Entrevista de Arturo Restuccia a Álvaro Salas - noviembre 2018 - montevideo Foto © Leando Pereyra www.cooltivarte.com --

Entrevista al maestro del tambor Álvaro Salas

Presente y futuro de la Música Popular Uruguaya.

 

-Recibiste el legado, la cultura de los valores de tus ancestros africanos, y hoy tu tarea es transmitir, administrar esa sabiduría espiritual. Es una bendición Álvaro el poder estar aquí, escuchándote, en este lugar tan cálido, donde pareciese hubiera fuego.

Para mí es un halago en lo personal tenerte en Mundo Afro, que es una organización que está abierta a cualquier persona interesada.
Para los que no lo saben, estamos en 25 de Mayo 691, esquina Juncal. Estamos de cumpleaños, ¡ya son 30 años! Con una nueva sede y con las energías más positivas que nunca.
Mi función es la de Director De Candombe, o de La Escuela De Mundo Afro.

 

– ¿Profesor de candombe o de percusión?

La palabra profesor se puede canalizar cuando hablamos del arte popular urbanístico. Sin embargo, la palabra profesor es cuando uno profesa algo, sigue algo. En mi caso es tocar.
Y tocar, tocamos todos. Todos tenemos algún recipiente. Tocamos en la mesa cuando comemos, cuando aplaudimos, cuando celebramos un cumpleaños. Junto con nuestros seres queridos, amigos, pero definitivamente, se da dentro de una familia.
Somos nuestros propios profesores, dentro de nuestra escala.
Y después uno pasa a ser profesor de su propia familia, a esto yo le llamo profesor.
Heredamos valores ancestrales y también vamos adquiriendo otros. Durante nuestra niñez, adolescencia y adultez nos vamos curtiendo, diariamente y continuamente.
Nos vamos golpeando con las barreras que se nos presentan, y esto nos hace fuertes y crecer.
En estos combates uno puede quedar herido, y es natural, y está bien que sea así. Es la forma de aprender, de convertirse en una buena persona, de buena calidad humana.
Cuando uno ha salido vencedor de estos combates, está pronto. Tanto para “darse a uno mismo”, o ayudar a la comunidad.
Estamos capacitados para actuar, mover nuestro espíritu libremente y prontos para el arte de la creación, que es el limbo para trascender como seres humanos.

 

-Una vez expresaste que tocar el tambor también es pensamiento…

Como te dije antes, uno es profesor en la vida de uno mismo. Tocar el tambor es un mundo infinito, extensamente infinito. Donde participa un pasado milenario, el presente, y el futuro.
Provengo de cosas muy pesadas, de cosas que sufrió el arte afro.
Es también memoria de un apogeo cultural, y de libertad.

 

– ¿En ese mundo infinito del cual hablas, cómo te definís?

Todo es “percutir”. Ahora, entrando en lo que es el arte, me autodefino: Percutor activista del tambor.
Toco mucho en lo que es religión. Legado de mi madre.
Una cosa es candombe y otra cosa es tambor.
Y empezando desde el principio, los ruidos se vuelven sonidos, y los sonidos se convierten en armónicos.
El ser humano cuando habla lo hace en tonos y cuando logra armonizar, puede crear
Alza su voz, y crea.
Hacer batear al corazón y al pensamiento, elevar la voz, allí está la creación.

 

– ¿Con que se encuentra alguien que viene a estudiar a Mundo Afro?

-Hoy todos pueden tener un tambor y si lo tocas diariamente se conforma una relación de confianza con respecto al instrumento.
Cuando uno entra a una “Agrupación”, se encuentra con varias personas, y todos son diferentes. Es una familia, cada cual, con sus matices, pero iguales, al fin.
Algunos vienen ya sabiendo, teniendo nociones. Otros arrancan de cero. El problema, es que cuando comienzan a dominar el tambor, ahí se produce un vacío, porque no es tan así, tocar el tambor va mucho más allá de cuestiones técnicas.
Es un proceso personal que va corriendo por dentro, y que no se aprende así nomás.
Podes pasar meses e incluso años intentándolo, pero sin esa parte de la que te hable, lo que terminas siendo es solo un instrumentista. No salís “creador”. Esto es muy importante.
En la escuela tenemos tres puntos cardinales, que son el oído, lo visual, y la memoria. Esto último es vital.

