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Entrevista a Mariela Talento de Metamórfica

Mariela Talento fundó Metamórfica hace 12 años junto a su amiga Alejandra Mariona. Nucleado siempre en torno a sus dos guitarras, el sonido de esta banda argentina ha sabido evolucionar conforme a los diversos músicos que las acompañaron, y a sus propias experiencias de vida.

Luego de su primer álbum en 2006, toda su discografía fue co-producida por la banda y Tito Fargo, ex-guitarrista de Los Redonditos de Ricota, músico invitado de bandas como Divididos y NTVG en discos recientes, y actual integrante de Gran Martel y Ararat.

El nuevo álbum de la banda se editó en abril de este año a través de la discográfica Oui Oui Records. Con ocho temas, “Cisma” es un disco donde la construcción de climas es la preocupación estética central, y la voz (si bien no es relegada) tiene una presencia funcional a ese cometido.

Tuvimos la posibilidad de conversar con Mariela en Montevideo sobre esta banda que ya lleva más de una década de actividad, y cuya historia enseña que la voluntad puede no solo triunfar sobre las adversidades que encuentre en su camino, sino también asimilarlas y resumirlas en canciones que destilan todo lo bueno que podían tener en su interior.

–Hay una canción de U2 que dice “estoy corriendo para poder detenerme”. En la banda que fundaste junto a tu amiga Alejandra un concepto recurrente es el de cambio. Ya desde el nombre la idea de la mutación está omnipresente. Y tuvieron muchas configuraciones, y los discos que editaron las representan de modo muy certero. Ahora, ¿todos esos cambios son a sabiendas de que un día van a lograr alcanzar una cierta estabilidad o constancia a nivel de banda?

–Ojalá que no, ojalá que nunca lleguemos a una estabilidad o constancia. Pero lo digo porque si uno se estaciona en un determinado lugar o estilo realmente se hace muy aburrido, y se pierde de ciertas formas de expresarse y de relacionarse. A mí me importa mucho el aspecto humano. Creo que en una banda está el interés musical, que supuestamente es el principal. Pero también está el interés humano, el de afirmarse con el otro y todo lo que salga a partir de eso.

Me parece que en estos doce años de banda hubo muchos cambios de integrantes, y al principio los sufrimos muchísimo – cada partida fue una especie de duelo, creo que recién ahora podemos ver cómo todo eso nutrió a la banda de un montón de pinceladas nuevas que de otra forma no hubiesen existido.

Estando hoy en el momento presente y recordando cómo fue cambiando la banda en todo nivel, me siento mucho más inspirada y mirando a futuro. La sensación es que hay algo nuevo por descubrir, y eso es lo que te mantiene en movimiento. Si vos sabés a que puerto vas a llegar, falta ese factor sorpresa que es fundamental para el proceso de creación.

–Y en el caso de ustedes, ¿cuál es el elemento que las mantiene más vitales y curiosas como creadoras?

–Creo que es un todo, no es solamente lo que uno pueda a llegar a consumir como música que obviamente es muy motivador, sino también el contacto con la realidad y el entorno nuestro. Creo que estar despierto te mantiene en el estado más alerta y de inspiración a la vez. Lo dicen muchos artistas, estar en el momento presente te mantiene con otra disponibilidad de energía para que las cosas sucedan.

Y también esta cosa de conectarse con el otro, en el sentido de entender al otro (o tratar de entenderlo) en mi caso es lo que más me llena – el conocer al otro, entenderlo y generar el tipo de relación que se pueda. Y estoy hablando de un taxista, del quiosquero de la esquina, del verdulero… estoy hablando de la persona que sea.

–¿Qué tan distante ves hoy lo que fue el primer disco de la banda, “Tiempo De Escupir y Vomitar” (2006)?

