Imagen - Entrevista Queyi por Emilio Pérez - Foto: Federico Meneses

Entrevista a la Artista Española Queyi

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Define a la poesía como “el azar de la ciencia”, y de la conversación que mantenemos se desprende que considera a la vida como poesía en estado irrefrenable. Su hogar mismo pareciera estar en constate movimiento, pero la esencia se mantiene incambiada, y dice encontrar su piano dondequiera que vaya.

El móvil inicial de este intercambio fue el inminente ciclo donde la cantautora oriunda de Palencia explorará el origen de su nombre artístico, al tiempo que presentará sus primeras composiciones en un formato intimista, y con invitados que han dado constancia a una estadía en Uruguay que ya alcanza siete años.

Rodeados de objetos que parecieran no perdernos mirada y a los que ella se remitía ante toda reflexión e inquietud que pudiera materializarse, ésta es la conversación que mantuvimos con la cantante española Eugenia López Nozal, mejor conocida como Queyi.

Estás radicada en Uruguay desde hace mucho tiempo, y (según cuenta la historia) viniste a nuestro país por amor. Y dicen que el amor puede hacer todo, como así también lo contrario de todo. ¿En qué medida dirías que esto se corresponde con tu vida hoy por hoy?

Pues… ¡es que no entiendo eso! ¿Cómo qué el amor puede hacer todo y lo contrario de todo? ¿Qué significa? ¡El entrevistador entrevistado! [Risas]

Si querés, volvemos a la pregunta al final de la charla. Quizá tengas la respuesta.

Vale, me gusta. Conozcamos tu corazón y tu cabeza, así podré saber que es lo contrario de todo.

Bien. Repasemos tu discografía. Tu primer disco “Nada Como Un Pez” lo grabaste en España. El segundo “El Desayuno A Mí Modo” fue híbrido, escrito en parte en la madre patria y en Uruguay, pero grabado íntegramente en nuestro país… ¿Cómo fue esa transición?

Sí, “Nada Como Un Pez” lo hice en España con un sello grande, y el arte no me convencía… bueno, hubo muchos cosas que no me veía en ellas.

Y tomé una decisión, vi que estaba potenciando lo que me mataba. Y estoy viva, no muerta. Y dije “me importa todo un rábano”. Lo único que me importaba era la certeza del milagro de estar vivos, y de ser seres humanos. De las vidas anteriores no me acuerdo. Y de las próximas en este momento no sabré nada. Estoy aquí ahora.

Y antes también hiciste música para un teatro de objetos, que hoy está disponible únicamente en tu perfil de Bandcamp. ¿Cómo incidió comenzar escribiendo canciones dentro de un contexto así? ¿Te han dicho que tus composiciones funcionan mejor cuando hay un marco integral al cual referirse?

Bueno, la gente que me sigue para siempre ya dentro de mi rareza particular (no quiero decir dentro de mi “catástrofe social” porque me he prometido a mí misma que no lo diría más) es la que me vio en vivo.

Agarro mucho los objetos que encuentro en los lugares. Me gusta viajar ligera, sin nada. Agarro todo, el otro día en un concierto en Rosario agarraba las patas del piano que eran unos troncos así de grandes, y también había un teléfono antiguo que terminé enrollándomelo por el cuello… El gusto por los objetos en la escena ya me quedó. Pero no viajo con ellos. Los encuentro.

O te encuentran a vos.

Todo vino de algún lado ya, todo en un punto se pierde en la memoria. Hay que leer los libros de historia. O crearnos las nuestras. Que están mucho mejor, la verdad…

Ahí está el aspecto de la construcción. Volviendo a tu periplo, decías en una entrevista que Montevideo te recuerda a Barcelona, pero me parece que eso es algo que vos construiste. Quizá como el amor mismo, uno construye su amor. No existe. Uno se enamora de lo que construye en el otro.

