Foto: Javier Calvelo

El Árbol de los Búhos. Entrevista a Fernando Cabrera

Lo hallé un mediodía tardío, porque lo era y porque es más poético decirlo así. Y sí… fue un hallazgo. Él estaba un tanto distante e íntimo, pero consigo mismo, detrás de la revista y de su café de a sorbos. Correcto, amable, casi resignado a su notoriedad.

Yo había reseñado un espectáculo suyo en la Trastienda de Montevideo. Se lo dije, pareció interesarse y anotó en una servilleta la dirección de la página Web y se sorprendió por el nombre.

-¿cooltivarte?

-Sí, dije, saboreándolo de antemano.

-¿Vos sos cool?- preguntó, marcando la cancha. -Porque yo no lo soy para nada- arremetió.

-Lo sé -contesté mirando de reojo la revista Caras que él había estado mirando. Eso, y su porte, el pelo, los lentes, el saco, aparentemente casual, y su postura corporal; un niño viejo un poco enfurruñado y sentado de espaldas a la vidriera.

Todo esto lo supe después y es, claramente, una construcción literaria. En esos momentos trataba de vocalizar mi seseo y controlar los latidos de mi corazón. Era Fernando Cabrera. A no gilear. Los quiero ver a ustedes.

Y así dio comienzo esta entrevista que no pudo ser presencial, por cuestiones de agenda, salud y personalidad.

 Han pasado algunos años desde aquellos 6 o 7 cuando tu madre te regaló una guitarra (sin preguntarte) y te envió con la profesora argentina Noemí Porrati a tomar tus primeras lecciones de música.

Ha pasado la época de Mon TRES video y la influencia fecunda de Lazaroff (“dejate de embromar con esto de ser arreglador, dedicate a la canción, hermano (a propósito de Paso Molino y La Vidalita), Galemire, Mateo, Darnauchans, quién te mostró que se podía hacer canción “siendo caprichoso, siendo corajudo”. Y tantos otros.

Llegó el Gran Rex, tu guitarra negra, “porque te queda más elegante” -Drexler dixit- y el lugar central en su espectáculo y aquellas tres canciones (que no eran las que vos, inicialmente, ibas a cantar) La cajita de fósforos; Viveza y La casa de al lado.

Y pienso acerca de quién es hoy Fernando Cabrera, para Fernando Cabrera. ¿Seguirá tan reticente a llamarse a sí mismo poeta, a secas, o sentirá como hace años que “es cargada la palabra poeta… es brava esa palabra… es un bloque… hay que llevarlo”; “soy un poeta popular como Carriego o Ferrer.

Y esta es la primera pregunta de esta entrevista:

-¿Quién es Fernando Cabrera? No, para los medios, ni para el público, ni siquiera para los colegas, sino para sí. ¿Quién es este ser que responde a este nombre visto por sí mismo?

-No sé quién soy. Mejor dicho, no me lo pregunto, no tengo capacidad de verme. Puedo divagar en este momento y decir que «ya se pasaron muchos años y que algo he hecho, dentro de un proyecto más bien ciego, nada explícito. He plasmado algo en la canción, un modesto signo que no se parece a otros, que es mío». Pero también pienso, sin retórica, que siempre estoy comenzando, que soy permanente principiante y queda mucho por hacer. Veo muchas composiciones, borrosas aún, pero casi tangibles, sobre las cuales siento una obligación o mandato de darlas a luz. Íntimamente: soy el mismo que a los 5 o 6 años. No he cambiado. Me veo entrando a clase el primer día de escuela. Saliendo al patio en el primer recreo. Todo me resulta ajeno, distinto, difícil de compartir. Incomunicación directa, inmediata. El comienzo de un largo proceso -llega hasta hoy- de comprensión, de adaptación, casi nunca logrado. La individualidad, no como opción sino como único y fatal camino posible.

