían tener; era un solo, no estaba escrito en ningún lado. Y sin embargo la batería estaba tan pero tan por dentro de lo que tocaba Armani que ahí mismo empecé a flotar. Para mejor, Martín y Fede a pesar de estar zambullidos en las partituras buena parte de la noche, tocaron su música con una sensibilidad extrema, entregándole al todo musical exactamente lo que necesitaba. Tanto que si no los hubiera estado viendo, nunca me habría enterado de que estaban leyendo. Este tema se llama “Cambios” y está en el CD “Aire” que les nombré al comienzo.  Algo que me llamó la atención desde ese primer momento fue el tarareo de Armani durante casi todo el toque, como si su pecho necesitara sacar para afuera una parte extra de toda esa energía generada, al mejor estilo Keith Jarrett. ¿A ustedes no les ha pasado como audiencia de tener esa misma necesidad al escuchar a algunos músicos? A mí me ha pasado y alguna vez las miradas molestas de mis vecinos de butaca me percataron de que no me había refrenado lo suficiente.

El segundo tema trajo una segunda sonoridad de Armani, de carácter más rockero, con alguito de distorsión, que se alternaría durante toda la noche con la primera sonoridad más dulce y cristalina. Esa alternancia de sonoridad pero también de intención y de emociones nos mantendría alertas e interesados hasta el final. Armani contó que este tema se llamaba “Rada” y de su gran admiración musical durante su juventud hacia Rúben. Eso me hizo pensar cómo a veces los uruguayos pensamos que recibimos tanta influencia de la música argentina y me parece que se nos pasa un poco por alto que también nuestra música los ha influido a ellos. El carácter del tema tiene todo que ver con Rada: candombero, rockero y muy funky, impresionantemente bailable, y un deleite Armani tocando la guitarra. Me encantó que algunas de las combinaciones de sus notas, sin ser las mismas, me hicieron acordar a temas concretos de Rada. La verdad que un tributo excelente a nuestro ídolo. Como no podía ser de otra forma, Martín y Fede le dieron un plus mágico: mucho aire en la base. Si bien la guitarra tenía una impronta más compacta, ellos “abrieron los leños de abajo de la hoguera” y eso, evidentemente, hizo que la danza de las llamas tuviera un vuelo mágico. En cierto momento del tema, Armani le hace seña a Martín (y quizás a Fede también) y en ese momento tan temprano del toque, Martín hizo toda su magia, toda su creación de realidades soñadas: con ese amor a la música que lo caracteriza, súper dulce, a un volumen muy bajito (pues era lo que pedía ese momento), pero resaltando ciertas figuras candomberas, y en dupla con Fede, con quien suenan como una unidad indivisible y eterna. Mientras Martín y Fede tocaban esa magia, Armani se ganó mi simpatía profunda, pues su cara de goce durante el solo de Martín fue genial de presenciar. Yo pensé: “Bueno, si vibra así, igualito que yo, con este momento, entonces necesariamente estamos en la misma frecuencia”. No sé si le pasará muy seguido a Martín que le den esa vida, esa posibilidad de hacer un solo tan largo ya en el segundo tema. Y de hecho el tema terminó con el solo suyo. O sea: el subidón de energía que teníamos a esa altura, al minuto 13, ya era imparable… y nunca descendió.

Luego de ese segundo tema, Armani comentó cuánto admiraba al Chapa (“Yo estoy muy agradecido de ser amigo de esta bestia que hace todo bien”, dijo) y a Martín y Fede (“Hoy probamos a la tarde y pasamos los temas y la verdad que ya era para grabar… son tremendos”).

El tema siguiente, “Dar un paseo”, fue una genialidad. ¡Me colgué de una manera con la base rítmica! Fue una gozadera bestial… algo de morirse. Un tema súper sentido de parte de Armani, tocado con enorme sensibilidad, con un balance perfecto de dulzura y garra (no charrúa pero sí argentina) y esa base, sí charrúa, maravillosa. Fue un tema que se me quedó corto. Yo hubiera querido que durara el resto del toque… porque no podía creer la felicidad celular que sentía.

Y la cosa continuó con otro tema que si bien era un poco más calmo, gracias al cielo mantuvo bastante del carácter general del anterior. La sensación corporal era de querer saltar de la silla y ponerse a bailar… y pedirles a los tres que por favor repitieran cada compás mil veces para poderlo incorporar plenamente. Otra vez Martín hizo su despliegue de magia con esos acentos mágicos y esas frases tan perfectamente articuladas y con ese gusto musical que lo caracterizará por toda la eternidad. Y dudo que haya mejor bajista (bueno, a excepción de su hermano Andrés, claro) para tocar con Martín que Fede. Son una unidad impresionante… hacen algo muy hermoso juntos. Se adivinan uno al otro todo el tiempo y conversan “de ojos cerrados”, creando una música muy, muy maravillosa. Ahora, me asombró mucho que Armani no quedaba para nada por afuera de esa magia conjunta. De hecho Armani me sonó muy familiar, si se quiere. Por supuesto que con una impronta nueva, con esa confianza extra que traen los grandes que vienen del exterior y que se distingue claramente, como si fuera un acento extranjero al hablar, pero bien dicho está que la música es el lenguaje universal… porque este trío fue esa noche en el Francesco una fantástica unidad de sentido y sensibilidad.

