La matanza de Corea, Pablo Picasso

“El mundo que viene”, que puede venir

Conclusiones VI de Los naipes están echados….

La dinamización de la praxis productiva (que constituye al fenómeno humano, su determinación cultural esencial) y que orgánicamente se desenvuelve ahora globalmente en la forma capitalismo total ideal, presupone el inicio de la “disolución” del Estado nacional.

Del Estado nacional tal y como operó funcionalmente durante los últimos siglos.

El aparato burocrático que ante la biológica vulnerabilidad de la especie, (rasgo que constituye al fenómeno humano, su determinación natural esencial) y que como resultado de la competencia entre las comunidades humanas por asegurar su reproducción y evitar la escasez de materias primas ocupó en la imaginación de los seres humanos el lugar de Dios, el “Espíritu Absoluto” de Hegel y Weber, irá siendo lenta, pero sistemáticamente sustituido, por la comunidad organizada democráticamente.

El proceso de institucionalización funcional de una democracia supranacional a escala planetaria demandará quizá más de un siglo, pero ha comenzado.

En seguida pondremos un ejemplo práctico que nos ayudará a dimensionar la significación que ha adquirido el capitalismo total ideal en su desenvolvimiento universal.

Pero antes de ello y antes de formular algunas apreciaciones conceptualmente muy relevantes que el autor considera oportuno subrayar, tomando en consideración las potencialidades, pero también los riesgos y graves peligros que el tránsito desde el Estado nacional hacia el establecimiento de una democracia universal implica, parece prudente hacer notar que buena parte de las valoraciones prospectivas que se formulan en este capítulo deben ser así precisamente consideradas: como valoraciones prospectivas.

Valoraciones que a juicio del autor de este escrito tienen un carácter tendencial científico culturalmente fundamentadas, pero que no por ello pretenden validez político práctica alguna, pues la dialéctica necesidad, azar, deliberación, libertad, que hemos estudiado con Marx, Lenin, Gramsci, Lukács y Habermas, está preñada de originalidad…

Como se van a exponer aquí sólo unos pocos de los nudos conflictivos que caracterizarán al mundo que viene, parece prudente también advertir que no es posible anticipar en qué regiones el proceso podrá desenvolverse administrado científico culturalmente (racionalmente) y en cuales se desencadenarán desbordes violentos que no resultará sencillo contener.

Esto porque el proceso de superación de la sociedad dividida en clases que embrionariamente se ha iniciado, en algunas regiones se desenvolverá más aceleradamente que en otras, pero también porque sólo unas pocas naciones disponen de los instrumentos necesarios (la calidad de las instituciones democráticas y los medios tecnológicos para perfeccionarlas) para afrontar las acciones contratendenciales y contrarevolucionarias que emergerán de los grupos de privilegio más conservadores.

La intuición por parte de diversos fragmentos de los aparatos burocráticos del “viejo” Estado nacional respecto de la emergencia del fenómeno que enunciamos, ha generado YA un conflicto tan o más importante, en el presente momento histórico, que el que se deriva de la contraposición temporal que todavía prevalece pero va a comenzar a ser superada, entre apropiación privada y producción social de la riqueza.

Como veremos, lo que viene de decirse explica tanto la reemergencia del ultranacionalismo neofascista, (fenómeno ya estudiado aquí) como la potencia transgresora y el apoyo de masas que desde los ochenta del siglo XX ha tenido el neoliberalismo.

Pero demos ahora un paso atrás.

Un día lluvioso de la segunda década del siglo XXI, mientras navegaba por la web en busca de información sobre el estado de las relaciones entre China y la India y por esa maravillosa potencia de la curiosidad humana, (así como por la infinita información de calidad diversa que alberga la red de redes) terminé abriendo una página que refería a la significación científica de Antoine-Laurent de Lavoisier.

En el segundo o tercer párrafo de la nota de divulgación se indicaba lo siguiente: “La química no era entonces (ni lo es ahora) una ciencia barata. Lavoisier necesitaba instrumentos complejos y sustancias caras y difíciles de conseguir. En uno de sus experimentos más significativos Lavoisier usó una gran lupa para concentrar los rayos del sol sobre un diamante. El diamante se puso incandescente como una brasa, hasta que desapareció. Con este experimento Lavoisier descubrió que el diamante es una forma de carbono y que, al quemarse, se combina con el oxígeno transformándose en dióxido de carbono. Un experimento muy importante, pero también muy costoso”.