Sin duda, el que escribe es a su vez escrito, dicho, decido. Tu escritura, aún esta, sobre todo esta, de ahora, tiene un cauce por debajo, un rumor; sus raíces en lo oculto, como le gustaba decir a Lispector. En tus letras, en tu poesía, en este texto/respuesta, hay silencio. Difícil. “Existe una masonería del silencio que consiste en no hablar de él y adorarlo sin palabras”. El silencio se hace bajo las mesas y entre líneas. El rumor del que hablo, el cauce, viene del silencio; del que no necesita nombrar para decir. Aludís a la poesía, a la creación, retornás, como en alguna entrevista anterior, a convocar la figura del demiurgo, el que ordena el caos: “Veo muchas composiciones, borrosas aún, pero casi tangibles, sobre las cuales siento una obligación o mandato de darlas a luz.” Y lo hacés con pudor, el mismo pudor que hay en tus letras. Pertenecés a una época de pudor, seguramente a un entorno familiar pudoroso… “éramos obedientes” decís en una entrevista, con Sotelo; un entorno en donde tu madre silbaba Garota de Ipanema (sin desafinar) “con el cambio en la parte B, que cambia de tono”.

El pudor que deviene de sospechar que la Belleza, alguna belleza, es un camino posible. También te referís a la soledad del creador y a la incapacidad, casi como un sino, una fatalidad, de adaptación, de comunicación.

“Todo me resulta ajeno, distinto, difícil de compartir”…, esta es la declaración más honesta que hemos recibido -como público- de un creador. Y aquí comienza a configurarse la pregunta, porque aún no me queda claro si ese “modesto signo que no se parece a otros, que es mío”, ese impulso creativo, proviene de un sueño o si es vivido por vos como un presagio, un anuncio. Pero en uno u otro caso…

-¿Cuál es el precio que se paga (que pagás) por estar auscultando esas “composiciones, borrosas aún”, donde la individualidad es casi el único camino posible, como una fatalidad?

-No sé si pago un precio. Si pago, no lo siento como pérdida. Porque a cambio también gano o cobro. Lo que pago tal vez sea mostrar desnudamente mi interior siendo yo un discreto, un tímido. Y luego revivirlo cada vez que interpreto ese tema o cada vez que lo oigo por otros. Es volver a lugares que quizá sea más sano olvidar, dejar atrás.

Eso es lo que pago, no olvidar lo olvidable. Aunque también hay cosas que me son gratas revivir, por supuesto. Muchas: tesoros de la infancia, versos bien resueltos, machiembramientos felices entre letra y música, el vértigo sin caída de cantar y tocar la guitarra. Eso es lo que cobro, pero por sobre todo lo que más cobro o gano es cuando veo que el oyente vibra con algo que yo hice. Cuando veo que logro la emoción en el destinatario me siento inmensamente rico. También debo decirte que hay ya un acostumbramiento al oficio y que por nada del mundo dejaría de hacer esto. Me da una felicidad enorme el transcurso de la hechura de una canción, que a veces es muy demorado, puedo demorar meses o años. Pero nada en el mundo me da una satisfacción similar a la composición. Bueno, también la interpretación. Cada vez soy más dichoso en el escenario.

Es muy interesante el re-encuadre discursivo que hacés, casi como un fotógrafo. Y tanto más interesante es aquello que queda por fuera del cuadro, aquello que no decís. Teniendo en cuenta, además, que aquí nos perdemos la potencia ilocutoria, al no estar frente a frente, sino en ¿extremos? de la Web. Sólo me resta la estrategia del discurso escrito como croquis de una mentalidad. De tu mentalidad. Para tratar de avistar, de entre-vistar, al ser detrás de la urdimbre -cota de mallas- que es el intelecto (un poco a lo Buarque, a lo Veloso). Tratar de discernir a través de la urdimbre de tus palabras (sos un gran urdidor, un palabrador, refinado) al individuo que parece estar siempre un poco molesto, irritado, con cara de no se acerquen.

Un discreto, decís, un tímido; alguien que no es para nada cool, como me advertiste en nuestro primer y único encuentro hasta ahora.

¿Qué es la fama para vos, Fernando? Para un discreto, un tímido. Para alguien que se ha convertido -no sin esfuerzo- en el compositor más versionado de la escena uruguaya. Quién además tiene un documental en progreso que abarca cuatro años de su carrera; un audio libro con un concierto y más de 90 poemas propios y un adelantado libro de entrevistas (Temponi/Pampillón) y otros tantos rechazados por considerar que era «absurdo» que salieran cinco libros sobre vos en un año.

Y obturando la posible tentación de que cites a Humberto Correa, me adelanto y agrego:

-«Si la fama es puro cuento», ¿qué cuenta ese cuento?; ¿qué te cuenta a vos?

