Alfredo Fressia - Foto: http://imanliteratura.files.wordpress.com/

Esperar, entrevista a Alfredo Fressia

Alfredo Fressia nació en Montevideo en 1948, y reside entre esa ciudad y San Pablo desde 1985. Es poeta, crítico de poesía, conferencista, profesor de literatura y traductor. de poesía brasileña al español

Traductor y editor de la revista mexicana de poesía La Otra. Ha realizado conferencias, seminarios, cursos en la Universidad de San Pablo, la Universidad Autónoma de México, Marshall, WV, Ohio State University, y la Fundación para las Letras Mexicanas.

Participó de festivales de poesía en Uruguay, Brasil, México, República Dominicana, Colombia, Chile, Nicaragua y Argentina. Su obra, fue premiada e incluye títulos como Un esqueleto azul y otra agonía, 1973; Clave final, 1982; Noticias extranjeras,1984; Destino: Rua Aurora (Brasil, 1986 y 2012, en Uruguay, 1997, en México, 2012); Cuarenta poemas, 1989; Frontera móvil, 1997; El futuro/O futuro, Lisboa (Portugal), 1998, y Brasil, 2012; Veloz eternidad,1999; Eclipse, 2003, reeditado por Alforja-Conaculta en México , 2006; Senryu o El árbol de las sílabas, 2008; Ciudad de papel, 2009; El memorial de hombres que me amaron, México, 2012; Poeta en el Edén, 2012, en México (La Cabra Ediciones) y en Uruguay (Civiles iletrados).

Hoy entrevistamos a Alfredo Fressia para nuestro ciclo de poesía llamado Quinto Desvelo. Y con sus respuestas se incorpora a un archivo que ya tiene numerosos pareceres acerca de la poesía en el Uruguay.

“Pienso que lo mejor que puede hacer un joven poeta es desobedecer, rebelarse, creer sólo en su intuición.”

-¿Cuál es su motivación a la hora de escribir?

-En gran parte los poemas se hacen solos. Dentro de uno. El trabajo del poeta es ponerlos en el papel y retocar algún detalle, a veces el esfuerzo está en no tocar nada, hay que esforzarse par ano hacer “retoques”. Y es bueno ir al papel cuando el poema ya está consistentemente armado.

-¿Qué significa para ti la Poesía?

-Es el espacio que me creé, o al que adherí, digamos, para existir más plenamente. Es mi pedacito de paraíso, el lugar donde recupero el perfume de la infancia y donde el mundo se reordena. Cuando escribo y cuando leo.

-¿Cómo es tu proceso creativo?

-Te dije que el poema viene entero o casi. Mi trabajo es detectar las pistas, anotar imágenes, y esperar. Mi real trabajo es esperar.

-¿Cómo es su relación con el lenguaje, con las palabras? ¿las buscas, las persigues o ellas llegan?

-Ellas llegan, siempre llegan. Podemos no anotarlas, pero siempre han de llegar. La cantidad de poemas que no llegamos a escribir es muy grande. Y no resultan por eso menos poema.

-¿Cómo es editar poesía hoy en Uruguay?

-En Uruguay, como en todas partes, editar está más barato. No debe ser tan difícil. Y hay que recordar que existen otros “apoyos” o “soportes” para la poesía, el internet, por ejemplo. También me gusta lo que hace Diego Cubelli en Lo Que Vendrá, imprime y pega libro por libro. Un poeta joven podría imprimir él mismo sus plaquettes, en fin, creo que vamos superando el libro como un destino, digamos. Para mi generación lo fue, sin duda, pero eso no debe perpetuarse.

-¿Cuál es la relación de los poetas y de la poesía en general con las editoriales hoy en Uruguay?

-Evidentemente cada editor va construyendo su propio canon: los libros de Vintén tienen la cara de Daymán Cabrera, los de Civiles Iletrados son muy Luis Pereira, etc. Por eso frecuentemente se componen “familias” poéticas. Y las relaciones que se crean son de un gran cariño (lo que, en poesía, no es un dato menor).