Apunté la frase en mi cuaderno de notas “a estudio” y luego imaginé a Lavoisier solo y desgreñado o acaso acompañado por algún estudiante admirado de la tenacidad de su tutor, experimentando una y otra vez durante años, como un anciano alquimista… que es lo que era hasta que aportó los insumos para elevar la curiosidad de la especie desde la búsqueda artesanal, a la ciencia de la química.

Demos ahora un pasito adelante…

Maria Salomea Skłodowska-Curie, como Rosa Luxemburgo, nació en Polonia y antes de recibir dos premios Nobel (el de Física en 1903 y el de Química en 1911) se trasladó a París. Rosa lo hizo a Berlín. Como todavía en aquella época la condición femenina era “con toda naturalidad” considerada “intelectualmente inferior” por parte de la mentalidad de la sociedad patriarcal extendida culturalmente incluso en países de desarrollo elevado, tanto en uno como en otro caso, el protagonismo que adquirieron era más bien excepcional.

En la medida en que la evolución tecnológica de la civilización dejó en evidencia, en los países desarrollados ya con la fuerza “de un prejuicio”, de que tanto intelectiva como “espiritualmente” no había diferencia significativa alguna entre mujeres y hombres, y aunque a las “feministas” les demandó lograr ese estado de conciencia la realización de acciones muy radicales, pues les había resultado durante siglos difícil “hacerse notar” de otra manera diferente a la que emana de la praxis del erotismo, la mujer terminó finalmente ocupando espacios en todas las esferas del mundo de la vida.

Añadiendo inteligencia y sensibilidad a la producción material y cultural.

La democratización en este campo, avanzaba significativamente, por lo menos, en la sociedad occidental.

Por participar de la lucha que permitió, entre otras, esa enorme conquista civilizatoria, Rosa Luxemburgo fue asesinada por las fuerzas de choque del Estado alemán y como si tal pérdida fuese, para el autoritarismo sin adjetivos, insuficiente, el “estalinismo” decretó luego su “muerte” política.

“Sin elecciones generales, libertad de prensa y de reunión ilimitada, lucha libre de opinión y en toda institución pública, la vida se extingue, se torna aparente y lo único activo que queda es la burocracia”, había afirmado la más lúcida revolucionaria europea del siglo XX.

“Lo único activo que queda es la burocracia”…

Demos ahora, aunque quizá todavía con algunas lágrimas nublando la vista del lector, así como humedecieron la del autor mientras escribía, unos cuantos pasos adelante.

En este momento, en este mismo momento, ahora, unos diez millones de químicos hombres y mujeres de la República Popular China, conectados en red y utilizando exámenes de varios laboratorios dispersos por el territorio de la nación asiática, pero también digitalmente interconectados, acaban de descubrir un medicamento…. o quizá, la función regenerativa que tal proteína en tales dosis y mezclada con tales o cuales componentes opera sobre tal afección. Pasado mañana ocurrirá lo mismo.

Una fábrica robotizada pondrá en circulación al medicamento al que días después, o quizá ahora, ahora mismo, la empresa Bayer procurará (procura) responder con otro mejor que muy probablemente, por razones demográficas, en tanto que unos y otros experimentan con las mismas tecnologías, ya está siendo perfeccionado por la industria farmacológica china o norteamericana.

El capitalismo total ideal constituye un modo competitivo de producción, que lo mismo que ocurrió respecto de las diferencias intelectivas y productivas entre la condición masculina y la condición femenina, será considerado absurdo, (en cuanto su carácter vulgarmente competitivo), pero mientras eso no ocurra, produce con unos niveles de eficiencia y ahora a una velocidad, que a quienes -por las razones que fueren – no puedan seguirle el paso, los arrastrará a todo tipo de dinámicas autodestructivas.

Pues todas aquellas naciones, la mayoría, QUE POR SI MISMAS, por sus propias fuerzas, no logren producir la suficiente riqueza para satisfacer las necesidades vitales y las aspiraciones y necesidades tecnológicas y culturales de la población que las compone, no tendrán otra alternativa que iniciar la disolución de sus costosas estructuras burocráticas disolviéndolas en un entramado de arquitecturas supranacionales primero, reduciéndolas luego a su mínima expresión mediante su sustitución por tecnologías derivadas de la inteligencia artificial y la robótica, un poco después.