-De la fama sólo conozco la parte pesada y no dispongo de la parte mejor que sería, calculo, el bienestar y el dominio de mis horas. O sea: un verdadero famoso también puede defenderse de la fama, por medio de guardaespaldas, altos muros en sus viviendas magníficas, vidrios negros en sus vehículos ídem, lejanas y paradisíacas tierras para sus vacaciones frecuentes, cuentas bancarias a salvo de eventuales avatares

financieros, etc. Yo de la fama sólo recibo reportajes, pedidos de presencia o donación de mis honorarios para todas las causas imaginables: instituciones de ayuda de todo tipo, cirugías en el exterior de todo tipo, sindicatos de todo tipo, escuelas o merenderos que se les voló el techo de todo tipo, recitales de colegas de todo tipo, grabaciones de colegas de todo tipo -acá y en Argentina- grupos estudiantiles de viaje de todo tipo, estudiantes de periodismo, sicología, historia, música, que quieren hacer su trabajo para la clase conmigo, hijos de mis 500 amigos íntimos que quieren charlar, conocerme, asistir a ensayos o grabaciones, hijos de mis 5.000 conocidos ídem, permanente pérdida de privacidad en bares, veredas, librerías, playas, parques, llamadas telefónicas de desconocidos a toda hora, desconocidos que me quieren conocer personalmente… Sólo eso. Como contrapartida, el intangible patrimonio de sentirme solidario.

Asumo como creador mi propio monstruo. Un ser que tiene como único destino prevalecer. Apartado de los demás. Lo dejo obrar en los sueños o en el arte. Lo suelto a un mundo sin coordenadas y lo abandono a vagar por las planicies oníricas que abren y desgajan en océanos con llamaradas blancas y hambrientas; un lugar de lunas crucificadas donde el viento del inconciente sangra y el tiempo -que no es tal- es pálido como un lienzo borrado y vuelto a estrenar. Somos el uno la cárcel del otro.

-¿Dónde obra tu monstruo?

-No percibo un monstruo adentro. Lo que veo en mi interior es cierta facilidad y gusto por combinar palabras y lo mismo con los sonidos, de mi voz y de instrumentos musicales. Descubrí eso en mi adolescencia y comencé a practicarlo hasta hoy. Se ha convertido en una pasión y también en un medio de supervivencia. Lo he ido decantando y puliendo. Cuando miro adentro en busca de temas o ideas para mis canciones veo lo que supongo ve todo el mundo: su historia, su experiencia. Lo que no todo el mundo logra es traducir eso en un objeto artístico. Esa es nuestra tarea, la tuya con tus poemas y la mía. La misma tarea, pero con otros objetos, cumple el panadero, el sastre, el albañil, etc. Nosotros fabricamos objetos para el espíritu, ellos para los cuerpos o para las necesidades materiales. Creo que no hay que hacer distinción entre ambas actividades o privilegiar la nuestra. La utilidad es pareja.

Entiendo que te haya incomodado la pregunta, y quizá la palabra monstruo no da cuenta de la fatiga de tratar de comunicarse con otros. O de la necesidad de andar buscando «composiciones para darlas a luz». Cierta inadaptación que se sufre: «Todo me resulta ajeno, distinto, difícil de compartir. Incomunicación directa, inmediata. El comienzo de un largo proceso llega hasta hoy- de comprensión, de adaptación, casi nunca logrado. La individualidad, no como opción sino como único y fatal camino posible».

También reconozco que esta no es una entrevista típica, un ping pong. Ya las has tenido y las tendrás. Y por supuesto valoro tu generosidad a la hora de contestar. No puedo evitar no diluirme en la entrevista (lo cual sé configura un estilo por demás deseable). Esto es más bien una conversación. Nada más lejos de mi intención privilegiar mi actividad o la tuya sobre otras. He dicho en algunas oportunidades que escribir bien implica la misma devoción que hacer bien una torta o un banco. Arte es arte. Puedo ser más conciso, claro. No es mi intención desorientarte.

-¿Qué te dicen los búhos cuando cantan?

-No me incomodaron las preguntas.

Desconozco el idioma de los búhos.


Me hiciste reír mucho con algunas respuestas del mail que sigue a éste. Lo de las comidas es desopilante, por alguna razón intuía que podía ser así. También reí con la recuperación de tu primer libro con poemas. Borgiano.
¿No recordás haber hablado de los búhos?