Bueno, eso sería una construcción de una idea del amor. Yo creo que hay una energía primigenia –llámalo amor, o de otra forma– que nos es común a todos. Y el mundo es un lugar tan terrible, y estar aquí es demasiado para nuestros raciocinios. Pero eso que tú dices me parece que es una construcción romántica del amor, más del siglo XIX en adelante. Pero esa luz o esa energía también está ahí. Y es mentira que el hombre es un lobo para el hombre, es mentira que la desconfianza tiene una base genética. Es mentira. De haber alguna hipótesis que sea más veraz o más cierta sería exactamente lo contrario.

Una palabra que solés emplear en tándem con “amor” es “motor”.

Y sí, el amor es el motor de la vida. El amor en todos los sentidos, el amor que le tienes a una persona en concreto, el amor que le tienes a tu trabajo, el amor cuando recibes a alguien en tu casa… llámalo amor, llámalo una onda. Es el deseo de querer estar bien, la búsqueda de un bienestar profundo. Llámalo como quieras, me da igual. Pero es una cosa que siempre está ahí, y que siempre estuvo. Y en la que yo creo.

Tu próximo disco justamente se titula “Luz”, ¿tiene que ver con esto?

Sí, totalmente tiene que ver. Yo soy la primera que me enfado, y tengo mi carácter que agárrame. Tengo un genio que es como el paisaje castellano, todo así y así de liso y de golpe un árbol o un accidente….

Ser un ser humano y querer hacer cosas y nacer con este género… le debes echar valor. Yo no me puedo permitir el lujo de que se crean que soy todo tan calmo… a mí me da igual. Ojalá tengan razón. Ojalá llegue yo a la calma. Si hubiera nacido en otro momento, hubiera tenido que buscar otros recursos.

Para mí la calma es una ambición. Yo sé que la alegría de mi corazón está en alcanzar la paz. La vida está llena de cosas que nos cuestan, el cerebro es muy difícil pararlo. El trabajo me ayuda a ir llegando a eso, ojalá que lo consiga.

Y tus historias, ¿cómo se han escrito hasta ahora? ¿Se escribieron solas? ¿Las escribió la tristeza, las escribió la alegría…?

La tristeza me ha hecho escribir unas cuantas canciones, desde luego. ¡Pero por suerte, también otros estados que son mucho mejores para mi salud!

¿Depende de uno?

Creo que un poco sí, creo que uno tiene la fuerza de voluntad para algo.

Es que uno también se pone en posiciones donde las cosas le ocurren, es uno quien permite que las cosas pasen en gran medida. Uno llama lo bueno, y también lo malo.

Sí, total.

Igualmente, nadie te puede discutir la verdad que entraña el título de tu canción “Por Qué Está Todo Bien Cuando Está Todo Mal”.

Eso en realidad lo dijo Javi Viña, un técnico de sonido uruguayo muy querido que vive en Argentina. Veníamos de tocar de quién sabe dónde con Anita Prada, hechos mierda. Como doscientas horas, hechos paté. ¡Y veníamos partidos de la risa! Y Javi dice, “¿por qué está todo bien cuando está todo hecho un desastre?”. Y yo le digo, “tío, eso es una canción. ¿La haces tú o la hago yo?”. Y me dijo “Hazla tú”. Y ahí nació esa canción.

¿Y cómo ves tu vínculo con las diversas formas de comunicación? Ya el nombre de tu proyecto implica que una cosa significa otra en otro lenguaje. Este disco [Q-U-E-Y-I] por ejemplo dice “escrito” y “dibujado” en los créditos. ¿Es correcto interpretar que para vos las fronteras o bien no existen, o se mueven una enormidad?

Efectivamente, lo de las fronteras geográficas ni hablar. Para mí hay una certeza, hay algo que en algún momento la humanidad (que es muy joven) tendrá que ver. Yo no sé si tengo cinco años, o cuarenta, o quinientos o dos mil ochocientos. Cada persona es un mundo pequeño. Y hay que meterle un poco de humor, y jugar. Me parece que hay que intentar ponerle una onda. El mundo está en el horno, pero hay gente que tiene más luz adentro. Y se trata de aportar cada uno su granito de arena.

Como dijo Camarón de la Isla con gran inocencia a un periodista, “la cosa es comunicar, o no comunicar”. A mí me parece que esa es la esencia, y lo que viene luego, este juego de ir de acá para allá… es una cosa más.