La Unión Europea fue concebida de tal suerte, (aunque luego se reburocratizó en Bruselas, esencialmente porque forzó la implementación de una moneda única para no depender ya tanto de Estados Unidos) y en proceso semejante han ya ingresado la Unión Africana (con dificultades por la existencia de muchos “estados fallidos” y acciones desestabilizadoras neoimperialistas) y el mismo proceso se desenvuelve en Eurasia.

En occidente, mientras la superación científico culturalmente articulada del sistema capitalista no pueda efectivizarse, las formas competitivas de existencia organizadas en la forma Estado nacional o en la forma de bloques de Estados PARECE ser la única manera de asegurar los niveles de calidad de vida al que han accedido cientos y cientos de millones de personas.

Pero lo relevante a nuestros efectos no es ahora ese futuro previsible pero lejano, en el que la humanidad socializada prevalecerá sobre la sociedad civil fragmentada, sino reparar en que la aceleración de las implicancias productivas del capitalismo total ideal aplicado científico culturalmente en China tornan inviable la preservación del Estado nacional según y como ha funcionado hasta ahora… no únicamente para las naciones que por desarrollo desigual no tienen la más mínima chance de competir en ningún área con los países YA desarrollados, sino incluso para varios de esos Estados “desarrollados”.

Y como, políticamente, la democracia en la forma de Estado de Derecho se ha desarrollado únicamente hasta ahora al interior de las fronteras de las naciones, … los desafíos que se le presentan a la humanidad en general y a la sociedad occidental en particular, son enormes.

Ahora quizá pueda el lector interiorizar algo más hondamente la dimensión de la afirmación que formulamos en el capítulo I de las Conclusiones:

“El proceso de “disolución” del Estado nacional, que YA ha comenzado irremediablemente para no menos del 60 % de los países del mundo, a los efectos de que no tenga lugar dejando tras de sí incalificables catástrofes humanas, deberá realizarse fortaleciendo, aunque parezca paradójico, la soberanía política democráticamente construida, de la comunidad organizada en la forma Estado”.

La dialéctica convivencia democrática, lucha de clases, proyecto nacional de desarrollo que hasta ahora se desenvolvió con resultados diversos según se haya administrado con sofisticación o en medio de las cada vez más anacrónicas lógicas amigo – enemigo, irá siendo sustituida por la dialéctica desarrollo local, convivencia democrática, integración regional; en medio de “tironeos” entre conglomerados de capitalistas no suficientemente eficientes que pretenderán y no podrán, salvo por cortos períodos, ser subvencionados, y en medio de la resistencia corporativa de aparatos burocráticos cuyas funciones YA pueden sustituirse mediante la aplicación de nuevas tecnologías.

En cualquier caso, el proceso de desburocratización de las estructuras estatales, que también implica el comienzo del fin de las prácticas clientelares, (tal cosa a cambio de tal otra) será exigida por la COMUNIDAD política cada vez más acentuadamente.

Como a las palabras, a las que nunca se las llevó el viento, el autor de este escrito las respeta casi al mismo nivel que a las personas que ama, resulta del todo conveniente dejar constancia de que los contenidos que se desarrollarán a partir del siguiente punto, el lector puede, sobre todo si desea “no hacerse problemas”, considerarlos ciencia ficción.

En la mayoría de los países del mundo se producirá, por un período bastante extenso, un cambio de contenidos en la lucha de clases: tanto las burguesías más lúcidas como los trabajadores organizados (incluso los estatales mejor preparados, que procurarán asumir ellos, en principio no autónomamente y más tarde en formas asociativas originales de las que participará toda la comunidad territorialmente relacionada, la prestación de los servicios hoy centralizados) empujarán el proceso de “adormecimiento” de las estructuras burocráticas del viejo Estado nacional.