–“Tiempo De Escupir y Vomitar” fue el primer disco que hicimos, sin productor. Grabamos 16 temas en Casa Frida, y fueron las primeras dieciséis canciones que pasaron por Metamórfica – por eso se llama “Tiempo De Escupir y Vomitar”. Teníamos eso, casi sin procesar. Lo escupimos y lo vomitamos. Las canciones no tienen una homogeneidad real. Sabíamos que en el futuro eso nos iba a dar un poquito de “vergüenza”. Pero si no pasas el primer paso, no hay segundo ni tercero ni cuarto paso. Está bueno eso, respetar las etapas en las que uno está.

Y el EP de “Carnicera” y “Picadillo” fue parte de una segunda etapa, donde conocimos a Tito Fargo. Lo hicimos con él como productor, como para saber si podíamos trabajar bien juntos. Eso fue en el 2010. Quedamos muy conformes con el laburo que hicimos y la forma de trabajar de él es muy profesional y a la vez muy humana.

Fue una alegría bastante grande, porque con él pudimos entender una forma de trabajo que tiene que ver con la pre-producción de canciones y de un disco, y su grabación.

–¿Fue esa época en la que empezaron a interesarse personalmente por las técnicas de  producción y mezcla?

–No, fue una par de años antes, hicimos un curso en un estudio de grabación y mezcla para tener nociones básicas. Tratamos de interiorizarnos en ese tema, con todas nuestras limitaciones. Y nos sirvió, porque en el momento de grabar y escuchar ya sabíamos qué queríamos. Pero lo bueno fue aprender a trabajar con otra persona, y aprender a explicarle qué queríamos dentro de nuestras posibilidades.

Después grabamos “Sinapteína” en 2012, y en 2014 grabamos “Cisma”, y lo editamos en abril de este año.

–Tiene temas notablemente más largos, con un trabajo cuantioso a nivel de climas.

–Sí, esa fue la mutación de Metamórfica. En mi caso, empecé a escuchar muchas bandas donde la prioridad no era la voz – de hecho, no había voz. Una de las bandas que te puedo nombrar es Colour Haze. Pero así como te los nombro a ellos, te puedo nombrar a Thelonious Monk o a Chet Baker, entre otra cantidad de músicos. Por eso, muchas veces cuando nos preguntan en qué estilo nos encasillamos es difícil decirlo porque realmente escuchamos tantas cosas que es complicado, ¿cómo se compara Colour Haze con Chet Baker? Si yo escuchara un solo estilo, sería más fácil. Es difícil de poder explicar.

–Creo que se puede comprender si lo analizamos desde la óptica de que es imposible tener una dieta saludable con solo un alimento.

–Totalmente. La riqueza también está en abrirse, y en intentar no encasillarse. Cuesta un montón, porque todos venimos con patrones y con determinados chips difícil de quebrar. Pero lo más importante es intentarlo. En lo personal, yo disfruto mucho más hoy en día de bandas que me den climas instrumentales, o que surfeen esa atmósfera más riffera, más climática, más de delay-reosa (risas).

La búsqueda del sonido se hace día a día, también. No es el mismo el sonido con el que arrancamos en 2006, y posiblemente de acá a dos años tampoco seamos los mismos. Es un poco la idea. Sí es claro cómo mutó de canciones más concretas de tres minutos a canciones menos concretas de ocho minutos. Se presta más a dejar que la música transcurra. En vez de exigirle a la música que te diga algo concreto, dejarlo en las manos de esa experiencia. Así lo veo con la música que escucho. A esta altura, tengo ganas de transitar esos estados.

– “Cuadernos” es el tema del nuevo disco que tiene más vínculos con  lo anterior. Es justamente un tema de tu autoría.

–Sí, pasado el intro y el final tiene una estructura bastante concreta. Habla sobre los bloqueos, “sobre el miedo a decir lo diferente a querer callar/distinto a no poder hablar”. Habla sobre el tema de la escritura, que obviamente nos compete a nosotras porque al ser compositoras a veces nos dicen “¿No escribiste tal cosa?  ¿No vas a decir tal otra? ¿No vas a cantar sobre eso?”. Y eso me agobia, porque es como que la gente todo el tiempo necesita que le digas algo, que le bajes determinada línea.