«El oeste de la ciudad tiene Banda de sonido propia (Jaime Roos, dixit): ramas de árboles y pájaros distintos, con distintos cantos; un bosque enfrente de mi casa; el sonido del tren; el silbato de las fábricas, los cascos de los caballos en el hormigón, la campanita de los carros me fascina.

De noche los búhos que cantan a dúo, 2 búhos. Un canto increíble. No me animo a reproducirlo […]»

Pretendía bucear en tu proceso creativo, la fase sensorial. La impregnación del mundo en vos. Imaginé que esos búhos te impresionaban de alguna manera especial. Pues decidiste decirlo en público, en una entrevista de 1997 con Aldo Novick. Hablamos de aquello que nos pasa, que nos conmueve. Cómo esa conmoción termina en la creación, dentro de un ser creativo, ése es el “Santo Grial”. Miré y escuché todas las entrevistas que existen en la Web. Y destaco tu coherencia temática. Tu decir. Los búhos estuvieron allí porque así lo quisiste. Reconozco que como imagen ¿poética? es formidable, ni hablar del sonido de la palabra. Sólo por eso valió la pena. Sospechaba que podía haber más. Sigamos.

No has sido un compositor de “resistencia” de “barricada”, sin embargo el proceso de la dictadura y la represión transcurrió desde tus 16 a los 28 años. Y te cito: “ […] la dictadura con toda su ferocidad, con toda su cosa tan horrible… se hizo sentir; […] pero vivíamos… y allí estábamos y funcionábamos como podíamos y hacíamos cosas”.

(En pleno proceso dictatorial Chico Buarque concibió “O que será” algunos dicen que es sobre el amor, otros sostienen que es sobre la libertad).

-¿En qué parte de tu proceso como creador se imbricó la dictadura?

-La dictadura empezó casi al mismo tiempo que mi proceso creativo. Mi relación con la creatividad musical no se vio afectada por la Dictadura o mejor dicho, todos supimos adaptarnos, luchar contra ella, hacer lo nuestro sin ajenizarnos, finalmente derrotarla. Opiné en mis canciones aún corriendo riesgos (Lejos, Salir, Margen, Desbordando barrios, Estás acabado, Joe, Cuando toque tu espalda) pero las hubiera escrito igual, en el mismo lenguaje, con Dictadura o sin ella. Nunca rebajé mi forma de escribir por razones de censura. Aunque alguna vez sufrí censura. Detesto el panfleto y detesté sobremanera en aquel período a quienes baratizaron la canción en aras de una comunicación inmediata hija de la urgencia política. Yo escribo igual ahora que en aquel entonces mientras otros que no nombro desaparecieron.

-¿Todo converge sobre el escenario?

-Todo converge sobre el escenario. La energía creativa mía (transfigurada en trance) y la energía creativa del espectador, no por receptiva pasiva. Si todo va bien ambas partes confluyen en el trance.

-¿Existen para vos las epifanías?

-Claro que existen las epifanías. La vida está llena de ellas y no me refiero sólo al hecho artístico o compositivo. Lo epifánico ocurre en la mente de cualquiera, quiera o no.

-¿A qué responde la profunda concentración a la hora de interpretar?

-La concentración es un bien, un valor. Necesario en infinidad de actividades tales como clavar un clavo, manejar una máquina, dar un examen, cocinar, hacer el amor, y un dilatado etc. Comprendo sin embargo que haya otros seres que no la necesiten. No es mi caso.

-¿Con qué artista aún no has trabajado y quisieras hacerlo?, ¿por qué?

-Con C. Gardel, J.L. Borges, Ch. Chaplin, A. Troilo, Ch. Parker, J. Hendrix, L.A. Solari, J. Cúneo, King Crimson, A.C. Jobim, R. Starr, W. Allen, E.Regina, B. Dylan y otros. Por un lado porque me gustan y a la vez porque pienso que habríamos encontrado la manera de interactuar.

-¿Por qué recién ahora salen a la luz tus poemas, más allá de la poesía en tus letras?

