Tapa revista posdata numero 75 viernes 16 de febrero de 1996 - desaparecidos. Un paso hacia la verdad

Detenidos – Desaparecidos: ¿Operación Zanahoria?

Lo que sabemos y lo que queda por saber sobre la “Operación Encubrimiento” del horror

A principios de 1996 un grupo de periodistas de la Revista Posdata y algunas personalidades del mundo político, cultural y religioso del Uruguay decidimos realizar un esfuerzo comunicacional para replantear socialmente la necesidad de hallar los restos de los detenidos desaparecidos durante la dictadura militar.

El objetivo era convencer a la mayor parte posible del sistema político y de la sociedad respecto a la necesidad ética de reorganizar a las fuerzas -más allá de la posición que hubiesen tenido con relación a la oportunidad y validez institucional o no de aprobar la ley de caducidad- para acceder a la verdad histórica sobre lo ocurrido con los detenidos desaparecidos.

En ese contexto se publicaron varias investigaciones periodísticas, se presentó un escrito ante el Poder Judicial (Rafael Michelini) y se convocó a la Marcha del Silencio del 20 de mayo.

A partir de ese esfuerzo, y durante casi tres años, en innumerables reuniones, se iniciaron las gestiones para que el Estado constituyese una Comisión de la Verdad, la que luego, cuando asumió la presidencia el Dr. Jorge Batlle, derivó en la formación de la Comisión para la Paz.

(Más adelante daré a conocer los nombre de las principales figuras que participaron de aquellas reuniones y que de una u otra manera apoyaron el esfuerzo).

Finalmente, como es público, durante el primer gobierno del Frente Amplio comenzaron a levantarse las barreras jurídico políticas que obstruían el conocimiento de la verdad y la aplicación de Justicia.

Pero veamos un poco más detenidamente cómo surge la confluencia de la acción de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Rafael Michelini con la acción de Posdata y en qué circunstancias comienza a hablarse de la “Operación Zanahoria”.

La primer acción periodística lo fue la publicación en la Revista Posdata del 26 de enero de 1996 de una nota titulada: “Secretos de la Dictadura”, en la que se daban a conocer documentos inéditos y se reproducían pasajes importantes del libro de Diego Achard: “La transición en Uruguay”.

El viernes 16 de febrero de 1996 se daba continuación a la serie de investigaciones con una información titulada en tapa: “desaparecidos, un paso hacia la verdad”, que en páginas interiores presentaba así la noticia: “Alta fuente militar reveló a Posdata destino de los desaparecidos”.

Posteriormente Posdata publicó el testimonio de integrantes asimilados de servicios de inteligencia durante la dictadura, el 26 de abril de 1996, en una edición titulada: “Secretos de la Dictadura II”.

Un año después, en abril de 1997, Posdata publicó una entrevista a un testigo que había declarado en los primeros meses de la restauración democrática, el 22 de mayo de 1985, al Instituto de Estudios Legales y Sociales del Uruguay -IELSUR-, al Servicio de Paz y Justicia -SERPAJ- y a una comisión investigadora parlamentaria, que él mismo había enterrado cuerpos en el Batallón 13.

“Desaparecidos. Yo los enterré”, se tituló el número 134 de la revista. (Volveremos sobre las declaraciones del ex soldado Ariel López Silva, entre otras cosas porque sus declaraciones contienen algunos pasajes que en estos días conviene tener presentes).

Fueron realizadas por primera vez… ¡en 1985!

Uno de los objetivos de esta nota periodística es poner en evidencia que desde ese momento hasta el presente, si bien se ha podido confirmar que los detenidos desaparecidos fueron asesinados y enterrados en las proximidades de los mismos centros de tortura donde ello ocurrió y que existen indicios suficientes para evaluar que hubo una decisión de exhumar algunos de esos cuerpos para hacer “desaparecer” a los “desaparecidos”, ahora en cuanto pruebas del terrorismo de Estado, muy en particular las evidencias del muy posible asesinato masivo y entierro en fosa común de los “pasajeros” del denominado “segundo vuelo”, todavía no disponemos de elementos de prueba suficiente ni para confirmar lo anterior ni para dar confirmación a la versión de la cremación y posterior “dispersión de los restos en el mar”, que emergió durante la investigación de la Comisión para la Paz.

