Vladimir-Ilich-Uliánov-Lenin

En la democracia plena TODOS LOS PRIVILEGIOS TIENEN QUE SOMETERSE TODO EL TIEMPO A LA DECISIÓN POLÍTICA DE LA COMUNIDAD

Capítulo 33 de Los naipes están echados, el mundo que viene

La política que es inmanente a la condición humana, (a su observar el entorno y elegir entre opciones a partir de su intervención en él) , no puede devenir acción práctica civilizatoria, evolutiva, donde se realiza lo SOCIAL del ser, si en la sociedad dividida en clases los individuos que resultan sojuzgados no adquieren el derecho a rebelarse contra TODO AUTORITARISMO.

El autoritarismo, TODO AUTORITARISMO, anula la política, divide FORZADAMENTE a la sociedad.

Tal lo que sostienen observando el proceso histórico Montesquieu, Engels, Fourier…

Y sobre esta base Hans Kelsen construye luego toda su monumental obra político jurídica, que estudiaremos.

Si el derecho a rebelarse contra TODO autoritarismo, propio de la capacidad y necesidad de perfeccionar sus condiciones de existencia de la comunidad como tal comunidad, es obstruido por la imposición no política de reglas de juego que benefician a los grupos de privilegio de cualquier naturaleza, la democracia no puede desenvolverse integralmente.
Al interior de la comunidad se produce una fractura que desestabiliza, erosiona, la pujanza transformadora, creativa, de la sociedad.

Lo que vive no se autodestruye, en todo caso se transforma, si por alguna razón tiene que cambiar para vivir, piensan Fourier, Engels y Kelsen. Y desde hace unas décadas eso han comprobado la biología evolutiva y las neurociencias.

El derecho emanado de la revolución burguesa reconoce la rebelión contra la tiranía, pues en ese derecho fundamentó la burguesía su rebelión contra el absolutismo monárquico feudal. Contra una forma de autoritarismo que imposibilitaba la movilidad social, el trabajo del ciudadano en condiciones de libertad.

En Grecia la comunidad conformada por tribus unidas a partir de lazos familiares había crecido demográficamente y había evolucionado, dispersa y reubicada en diferentes territorios, hacia la individuación.

En la “polis”, son los individuos los que participan como tales en la toma de decisiones. Participan políticamente.

Pero la condición política inmanente al fenómeno humano no puede realizarse plenamente en la sociedad si una parte de la misma es utilizada por otra para preservar los privilegios que obtuvo por la fuerza en el estadio inferior de la civilización, en la horda, la manada, cuando el animal humano apenas se diferenciaba de la naturaleza, situación que se acentuó durante el desenvolvimiento de la sociedad dividida en clases.

Esa es la razón sustancial por la cual EN la democracia, para desenvolverse enteramente como expresión de la racionalidad política, (que es lo que la democracia es), TODOS LOS PRIVILEGIOS TIENEN QUE SOMETERSE TODO EL TIEMPO A LA DECISIÓN POLÍTICA DE LA COMUNIDAD.

En caso contrario la racionalidad política no puede desenvolverse, es bloqueada por la mera aplicación de la fuerza, todavía animal, pre histórica.

Eso sostuvieron muy fundamentadamente Engels y antes que Engels, Charles Fourier, y eso mismo expresaba Vladimir Ilich Lenin cuando recriminaba a los dirigentes socialdemócratas europeos que caricaturizaran la intencionalidad democrática del esfuerzo de iniciar el proceso de superación de la sociedad dividida en clases mediante la “dictadura del proletariado”.

Y aunque como vimos, Lenin sublimó el concepto de “dictadura del proletariado” por las razones que ya hemos analizado y que luego analizaremos más en profundidad, su reflexión tenía un fundamento muy serio, riguroso, a partir de la caracterización que él realiza del imperialismo de principios del Siglo XX como imposición guerrerista y violenta del interés de pequeños grupos de privilegio – el capital financiero de Inglaterra y Alemania- por sobre el interés de la abrumadora mayoría de la sociedad mundial.

