Ismael Serrano Gira "La Llamada" Auditorio Nacional Adela Reta - 2 DE OCTUBRE 2015 - Foto © Virginia Prado

Historias cantadas, Ismael Serrano en el Sodre

Érase una vez un niño de 41 años abrazado a una guitarra. Érase una vez el mar sobre el escenario, la luna y las estrellas. Érase un cuento musicalizado con cuerpos bailando al ritmo del candombe.

Historias cantadas. Versiones nuevas. Alguna canción inédita y la presentación de su último disco “La llamada”, título que homenajea al carnaval uruguayo .

“En los siguientes instantes, familiares y amigos, comienza todo”, dice Ismael recordando a Machado y a Benedetti. España vive tiempos de efervescencia política y cultural, y de ahí –afirma – nacen sus nuevas canciones. Hay candombe, hay bachata y hay un universo repleto de imágenes para flotar. Nos recuerda su Recuerdo con la profundidad del mar en calma. Rescata antiguos sueños con Papá cuéntame otra vez. Canta a Sabina, a Ibáñez, y emplaza una cuerda de tambores de La Melaza con Candombe para olvidar. Alguien grita: ¡Grande botija! Y llueve en el escenario. Ismael sopla y una rosa roja se ilumina. Lanza estrellas en la noche cerrada del Sodre y cuenta cuentos de dragones, cerdos, lobitos y flautistas que obligan a pensar. “A veces amamos lo soñado como promesa y no como realidad”, sentencia. El Sodre se levanta, y él, junto a sus músicos, envuelve el corazón, lo lanza y grita: “estamos ante una generación de ciudadanos que se miran los unos a los otros”. ¿Moraleja? La lucha continúa, amigos, todavía podemos soñar.

 

Imagen portada: Ismael Serrano Gira «La Llamada» Auditorio Nacional Adela Reta – 2 DE OCTUBRE 2015 – Foto © Virginia Prado

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Lucía Baltar

Lucía Baltar

Ciudadana del mundo, mendiga en la tierra. Gritó por primera vez una mañana de marzo de 1987. A los 12 años escribió sus primeros poemas –todos ellos prescindibles-. Llenó libretas durante años. Ganó un premio literario a los 19. Estudió la carrera de psicología pero nunca se atrevió a ejercerla. Terminó un Máster de Escritura Creativa y realizó un poemario. Emigró de España en abril de 2014 –su pasaporte dice que nació en las Islas Canarias. Ella no lo niega–. La mayor parte de su tiempo lo pasa observando la vida de otros, leyendo la vida de otros y escuchando la vida de otros. Ahora se entretiene escribiendo con la luz y robando suspiros con la cámara fotográfica. Ha aprendido a cebar mate, a decir “ta” y “bo” mientras habla y a cruzar en rojo. Se distrae con facilidad, se apasiona por completo y escribe para gritar con igual intensidad que aquella mañana del 87, es decir, con sangre, fluidos y la carne desgarrada.

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