 

– ¿Cuáles podrías decir que fueron tus referencias?

Tu pregunta tiene mucha matriz.
Cuando niño, observaba con esa innata curiosidad propia de la edad, y con un poco de atrevimiento, a los “tocadores”, en la calle. Incluso dentro de mi propia casa, donde entraban y salían muchos músicos amigos de la familia. Fue en ese momento que probé mis primeros golpes. Entonces me empecé a preguntar, ¿qué me provoca el tambor?, ¿qué puedo hacer yo?
Me enamore del “repique”
El tambor es mi referente madre.
Cuando empecé a dar mis primeros pasos comencé a sentir y entender el significado del tronar de las lonjas.
Todo proviene del vientre de mi madre.
De los verdaderos artistas, de los anónimos, de los que no están asociados con la palabra éxito.
Por ejemplo, tu sos un artista con las preguntas que me haces, y eso es muy valioso. Para mí, sos un referente, y tengo muchos por suerte. A veces uno se limita mucho al nombrarlos, se hace difícil nombrarlos a todos.
Hubo uno, muy importante para mí, “Cafuringa”, amigo de mi padre. El vino de Cuba, yo tendría 8 años. Enseguida aprendió a tocar 8 tambores, y comí de ese aprendizaje.
Yo quería saber hablar ese lenguaje, el lenguaje del tambor.
Atraves de mi familia, comprendí porque se festeja el cumpleaños de uno. El “toque” de ese día. Hay toques y cantos para cada día. Somos aire, fuego, agua y tierra.
Aprendí mucho del Samba, de los que son los toques de la religión, los 7 toques de la semana, las 7 potencias africanas.
En cuanto a músicos, me topé con muchos y muy talentosos.

 

Hablemos de Eduardo Mateo, de tu mamá, “La Chola”. De los amigos, del ambiente que se respiraba por aquellas épocas…

Aprendimos mucho mutuamente. Éramos jóvenes, tendríamos 18 años. Había un ambiente de mucha creatividad.

 

-Un tipo muy perceptivo…

Sí, un ser humano especial. Mis códigos afros, él supo asimilarlos con mucha facilidad, tenía un sentido rítmico impresionante. Sensible, inteligente, estudioso del minuto a minuto, del segundo…del “estar”.
Supo captar eso que yo tenía incorporado a flor de piel.
Mi madre, “La Chola”, le decía: ¡Nene, tocar el tambor no es solo salir a la calle para agradecer o para que la gente se divierta!
Tocar el tambor tiene mucha cosa familiar. Y ahí está lo que profesamos nosotros, códigos que perduraron durante miles de años, a pesar del sometimiento y esclavitud de la que fuimos víctimas.
Te voy a contar una anécdota de Eduardo que no se la conté a nadie. Siempre íbamos a algún café a conversar, divagar, filosofar.
Un día fuimos a un bar frente a la intendencia, frente donde trabajaba su padre. Entonces pedimos cortados y bizcochos.
Me miraba serio, sin bajar la vista, mientras yo hablaba. Comía el bizcocho, no se tomaba el cortado.
Estaba haciendo un análisis del contexto. Al rato me dijo: “¡Álvaro, vámonos!” Y Yo le dije: “¡No te tomaste el cortado, se te va a enfriar!”, “No importa, porque ya se enfrió, ya saqué de la conversa lo que buscaba”.
Todos los días andábamos juntos. El venía a casa o yo iba, vivíamos a pocas cuadras.

 

– ¿Era difícil el trato con Mateo debido a su fuerte personalidad?

No conmigo por lo menos. Lo que más recato de su personalidad era su sensibilidad.
Cuando la llevo a mi madre a ver a Mateo a aquel concierto, “La Máquina Del Tiempo”. Concierto al que considero fundamental para el devenir de la música uruguaya, lloró, lloró cuando no vio a mi madre, “La Chola”.
¡Echó a los periodistas! Me preguntó desesperado donde estaba mi madre. ¡Pero como no va a estar, Eduardo, está ahí, en la segunda o tercera fila, cantaste un tema para ella! Estaba muy emocionado.