-Ya una vez, en 1992 (Ed. Trilce) publiqué un libro con canciones y poemas, entreverado, sin separarlo en dos partes. Se llamaba «56 canciones y un texto» (con prólogo y entrevista a cargo de Alicia Migdal) Al haber pasado veinte años se me juntó otra cantidad similar, ahora sólo de poemas, y se me ocurrió volver a intentar la irreflexiva aventura editorial, esta vez junto a un DVD que registra un concierto en vivo en los míticos estudios ION de Buenos Aires. De aquel primer libro recuerdo que me arrepentí pronto y un día fui a Trilce y compré todos los ejemplares que quedaban para hacerlos desaparecer luego. Yo sólo poseo un ejemplar que no presto a nadie y que es el que le había obsequiado en su momento a mi madre. Por cierto, en la tapa se reproducía un cuadro de Solari, «Los ángeles paseanderos».

-¿Zitarrosa?

-Zitarrosa: ejemplo supremo en mi tarea. El sano diálogo entre la tradición y el hoy. El sano diálogo -más infrecuente que el anterior- entre lo rural y lo urbano: con un lenguaje y una temática campera logró ser querido y exitoso en la ciudad. Ayudó en la supervivencia de géneros agonizantes como la vidalita, el gato, la huella, el estilo, la chamarrita, el razguido doble (la milonga no precisa salvataje por gozar siempre de enorme salud) Gran poeta. Gran arreglador de guitarras. Muy oriental.

-¿El placer en tu vida?

-Tomar mate al lado de la ventana de mi casa que da al norte, de mañana, escuchando radio Clarín, con apuntes que corregir o continuar, o un libro interesante, cambiar de ventana en la tarde y ver caer el sol sobre la bahía y el cerro, comprobar una vez más cómo de a poco se comienzan a distinguir del atardecer, la luz de la farola y las pequeñas luces de la ladera. Antes el placer también era recorrer el país, verificar nacientes de ríos, o pequeños pueblos que nunca había visitado, rutas que no había transitado. Mi padre fue camionero en una época y eso me quedó. Los ensayos con los músicos que me acompañan.

– ¿Y la gastronomía?

-Sólo sé preparar dos platos, uno simple y otro más elaborado. El simple, la tostada. Y el sofisticado el refuerzo.

-¿La Belleza?

-La belleza está en todas partes pero para cada uno es una cosa distinta. Lo que es bello para alguien para mí puede no serlo.

¿El mar?

-El mar es algo que despierta escaso interés en mí.

-¿Qué es el amor para Fernando Cabrera hoy, en su adultez?

-Nunca supe qué es el amor, menos ahora en la vejez. Creo que sustancialmente se trata de una construcción cultural. En los hechos es una mezcla de atracción física con convenio. Creo que las parejas se unen para apechugar mejor en la vida, para enfrentar las cosas de a dos. También está el amor genérico a la humanidad. Este sentimiento mueve muchas cosas y me parece muy positivo. La pena es que buena parte de la humanidad carece de este sentimiento.

-¿La política?

-La política está comprendida en la segunda parte de la respuesta anterior. O sea, creo que debiera ser el resultado del amor a la humanidad.

-¿La iniciativa para bajar la edad de imputabilidad de los menores?

-Tengo una canción que habla de ello, «Menores» Está en el disco Ciudad de la plata (Ayuí, 1998). Ayer mismo me invitaron a participar de un spot televisivo en contra

de la iniciativa de bajar la edad en un próximo sufragio. Mi intervención fue más o menos la siguiente: no estoy de acuerdo con quienes impulsan este tema, creo que actúan con cierto arrebatamiento o apresuramiento. No tienen en cuenta que más adelante aparecerá alguien que propondrá bajar la edad a 14. Vendrá luego otro u otros que querrán bajarla a 12. Y etcétera. Yo propongo algo más radical: llevemos el límite a 0. Todos sabemos que hay niños que ya desde la guardería comienzan a cometer sus primeras faltas o pre-delitos. Ahorremos tiempo y plebiscitos. Fernando Cabrera. Pero los integrantes de la Comisión me persuadieron de que la ironía podría no ser del todo comprendida. Entonces me remití a afirmar que de 20 delitos sólo 1 corresponde a un menor. Sólo el 5,9% de los delitos son efectuados por menores.

-¿El proyecto de despenalización del aborto?

-Apoyable. Así no se puede seguir, es un tema de índole sanitario donde están en juego muchas vidas.

-¿Desempeñarías un cargo público como lo hizo Gilberto Gil o Chico Buarque en Brasil, respecto al Ministerio de Cultura?

-Jamás tomaría un cargo público salvo que no tenga para comer. No tengo capacidad ni vocación.