Desde el punto de vista de la cultura democrática que es la que “más temprano que tarde” prevalecerá (porque de ella depende la dinamización productiva de la comunidad, la potencia creativa de sí, para decirlo, como ironizaba Lukács, “hegelianamente”), el conflicto clave, la dialéctica sustancial, que caracterizará al proceso de transformación, es la que surge de la necesidad de la política de contar con los instrumentos que le permitan dirigir al proceso de la civilización imponiéndose sobre los egoísmos y hábitos corporativos capitalistas y estatal funcionales en general.

Al inicio del proceso las empresas públicas, (como quiera que sean gestionadas) jugarán en este sentido un rol esencial, pues son las que posibilitan junto a las políticas impositivas redistributivas -haciendo por ahora abstracción de la cuestión militar- que la comunidad organizada todavía estatalmente y mediante mecanismos de producción político jurídica parlamentaristas (con algunas experimentaciones de democracia directa aquí y allá) prevalezca sobre la pretensión históricamente reiterada de las clases privilegiadas menos competitivas de apropiarse del aparato del Estado para ponerlo a actuar en su directo beneficio.

Llegados hasta aquí, antes de ingresar en un par de problematizaciones decisivas, por fácticas, por presentes en la realidad objetiva que acontece “ahí afuera”, es necesario, para dimensionar la significación política y cultural del proceso de desburocratización, formularse la siguiente pregunta:

¿Por qué fue tan políticamente exitoso el neoliberalismo?

Porque millones de integrantes de las clases medias de los países desarrollados o habitantes de sociedades en las cuales han tenido lugar procesos sistemáticos de movilidad social ascendente, no están satisfechos con las prestaciones del Estado, en muchas naciones, por lo demás, con sobrados fundamentos.

El hecho de que ciertamente, su situación social orgánica y dinámicamente integrada a las lógicas del capitalismo total ideal les permita prescindir de las prestaciones sociales básicas porque pueden pagar las mercantilizadas, ahonda la subjetividad a la que una vez que accedió a tales posiciones deja de interesarle casi que en absoluto toda idea del Estado como “escudo de los débiles”, según el decir del creador del primer Estado social del mundo, el estadista uruguayo, Don José Batlle y Ordoñez.

Pero no obstante ese egoísmo, pues la mayoría de ellos ni en los países desarrollados ni en los de desarrollo medio asumen, (las más de las veces porque no disponen de tiempo) protagonismo social para integrarse a asociaciones comunitarias que sustituyan a los aparatos burocráticos en la “administración de las cosas” local o descentralizadamente administradas, la exigencia desburocratizadora que “les sale (ideológicamente) del alma”, tiene componentes revolucionarios.

Muy posiblemente estimulados por las organizaciones de los trabajadores que tomarán la iniciativa, los profesionales de las clases medias altas se irán integrando a las formas comunitarias de “administración de las cosas”.

La supervisión del tratamiento y reciclaje de los residuos de la zona en que habitan, la determinación de las características y prioridades de inversión en el espacio público, la fiscalización crítica de las asociaciones de educadores… la elección de “representantes” a las Asambleas Presupuestales regionales, que serán frecuentes… y así, que la imaginación del lector haga el resto.

El ingrediente más relevante que material y culturalmente explica el conflicto entre sociedad y burocracia es la intuición, por millones de ciudadanos occidentales, de que la mayoría de los países en que habitan no están en condiciones de producir suficiente riqueza para garantizar una equilibrada distribución que evite procesos de polarización social y política autodestructivos si el viejo Estado nacional continua consumiendo recursos ineficientemente gestionados o que ya resulta innecesario gestione.

El autor de este escrito pudo observar ese fenómeno… ¡en Suecia!

El estado social, al concebirse para competir con el monumental aparato estatista del “socialismo real”, creó enormes estructuras burocráticas en algunas esferas muy corporativizadas, pues los trabajadores no están sujetos a la revocabilidad de sus funciones y disponen de privilegios menores, pero privilegios al fin… razón por la cual la “subjetividad moderna” teóricamente caracterizada por el despliegue de la iniciativa individual se trastoca en algo que podríamos denominar: “comodidad burocrática posmoderna”.

Y esto ocurre también en muchas universidades…

Y tal es una de las razones por las cuales en las sociedades occidentales que en algunos momentos lograron relativamente altos niveles de democratización de las relaciones sociales, pero mediante la excesiva presencia del Estado, en general sobredimensionado en sus funciones, se consolidó casi que como reflejo, la idea del Estado en lugar de Dios.