Esto es, todavía queda una enorme deuda ética que saldar con la sociedad uruguaya: ¿en qué consistió exactamente, no la Operación Zanahoria, nominación que se consolidó a partir de la quizá interesada intención de instalarla con ese vocablo perturbador y confuso por parte de un general retirado al que enseguida referiremos, si no la “Operación Encubrimiento” del horror, que así debería designarse.

Volvamos a la acción periodística de Posdata a efectos de procurar analizar en qué momento se comienza a mencionar lo que luego se popularizó como “Operación Zanahoria”.

Decía así la nota del número 75 de Posdata: “Un muy alto oficial retirado con importante participación en elevados cargos jerárquicos del régimen militar que gobernó entre 1973 y 1984, bajo reserva de su nombre, afirmó a Posdata -en conversación de la cual nuestra revista posee pruebas fehacientes, materiales e incontrovertibles- que los detenidos desaparecidos durante aquel período murieron durante interrogatorios militares y que sus cuerpos fueron enterrados en predios correspondientes a diversos cuarteles de las FFAA”.

Y añadía, “según la fuente, el procedimiento utilizado en la mayoría de los casos para llevar a cabo las “desapariciones” era practicar un pozo vertical, con el auxilio de “una máquina de Ingenieros”, en donde se colocaba el cadáver de pie. El pozo posteriormente era cubierto, y frecuentemente, “se plantaba un árbol” en el lugar.

Decenas de testimonios a lo largo de los años mencionaron la existencia, en el Batallón 13, de pequeñas “islas” de sauces a la derecha de una cancha de fútbol y hacia el arroyo Miguelete – volveremos sobre esto más adelante- como el lugar donde habían sido enterrados los restos de los detenidos cuya detención nunca fue reconocida, por ello, desaparecidos. En el Batallón 13 funcionó el centro de torturas más “estable” (y brutal) durante los primeros años de la dictadura.

La nota de tapa de Posdata indicaba seguidamente: “El ex oficial aseguró también que, en un período posterior al de los enterramientos, que no identificó con claridad, “muchos de los cuerpos fueron removidos de esos lugares”, agregando que desconocía el destino que en esos casos habían corrido.

El informante, que luego se supo era el general Alberto O. Ballestrino, anotó durante la conversación con los periodistas y consigna la revista, que también debía contarse entre los detenidos desaparecidos a algunas personas “que se trajeron desde el extranjero”.

La nota concluye indicando que en una entrevista realizada por el investigador Diego Achard, (secretario personal de Wilson Ferreira Aldunate durante muchos años) y publicada en su libro, “La transición en Uruguay”, el teniente general Medina alude a una aseveración según la cual las FFAA durante la dictadura habían perdido “los puntos de referencia” y que esa formulación se procuraba indicar: “nosotros hicimos esto y reconocemos que lo hicimos”…

La cita al libro de Achard, en la nota de Posdata, obedecía a que los periodistas de la revista, incluido su director, Manuel Flores Silva, se reunieron con Ballestrino a raíz de tomar conocimiento de esa revelación sobre el destino de los desaparecidos que el militar confesó al investigador (y permítaseme el siguiente apunte personal, entrañable individuo), cuando éste lo entrevistó para aquel libro.

Inmediatamente después de la publicación de Posdata se reunió con Ballestrino el actual senador Rafael Michelini, quien, posteriormente, presentó, el 21 de marzo de 1997 una denuncia judicial para que se investigaran los hechos denunciados por el general.