Es esa concepción integral de la democracia la que lleva a Lenin a sostener con sorna: “Para estos señores, la “dictadura” del proletariado ¡”contradice” la democracia!”.
Para él y para Engels, la imposición violenta por parte de la mayoría abrumadora de la sociedad de unas nuevas condiciones sociales en las que prevaleciera la igualdad de acceso a los instrumentos de producción de la existencia de la comunidad representaba la única democracia realmente propia de la condición política de la especia humana.

Ciertamente, luego de logrado ese propósito tenía que gobernar esa abrumadora mayoría reunida en Asamblea, como en la Atenas de Pericles, y no una burocracia que ocupó el lugar de las clases privilegiadas.

Como vimos en el capítulo anterior Fourier lo había dicho así:

“No obtendremos el equivalente de los cuatro derechos cardinales (caza, pesca, recolección de frutos y pastoreo) más que en un orden social en el que el pobre pueda decir a sus compatriotas, a su falange nativa: “he nacido sobre esta tierra; reclamo la entrada a todos los trabajos que se ejecutan en ella, la garantía de gozar del fruto de mi labor; reclamo el adelanto de los instrumentos necesarios para ejecutar ese trabajo y la subsistencia, en compensación al derecho de robo que me da la simple naturaleza”.

¡Reclamó el adelanto de “los instrumentos necesarios” para asegurar las condiciones de existencia en condiciones iguales a las de la libertad que posee el ser humano de elegir entre opciones!

En un par de ocasiones en capítulos anteriores citamos esta valoración de Engels: “No fue la democracia la que condujo a Atenas a la ruina, como lo pretenden los pedantescos lacayos de los monarcas entre el profesorado europeo, sino la esclavitud, que proscribía el trabajo del ciudadano libre”.

¿Qué quiere enfatizar Engels?

Que en la Grecia clásica, la democracia es pensada políticamente, pero todavía no toma en cuenta y no puede hacerlo porque se trata de una sociedad esclavista, (donde la producción de las condiciones de existencia no es tema de los ciudadanos libres) la necesidad de que la democracia se exprese TAMBIEN en la manera en que los individuos participan PRODUCTIVAMENTE en el perfeccionamiento de sus condiciones de existencia.

En caso contrario se produce una diferenciación entre quienes tienen derechos políticos, derechos a contemplar el universo y participar integralmente de la aventura de la vida y quienes no los tienen porque les fue impuesta por la fuerza la función de asegurar la manutención de todos, de sí mismos, y de quienes por las razones que fueren adquirieron privilegios Y NO ESTAN DISPUESTOS a someterlos a deliberación democrática.

La sociedad será entera e integralmente democrática cuando todos los individuos puedan participar en tanto que iguales genética e intelectivamente, como “productores libres asociados” en el proceso de perfeccionamiento de las condiciones de existencia de la especie, es decir, cuando se supere la división de la sociedad en clases o cuando TODO PRIVILEGIO acepte ser sometido al juicio público, acepte perder esos privilegios si la sociedad reunida en asamblea decide que es conveniente para los intereses de la sociedad que esos privilegios sean detentados por otro grupo de integrantes de la comunidad o decide simplemente, anular esos privilegios.

Desgraciadamente no podemos aquí contar cómo Fourier presentó literariamente esta necesidad existencial de la comunidad humana, la de decidir ella misma a quienes otorga y a quienes no privilegios, pero a cuenta de la curiosidad del lector, que puede leer su obra, resulta interesante relatar que ideó un sistema de rotación o elección por placer….
En “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”, Engels explica de modo claro y contundente cómo la civilización greco romana fue “derrotada” por los “bárbaros” germánicos (que todavía estaban organizados en la forma de un comunismo primitivo) precisamente por la debilidad que entrañaba frente a ese comunismo primitivo la sociedad dividida en clases, fuertemente estratificada en el período de decadencia del Imperio Romano.

