Entrevista a la escritora argentina Natalia Sordi

El próximo jueves 11 de julio la escritora argentina Natalia Sordi presenta su poemario “La letra en el agua” en Uruguay. Conversamos con ella sobre ésta obra que motiva su primera presentación en nuestro país, como así también sobre la escena artística rioplatense contemporánea – Sordi es gestora cultural, y la alma mater de Femio Producciones.

 

Tu primer libro de poesía te conduce a tu primera presentación artística en territorio uruguayo. ¿Qué expectativas te genera ésta actividad?  

–Me genera, en principio, mucha alegría. Todo lo que está pasando con este libro es expansión, apertura al encuentro. Cuando salió este libro, febrero de este año, mi idea era armar distintas presentaciones en espacios diferentes, provincias diferentes, y deseaba tener la suerte de poder llevarlo también a países diferentes. No imaginé que mi segunda presentación (la primera fue el 7 de marzo en Espacio Tucumán, Buenos Aires) sería en la querida ciudad de Montevideo. Uruguay es un país al que quiero mucho, su gente, su música, estamos hermanados por mucho más que un río. Personalmente, tengo una relación afectiva muy grande por haber visitado en varios momentos de mi vida Uruguay, y guardé siempre vivencias amorosas. Así que estoy contentísima de compartir este momento allí con ustedes.

 

Tradicionalmente, el primer libro de un poeta suele ser el que más visos da de sus referentes. ¿Cuáles podés reconocer en “La Letra en el Agua”? Al leer el libro hoy en día, ¿desearías que alguno de ellos tuviera menos preeminencia o visibilidad?

–Seguro hay referentes que me encuentro al escribir, y si están es bueno que se vean porque son parte de algo que constituye cualquier poema, que es la resonancia. La resonancia está en la base de cualquier lazo creativo. No sólo poetas sino escritores de otros géneros considero que también navegan en mi poesía, por la manera en que se relacionan con la palabra, por la mirada que tienen de las cosas, por sus formas de inventar un mundo para cada cosa. Con ellos dialogo permanentemente, sin darme cuenta que están por ahí. De los y las poetas que he leído y que más me han atravesado, está la uruguaya Idea Vilariño. Su estilo poético, su modo de decir, su modo de hacer con un dolor por ejemplo, me toca profundamente. Y creo que este libro tiene algunos ecos de ella, como de Alejandra Pizarnik, otra poeta tremenda, una de las primeras que me cautivó con su capacidad de roer el hueso del lenguaje, del impacto que revela con sus letras oscuras. Clarice Lispector, con sus letras vivas, su diversidad femenina. Fernando Pessoa, con esa manera de desnudar sus verdades. Hasta puede aparecer, en ese sentido,  algo de Lao Tse, o de Cortázar o de Lacan. Creo que en la construcción de un modo de decir está todo esto, pero hay algo que reconozco bien propio que está en la musicalidad de mi poesía. No podría explicarlo, pero sí escucharlo deslizarse.

 

¿Podrías resumir la esencia del libro en una sola frase?

–Uy, qué difícil. Sobre todo porque la palabra “esencia” es un tanto complicada para mí. Te diría que “La letra en el agua” apela a la dimensión de un encuentro, a través de una serie de poemas que van hilando aquello que trae una voz, una búsqueda, la mía, una manera de decir algo. Encontré en la poesía un recurso para escribir, en una vía creativa, musical, que bordea ese lado mortificante que tiene lo simbólico, excediendo el lenguaje. Un sentido vivo encuentro en la escritura poética, lo más vivo posible.

 

Y si tuvieras que señalar lo que el libro representa tanto a nivel personal como en el plano artístico, ¿una metáfora de qué sería en tu vida? ¿Y una metáfora de qué sería en el arte?

–¡Qué lindo pensar estas cosas por primera vez! En lo personal, se me representa algo así como un barco, un medio que me permite ir de un lugar hacia otro, que algo pase, se mueva, llegue a distintos puertos, dialogue con distintas posibilidades que antes desconocía y despliegue las condiciones para que vuelva a surgir algo propio, íntimo, siempre nuevo, allí afuera. Creo que un libro, como cualquier obra, es la concreción de un acto que nos trae esas posibilidades de encuentro.