El otro día nos gritaron en un recital “¡No se escuchan las voces!”, y lo que terminé diciendo en el micrófono fue que no siempre se tiene algo para decir, y que está bueno tratar de expresarse de otra manera. Y también pasar por ese lugar es una experiencia, porque uno no sabe qué puede llegar a ocurrir – es mucho más azaroso. Das lugar a que el otro haga su propia viaje emocional en vez de condicionarlo con lo que vos tenés para decir.

Te condiciona también a vos en un punto. No estoy diciendo que no sea rico narrar o escribir lo que uno ha vivido – es muy rico hacerlo, y me llena escuchar a una banda que me cuenta sus historias. Pero también me parece interesante la experiencia de hacer otro camino, de ir por otros lugares diferentes, más abstractos.

–“El que se pierde encuentra los nuevos rumbos”.

–¡Totalmente! Esa es una gran frase, y yo trato eso – trato de que nos perdamos. Y a veces es difícil, porque llega un punto en el que decís, “¿Y ahora qué hacemos?”. Me acuerdo un tema que estábamos ensayando el otro día, que tenía una estructura medio rara, porque pasaba por muchos lugares. En un momento le pregunto al baterista, “Che Ariel, ¿estás bien? ¿Entendés más o menos como va la mano?”. Y me dice, “yo no sé, yo no sé por dónde pasa el bondi pero igual me gusta el paisaje”. [risas]

–¿Cómo es la sinergia compositiva entre vos y Alejandra?

–Hoy por hoy componemos a nivel de ideas; una viene con una idea, y la otra suma su parte. Y después, de la unión de esas dos cosas se va generando una nueva.

–¿Cómo y cuándo surge el vínculo con ella?

–Surge porque ella vino de Mar del Plata a vivir a Buenos Aires, y nos conocíamos en un recital de Alanis Morrisette. En ese momento conocí gente, era la época que recién comenzaba a salir. Y ella fue una de esas personas. Después, nos empezamos a escribir cartas. ¡Tenemos como trescientas cartas! Y después se vino a Buenos Aires y empezamos a tocar, muy de a poquito, porque yo no sabía tocar – las dos estábamos aprendiendo. Eso es también lo emocionante de todo esto, ver el proceso. Ver el comienzo,  cuando sabíamos tres acordes, y decir “cómo podemos mejorar esto y aquello”, y el tratar de ir más allá de nuestras limitaciones.

–Uno tiende a ver el pasado de forma romántica siempre, pero hay algo que no es debatible y es que todo comienzo siempre tiene su encanto.

–Sí, me parece que uno retoma el sentido del romanticismo, y ve todo lo que pasó: lo bueno, los conflictos que casi separan la banda, y el trascender esos obstáculos, reinventándose y recreándose.

Cuando uno mira atrás, hay como una cosa de volver a enamorarse de todo aquello que uno fue construyendo, y por eso se hace difícil dejar de luchar por lo que se construyó por toda la historia/experiencia que hay detrás de eso. Cobra valor enorme a nivel personal.

–Y vos como compositora, ¿cómo evolucionaste? ¿Hay canciones que aún no has podido escribir?

–Yo calculo que sí, al principio estaba con un espíritu más verborrágico con respecto a la escritura, y de repente algo se calló…

–¿Empezó a regir el principio de “Calidad, no cantidad”?

–Sí.  Y quise respetar ese silencio. Así que ahora estoy en un proceso donde hay más silencio y más melodía, pero también sé que en algún momento me espera la escritura, y el ponerlo en palabras como otro camino más que voy a tener que transitar y que ahora dejo un poco más relegado para que el otro suceda como debe.

–¿Ya lo podés divisar a lo lejos?

–Sí, lo puedo ver. Y lo quiero ver. Pero vamos a ver qué pasa, a lo mejor cuando llegue ahí me dé cuenta que no era lo que quería.

