Sandra Míguez

Extraviada, entrevista a Sandra Míguez

El ciclo que COOLTIVARTE dedica a los poetas tiene una nueva entrega. Esta vez es Sandra Míguez la entrevistada, que nos deja sus reflexivas respuestas acerca de sus motivaciones para escribir, el significado de la poesía y su relación con el lenguaje.

Sandra ha obtenido distintas menciones por su trabajo literario, por ejemplo una Mención Especial en un concurso organizado por la Intendencia de San José y la Fundación Pablo Neruda, o la premiación en el concurso de poesía “Una voz en el abismo” en Lima. Ha publicado su trabajo en “Mil Cuernos”, “Vademecum” y “Ágora”, y también participa en diferentes lecturas colectivas e individuales.

“la poesía debe decir algo, dejar algo, si no lo hace, no tendré la sensibilidad para captarlo”

-¿Qué significa para ti la Poesía?

-Parte de mi vida, al igual que la danza. Dos cosas que nacen de mí y me definen. Es un hacer constante, una forma de mirar el mundo y de pararse en el mismo. Una herramienta sensible que al mirar lo externo, capta nuestra atención. Puede sonar repetitivo o un cliché, pero lo siento de esa manera, una de las tantas perspectivas que elige admirar la belleza de lo simple, pero no de forma ilusa, si no reflexionando acerca de aquello que somos o mejor dicho, nos vamos haciendo.

-¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Cómo trabajas hasta concretar un poema?

– No busco escribir poesía, ella me busca a mí. Todo parte de las imágenes y el poema finalizado también lo es, tal vez, una imagen sensitiva.

Cuando hablo de imágenes, las vivo de dos maneras, por un lado, en cierta forma uno va por la vida como un fotógrafo, observando hasta dar con el encuadre o el detalle justo. Y por otro, todo aquello con que tomamos contacto –libros, películas, arte en general, personas, diálogos, sueños… deja algo que nos marca y sigue su curso vaya a saber por dónde y luego deviene en palabras.

A diferencia de otros poetas, amigos y conocidos, que se plantean sentarse a escribir, digamos que me sucede lo contrario, las imágenes que captaron mi atención y quedaron rondando en mi cabeza me obligan a tomar un lápiz y escribir.

En general, escribo sin pausa, como un acto de catarsis, de verborragia. Cuando supuestamente el poema está terminado, lo leo muchas veces durante un tiempo, tal vez semanalmente recurro de nuevo a los textos con los que estaba trabajando. Luego tomo distancia por unos meses. Mientras, leo otros textos -propios o ajenos- y después de ese tiempo –relativo- vuelvo a leerlos y comienza lo que podría decirse proceso de limpieza. En primera instancia hablamos de la imagen como primer elemento hacia la concreción de un poema, en segundo lugar estaríamos situando a la fonética como gran seductora. En definitiva, la búsqueda se dirige hacia un constructo musical eufónico.

Algunas veces, cuando lo considero terminado, se lo envío a dos grandes poetas y amigos para que me digan que les parece.

Y también pasa que luego de este trabajo puedan volver a la carpeta de poemas inconclusos o de revisión.

-¿Cuál es tu motivación a la hora de escribir? ¿te encuentras “bloqueada” en algún momento?

-La poesía nace de un estado especial y que tiene que ver con aquellas cosas que nos movilizan, ya sean vivencias, sueños (propios o robados), ficciones, imágenes, etc.

Simplemente escribo sin pensar demasiado. En general son imágenes o ideas las que me llevan a escribir, tal vez la persecución de “esa” imagen y no otra.

En lo que respecta a los bloqueos, sí, muchas veces me ha pasado que no escribo por determinados períodos, pero se trata de un fluir o un respiro. Al menos me lo tomo de esa manera ya que las palabras siempre vuelven. Podríamos decir que están latentes, pero seguro llegarán en su momento…

-¿Cuál crees que es el perfil del lector de poesía?

-Necesariamente hablamos de un ser con una sensibilidad especial. Alguien cuya curiosidad le lleve a querer escuchar las mismas cosas plasmadas de forma diferente. Desconozco que cosas llevarán a una persona a leer poesía, podría ser inquietud, curiosidad o la mencionada sensibilidad que un día lo lleva a encontrarse con la poesía.

En mi caso fui escritora antes que lectora de poesía y la necesidad de escribir, más las bellas cartas de mi padre me llevaron a leer poesía.

-¿Cómo es editar poesía hoy en Uruguay?

-Creo que es más fácil, el surgimiento de editoriales convencionales y no convencionales y, a su vez, la gran cantidad de escritores que demandan publicar ha provocado que se acorten las distancias entre escritor-editor.

De la misma manera, gracias a las editoriales no convencionales, hoy en día es más accesible económicamente hablando.

-¿Cuál es la relación de los poetas y de la poesía en general con las editoriales hoy en Uruguay?

-Es una relación más cercana, a la vez que competitiva. Hay de todo, personas que más allá de lo económico, tienen interés en ampliar la cultura y aportar al consumo, ya no tanto de banalidades, si no de arte y cultura. Y también hay personas que sólo les interesa lucrar y publican cualquier cosa sin un objeto o patrón crítico aparente.

-En los concursos de poesías ¿Qué tan subjetiva es la elección de un poema para que unos sean publicados en un libro y otros queden afuera?

-Si hay sujeto es imposible que exista objetividad. Por ende, estaríamos hablando de grados de subjetividad que podemos clasificarlos de mayor a menor grado de ética.