 

– ¿Una misma música no debería intentar tocarse de igual manera dos veces seguidas, un concierto no debería repetirse constantemente, a eso es a lo que apuntas?

¡Claro! Es que un concierto no es cualquier cosa. Encierra mucho a nivel espiritual. Se conjuga todo, lo ancestral, “el momento”, y el futuro.
No es tocar simplemente para unos cientos de personas. Es tocar para cada una de esas personas, aunque sea solo “una” de ellas la que capte. Esta experiencia de pensamiento la procesamos entre Mateo y yo en una especie de “simbiosis”.
Con mucha espiritualidad, pero también con mucho estudio y trabajo.
El espectáculo que uno le brinda al público, tiene que ser el reflejo de la relación del músico y su creatividad, con el instrumento.
Si no, no hay nada. No hay esencia, ni identidad, ni música.
Lo hablábamos con “Pirucho”, y con otros músicos.
Si no “creas”, no sos.

 

– ¿Otros referentes?

-El clarinetista Santiago Luz, aprendí mucho de él.
Los hermanos Puyol, gran dúo de candombe.
El Cuarteto Pirincho, banda juvenil del barrio.
Fantasía, Ansina…
Artistas como “La Ingold”, Magnone, y muchísimos más. Soy injusto al no nombrarlos a todos.
En definitiva, todos aquellos que dejan el alma tocando el tambor.

 

-Qué caminos recorrías cuando se produjo el golpe de estado, todavía no habías cumplido lo veinte años…

Por aquellos tiempos yo era un muchacho. Tiempos en que tenías que andar con pies de seda. Todo toque que reunía a más de veinte personas era sospechoso. Te preguntaban quién eras, que hacías, te perseguían. A mí me llevaban seguido a la comisaría por tocar en la calle.
Cuando salía Ansina te llevaba tres cuadras de gente atrás, un barrio en movimiento. 70 tambores, madres con bebés, amigos de otros barrios, otros músicos, bailando y siguiendo con el paso el ritmo. Para los militares, éramos presa fácil. Hubo mucha represión, y no solo con la comunidad afro, también con otras minorías.
El desarticular como lo hicieron, a la vez fue contraproducente para ellos, ya que esparcieron semillitas por todos lados. A la dictadura en ese sentido le faltó inteligencia. Nuestros hijos y hermanos venían mirando. Ellos fueron testigos de aquellos encerramientos, redadas, a los que fuimos sometidos. Estos represores tienen nombres y apellidos. El barrio no se olvida de eso. Hay memoria colectiva de lo que pasó, y eso atraves de las generaciones se fue transmitiendo.
Llevando esto a algo más regional, recuerdo una serie sobre Jorge Amado. Una historia que transcurría por el año 1816 en Bahía.
En esos años surgió un personaje llamado “Pedro Arcángel” Él estaba prohibido por las autoridades. Consiguiendo trabajo en un centro de estudios, limpiando aulas, estudió y estudió y se convirtió en un ser sabio.
Transmisión directa de África a América.
Por eso siempre pienso que el poder de la música sobrepasa cualquier limitación que nos quieran imponer.

 

-Hoy, un presente que sorprende al ámbito musical. Una música que desafía, y promete…

Un día viene Mario Chilindrón a casa a charlar conmigo y yo tenía unas tumbas que me habían prestado. Le dije: Che, ¿Chili, donde estas tocando? En ningún lado me dijo, solo trabajos puntuales.
Mario es uno de esos músicos que no tocan por tocar, lo hace solamente cuando vibra y siente que determinada música vale la pena. Le hice unos acordes de percusión, con palo y masa, que me venían rondando por la cabeza, entonces quedó prendido.
¡Ahí está eso que yo vengo buscando, Álvaro!, me dijo. ¡Es ese toque el que quiero, al que mi bajo, se rinde, y al que mi instrumento se va a poder acoplar con todo el swing y la furia que quiero! Se quedó serio mirándome y comenzó a transpirar.
Creo que Mario Chilindrón logró la madurez musical por la que tanto trabajo. Encontró, “el lugar”, la función del bajo en el candombe, y en la música que quiere desarrollar.

