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Henri Cartier Bresson y Vivian Maier en Buenos Aires

Este post es sobre todo para mis amigos fotógrafos.

Viajé a Buenos Aires a ver las exposiciones de Henri Cartier-Bresson y la de Vivian Maier sabiendo que, como tantos de nosotros, ya conocía las fotos. Hay una diferencia entre los libros y las impresiones en las que se aprecia la densidad de lo analógico, la huella de la luz sobre el material y las “imperfecciones” que tanto nos esforzamos en evitar hoy en día. Como sabemos, no hay nada espectacular en las fotografías de HCB. Tampoco lo había en la puesta. Ni el impacto de los eventos fotografiados, ni el porte de las impresiones (30 x 45, 40 x 60) eran el asunto.

Sentí la emoción de enfrentarme cara a cara con esas viejas fotos conocidas, una junto a otra, distribuidas en salas pequeñas que permitían un encuentro cercano con cada foto, reunidas en una selección que abarcaba décadas de trabajo constante. ¿Qué distingue a un fotógrafo de alguien que toma fotos, incluso buenas fotos? La continuidad consciente de un esfuerzo orientado a un propósito que guarda una reflexión acerca de la fotografía: acerca de su naturaleza, de su lugar en el campo de las producción de imágenes y de su buen uso. Podemos acordar o no con HCB acerca de estas definiciones complejas (qué es la fotografía y para qué vale la pena usarla) pero no hay dudas acerca del sentido, la convicción y la perseverancia con que trabajó.

Confieso que es un fotógrafo que admiré y del cual me fui desinteresando. La muestra me recordó la complejidad escondida en la aparente sencillez de algunas de sus fotos y me reconcilió (estoy parafraseando y contradiciendo a Marcos López) no tanto con la “estética del hallazgo y de la credibilidad” sino con un fotógrafo que puso a la fotografía en un lugar que nos ampara al mismo tiempo que nos compromete. Entre las emociones que sentí al recorrer la muestra estuvo un sobrio orgullo de la profesión, como si esa larga sucesión de buenas fotos hechas con medios mínimos fuera una gran reivindicación de la fotografía que nos alcanza a todos.

Tuve tiempo de ir de La Boca a Palermo a ver a Vivian Maier y volver para una segunda visita, aunque muy parcial, de la muestra de HCB. Las impresiones de Maier eran buenas pero no tenían la calidad de las copias que acababa de ver. Eran chicas respecto al espacio y se estiraban en una línea continua, en una sala enorme y anodina donde nada propiciaba un encuentro cálido con las fotografías. Sin embargo, ahí estaban las imágenes, brillando a pesar de las adversidades de la puesta. Son, en general, fotos más simples que las de HCB. En algunos casos participan del documentalismo desencantado de Frank o de Arbus a quienes, probablemente, no conoció. Cuando se vale del humor hay, en algunos casos, un ligero tono de burla que HCB jamás se hubiera permitido.

Regresé a la muestra de La Boca para una segunda visita y entonces me di cuenta de lo que me pasaba: no puedo sentir lo documental de las fotos de HCB aunque me conste que son capturas de una escena intocada. Incluso cuando se trata de fotos que hacen a la Historia, como la delatora francesa, o los obreros soviéticos bailando en una cantina, todo luce tan perfecto, cada personaje tan ajustadamente caracterizado y en su lugar, que tengo la impresión de estar ante la foto fija de un film.

El asunto constante de las fotos de HCB es la perfección de la toma. La precisión del encuadre y del disparo se convierten en el tema excluyente de una imagen a otra. Lo fotografiado se borra en la foto.

No puedo ver a través de las fotos de HCB: lo que veo es siempre su maestría para capturar una escena perfecta. La emoción que producen sus fotos es la de acercarse a su genio pero no la de acercarse a sus sujetos. HCB es sofisticado y Vivian Maier, en comparación, es simple y hasta brutal. (En ambos casos, estoy hablando en general y lo que digo no vale para todas las fotografías). Pero en alguna de las obras de Maier, quizás, sobre todo, en los retratos, la foto desaparece y se siente la conmovedora presencia de los protagonistas.

Son dos emociones de distinto tipo. Una parte de la maestría del fotógrafo y está orientada tanto hacia la foto como hacia su autor. Cartier-Bresson dijo de Kertész que en sus disparos sentía el latido de su corazón (“Au déclic de l’appareil de Kertész, je sens son coeur battre” ). Diría que eso mismo es lo que provocan sus fotografías.

La otra emoción tiene que ver con sentir la presencia de lo fotografiado. Esto requiere que la foto y el fotógrafo desaparezcan. Es una empatía con el sujeto antes que un sentimiento de admiración hacia el autor.

Creo que esto fue lo que aprendí yendo y viniendo de una muestra a la otra en la misma tarde. Cosas que pueden pasar en Buenos Aires.

 

Ricardo Antúnez

ricardoantunez.tumblr.com

ricardoantunez.com

adhocfotos.com

tris.edu.uy

 

 

Imagen portada: difusión en internet

 

 

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