–¿Y qué actividades aguardan a la banda ahora en Argentina?

–El 19 de septiembre tenemos el festival del sello Oui Oui Records, con bandas como Ararat, Acorazado Potemkin, El Perro Diablo, Fútbol, Las Diferencias… Ese es el gran evento que tenemos ahora en Buenos Aires. Después, nos gustaría mucho viajar y presentar el disco.

–¿Ya lo presentaron en Buenos Aires?

–El disco todavía no lo presentamos. Después del festival, tenemos ganas de presentarlo en Club B de Palermo. Pero es una idea, todavía no sabemos exactamente cuándo, ni qué otras bandas van a acompañarnos.

–¿Por qué eligieron “Desaparece” como carta de presentación de este nuevo disco?

– “Desaparece” tiene el espíritu con el cual nos sentimos identificados. Igual hay  otros temas que duran un poco menos y son algo más concretos, pero todos tienen pasajes instrumentales, y voz en determinados momentos. Casi ninguno son canciones concretas de tres o cuatro minutos.

–¿Y ya hay temas nuevos compuestos?

–Sí, hay bastantes. De momento, nos venimos dejando llevar por la melodía. Tenemos ganas de poder grabar el cuarto el año que viene así que nos estamos metiendo en eso.

–Y ya en un plano más personal… ¿qué pensás que te pasaría si cambiás tanto que un día ya no podés cambiar más?     

–¡No creo que me pase eso! [Risas] Creo que la puerta está abierta, y va a estar abierta siempre, mientras uno lo sienta de esa manera. Yo veo a todos los seres humanos en constante contracción y expansión. Igual, nunca hablo en general porque cada persona es su mundo, pero yo lo veo desde mí. Y me veo con ganas de hacer cosas diferentes.

Lo último que vengo pensando en cuanto a la música es una idea tiene que ver con el collage de melodías. Eso es lo que me interesa profundizar ahora. – el collage une cosas que supuestamente no se deberían unir. Esa idea me mantiene más despierta y atenta porque uno se deja atrapar por el factor sorpresa. Hoy tengo el deseo de que esa puerta quede abierta a generar algo que me mueva de donde estaba parada anteriormente.

Metamorfica – Cisma by Oui Oui Records

Imagen portada: Gentileza de la banda

 
 

   

 
 

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Emilio Pérez Miguel

Emilio Pérez Miguel

(Montevideo, 2 de diciembre de 1979) Traductor público de idioma inglés, periodista cultural y organizador de eventos a beneficio de hospitales pediátricos en Uruguay y Argentina. Su labor periodística comenzó en junio de 2009 con la fundación de MusicKO, un sitio dedicado a la reseña de artistas emergentes. En la actualidad colabora con diversos portales entre los que se incluye Cooltivarte, al cual se integró a inicios de 2011. Como escritor, publicó dos libros de poesía en 2009 y 2010 (“Once” y “Ten”) y uno en prosa que vio la luz en 2013 (“Ayer La Lluvia”). "Once" y "Ten" fueron libros híbridos, con una propuesta enraizada en igual parte en la música y la poesía. "Ayer La Lluvia" aunó esta pluralidad de formas, y se presentó con los artistas que lo inspiraron en un festival de música y literatura que se extendió durante dos años, al término del cual Pérez Miguel se retiró como escritor. Las experiencias vividas durante ese tiempo fueron entonces sintetizadas en la "Campaña Del Juguete", una gira de conciertos que beneficia al Hospital Pereira Rossell en Uruguay, y al Hospital Garrahan en Argentina. Pérez Miguel fue asimismo el primer escritor uruguayo en subir todos sus libros a Internet, amparándose en el sistema de derechos libres conocido como Creative Commons. Basándose en que "el arte es para compartir y no para competir" y buscando "una democratización real de los bienes culturales", el autor comparte su obra en su propio sitio y en diversas páginas que fomentan la literatura, de manera libre y gratuita.







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