-¿Leés o leíste a Marosa di Giorgio?

-Lamentablemente tengo cierta dificultad para leer a Marosa di Giorgio. El estilo me resulta inabordable y sus temas no me atraen.

-¿Qué es la libertad para vos?

-La libertad es poder decidir, es no recibir prepotencia, no estar sujeto a aceptar las determinaciones de otros cuando no concordamos con ellas.

-¿Y la justicia?

-Definir la justicia esta fuera de mi alcance porque como en tantas otras cosas siempre hay diversas posiciones. ¿Quién determina qué es lo justo cuando para una persona lo es y para otra no?

-¿Te gustan los vinos?

-De vez en cuando me gusta el vino, antes más ahora menos. No soporto el Tannat por fuerte y por excesivamente manchador.

-¿Considerás que sos un ser con una inteligencia destacada?

-Mi inteligencia es muy limitada. No cuenta que tenga cierta habilidad para la música o las canciones. En otros muchos órdenes me falla o es incompetente. Mi vida paga tributo permanente a esas incapacidades.

-¿Qué, con los pobres e indigentes?

-Es deber de todo ser humano que se precie, trabajar para revertir la pobreza y la indigencia.

-¿Alguien tiene derecho a morirse de frío en la calle?

-No, salvo que en pleno dominio de sus facultades mentales se esté suicidando.

-¿Qué, con los ricos?

-Quien tenga la habilidad de enriquecerse honestamente merecerá hacerlo. Luego debe aplicar mi primera respuesta.

 

-¿Qué sentís acerca de tu vejez -en el horizonte- y la de tus seres queridos?

-Mi vejez ya no está en el horizonte (algo que nunca se alcanza) Convive recientemente conmigo y está ocupando vastos territorios de mi cada vez más debilitada y huidiza juventud. Tanto la vejez de mis seres queridos como la mía son naturales e inevitables. La única actitud posible, la resignación. Re-signar.

-¿Podrías explicar por qué considerás compleja la música que hacen los Olimareños? Técnicamente hablando.

-Porque sus diseños vocales son originales, inesperados, lo mismo que sus diálogos guitarrísticos. Esto aplicado a un repertorio imbatible produce la magia de Los Olimareños, magia que ningún periodista, estudioso y/o musicólogo, se ha dignado estudiar y dejar por escrito.

-¿»Te abracé en la noche» fue escrita bajo el influjo de Alfredo Zitarrosa?; o de alguna manera ¿conversa con «Si te vas» (1961)?

-Para nada. No tiene el más mínimo contacto con Zitarrosa. Fue escrita bajo el influjo de mi más antiguo dolor, hoy felizmente superado. El que motivó Viejos y raídos buzos azules, Ningún ruido en el altillo, No te acordás, Por ejemplo, Que vuelve ella, Todo el día, El tiempo está después, Tuve, Copiando la lluvia, Imposibles, La casa de al lado, Puerta de los dos, Tobogán, Reina, Resurrección y Te abracé en la noche. Todas estas canciones son cartas personales que nunca llegaron a destino. Terminaron siendo canciones a lo perdido.

-¿En qué estás trabajando ahora?; ¿Cuáles son tus proyectos en lo inmediato?

-Estoy componiendo y grabando la banda sonora de la película argentina «Por un tiempo», debut como director y guionista del actor Gustavo Garzón y debut como productor de Daniel Hendler. Estoy en los toques finales del lanzamiento de Intro, un libro de poesía inédita con un DVD adentro que contiene un concierto grabado en los estudios ION de BA.

Estoy armando un libro bilingüe para Brasil con 65 textos de canciones, que sale conjuntamente por la editorial Yaugurú aquí y Grua allá. El mes que viene comienzo la grabación del nuevo disco de canciones mías que saldrá a fin de año o comienzo del próximo.

Muchas gracias, Javier.

Abrazo, Fernando.

Foto portada:  Javier Calvelo

 

   

 

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Javier Etchemendi

Javier Etchemendi

(Montevideo, 1968) Poeta, escritor, corrector. Técnico en Gestión Cultural, CLAEH. Socio Director de la Productora en Gestión Cultural “Que parezca un accidente”. Productor del Café Literario del Auditorio del Sodre Dra. Adela Reta. Presidente de la Asociación de amigos del MUMI (Museo de la Migraciones)

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