Como estamos procurando aquí, entre otras cosas, escudriñar en el origen del uso de la designación “Operación Zanahoria” para calificar tanto al ocultamiento de los restos de los desaparecidos como a su posible posterior exhumación reproduciremos enseguida algunos fragmentos de la “ficha de trámite” de aquella acción de Michelini con base en las manifestaciones que le fueron realizadas por el Oficial General Alberto O. Ballestrino.

Dice la ficha de trámite judicial: “a) “Los detenidos desaparecidos en el Uruguay, fallecieron mientras eran sometidos a interrogatorios en unidades militares”. b) “Posteriormente los cuerpos de estas personas fueron inhumados clandestinamente en predios militares señalando al Batallón de Infantería Número 13 en la Avenida Instrucciones del Departamento de Montevideo y en el Batallón de Infantería Paracaidistas Número 14 en Toledo, Departamento de Canelones”. c) «En los años 1985 o 1986, algunos cuerpos habrían sido removidos de los lugares dónde fueron enterrados, en el marco de una llamada “Operación zanahoria” realizada por las Fuerzas Armadas”.

Seguía diciendo la ficha que ““la indefinición temporal, de las presuntas conductas denunciadas (remoción clandestina de los restos de los desaparecidos), crea un clima de dudas que hacen aconsejable a juicio de la Fiscalía, la aplicación de los arts. 3º y 4º de la ley 15.848”, ley de caducidad de la pretensión punitiva del Estado.

Y añade: “comparece el denunciante (Rafael Michelini) a prestar declaraciones expresando: a) Que el Gral. ® Ballestrino le “indicó que habían sido (los desaparecidos) enterrados en los lugares que indica la denuncia, pero que no sabía si estaban ahí todavía porque él tenía conocimiento de una posible operación de remoción a la que aludió como “operación zanahoria, con el objeto de hacerlos desaparecer”….”que no estaba seguro que esa operación hubiera existido”. b) Que el objeto de la denuncia es la “identificación de los restos y su ulterior entrega a los familiares”. y todo lo que la ley ampare al respecto”. c) Que la remoción de dichos cadáveres, según le expresara el Gral. Ballestrino, “habría ocurrido luego de la recuperación democrática (1º/3/85) y antes de la llamada ley de caducidad (22/12/86)”. d) Que la fuente que da origen al artículo de la Revista Posdata de fecha 16/2/96, es el Gral. Ballestrino. e) Que el Gral. Ballestrino “no estaba seguro si se había llegado a completar la remoción de todos los cuerpos en aquel momento”.

En conversaciones privadas entre periodistas, políticos, jueces y fiscales que participaron de aquellas acciones para colocar en la agenda pública la necesidad de dar con los restos de los detenidos desaparecidos surgió en aquellos días una versión según la cual los detenidos desaparecidos fueron enterrados en tanques anaranjados de metal donde se colocaron sus restos y a los que se añadía cal. Luego se procedía a colocar ese tanque en la tierra y se plantaba un árbol encima.

De ahí la designación como “Operación Zanahoria”, formulación deslizada por Ballestrino en por lo menos dos de las conversaciones que mantuvo entonces con periodistas.
El componente del entierro en “tanques anaranjados”, etc., fue luego desmentido por los hechos. Los restos hallados tanto en el 13 como en el 14 eran enterramientos primarios en posición horizontal aunque efectivamente cubiertos con cal.

Recuerde el lector lo que había enunciado Ballestrino a Posdata: “según la fuente, el procedimiento utilizado en la mayoría de los casos para llevar a cabo las “desapariciones” era practicar un pozo vertical, con el auxilio de “una máquina de Ingenieros”, en donde se colocaba el cadáver de pie. El pozo posteriormente era cubierto, y frecuentemente, “se plantaba un árbol” en el lugar.