Siguió una especie de canción de cuna de enorme belleza, en la que Fede tocó tan pero tan hermoso, que parecía que las notas del bajo se metían en las venas y empujaban la sangre a voluntad. Y Martín con su palo en el aro… ese jaque mate que nos deja en estado de excitación por días. No, no crean que por asemejarlo a una canción de cuna se trataba de algo empalagante ni inocente. Para nada. No sé cómo explicarlo. Este tema se llama “Aire” y está en el CD del mismo nombre, así que pueden escucharlo ahí. No dejen de escucharlo. Quedan avisados de que se enamorarán.

Hasta aquí íbamos por el minuto 40 del toque y mi pecho estaba a punto de explotar de tanta belleza. Fuera de broma, dudaba si no terminaría desarmándome de tanta fascinación. Me daba miedo que las células se desconectaran entre sí. Estoy bastante segura de que un día va a pasar… quién sabe dónde me rematerializaré.

La noche siguió en ascenso: cada vez más candombe, cada vez más funk, cada vez más frases interesantes en todos los instrumentos. Fede Righi tocó un solo endemoniadamente bello en un tema precioso compuesto por Armani en honor a Jimmy Hall. Amo el sonido que Fede elige para su bajo: ese sonido más bien agudo… no sé explicarlo mejor que eso, pero es hermosísimo. Y el ritmo bestial, que por supuesto estaba apuntalado por el otro bestia, que dialogaba… o que co-construía su solo. En las notas de Armani me sorprendió que llegaba esa admiración de la que habló cuando presentó el tema. No deja de sorprenderme lo mágico que es que la música pueda transmitir la experiencia humana con tal detalle y profundidad.

Siguió otro tema súper dulce y querible. Me pareció fascinante esa alternancia entre “te destrozo el alma con el tema más funky y cool del mundo” y “te desarmo el corazón con el tema más dulce que hayas escuchado nunca”. Armani toca sus notas con un convencimiento gigante y eso es una belleza. En este tema en particular, Martín acompañó con escobillas y Fede apoyaba con unas frases que me pareció que se repetían bastante, así que una podía dejarse volar con la guitarra que ofrecía una propuesta bien bonita de viaje emocional. Pero lo que arrancó como un tema súper manso fue ganando en intensidad y para cuando estaba por terminar, el corazón ya estaba al galope otra vez. Pero no por mucha nota, ¿eh? [que a mí eso ya no me aporta], sino por una transmisión de fuerza, de intención, de magnitud envolvente… hermoso, hermoso. Algo digno de vivirse. Ah, ¿no les dije? Bueno, aquí va: cuando vuelva Armani por estas tierras, ¡tienen que ir a escucharlo! O sea, pueden no ir… pero perderse esta experiencia es una picardía espantosa. Y si Armani llegara a leer esto, de mi parte le ruego que vuelva a tocar con Martín, Fede y el Chapa. Y si fuera posible, ¡que graben el toque y lo editen como CD!

Al terminar ese tema, alguien dijo: “Gracias, Jorge”. Y yo apoyaba en silencio: sí, sí, sí: “gracias”.

La noche continuaba con más sorpresas: una gran versión del tema de Zitarrosa “El violín de Becho”. Pone la piel de gallina pensar cómo el arte inspira al arte, y luego inspira al arte otra vez, y así sucesivamente, quizás hasta la eternidad. El violinista Becho Eizmendi inspirando a Zitarrosa; Armani inspirado por la inspiración de Zitarrosa; y esta noche en particular este trío inspirado por la versión de Armani y por Alfredo. El amor que llegaba de las notas de Armani en primer lugar y del trío era muy grande.

Al tema siguiente otra vez sobrevino la necesidad imperiosa de saltar de la silla y ponerse a bailar. Otra vez llevados del cuore a funkylandia con toda la calidad musical. Qué noche bestial… solo para corazones fortachones. Otra vez los acentos de la bata ¡y los silencios puestos en los momentos justos!, generando emoción (¿Rimshots? Creo que sí) y el bajo descosiéndola, arrugándola, metiéndola en todos los ángulos con un solo de no creerse, mientras la guitarra viajaba con igual medida de virtuosismo y sensibilidad. De la cumbre del éxtasis al momento más íntimo este tema fue un delirio de emociones. Chapeau, Armani.

Por acá yo ya estaba casi para hacerme un control cardíaco y el inconsciente de Armani avisa que invita al escenario a Juan Pablo Chapital. Yo tenía todas las dudas del mundo si sobreviviría para contarlo… pero aquí estoy haciéndolo, así que parece que lo logré… menos mal porque quiero volver a vivir esta experiencia alguna otra vez antes de partir a otros rumbos.