-¿Cuál crees que es el perfil del lector de poesía?

-El tema es que “el lector” es una ficción. Lo que existen son lectores. Y casi todos lo somos. Si te referís a los que compran libros de poesía, deben ser relativamente menos que los lectores, sin duda, pero la poesía no existe sólo en los libros, existe en revistas, en la calle, en internet, en ciertos muros, en algunas (pocas) canciones, en la memoria… No, no creo que se pueda hablar de “perfiles” sin caer en errores.

-En los concursos de poesías ¿Qué tan subjetiva es la elección de un poema para que unos sean publicados en un libro y otros queden afuera?

-No sé nada de concursos. Los premios que me han dado han sido de oficio, y cada vez desconfío más de “concursos”. En mis tiempos las vacas normandas eran las que más ganaban premios en la Rural.

-¿Cómo ves la poesía actual en Uruguay? ¿Y en ella a tu generación con respecto a las anteriores?

-La veo vital e irregular. Me gusta que las generaciones más jóvenes estén en contacto con otras partes de América, porque nos faltaba cierto cosmopolitismo. Cada vez lo vengo sintiendo más, tengo esperanzas y a veces descubro poemas, casi perlas. En cuanto a mi generación, es la del descalabro, la que se desperdigó por el mundo en los ‘70, o en la locura, o en el mismo silencio. Fue difícil volver a escribir después del salto en el abismo. De mi grupo, pocos lo hicimos. Resulta difícil, para decir lo mínimo, el cotejo crítico con la promoción que nos precedió.

-¿Qué te generó o dejó la generación del 45’?

-La estética, por ejemplo, de las poetisas (Amanda, Ida, Idea, y hay otras), o ciertas regiones de la obra de Sarandy Cabrera, también por ejemplo. Yo comprendo que la generación del 45 puede irritarnos, incluso porque trabajó con un proyecto de país que nunca se verificó. Pero a pesar de sus vicios, de cierta arrogancia en el “poder” literario admito que, en muchos casos, dejó una obra estética importante. ¿No es curioso que setenta años después todavía nos interpele, para bien o para mal?

-¿Qué libros nunca has podido terminar de leer y por qué?

-Los libros de falsa poesía, o esa poesía “yuppie”, o la poesía obediente. Los dioses me libren.

-¿Qué opinas de los ciclos clásicos de nuestro medio, ejemplo Caramelos y pimientos, Ronda de poetas, etc.?

-Bueno, son un lugar de encuentro y de descubrimientos. Ojalá hubiera más.

-¿Qué palabras le dirías a alguien que está comenzando en esto de la poesía, alguien que ha decidido ser poeta?

-Le diría que no oyera las palabras que tendría para decirle… Siempre pensé y dije que escribir es deslindarse. Yo sé que no se parte de cero, pero cada uno debe buscar su camino entre las palabras. A propósito, me acuerdo siempre de dos profesores –muy apreciados en la enseñanza- que no podían parar de reírse frente a Marosa. Fue en Salto, en un concurso de Secundaria y Marosa había llegado vestida con ropas que ellos consideraron extravagantes, y su discurso, lleno de flores y perfumes, les pareció irrisorio. Se reían. Dos pequeños burócratas de la literatura tentados de risa frente a la artista que fue Marosa…no puede haber mejor alegoría. Me dirás que soy un poeta, y no un funcionario literario. De acuerdo, pero los consejos que sí podría dar corren el riesgo de podar los brotes, esos que florecerán. Pienso que lo mejor que puede hacer un joven poeta es desobedecer, rebelarse, creer sólo en su intuición.

-¿Cuáles son los 10 libros que recomiendas leer?

-No recomiendo ninguno. Que cada uno haga su propio canon. Sé cuáles llevaría yo a una isla desierta, claro, pero es un secreto…

-¿Crees que los uruguayos leen poesía?

-Sí, mucho, y la oyen a veces.

 
 

   

 
 

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