Pero estar acá te libró de muchas cosas, todas ellas muy onerosas ¿no?

Para empezar, tengo a mi familia a trece mil quilómetros. Es una familia numerosa, la quiero mucho. Pero no deja de ser un clan. Mas también por algo estamos en comunicación permanente y convivo con todos ellos al menos tres meses al año; no podría vivir sin ellos.

¿Sentís que huiste de algo? ¿O hacia algo?

No, no fue una huida. Creo que estoy en una búsqueda, y ahora mismo estoy por aquí.

Recién hablabas de tu edad, y la dabas como indefinida. Pero siento que tus letras tienen una inocencia que está en las antípodas de la niñez.

La inocencia para mí es algo maravilloso, y (como la calma) es algo a alcanzar. Mi inocencia no es tanto la infantil, sino la inocencia como la concebían los taoístas o los dadaístas, como la idea de “cada ver es exquisito”. No sé lo que se transluce, lo que tengo claro es que mi parte más inocente la cuido mucho, como cuido mi sueño y mi alimentación y (aunque un poco desastrosamente) mis amores [risas]. Eso sí lo sé, del mismo modo que sé que no tengo capacidad de mentir. Si no puedo aguantar algo, te quiero tirar con un camión por la cabeza. No tengo filtro. Y si algo lo amo, se me nota.

¿Tus canciones entonces son una exteriorización exacta de tu ser más íntimo?

Eso intento. En la vida todo es un intento, a través del maravilloso artificio de algo como un piano de cola, y del lenguaje de la música occidental. Es todo una gran movida.

¿Tu piano es como una extensión de quien sos vos? Porque claramente no lo considerás una herramienta.

Mi piano es mucha cosa. Para empezar, tiene el don de la ubiquidad. Lo encuentro en el Solís, y entre las cajas de un teatro hecho mierda. El otro día en la Sala Experimental de Malvín había un piano que no le funcionaba el sustain, y con Andrés Bedó lo dejamos funcionando. Ese es mi piano.  Es mucha cosa, me ha pasado como con un amor que he estado años sin tocarlo, y al mismo tiempo no poder vivir sin él.

En la Embajada de Alemania en Uruguay tienen la amabilidad de poner a mi disposición su piano Steinway, hermano del que tocaré en el Solis. En ese piano preparé hace tres años el disco Q-U-E-Y-I, y estoy preparando ahora estos conciertos. Es un regalo para mí y lo agradezco muchísimo; este es mi piano aquí. Un piano es un barco y una casa, y en estos próximos conciertos quiero investigar eso, llevar esos juegos de infancia a ese piano que es como una joya total.

¿Eso motivó directamente tus próximos conciertos en el Teatro Solís?

Son una celebración de estas canciones, un resumen de estos años que cambié de continente. Me han pasado mil cosas maravillosas, mil cosas de mucho dolor también. Un enorme desarraigo, un enorme encontrarme con otras cosas. Un aprender a vivir con mi familia de sangre lejos. Amores, desamores. Una cultura que aparentemente es muy similar, pero no. Así que celebro estar aquí, y estar viva. Y contar con el favor de la gente que me escucha, y que todos los días me regala cosas lindas. Y tenía esa idea del piano como un barco, y el reescribir la historia, y que los seres humanos son (y siempre han sido) aves que emigran… y estoy harta de toda la miseria y del caos cuando hay cantidad de cosas maravillosas que pasaron, y siguen sucediendo. Entonces, reescribamos de otra manera. Y esto es celebrar las cosas buenas que me han pasado. Y quiero llevar las canciones a una cosa más chica de lo que fue esta banda, a una sala más chica. Una sala muy distinta, donde estuvo García Lorca por ejemplo.

¿Cómo es la dinámica de estos conciertos? ¿Siguen alguna clase de guión conceptual?  

Los conciertos tienen una estructura compartida, van a estar conmigo Gerónimo de León en la percusión y Alejandra Genta en los vientos. Y hay un tronco en común con algunos textos, uno por ejemplo enseña de dónde  viene lo de “Queyi Significa Calma En Japonés”.