Tengo un pequeño problemita con la música que toca el Chapa… ¡me deconstruye! Me eriza, me enamora, me desarma, me embelesa… qué sé yo. Como dirían por el norte, “you name it”. Y hablando de nombrar, este tema se llama “Si quisiera”. Por supuesto que está en Youtube, como varios de los anteriores, pero esta instancia en particular no está, y realmente no saben lo que se perdieron quienes no fueron. El Chapa no toca la guitarra… El Chapa arma mundos mágicos con esos dedos y su conexión a su corazón. Cada nota que crea se expande por todo el lugar de una manera tan increíble… y se te mete por los poros y se te instala… y ta, ni intentes salir ileso porque no hay caso. Es como que abre un portal dimensional. Te juro que no exagero nada, ni una pizca… nada de nada. Es así mismo. Me impresionó el buen gusto de Jorge en cada nota que eligió para tocar junto con el Chapa y era impresionante la sensación divina que generaban esos dos seres, cada uno con su estilo bien marcado pero a la vez tan compatibles y tan complementarios que eriza. Me fascinó la caballerosidad de ambos guitarristas cuando el otro tenía el protagonismo. Son gestos humanos hermosos que quedan muy en evidencia en el acto creativo musical.

Luego los cuatro tocaron la canción “Infancia”. “No quiero renunciar a la infancia”, dijo Jorge. Y me hizo pensar que los músicos que se entregan al acto musical con cuerpo y alma en verdad son como niños jugando, creando, disfrutando. Quizás sea por eso que nos emociona de esa manera a quienes los escuchamos y nos dejamos atravesar. Este tema resonó más con mi mente que con mi corazón… quién sabe por qué. Lo percibí más pensado que otros, quizás. Y eso de alguna manera me hizo bajar un poquito la adrenalina bestial que traía… hasta que sobre el final, como burlándose de mi altanería, una frase se repitió con tremenda profundidad y mi corazón se desarmó otra vez. Supuestamente era la última pero el pedido de “oter” [si se perdieron la anécdota es porque no fueron, así que a llorar al cuartito] fue firme y decidido de parte del público y nos regalaron un blues tremendo. Se llama “Deep Purple”. Al Chapa se le ocurrió incluir la melodía de Birdland en un solo al comienzo del tema. Esa frasecita, que vienen a ser apenas unas 16 notas -o algo así- es algo que te dispara afuera de la atmósfera sin más vueltas. Pero si encima está tocada por este monstruito, que logra perforarte así… mortal. Ese blues fue un remate de noche espectacular, con la adrenalina a tope.  El tema terminó con una sucesión maravillosa de cuatro y cuatro, en la que Martín, con esa actitud corporal de humildad extrema, para decirlo en criollo: “la hizo de goma”.

Y así llegó el final de una noche musical para el infarto. Esperemos que se repita lo antes posible, porque la propuesta fue un disfrute de principio a fin.

Antes de despedirme, quiero avisarles acerca de dos asuntos importantes:

Federico Righi, el creador de tanta magia musical en nuestra ciudad, necesita operarse de la columna en Alemania el mes que viene (agosto). Para eso, unos amigos suyos abrieron un par de cuentas para que la gente pueda colaborar. Les paso estos datos y les pido que quienes puedan dar una mano, por favor lo hagan. Aunque sea poco, en la suma de muchos hace una gran diferencia.
1) Banco República. Caja de Ahorro en Dólares. Sucursal 191. Número de cuenta: 0409633. A nombre de Nicolás y/o Germán Parrillo.

2) Abitab: Colectivo Nº 77873.

Lo otro que quiero contarles es que el 6 de agosto, o sea el próximo domingo, a las 20 horas, Juan Pablo Chapital toca con su grupo en El Mingus y presenta temas suyos nuevos. Es una oportunidad completamente imperdible. Presenciar un concierto suyo a poquitos metros de distancia, casi como si estuviera tocando en el living de tu casa, es algo que si yo fuera tú, no me perdería ni loca… y de hecho no me lo voy a perder.

Che, y gracias por leer mis torpes intentos de contar lo que generan estos monstruos. A la música no se la cuenta, no se la puede describir sin quedarse tristemente corto. La intención con estas reseñas es principalmente decirte que pasa mucha magia en estos conciertos y animarte a que te acerques a gozarte la vida. Si logran eso, aunque sea una vez, entonces tienen sentido.

Y si todavía nunca escuchaste a Jorge Armani, buscalo en Youtube para que la próxima vez no se te pase.

A Jorge, Martín, Federico y Juan Pablo: Muchas, muchas gracias por un viaje fantástico. Que se repita, por favor.

Fotos: Adriana Xalambrí y Jorge González.

 

 

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Patricia Schiavone

Patricia Schiavone

Patricia Schiavone es Coach Personal, Practicante e Instructora de Reiki y amante de la música. Su página de facebook: @sersentiryhacer y su web: https://patriciaschiavone.com







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