 

Como obra, ¿hacia dónde quisieras que conduzca a los lectores? ¿De qué maneras te gustaría que los interpele?

–Que algo que haya escrito interpele a alguien de cualquier manera es un hecho maravilloso. Cuando escribo no pienso quién va a leerme, ni qué efecto producirá, ni qué sentido tiene lo que escribo, y mucho menos para quien. Es un proceso muy íntimo y solitario, en el sentido pleno del término; algo que me convoca a mí, ahí, en ese momento. Así que si eso después vuelve, como está volviendo con este libro, a través de un deseo de leerlo, algo que se toca en el deseo de alguien con mis letras, me parece increíble. De eso se trata, cuando sucede, la alegría de un lazo, de las más reales.

 

Siempre he pensado que toda literatura lleva implícita una musicalidad, y éste libro pareciera corroborarlo. Ahora, ¿te viene a la mente algún ejemplo en el que esto no ocurra? ¿Un caso en el que exista una literatura que funcione independientemente de la música?

–Qué interesante lo que decís. Me toca en lo personal tu pregunta, porque la musicalidad es lo que destaco de mi relación con la poesía especialmente. No como género literario, sino como golpe, una forma de relacionarse con el lenguaje. Yo soy música, además, toco el piano y compongo desde muy chica. Es decir, el lenguaje musical tiene tanta presencia en mi vida como el lenguaje verbal. La relación que tiene un ser con un lenguaje es lo que constituye su vida entera, lo que lo construye, lo determina de alguna manera y hay que arreglárselas con eso, inventándose con eso, buscando un modo, un saber hacer. No he pensado nunca que toda la literatura lleva implícita una musicalidad, principalmente porque no existe algo como “toda la literatura”, pero ahora que lo decís, es probable. Habría que ver a qué llamamos literatura, también. Tal vez, haya “musicalidades” que sean más afines a la relación que cada uno o una tiene con eso. Yo creo que no toda escritura es musical, de todos modos. La impronta musical la da, de alguna manera, el “alma viva” de quien está ahí arrojado escribiendo, en la relación con esas letras. Entonces esa escritura tiene un ritmo, tiene silencios, velocidades, cercanías fonéticas, sonoridades que armonizan, tiempos, efectos de sentido a partir de estos elementos. Creo que no toda escritura es literatura o poesía. La música es, además de un lenguaje, un arte auténtico.

 

Al respecto, siento que en tu libro sobrevuela un aire de lo “no dicho”, que tiene tanta (o más entidad) que lo que sí es enunciado. Y esto me recuerda a un músico que (al entrevistarlo sobre la naturaleza del silencio) me ofreció la siguiente apreciación: “es música. El silencio también es música”. ¿Qué reflexión te merece éste concepto?

–Acuerdo plenamente. Incluso, invertiría la frase y escribiría “La música es silencio”. Hay un silencio que dice mucho: es el secreto. El verdadero secreto no es el que puede decirse y no se dice, es el que aunque se diga no hay forma en que puede decirse. La poesía es secreto, en ese sentido. Todo está allí, escrito, dicho, volcado en las letras, haciendo un borde infinito que nos expande misteriosamente.

 

¿De qué manera se va a estructurar la presentación del libro el jueves 11 de julio en el Museo del Vino? ¿El hecho de presentarlo en un país donde las personas no han experimentado previamente tu obra modifica cómo se delinea la actividad?

–La estructura con la que pienso este tipo de encuentros es similar a cómo pienso la estructura de toda actividad que realizo en la vida. Hace años que no apuesto a una planificación previa que excluya lo que me pase allí, lo vivo y real de ese encuentro en sí. Por supuesto, pienso algo previamente, puntualizo un modo de presentación en el que hablaré seguramente de todas estas cosas que estoy hablando contigo porque están ahí, existen, laten, vuelven. Habrá algo de música, seguramente, además. También, me gusta el diálogo con la gente, más allá de que no hayan leído mi libro, algo los habrá convocado para estar presentes, para haberse tomado el trabajo de acercarse a algún lado hay que estar convocado… y ¡más con este fío! (risas). Tengo cosas escritas en las redes sociales, Facebook o Instagram, y sorprendentemente me contacta mucha gente que no conozco para comentarme algo que le pasó al leer eso, o un poema. Y se acercan, me piden el libro, preguntan. Es hermoso, algo pasa cuando nos sentimos convocados y hay que darle lugar a eso. Es por ahí.