 

-Entonces…” Sombras Picantes” …

Entonces, “Sombras Picantes nace de ahí.
¿No viste lo que es cuando uno está parado junto al fuego?
¡Son las sombras picantes que aparecen en la pared!
Allí se prendió la mecha.
Chilindrón me contó, te voy a presentar a un guitarrista.
Yo lo mire desconfiado, soy muy desconfiado. Y no porque si, no por testarudo. Con argumentos te lo digo.
He conocido muchos talentos musicales uruguayos, pero también de otros países. Como por ejemplo los músicos de María Bethania, o los de B. B. King, cuando estuvieron acá. Hubo muchos intercambios musicales y de pensamiento que me llevaron a ser cada vez más exigente.
Con Mario Chilindrón nos “llevamos” a estados “críticos”, dejamos el alma y aplicamos lo máximo que podemos a nivel de técnica instrumental.
Y este guitarrista del que Mario me hablaba es Diego Azar, el más joven de los tres.
El día que nos reunimos los tres, Diego Azar comprendió inmediatamente la locura en que nos estábamos introduciendo.
Tiene un gusto refinado, y un lenguaje propio.
Personalidad lo llamo.
¡Es tan fácil, y tan difícil!
Diego es un estudioso, aggiornado, un creador nato.
El Diego Azar era la pieza que faltaba.
Ahora, en cada presentación, nos gozamos, nos prendemos fuego.
Sabemos lo que queremos.

Después de esta larga charla en Mundo Afro, la que sería imposible transcribir toda en una sola entrevista, puedo tomarme el atrevimiento de decir que el trío logra una música propia –no suena a nada que se haya escuchado antes-.
Las conversaciones rítmicas de Álvaro con Diego Azar y Mario Chilindrón buscan y encuentran un nuevo lenguaje, incorporando matices propios de otras músicas.
A pesar de la sorpresa del público, acostumbrado a escuchar músicas hechas solamente para “gustar”, cautivan su atención y entusiasmo.
Sombras Picantes tiene como eje central al candombe, sin embargo, al trío se le nota libre, sin ataduras. El espacio que se dejan entre sí, implica respeto, dejando abiertas las puertas a la experimentación.
Las músicas del trío entran por lugares poco comunes, hay algo de psicodelia, de viaje, donde experimentan, se buscan y se reencuentran.
Es un camino grupal e individual, donde el goce y el misticismo se rozan.
Este año editaron su primer trabajo con el sello Ayuí.
¡Y espero que sea el primero de una larga trayectoria!
Serán teloneros del concierto de Herbie Hancock.
¿Nos vemos allí?

 

Entrevista de Arturo Restuccia a Álvaro Salas – noviembre 2018 – montevideo Foto © Leando Pereyrawww.cooltivarte.com–

Posted by cooltivarte.com on Tuesday, November 13, 2018

 

 

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Arturo Restuccia

Arturo Restuccia

Arturo Restuccia nació el dos de diciembre de 1964 dentro de una familia de artistas, pasando por casi todas las artes y oficios del teatro, apuntador, iluminador, actor, director y autor. Estudio en La Escuela Nacional De Bellas Artes y fue Boy Scout en su niñez. En el año 1993 junto con Teatro La Morgue y con su obra AMENAZA DE MUERTE gana el primer premio en el Tercer Encuentro De Teatro Joven De Montevideo. Con dicha obra recorre casi todos los circuitos under de Montevideo, después vinieron dos obras mas completando una trilogia de humor negro policial, NO MATARAS dirigida por Ileana López en la que participo también Susana Acosta y Victoria Rodríguez y ASESINOS POR DELICADEZA esta ves dirigiendo a Charly Álvarez y El Gran Gustaf. En 1999 estrena su obra CUANDO HARRY CONOCIO A POTTER y en el año 2012 DONDE ESTA EL CORNUDO, obra musical y teatral. Actuó en varias obras teatrales para niños dirigido por Fernanda Moreno y actuando junto Luis Cerminara en ALADINO donde superaron las 500 funciones. Autor también de músicas para Teatro supo trabajar de guarda de Cutsa, Diariero y Artesano. Reflexionando, nos cuenta que aprendió mas en sus trabajos fuera del ambiente artístico. Hoy en día se dedica a escribir poesía así como también cuentos y relatos. Se incorpora a cooltivarte en 2016.







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