Y recuerde el lector cómo quedó expuesta en la ficha judicial de la denuncia presentada por Michelini (y que en nombre de la ley de caducidad luego fue archivada) tanto la acción de enterramiento como la posterior exhumación:

a) Que el Gral. ® Ballestrino le “indicó que habían sido (los desaparecidos) enterrados en los lugares que indica la denuncia, pero que no sabía si estaban ahí todavía porque él tenía conocimiento de una posible operación de remoción a la que aludió como “operación zanahoria, con el objeto de hacerlos desaparecer” …” que no estaba seguro (de) que esa operación hubiera existido”, etc.

En el transcurso del tiempo, esfuerzos interpretativos de las decenas de periodistas que dieron continuidad a las investigaciones sobre las violaciones de derechos humanos durante la dictadura formularon de maneras diversas estas informaciones consolidándose quizá a partir de ahí, no muy claramente, la designación “Operación Zanahoria” tanto para aludir al enterramiento en cementerios clandestinos como para aludir a la operación de encubrimiento que investigaciones periodísticas posteriores coinciden en señalar tuvo lugar en 1984 y fue ejecutada al mando de dos oficiales, los coroneles Juan J. Pomoli (hermano de Santiago, general) y Alfredo Lamy, el primero que ocupaba un cargo en el Ministerio de Transporte proveyó la máquina retroexcavadora y el segundo dirigió la acción junto a un teniente maquinista que dejaba el lugar cuando hallaba restos, según más adelante ampliaremos recurriendo al testimonio del coronel retirado Jorge “Pajarito” Silveira ante uno de los Tribunales de Honor implementados por el Ejército.

Tanto el trabajo del Grupo de Investigación en arqueología forense liderado por José López Mázz como el Estudio geoarqueológico realizado por Daniel Panario encontraron evidencia científica respecto a que hubo intervenciones en los Batallones 13 y 14 que pueden corresponder a acciones orientadas a la exhumación de restos para eliminarlos como prueba.

Pero también a un proceso de exhumación de cuerpos dispersos para juntarlos en algún otro lugar, obviamente cercano, porque otra acción hubiese demandado una logística más compleja y la participación de mucho mayor cantidad de personal.

En noviembre de 2009 el equipo de antropólogos encontró en el Batallón 14 una zona de enterramientos, en donde habrían estado enterrados militantes de izquierda asesinados por la dictadura, según informó al dar a conocer la presentación del documental “Las manos en la tierra”, el semanario Caras y Caretas.

”Sí”, responde el antropólogo José María López Mázz al periodista Roger Rodríguez que le pregunta por si encontraron “Arlington” en el Batallón 14. Según la crónica, así llamaban a un cementerio clandestino en ese predio militar, en referencia al cementerio de la casa de un general estadounidense, en donde se enterraron soldados de la guerra civil de aquel país, entre 1861 y 1865.

El hallazgo, que ocurrió apenas una mes antes de la suspensión (temporal posterior) de las excavaciones, consiste en una zona en la que hay pruebas de movimiento de tierra, con la marca de las máquinas que se utilizó para hacerlo y dos fragmentos óseos.

Para el antropólogo el hallazgo es “un indicio fuerte” pero se necesitan más evidencias para alcanzar una “conclusión que sea indiscutible”, dice la nota de Caras y Caretas.

Aunque no es el objeto de esta nota formular especulaciones, como hemos visto hasta aquí, no puede descartarse que las afirmaciones de Ballestrino en 1996 contuvieran “medias verdades” y “medias falsedades” y persiguieran algunos objetivos políticos…

Entre ellos el de responsabilizar al Dr. Julio María Sanguinetti de la decisión de eliminar las pruebas de los enterramientos en cementerios clandestinos.

Ballestrino pertenecía a la logia tenientes de Artigas, con la cual Sanguinetti, un conocedor profundo de la cuestión militar, tuvo durante décadas un enfrentamiento radical.

Si el lector revisa las declaraciones de Ballestrino publicadas más arriba observará que el general sugiere que las exhumaciones tuvieron lugar en 1985 u 86… en plena democracia, lo que no es compatible con el nivel de observancia que la sociedad tenía entonces sobre lo que ocurría o dejaba de ocurrir en los Batallones 13 y 14, ambos ubicados en zonas muy pobladas.