Los sojuzgados por el Imperio Romano recibían con beneplácito a los “bárbaros” germánicos, relata.

Pero también enfatiza y esto es muy relevante en el análisis del proceso histórico en occidente, cómo el desprecio por el trabajo manual por parte de quienes no se veían obligados a participar de la producción de las condiciones básicas de existencia, fue creando un modo de ser social parasitario de las elites.

El protestantismo, en particular el calvinismo, modificó durante un período histórico ese parasitismo de las elites al situar en la realización práctica, en el trabajo, el modo de relacionarse con Dios, razón por la cual, como vimos con Weber, resultó muy relevante en el primer impulso transformador del capitalismo y en el empuje productivo de las sociedades anglosajonas en relación a las sociedades católicas, que heredaron del Imperio Romano cierto desprecio por el trabajo manual.

Cuando analicemos todo lo hondamente que podamos el fenómeno de la burocracia, de la militar y de la administrativa en el Estado moderno, volveremos sobre el tema del parasitismo de las elites.

Pero lo mencionamos aquí porque para Engels y para Lenin la razón por la cual la imposición por la mayoría de la sociedad de un nuevo sistema social demandaría un momento violento estriba en la presunción, del todo razonable, de que ni los grupos de privilegio económico, ni los grupos de privilegio “parasitarios” aceptarían perder esos privilegios, pues como vimos, esto ya había ocurrido durante la revolución burguesa.

Dice Engels: “…el Estado no ha existido eternamente. Ha habido sociedades que se las arreglaron sin él, que no tuvieron la menor noción del Estado ni de su poder. Al llegar a cierta fase del desarrollo económico, que estaba ligada necesariamente a la división de la sociedad en clases, esta división hizo del Estado una necesidad. Ahora nos aproximamos con rapidez a una fase de desarrollo de la producción en que la existencia de estas clases no sólo deja de ser una necesidad, sino que se convierte positivamente en un obstáculo para la producción. Las clases desaparecerán de un modo tan inevitable como surgieron en su día. Con la desaparición de las clases desaparecerá inevitablemente el Estado. La sociedad, reorganizando de un modo nuevo la producción sobre la base de una asociación libre de productores iguales, enviará toda la máquina del Estado al lugar que entonces le ha de corresponder: al museo de antigüedades, junto a la rueca y al hacha de bronce”.

En este capítulo y en los anteriores, como observará el lector, hemos “trabajado” sobre el fundamento político cultural pero también espiritual, que empujó a los líderes del proletariado a fines del siglo XIX y principios del XX a impulsar el inicio del proceso de superación de la sociedad dividida en clases mediante una acción revolucionaria semejante a la que había tenido lugar en los siglos XVII y XVIII para derribar al absolutismo feudal, pero que integraba un componente decisivo: la revolución debía ser realizada, y el gobierno que surgiera de ella debía ser gestionado, por la mayoría abrumadora de la sociedad.

Cabe pues ahora preguntarse: ¿Por qué, en el devenir histórico de la revolución bolchevique, y contra la voluntad de Lenin, el partido de vanguardia del proletariado (sin el cual no hubiese triunfado la revolución) sustituyó (absorbió, anuló) a los soviets, como institucionalidad que concedía todo el poder a la abrumadora mayoría del pueblo reunido en asamblea?

 


 

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Gerardo Bleier

Gerardo Bleier

Gerardo Bleier nació el 26 de noviembre de 1960. Escritor, Periodista y Asesor en Comunicación Estratégica. Dirigió revistas, radios y programas de televisión. Publico varios libros de poesía entre ellos Ideanimas (Arca) y Cenizas (Artefato) y una novela Cráneo de Vaca (Cruz del Sur). http://gerardobleier.blogspot.com/







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