imagen - LA IMBAILABLE + SALADOS en Sala Zitarrosa - 14 de julio 2015 Foto © Jerónimo López

EXPLOTÓ LA ZITARROZA DE SABOR: La Imbailable + Salados

El martes 14 de julio, se activó la pachanga en el Teatro Sala Zitarrosa con dos bandas que sacudieron más que las palmas: Salados y La Imbailable Orquesta, ambos grupos estuvieron seleccionados como ganadores del Programa de Fortalecimiento de las Artes, por la Intendencia de Montevideo.

La cita estaba pautada para las 21:00h. El público entró cinco minutos antes y a las “en punto” los integrantes de Salados entraron al escenario con toda.

No hubo transición para poder calentar el cuerpo, la acción comenzó de una vez con su tema Que siga la fiesta. Debido al invierno, el tiempo de reacción para entrar en sabor fue lento, pero no más pasaron unos minutos y ya la gente tenía las palmas en el aire.

Dar nuestra luz es siempre dar o que a otro le puede faltar, con esas palabras abrió el vocalista Jesús Cabrera, para seguir con el tema “Dar tu luz”.

No hubo gente de pie, pero en representación de todos, se paró una niña al frente del escenario y se bailó todo. Era la hija del vocalista, pero eso se supo al final.

La canción “Hay amor, amor”, vino una coreografía del guitarrista incluida. Él invitó a todos a seguirle con unas señas sencillas con las manos y toda la sala le siguió. Al final, cuando terminaron y pasaron a ser espectadores de la presentación de La Imbailable, le comentó a su madre “¿Viste que intenté bailar?” “Sí, pero era mejor que te quedaras tocando”, le respondió ella entre risas.

También le hicieron un homenaje a los Auténticos Decadentes ¡Tremedo!

Salados es una banda familiar integrada por tres hermanos y dos primos que vinieron desde Barrio Nuevo París a probar suerte en Montevideo. Tienen unos 10 años juntos haciendo música rondando en los géneros pop, rock y pachanga.

Son pequeños, pero ¡vienen con todo! Si quieres ir a una fiesta que valga la pena y te ponga a bailar con toda la onda, puedes seguir sus huellas aquí.

La Imbailable

Después del rock pachangoso de Salados, llegó La Imbailable Cumbia Orquesta rompiendo los esquemas: en vez de guayaberas (remeras) de flores y vestimenta caribeña, sorprendieron vestidos de gala con sacos y moñas, todos bien peinados y Lucía Berná, la única mujer entre tanto hombre, iba de tacos.

A las 21:44h, la Zitarrosa se fue pa’l de caribe y comenzó la cumbia colombiana. Fueron dos horas seguidas de fiesta y gozadera, al principio solo unos pocos se levantaron a bailar, pero a medida que pasaba el tiempo, la gente se iba animando.

No hubo silencios ni esperas entre canción y canción, no sé cómo hacen los que están sentados para no bailar, dijo uno de los vocalistas, Santiago Masa (Tati) en un momento en el que los pasillos se habían transformado una pista de baile muy similar a un boliche; había tantas personas bailando que el chico de la iluminación tuvo que desviarse un poco de la banda y empezar a iluminar al público danzante.

Tolú, Gaita de las flores, Fiesta de negritos, Lloro, Mi pueblo, El mecánico y otros éxitos cumbiancheros latinos fueron los temas que tocaron: el que estaba sentado era porque quería.

Fue tanta la energía y el sudor que los únicos de la banda que quedaron con el saco y la moña intacta fueron el saxofonista Emiliano Airese, y el bajista Juan Martín López, que al parecer estaba enfermo en ese momento y tenía 39° de fiebre, aun así no se detuvo.

De más está decir que entre tanta rumba, el público pidió una canción más al final, lo que no era de esperarse es que la retribución fueran tres canciones.

Somos muy fáciles declaró el Tati.

Si eres de los que creen que nacieron en el lugar equivocado porque quieren sol y Caribe, seguilos aquí

Imagen portada: LA IMBAILABLE + SALADOS en Sala Zitarrosa – 14 de julio 2015 Foto © Jerónimo López

 
 

   

 
 

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Sinay Medouze

Sinay Medouze

Venezolana que se vino al sur buscando un norte. Comunicadora de título, escritora de corazón. Una viajera más que busca transmitir a través de palabras lo que ve y siente a partir de vivencias positivas y constructivas. Creo en la magia del verbo y en la palabra Gracias.







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