horacio cavallo fotorreportaje 15 diciembre 2015 foto paola scagliotti

Fotorreportaje a Horacio Cavallo

Nací en Montevideo la última hora de 1977. Escribo por la manía de contarme a mí mismo algunas cosas que aparecen con fuerza y otras como hilachas. Unas veces en verso y otras en prosa. No sé de qué depende que me meta en uno u otro registro. Sucede. Escribí versos en el baño de una fábrica donde, como ahora, laburaba diez horas diarias. Unos cuantos años más tarde tuve la suerte de conocer algunos países gracias a la escritura. Eso hizo que al bajar del avión antes que la alegría aparecieran el asombro y el llanto. Algunas de las cosas que escribo están acá: horaciocavallo.blogspot.com y acá: horaciocavallo.com

 

 

Flor del ciruelo                                         A la memoria de mi compadre, Germán Borelli

Demoré el encabezado de esta carta

y ahora que es de día y que se acerca

tu rostro una vez más con el sonido

de una moneda que salta a la nada

y gira con la sed del oroboros

trataré de aceptar que mientras viva

no estarás en la barra de El Piropo

ni en el Tío Francisco donde fuimos

compinches con muletas: carne y uña.

Hermano, donde hablamos de nosotros

y el mundo que rodea hasta la llaga

el mundo, esa sordera, ese paisaje

caído de algún sueño donde flota

el triste corazón del desquiciado;

el mundo que dejaste una mañana

oyendo el ida y vuelta de la costa

con arena en las botas, con los dedos

apuntando hacia el centro de la mano:

el mar, Germán, el mar, ese bramido

y ese viento salado que llevaba

y traía tu cuerpo, las gaviotas

que volaban al sur dando alaridos.

Después todo es atrás, es una tarde

hace dieciséis años, una casa

adonde aparecí de visitante.

Hubo una bicicleta que dio el nombre

con el que iba a llamarte desde entonces.

En Andes al llegar a Paysandú

tu nombre tuvo forma y ojos negros;

libros amontonados y un Polleri

que ofreciste con gesto generoso

Ya se había puesto el sol. Era la noche.

 

¿Cómo saber qué cosa, qué palabras

apiladas al borde de una mesa

nos volcaron al otro, qué certeza,

cuál duda consiguió que compadrearan

tus versos con los míos, las canciones

que escuchaste de niño en el DF

con tu fascinación por las corridas,

-nombras a El Pana en la última que afirma

que fue resplandeciente aquella tarde

en la que me hice padre, y fuerte, y hombre-

las máscaras, las rolas de Rodrigo

la maestra Enriqueta, los volcanes

que mirabas al frente de tu casa,

los monos que colgaste de los muros

en una adolescencia de exiliado

dibujándole rostros a tus brazos

y una luna extraviada en la brasa de un fósforo?

 

Fuimos entrando al mundo hombro con hombro.

Yo levanté mi casa con tus manos,

tuvimos los feriados con canciones

y te dejé ser padre de mi hijo.

Después esa amargura que los hombres

a veces llaman vida: el día a día

nos fue arrastrando a un lado y a otro lado:

Sé que ibas hacia el este y que buscabas

un lugar donde fuiste feliz en otro tiempo

¿Qué canciones cantabas? ¿Qué dolía

con la fuerza de un vidrio entre la carne?

¿Dónde quedó la noche en que miramos

caer lo que caía del ciruelo?

H.C.

 

 

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Paola Scagliotti

Paola Scagliotti

Comencé hace muchos años con la fotografía como autodidacta y lo sigo haciendo hasta el día de hoy. Realicé varios cursos en la Escuela Uruguaya de Fotografía y video (EUF) participando de algunas muestras colectivas. Disfruto mucho de tomar fotos en recitales y en lecturas poéticas. Algunas de mis fotografías forman parte de trabajos poéticos editados y acompañan artículos publicados en la revista [SIC] de APLU y otros medios de prensa. Actualmente colaboro con un proyecto llamado “Orientación Poesía” y con el ciclo de lecturas de la antología ultra joven “En el camino de los perros" realizando el registro fotográfico. Desde 2015 colaboro en el portal “cooltivarte” realizando la cobertura de diferentes eventos culturales y llevando adelante una sección de fotorreportajes a poetas uruguayos llamado “Fotopoetas”.







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