La elección va a depender de muchas cosas, como ser, el gusto estético, las lecturas personales de cada uno, de lo que se piensa acerca del mundo que involucra el accionar, de la postura filosófica e ideológica, de la sensibilidad para captar la obra, del ideal de cada uno con respecto a la poesía, y lamentablemente del amiguismo, la “favorcracia” y la incapacidad del ser humano de aislar la persona de la obra.

-¿Cómo es su relación con el lenguaje, con las palabras? ¿Usted las busca, las persigue o ellas llegan?

-Siempre tuve afinidad o desagrado con ciertas palabras. Es decir priorizo la fonética sobre los demás aspectos referentes a una palabra. Nunca voy a utilizar palabras desagradables, o palabras que me producen desagrado, fonéticamente hablando, más allá de que su significado sea imparcial.

En este sentido puedo decir que soy bastante conservadora, pero en mi gusto estético no hacen a la poesía, no aportan nada, si no todo lo contrario.

Las busco en una segunda instancia, pero generalmente llegan.

-¿Cómo ves la poesía actual en Uruguay y en ella a tu generación con respecto a las anteriores?

-Para responder esta pregunta debo introducir el aspecto más relevante para lo que considero ha pasado en el curso que ha tomado la poesía en Uruguay.

La tan discutida posmodernidad ha colaborado o resucitado una especie de dadaísmo en el hacer poético, donde da la impresión que “todo vale”. A veces leo cosas cuya creación parece haber nacido de escribir palabras sueltas y mezclarlas para luego tirarlas y ver que queda. Esa poesía no me dice nada, la considero vacía de contenido. Vale aclarar que, dentro de un mismo texto, me resultan interesantes algunas cosas aisladas, pero si tengo que juzgar el poema en su totalidad, no me deja nada. Y esto abre una gran discusión atemporal de ¿qué es arte? ¿qué es poesía?

Como nadie tiene la verdad sobre nada, me remito a utilizar esta herramienta como regla general: la poesía debe decir algo, dejar algo, si no lo hace, no tendré la sensibilidad para captarlo, pero no quiere decir que ese texto “no sirva” o “sea malo”.

Por otro lado he tenido el placer de conocer muchos escritores jóvenes cuyos textos, sí forman parte de la búsqueda estética, con ciertos hallazgos literarios, algunos plasman un mundo real-imaginario logrando una combinación que sorprende y transmite mucho de lo que han transmitido otras generaciones. Estas dos formas coexisten y de alguna manera se retroalimentan, ya que todo nos deja algo…

Con respecto a las generaciones anteriores, asistimos a un empobrecimiento intelectual, en donde las ideas se personalizan y en general hay una incapacidad de quebrar el binomio persona-idea y cuando uno habla de algo parece que en realidad estuviera hablando de alguien, lo que suscita agresividad y mediocridad.

-¿Qué te generó o dejó la generación del 45’?

-Mucho que pensar y una gran cantidad de aportes literarios y filosóficos.

Fue una de las generaciones más ricas, intelectualmente hablando. Con muchos debates y cuestionamientos acerca de la época y del conocimiento. Grandes poetas de los que se aprenderá siempre y debo citar a Idea como una de las primeras poetas que leí y me dije “es esto”…

-¿Qué libros nunca has podido terminar de leer y por qué?

-Seguramente muchos, pero prefiero decir qué aspectos de un libro han logrado que lo abandone.

Cuando la historia pasa de lo mágico a lo anecdótico por largos capítulos y parece no retomar el camino anterior, que era más interesante. Cuando es previsible, cuando empieza por “Yo”, cuando tiene muchos “yo”, cuando por varios capítulos pareciera ir en espirales sobre la misma cosa y sin aportar nada.

En fin todos aquellos aspectos que aburren o empobrecen el texto.

 

-¿Cuáles son los 10 libros que recomiendas leer?

-Bueno, me resulta extremadamente difícil recomendar 10 libros. Creo que el ser humano debe leer un poco de todo. Podría hablar de ciertas temáticas y de ciertos autores, pero aun así, me resulta inabarcable. El ser humano debería leer todo aquello que lo haga pensar, ya que es una asignatura que cada vez está más en desuso. De la misma manera considero que más allá de leer conocimiento digerido, es menester consultar siempre la fuente, dada la diversidad de las lecturas acerca de lo que pensó o dijo otro. Por ende, la filosofía debe ocuparnos bastante tiempo, mucho tiempo, todo el necesario, como si fuera nuestra sombra.

Luego cada uno hará su selección de textos, de autores o de ramas particulares del conocimiento que en última instancia están íntimamente vinculadas.

-¿Qué opinas de los ciclos clásicos de nuestro medio, ejemplo Caramelos y pimientos, Ronda de poetas, etc.?

-Hablaré de la Ronda de poetas. Me agrada el entorno, el apoyo de las personas que lo llevan a cabo. Es un ciclo muy interesante que promueve la escucha de voces nuevas y en muchos casos de grandes hallazgos. Es un espacio donde promover el pequeño aporte que uno hace al arte y todos son bienvenidos sin filtro ni restricción alguna. Es como estar en el living de casa. Y agradezco enormemente a Martín Barea por haber tenido la oportunidad de leer en La Ronda de poetas en varias ocasiones.

El único detalle desagradable es que algunas personas se dedican a hablar mientras hay otros que están leyendo. Eso me resulta una falta de respeto, ya que tienen la libertad de irse a charlar a otra parte si no les interesa lo que escuchan.

 

-¿Qué palabras le dirías a alguien que está comenzando en esto de la poesía, alguien que ha decidido ser poeta?

-Diría que no se decide ser poeta, se nace poeta. Y lo único que le diría es que tome conciencia que es una búsqueda para toda la vida y la mayor dificultad es lograr una voz propia y sobrevivir a la mediocridad.

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