Y como una de sus consecuencias es la emergencia cultural de lo que puede calificarse como la “sociedad demandante”, en algunos países luego empobrecidos o que ya no disponían de recursos en exceso, la comunidad ha sido incapaz de reaccionar por sus propias fuerzas más que con reacciones del tipo de la exigencia de retorno del “Estado” total.

En los países del Este europeo reemerge en todos lados el neofascismo, concebido para sustituir… ¡al estalinismo!

Como en este libro no se trata de “escandalizar” a la opinión pública occidental, sino de exponer problematizaciones, miremos a la cara a algunas de ellas.

La abrumadora mayoría de las groseras inequidades sociales son en casi todo el mundo resultado de que se le ha hecho pagar a la sociedad, una y otra vez, por las políticas estatales implementadas no para solucionar problemas sociales derivados de la desigualdad intrínseca que pese a sus muchas virtudes en relación a las formas estamentales anteriores genera el sistema capitalista de producción, sino a que las mismas han estado orientadas a favorecer a los grupos de privilegio YA consolidados.

Resultado de lo cual, el sistema capitalista de producción, el del “libre” mercado y la “libre” competencia… ha terminado formando… ¡nuevas castas!
Bastante semejantes a las del feudalismo.

Eso, y casi nada más que eso, han sido el “capitalismo monopolista de Estado”, el “capitalismo neoimperialista supranacional”, el capitalismo “oligárquico” y el “capitalismo de los amigos” a los que burlonamente referíamos en el capítulo 72 de este libro.

A partir del ingreso de China al comercio mundial sin embargo, las lógicas según las cuales con base en “el interés nacional”, las compañías que hasta ahora podían sensatamente “gestionar”, en los países desarrollados, de vez en vez, en los países de desarrollo medio o bajo, sistemáticamente, el apoyo del “capitalismo de Estado”, dejarán de estar en condiciones de recurrir al mecanismo conocido como “socialización de las pérdidas”.

Esto obedece esencialmente a que las poblaciones que alcanzaron cierto nivel de vida estaban dispuestas a “hacer sacrificios” para salvar al Estado nacional siempre y cuando no perdiesen los privilegios derivados de habitar naciones cuyas prácticas imperialistas y neo imperialistas les permitían disfrutar de altísimos niveles de vida y consumo, pero como ninguna de las “políticas” contrafácticas son ya aplicables al tipo de competencia entre superpotencias que se desenvuelve en la actualidad, difícilmente se presente otra solución diferente al de “dejar morir” a las empresas no competitivas sustituyéndolas por capitales de cualquier origen, mejor, de diverso origen política y deliberadamente seleccionados.

En el presente estado de situación de la competencia de clases y naciones ni siquiera el capitalismo monopolista neoimperialista de Estado puede lograr imponer, como hasta ahora, las condiciones generales del comercio mundial.

Prácticas que a su vez les permitían en particular a Estados Unidos y la Unión Europea, subvencionar indirectamente a “sus” empresas en la disputa por el mercado global.

La imposición neoimperialista de las reglas de juego del comercio mundial, que en algunos momentos fue más agresiva y en otros menos, propició un fenómeno al que aquí hemos denominado como “el capitalismo de los amigos”, sustituto del capitalismo “oligárquico” ya insostenible en país democrático alguno.

Recordemos cómo con cierta ironía definíamos a esas “búsquedas” de solución a la “impotencia productiva” que caracterizó durante décadas a algunas economías nacionales, que esencialmente eso fueron, búsquedas de solución mediante atajos que no conducían a ninguna parte:
el “capitalismo oligárquico” : …”sus contenidos pueden caracterizarse como el resultado de alianzas entre “oligarquías” propietarias de vastas extensiones de tierras productivas o ricas en recursos minerales o energéticos con países imperialistas y cuyas formas institucionales han sido el resultado en sus períodos dictatoriales de la ausencia de organizaciones política y culturalmente sólidas de los trabajadores y en sus períodos más o menos “democráticos” de coyunturas en las cuales los asalariados estuvieron en condiciones de disputar espacios de poder”.