 

Basándote en las obras y autores que llegan a Argentina hoy en día, ¿cuál es tu concepto de la escena artística uruguaya contemporánea en general, y de la literaria en particular?

–Bueno, hay muchísimos artistas en Uruguay, en todas las ramas. En la música, he crecido escuchando a los Fattoruso, a Jaime Ross, Rada, Zitarrosa, Drexler. En fin, muchísimos. Y escritores, no podríamos tampoco nombrar todos. Nuestra historia como lectores argentinos sin Galeano, Quiroga, Benedetti… tantos referentes importantes. Siempre estoy ávida de conocer nuevos escritores, hay tantos en Latinoamérica incluso, que no llego a tener el tiempo de leerlos como merecen. Idea Vilariño, es una de las poetas uruguayas que más leí, leí casi toda su obra. He leído también, de los contemporáneos, algo de Alfredo Fressia, de Ida Vitale… los que recuerdo ahora.

 

¿Proyectás realizar otros eventos en Uruguay en los meses venideros, o en lo que resta del año? Y como gestora de cultura, ¿hay algún artista argentino que te interesaría presentar en nuestro país?

–Claro que sí. Siempre quiero hacer producciones musicales en Uruguay, ya tengo gente querida a quien quiero volver a visitar. Estuve en marzo en el auditorio del Sodre produciendo el concierto de Pablo Ziegler, a quien llevé desde Argentina (él reside en Nueva York). Ahora mismo, el sábado 13 de julio a las 21:00 horas, produzco un concierto en la Sala Vaz Ferreira del Sodre. Es una fecha imperdible, muy recomendable, de una música, cantante y actriz maravillosa con la que estamos trabajando hace más de un año en Argentina. Se llama Flor Bobadilla Oliva y se presenta con su espectáculo “Solita mi alma” a piano y voz en el que hace un recorrido por distintas músicas del mundo, canciones del mundo, que tienen algo en común y algo con lo que el público latinoamericano resuena siempre. Y Flor tiene, además de un gran talento, una voz que permite ir navegando por las emociones. Los invito a todos tus lectores, también, a este encuentro.

 

 

 

 

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Emilio Pérez Miguel

Emilio Pérez Miguel

(Montevideo, 2 de diciembre de 1979) Traductor público de idioma inglés, periodista cultural y organizador de eventos a beneficio de hospitales pediátricos en Uruguay y Argentina. Su labor periodística comenzó en junio de 2009 con la fundación de MusicKO, un sitio dedicado a la reseña de artistas emergentes. En la actualidad colabora con diversos portales entre los que se incluye Cooltivarte, al cual se integró a inicios de 2011. Como escritor, publicó dos libros de poesía en 2009 y 2010 (“Once” y “Ten”) y uno en prosa que vio la luz en 2013 (“Ayer La Lluvia”). "Once" y "Ten" fueron libros híbridos, con una propuesta enraizada en igual parte en la música y la poesía. "Ayer La Lluvia" aunó esta pluralidad de formas, y se presentó con los artistas que lo inspiraron en un festival de música y literatura que se extendió durante dos años, al término del cual Pérez Miguel se retiró como escritor. Las experiencias vividas durante ese tiempo fueron entonces sintetizadas en la "Campaña Del Juguete", una gira de conciertos que beneficia al Hospital Pereira Rossell en Uruguay, y al Hospital Garrahan en Argentina. Pérez Miguel fue asimismo el primer escritor uruguayo en subir todos sus libros a Internet, amparándose en el sistema de derechos libres conocido como Creative Commons. Basándose en que "el arte es para compartir y no para competir" y buscando "una democratización real de los bienes culturales", el autor comparte su obra en su propio sitio y en diversas páginas que fomentan la literatura, de manera libre y gratuita.

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