En agosto de 2006, uno de los más salvajes integrantes de los aparatos represivos detenido tras las acciones judiciales habilitadas por el Dr. Tabaré Vázquez, que con el asesoramiento del Dr. Gonzalo Fernández y del autor de este escrito excluyó de la ley de caducidad los casos más aberrantes de las prácticas de terrorismo de Estado, insistió significativamente en esta versión.
Los Tenientes de Artigas responsabilizaron a Sanguinetti por no haber evitado por siempre jamás la detención de represores durante la dictadura.

En una grabación que difundió el noticiero de Canal 4, el coronel (r) “Gilberto Vázquez denunció que a mediados del año 1984 Julio María Sanguinetti, que en dicha época era el candidato a la Presidencia de la República por el Partido Colorado, le dio órdenes al entonces comandante en jefe del Ejército, Hugo Medina, para que se borraran todas las huellas sobre enterramientos clandestinos”, constata una crónica del diario La República.

Añade la crónica luego:
“No quedó nada. Sacamos todo lo que se podía ubicar (en cuanto a restos óseos de detenidos desaparecidos durante la dictadura) y lo que en su momento no encontramos nosotros, no lo encuentra nadie”, reveló Vázquez.

El militar retirado relató que para llevar adelante la “Operación Zanahoria”: “Utilizamos máquinas, cambiamos la geografía (del predio), cambiamos el curso de un arroyo y donde había un pozo hicimos un cerro y donde había un cerro hicimos un pozo”.

Sin embargo, Vázquez sostuvo que “cuando se dijo que iban a llevar un georradar al lugar, con esa tecnología podrían haber encontrado algo, pero a mano no van a encontrar nada, a ojo no lo encuentra nadie, eso lo puedo asegurar”.

Veamos ahora las declaraciones sobre la Operación Encubrimiento, ante el Tribunal de Honor, del coronel Jorge Silveira.

Dice una nota de La República de abril de 2019:
El coronel retirado Jorge “Pajarito” Silveira confirmó ante el Tribunal de Honor militar que el coronel Alfredo Lamy fue el encargado de realizar la denominada “Operación Zanahoria” que consistió en desenterrar cadáveres de presos políticos sepultados en cuarteles, para desaparecerlos en forma definitiva. Dio los detalles del procedimiento.

En un tramo de la declaración, Silveira se refiere a la denominada “Operación Zanahoria” que ocurrió a fines de 1984, sobre el final de la dictadura.

El entonces jefe del Servicio de Información de las Fuerzas Armadas, Washington Varela, habría sido quien ordenó a Lamy encabezar dicha operación que consistió en desenterrar los cadáveres de detenidos –quienes habían muerto bajo torturas- y que habían sido sepultados de forma clandestina en el llamado campo Videla, un terreno ubicado en los fondos del Batallón de Paracaidistas Nº 14 en Toledo (Canelones) y en otras unidades. El plan era desaparecerlos en forma definitiva.

Silveira expresa ante el Tribunal: “Cada uno había dado a Lamy (los nombres de desaparecidos) para que lo hiciera en una operación zanahoria, no había dado nunca Gavazo el nombre de la de Gelman, por lo tanto había la posibilidad que el cuerpo estuviera”, en referencia a los restos de María Claudia García, nuera del poeta Juan Gelman.

La búsqueda de los restos de la nuera del poeta habían comenzado en agosto de 2005 en el Batallón N° 14. En aquella instancia el jefe del Ejército, Ángel Bertolotti, le comunicó a Macarena Gelman, que era un “99% seguro” de que se encontraran los restos de su madre.

Sin embargo, poco después la Justicia manejó la posibilidad de que María Claudia García de Gelman (hubiese sido) sepultada en el Batallón N° 13.