El “capitalismo de los amigos”: …”se trata de estados que con el argumento de propiciar un desarrollo industrial “nacional” constituyeron, digamos, “trenzas de poder” entre un sistema político y tecno burocrático más o menos democrático y conglomerados de capitalistas no suficientemente competitivos según las lógicas del capitalismo total ideal” …

La impotencia competitiva ha sido la característica de los Estados que no pudieron ellos mismos tornarse imperialistas lo que condujo en el pasado a sus elites más conservadoras a intentar concentrar dictatorialmente a veces, otras hegemónicamente, el poder del Estado (mediante la influencia del dinero en la praxis político electoral) pero como la extensión de la cultura democrática (institucionalmente más o menos sólida, más o menos débil) ya era en occidente un proceso ontológicamente necesario, la solución entonces experimentada lo fue el de un desarrollismo empujado mediante prácticas proteccionistas “eternas”.

Proceso del cual no podía surgir otra cosa que la articulación de nuevas castas ora con una parte del cuerpo en el mundo empresarial, ora con la otra parte en la política.

Ahora bien, como estamos presentando problematizaciones, no corresponde dejar de subrayar aquí que tales prácticas tuvieron su principal origen en que constituían casi que la única respuesta posible a los problemas del desarrollo desigual ante la acción imperialista y neoimperialista de las “viejas” grandes potencias.
Lo que nos conduce a introducir, aunque muy a vuelo de pájaro, a la cuestión militar.

Es decir, a analizar la realidad no según como a cada cual le agradaría que fuese idealmente, sino como ella se presenta a nuestra percepción cuando procuramos abordar todas sus concatenaciones con crudeza.

En principio, pero sólo en principio, el autor tiende a considerar, que contrariamente a lo que estima cierta sensibilidad “antiimperialista” curtida por los hechos, no se producirán, salvo casos muy excepcionales, intervenciones militares directas por parte de potencias occidentales en occidente.

Los riesgos de que se reproduzcan fenómenos como la reacción del integrismo islámico pero en clave de “guerra de clases”, son muy altos. Y tienen consecuencias extremadamente desestabilizadoras para las naciones agresoras. Pues sus territorios no quedarán por fuera del conflicto.

No obstante, veamos el caso de América del Sur.

El inicio del proceso de disolución del Estado nacional presenta como inexorable la implementación de acuerdos de integración regional seriamente diseñados.
Las naciones que no participen de tales articulaciones tenderán a caer en la pendiente que los conducirá, o bien a constituir “Estados fallidos” o bien a buscar soluciones extrarregionales aliándose con alguno de los potentes espacios geopolíticos ya constituidos y contra los cuales, en algunas esferas, la industrial militar entre ellas, no es posible ya plantearse competencia alguna: Estados Unidos – Gran Bretaña, la Unión Europea, o China / Rusia.

Lo mismo ocurre en África y en vastas regiones del Asia.

La India es el único país, (la única sociedad) que quizá pueda tejer alianzas al mismo tiempo, comerciales con China y tecnológicas (también en la esfera militar), con Estados Unidos.

Los procesos de integración regional seriamente ejecutados ya ahora enfrentan el desafío de vencer acciones desestabilizadoras externas (el fortalecimiento de todo competidor en cualquier área es en este momento de frágiles equilibrios, un problema) lo que puede observarse con la actitud asumida por Colombia en América del Sur y por Turquía y Ucrania en Europa.

Sin márgenes reales de autonomía por parte de las elites que procuren articular los procesos de integración no pueden desenvolverse políticas de complementación productiva, diseño de cadenas de valor y uso de los recursos naturales diferenciado en beneficio de la economía regional en su conjunto.

En los procesos de integración, digamos un poco socarronamente, los países no perderán la bandera, el himno y la selección de fútbol, pero necesitan, y por eso lo implementarán, reducir los costos burocráticos en general y MILITARES en particular, lo que únicamente puede realizarse organizando la especialización por regiones de los cuerpos de seguridad, de modo que se necesiten unos a otros estratégicamente.

Todo proceso de integración en el presente momento histórico no está orientado a conformar bloques cerrados, porque tal cosa no es posible, pero tienden a privilegiar la cooperación entre ellos respecto de otros espacios geopolíticos.

Si cualquiera de los países geopolíticamente integrantes naturales de un acuerdo de asociación se sale del bloque, introduce un componente de inestabilidad que puede conducir a conflictos militares.

