El escribiente, entrevista a Álvaro Lema Mosca

Lema Mosca nació en Florida, en 1988 y actualmente vive en Madrid. Ha escrito poesía, cuento, teatro y novela. Su obra se mueve entre lo fantástico, lo decadente y lo terrorífico. Con un universo particular que gira en torno al fantasmagórico pueblo de Sarandí, sus historias son tan crueles como los versos de sus poemas. Sus últimos libros son “Un mundo de nadas”, “El silencio de las sombras”, “Las heridas me las hice yo” y “El hombre sin rostro”.

 

-¿Por qué preferís hablar de “escribiente” antes que de “escritor”?

-Sencillamente porque no me considero escritor. Y además, porque creo que ese es un concepto que está en extinción, que cada vez es más difícil que exista una figura así, con todo lo que eso implica. Al menos en nuestro medio. Así que prefiero hablar de escribiente, un término que en español significa “escribir lo que otro ya ha escrito”. Esa es una de las líneas que nos caracterizan a todos aquellos que escribimos en la actualidad: estamos repitiendo lo que ya hicieron otros. Y es lógico: la creación puramente original es imposible hoy en día. Por el contrario, la renovación está en reescribir de forma novedosa lo que ya fue escrito antes.

 

-¿Eso no limita mucho al autor?

-Sí, claro. Por esa razón el escribiente debe buscar otras vías de expresión. Ahí entra la corporalidad, ya que ahora quien escribe hace mucho más que sentarse solo frente a un escritorio. Ahora el escribiente juega con las nuevas tecnologías, muestra su cara, enseña su cuerpo, y sobre todo, le da voz a su propia escritura. En Uruguay la poesía performática tiene una historia larga pero en los últimos años ha cobrado una importancia única. Por suerte, está lleno de poetas que se animan a pararse frente a un público y “poner en voz” lo que han escrito, como dice Luis Bravo. De todas formas, eso está ocurriendo en casi todas partes del mundo.

 

-Si es tan difícil ser original, ¿en qué se transforma la literatura?

-En un espiral. Se vuelve una y otra vez a temas ya trabajados, a técnicas ya empleadas, a espacios ya conocidos. Eso es lo que sucede en todo el planeta y también en Uruguay. Arrastramos las directrices de la Generación del 45. Hace sesenta años que escribimos sobre lo mismo. A la literatura uruguaya le ha costado mucho desprenderse de ese imaginario que impusieron Onetti y los suyos. Recién en los últimos diez o quince años han comenzado a surgir nuevas escrituras que se mueven por fuera de ese existencialismo montevideano que nos inculcaron.

 

-¿La literatura fantástica es una de esas escrituras?

-Claro. Pero también lo son otras formas imaginativas, como la ciencia ficción, el relato de miedo, la literatura queer o el posteatro que se está escribiendo en Montevideo. Se trata de diversas variantes de una escritura hipnagógica, algo entre sueño y vigilia. Frente al realismo pesado y lacónico del 45 (que fue una extensión de lo que estaba pasando en el mundo), los 2000 nos han dejado modos alternativos de encarar los mismos temas. Ahí es donde entran los escribientes de mi generación, sobre todo, y también algunos mayores nacidos en la década del 70.

 

-¿Qué características tiene esa generación?

-No sé si puede hablarse de “generación” en el sentido estricto de grupo organizado. Pero sí en términos cronológicos. Creo que la gran división está, como te decía, entre aquellos que nacieron en la dictadura y aquellos que nacimos después. Sin duda, más allá de eso, hay algo que nos diferencia con las generaciones anteriores. Lo performático, la innovación con nuevas propuestas, el tratamiento de temas diferentes y sobre todo la presencia del que escribe en nuevos espacios: festivales de poesía, espectáculos teatrales-poéticos, intervenciones en espacios públicos. En Madrid y en otras ciudades europeas, por ejemplo, hay librerías donde se puede ir a cenar o tomarse un vino y la idea me parece buenísima. Proponen una oferta diferente pero que en última instancia, trata sobre lo mismo: los placeres del gusto. Y te aseguro que uno se siente más feliz comiendo en esos lugares.

 

-¿Por qué elegís la literatura fantástica y el terror a la hora de escribir?

-Las prefiero porque creo que tanto lo fantástico como la narrativa de miedo son formas muy puras de expresión. Ambas tienen que ver con los orígenes mismos de la literatura y ofrecen una gran diversidad de recursos a la hora de expresar lo que se quiere expresar. Basta pensar en todos los “tipos” de literatura fantástica o de miedo que hay en la historia de la escritura. Existen muchas formas de moverse dentro de esos géneros. Y también las prefiero porque me divierte y porque son un desafío. Para escribir eso hay que trabajar mucho la imaginación, porque son géneros muy imaginativos, y alejarse mucho de tu propia realidad. Eso es muy divertido pero es también muy difícil. Creo que por esa razón la mayoría de los escritores en el Río de la Plata han probado al menos una vez escribir un cuento de miedo, pero luego vuelven a lo suyo. Yo, en cambio, prefiero el reto. Podría sentarme a escribir sobre mí, sobre la relación con mi madre y sobre lo mal que me trata el mundo, como hace la mayoría, pero eso es un facilismo. Cualquiera puede hacer eso. Por esa razón la literatura actual está tan carente de imaginación y lo fantástico, el miedo, la ciencia ficción siguen siendo géneros tan vivos. Todos estamos un poco hartos de ver tanto “yo” hablando de sí mismo. La literatura tiene que ser otra cosa.

 

Álvaro Lema Mosca

Nació en Florida en 1988. Profesor de Literatura por el IPA, Licenciado en Comunicación por la UdelaR, Magíster en Arte y Cultura por la Universidad Autónoma de Madrid. Integrante fundador del Grupo Once, dirigió la revista ONCE entre 2011 y 2014. Varios de sus cuentos y poemas aparecen en revistas y sitios web. Parte de su obra ha sido traducida al italiano y el inglés. Ha publicado los libros De esta manera tan inusual (2012), Un mundo de nadas (2013), El silencio de las sombras (2014), Las heridas me las hice yo (2016) y El hombre sin rostro (2017). Para más información: www.lemamosca.webs.com

 


 

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Lucio Galizzi

Lucio Galizzi

Nació en Montevideo en 1985. Licenciado en Letras por la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (UdelaR). Actualmente cursa la Maestría en Estudios Literarios de la Universidad de Buenos Aires (UBA), ciudad en la que reside desde 2012. Ha colaborado con suplementos culturales de Buenos Aires, Córdoba, Rosario y Montevideo. Se incorpora a cooltivarte en 2017

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