Y los invitados, ¿cómo y cuándo participan?

Son tres varones que para mí están de alguna manera unidos entre ellos, y conmigo. Y vamos a hacer una canción de cada uno de ellos, y cada uno de ellos hará una canción mía.

¿Vas a compartir temas de “Luz”?

Capaz alguna cosa que tiene mucho que ver, una canción llamada “Verde” que trata sobre el origen de la murga, que es de Cádiz según me contó Tabaré Cardozo. Al decírmelo, me hizo un favor inconmensurable, me hizo sentir mucho más de aquí , porque la chirigota de Cádiz significa mucho para mí.

¡Así que Tabaré tiene la culpa de que siga en Uruguay! [risas]

Una de tus canciones sostiene que “lo lindo lleva tiempo”… ¿Cuánto es demasiado, y cuanto es suficiente?

Lo lindo lleva tiempo, sí… yo creo que lleva el tiempo de darnos cuenta de que lo lindo está en la mirada. Y cuando tú consigues que tu mirada vea las cosas de la forma absolutamente alucinante y mágica que de verdad son, ahí ya no es que sea lindo. Es que es increíble. O es creíble, la magia se vuelve real. Como dicen los budistas, “si un día viéramos un árbol y lo viéramos como es, caeríamos en el suelo, perplejos de la maravilla que es ese árbol”. Así que yo creo que lo lindo lleva el tiempo de que nuestra inocencia vuelva a esa primera mirada.  Da igual lo que seas, quien seas, de que país… la mirada animal. Y eso mézclalo con el cerebro, y el día que podamos mirar así entonces ya está.

Y el amor, ¿hace todo, o lo contrario de todo?

[Risas] Y bueno, ya tengo la respuesta. Todo y lo contrario de todo es una cosa, el amor es la unidad. No tiene dualidad, la dualidad es la que lo cagó todo, hablando en criollo. Entonces el amor es la unidad, lo que nos falta. Llegar a la unidad a través de la dualidad, que es lo que hemos conocido a través de esta sociedad.

Y bueno, tiempo al tiempo. Lo lindo lleva tiempo.

Queyi en el Teatro Solís (Sala Delmira Agustini)

Viernes 5 de diciembre. Con Max Capote.

Viernes 12 de diciembre. Con Mandrake Wolf.

Viernes 19 de diciembre. Con Leo Maslíah.

Imagen portada: Charlando con Queyi – Foto: Federico Meneses

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Emilio Pérez Miguel

Emilio Pérez Miguel

(Montevideo, 2 de diciembre de 1979) Traductor público de idioma inglés, periodista cultural y organizador de eventos a beneficio de hospitales pediátricos en Uruguay y Argentina. Su labor periodística comenzó en junio de 2009 con la fundación de MusicKO, un sitio dedicado a la reseña de artistas emergentes. En la actualidad colabora con diversos portales entre los que se incluye Cooltivarte, al cual se integró a inicios de 2011. Como escritor, publicó dos libros de poesía en 2009 y 2010 (“Once” y “Ten”) y uno en prosa que vio la luz en 2013 (“Ayer La Lluvia”). "Once" y "Ten" fueron libros híbridos, con una propuesta enraizada en igual parte en la música y la poesía. "Ayer La Lluvia" aunó esta pluralidad de formas, y se presentó con los artistas que lo inspiraron en un festival de música y literatura que se extendió durante dos años, al término del cual Pérez Miguel se retiró como escritor. Las experiencias vividas durante ese tiempo fueron entonces sintetizadas en la "Campaña Del Juguete", una gira de conciertos que beneficia al Hospital Pereira Rossell en Uruguay, y al Hospital Garrahan en Argentina. Pérez Miguel fue asimismo el primer escritor uruguayo en subir todos sus libros a Internet, amparándose en el sistema de derechos libres conocido como Creative Commons. Basándose en que "el arte es para compartir y no para competir" y buscando "una democratización real de los bienes culturales", el autor comparte su obra en su propio sitio y en diversas páginas que fomentan la literatura, de manera libre y gratuita.







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