Como toda ingeniería integradora no puede ya realizarse sino empujando la democratización de la sociedad, la política de generación de empleo constituye un componente esencial.

La fragmentación militar pues, que unas naciones por ejemplo de África, acuerden con tal espacio geopolítico y otras con otro, sumado a la dificultad en la generación de empleo ya endémica en algunas regiones, acentúa otro componente cuya enunciación no es posible dejar de hacer.

Refiere a la calidad de las instituciones que garanticen el monopolio del uso de la fuerza coercitiva por parte de la comunidad integrada.

En caso contrario, la disputa militar de espacios territoriales ricos en recursos naturales o utilizados por la “industria” de la droga, el contrabando de mercaderías, el tráfico de armamentos, de personas, por parte de mafias cada vez más profesionalmente organizadas, acentúan el riesgo de la emergencia de cada vez más “Estados fallidos”.

Comunidad políticamente organizada y democracia

Cuando en este libro estudiamos los contenidos del debate entre Hans Kelsen y Pashukanis sobre la especificidad del Derecho, al lector pudo pasarle desapercibida, entre las muchas diferencias conceptuales, una coincidencia sustancial.

Ambos refieren a que en el proceso de disputa por los contenidos del Derecho, que emerge tanto del conflicto de clases como a partir de la competencia entre conglomerados de intereses privados y organizaciones burocráticas, el único modo de asegurar la estabilidad de una comunidad política organizada es el que denominan como un “poder despersonalizado”, verbigracia, no endiosado, que se constituye a partir de la producción democrática de una legislación que por ello mismo resultará vinculante.

Este procedimiento dio lugar en occidente al Estado de Derecho y conduce a los dirigentes chinos a elaborar lo que califican como un Estado socialista de Derecho.

La competencia por la dirección del proceso de la civilización entre la burguesía y los trabajadores organizados, en cada país o región, y ahora a escala global, abarcará por esa razón tanto a la esfera de las formas de producción, como la esfera de la cultura.

Tomando en consideración que a China la “producción”, así puede calificarse, de una cultura democrática, le demandará algunas décadas, tanto porque por su inmensidad no puede en este momento de la conflictiva historia mundial experimentar demasiado, como porque no existen modelos de democracia directa funcionales que tomar como referencia, la voluntad común en occidente, de la burguesía más culta y los trabajadores, de sus respectivos intelectuales orgánicos, de regenerar la tradición democrática de la modernidad, constituye el único posible freno a la oleada neofascista que en caso contrario se extenderá a todas aquellas sociedades que no logren resolver políticamente las dialécticas de conflicto que hemos expuesto en esta obra.

Como la disputa por los contenidos del derecho es POLITICAMENTE efectiva, siempre y cuando no sea sometida a interferencias externas, y como el capitalismo total ideal tiende inercialmente hacia el expansionismo, tal búsqueda de la “gobernabilidad” interior requerirá políticos de alto nivel intelectual e integridad ética.

Puesto que en el universo de la cultura posmoderna tal cosa se encuentra poco, las sociedades tendrán que prestar decisiva atención a modificar ese estado de cosas.

China, Rusia, Estados Unidos, Alemania, Francia, Japón, serán los últimos estados nacionales a los cuales afectará el proceso de descomposición del capitalismo monopolista de Estado, de suerte que sus sociedades cumplirán un rol determinante en relación con los contenidos que caracterizarán al mundo en las próximas décadas.

Pues o bien ellas, las sociedades de esas naciones, repolitizándose, juegan un rol decisivo en la exigencia a sus gobiernos de una gestión científico cultural y política de la dinámica civilizatoria, o bien ella quedará librada a lógicas competitivas destructivas de impredecibles consecuencias.

La objetividad histórica en que deben desenvolverse las elites en la era del capital “hipersensible”, fenómeno que todo proceso de democratización, cuando aparece como irreversible, desata, es asunto difícil de administrar.

Tiende a producir “mentalidades resentidas”

La filosofía de la praxis, que fue erosionada en su potencia cultural revolucionaria precisamente por mentalidades resentidas, resulta relevante no subestime ahora el peso que las mismas ya tienen en occidente, en los países menos desarrollados en particular.

El “pánico” de los conglomerados de capitalistas ineficientes (que tal fue el fundamento del fascismo y es el fundamento del autoritarismo en general) no se resuelve ni mediante prácticas neoliberales ni mediante prácticas estatistas, sino mediante la democratización permanente de la comunidad política organizada localmente primero, regionalmente luego, y ya se verá hacia el último cuarto del Siglo XXI cómo, universalmente, al final del proceso.

En qué medida el mayor nivel de instrucción general de la población occidental puede generar las condiciones para una toma de conciencia orientada científico culturalmente a la democratización general de la sociedad, aún en medio de tan diversas prácticas “alienadas”, es algo que está por verse.

Y tal es la razón por la cual, la producción de cultura, constituye la más relevante acción revolucionaria en el mundo contemporáneo.

Mentalidades colaborativas

Permite albergar esperanzas el fenómeno visible por todas partes del incremento de lo que podríamos denominar como “la mentalidad colaborativa” que emerge de una miríada de emprendimientos sociales y empresariales.

Cuando las formas colaborativas salgan del ámbito de la producción, por ejemplo, de software y aplicaciones, diseño y producción artística, esferas a las que por ahora están confinadas, y se trasladen a la industria química, a la realización audiovisual, a la robótica y otros sectores claves de la economía capitalista global, el desafío a las formas del capital – trabajo asalariado será inmenso, y es en ese momento cuanto más policlasista resultará la oleada democratizadora.

En todo caso, el proceso de sustitución de la forma clásica capital – trabajo asalariado por formas de economía colaborativa, aunque desarrollado según las lógicas del capitalismo total ideal, pues en caso contrario fracasarían, ya comenzó y es históricamente irreversible.

Y es que la praxis transformadora, cuanto más se socializa la producción, más aceleradamente produce nuevas innovaciones y cooperaciones en la forma de inteligencia colectiva y creación de espacios de colaboración que tienden más y más a constituirse en “asociaciones de productores libres” que en empresas capitalistas clásicas.

Como este proceso tiene lugar en medio de la “disolución” de la forma histórica a la que conocimos como “capitalismo monopolista de Estado”, ni la burguesía ni los trabajadores organizados podrán ya en occidente lograr, en sociedades con una composición de clases cada vez más heterogénea, gobernar “contra” la otra clase.
Únicamente una sofisticada praxis policlasista mediada por partidos políticos financiados y controlados muy radicalmente por la sociedad podrá administrar científico culturalmente los enormes desafíos que, como vimos, se le presentan no ya a la comunidad supranacional todavía estatalmente organizada, sino a la humanidad en general.

La competencia cultural y política por la hegemonía somete a las clases principales de la sociedad capitalista a muy apasionantes tensiones.

La que actué con mayor densidad intelectual y vocación democrática obtendrá el respaldo de la sociedad.

Y como el sentido de la vida los individuos no lo establecen mediante la praxis política, sino en el conjunto dinámico del complejo social y afectivo, cuanto mayor es el pluralismo, más honesto, flexible y sofisticado está históricamente presionado a ser el discurso de las clases dirigentes, ya procuren representar a la burguesía, ya a los trabajadores.

Como enfatizaba Antonio Gramsci, cuanto más socializada la producción del mundo de la vida, más hiperpluralista la humanidad tiende a ser, y más históricamente necesario resulta calificar el contenido de los procesos discursivos para elevar a la sociedad de las “creencias populares”, que de vez en vez producen un Trump, hacia el desenvolvimiento de “un conjunto de actos intelectuales, un conjunto de pasiones y sentimientos” desde los cuales emerge la fuerza cultural necesaria para inducir a la acción transformadora cuyo objeto es la elevación de los contenidos del proceso de la civilización.

 

imagen portada: La matanza de Corea, Pablo Picasso

 

 


 

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Gerardo Bleier

Gerardo Bleier

Gerardo Bleier nació el 26 de noviembre de 1960. Escritor, Periodista y Asesor en Comunicación Estratégica. Dirigió revistas, radios y programas de televisión. Publico varios libros de poesía entre ellos Ideanimas (Arca) y Cenizas (Artefato) y una novela Cráneo de Vaca (Cruz del Sur). http://gerardobleier.blogspot.com/







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