Sobre dicho caso, Silveira expresó que había comenzado a “trabajar, a tratar de ver quién tenía los huesitos de Gelman”, para que se “arreglara el tema de los derechos humanos”.

Pero los restos de la madre de Macarena Gelman nunca aparecieron.
Lamy se acordaba de todos los que había exhumado

Más adelante, sigue relatando la nota, “un integrante del Tribunal interroga a Silveira si piensa que el cuerpo de María Claudia de Gelman está todavía en el batallón. Ante lo cual Silveira expresa: “Lamy era una persona que dice que hizo el trabajo con una seriedad, pero por otro lado sé que Lamy no tenía ese nombre. No tenía ese nombre porque Lamy se acordaba de todos los nombres de todos los que había exhumado”.
Agrega: “El propio Lamy utilizaba un teniente de reserva con una máquina, pero el teniente de reserva hacía los pozos y si aparecía cualquier cosa rara que aparecía se tenía que bajar de la máquina e irse y Lamy hacía el resto”.

Silveira prosigue: “(…) Siempre se dijo que había quedado uno en el 13, que no sé si es ese que encontraron o…y dos en el 14, no sé, no tengo ni idea porque son… acá estoy hablando de comentarios”.
“Lo del caso Gelman sí lo estoy hablando lo que me comentó el coronel Rodríguez Buratti”, dijo.

Como observará el lector, aun cuando las exhumaciones hubiesen tenido lugar en 1984, la versión que varias fuentes militares dieron a la Comisión para la Paz sobre la “incineración” de los restos, en el caso del Batallón 13, parece muy difícil de validar.

En 1984 existían profundas diferencias al interior de los mandos del Ejército como para que una acción de tales características se realizara a la luz del día.

Cuando concluyó el trabajo de la Comisión para la Paz, uno de sus más activos protagonistas, que junto al Dr. Gonzalo Fernández revolvió cielo y tierra para tratar de obtener y aportar información real sobre lo acontecido, el Dr. Carlos Ramela, refirió así a la versión de la exhumación, incineración, (cremación) y dispersión de los restos “en el Río de la Plata”:

“PERIODISTA: Respecto con los restos sin confirmación, ¿se maneja la posibilidad que hayan sido cremados o tirados al mar? ¿Eso es lo que presenta, el informe?

RAMELA: Exactamente, el informe reconoce una versión que le ha sido transmitida por fuentes militares que, reitero, no hace suya, la transmite, porque entiende que es un tema que hubiese merecido otro tipo de comprobación objetiva, pero cumple sí con transmitirla y dar los elementos que le han sido suministrados.

Y más adelante en la misma conferencia de prensa de entrega del informe:

RAMELA: El informe dice más adelante que de esas dependencias (Batallones 13 y 14) fueron extraídos en su momento y cremados y tirados al mar. O sea que los restos, salvo un caso ocurrido en Uruguay, corresponde a Gomensoro Hoffman, cuya parte de restos, aparecieron, de acuerdo a esa información, no estarían hoy disponibles.
PERIODISTA: ¿En qué fecha fueron esos procedimientos?
RAMELA: Los procedimientos respectivos se habrían llevado a lugar a fines del año 1984”.

Como la sociedad uruguaya sabe posteriormente fueron encontrados restos de detenidos desaparecidos, dos en el Batallón 14 y dos en el Batallón 13.

En el Batallón 14 existe un horno de barro.

¿Pudo el grupo de tareas encabezado por Lamy trabajar por las noches durante algunas semanas en el año 84 en ambos Batallones y efectivizar la intención de eliminar las pruebas, esto es, hacer desaparecer definitivamente los restos de los detenidos – desaparecidos, tal como comentó por vez primera el general Ballestrino y luego reiteraron sin aportar pruebas decenas de oficiales?

Una acción de esas características, ¿pudo realizarse sin que ni un solo civil o personal de tropa haya visto nada?

Esta pregunta tiene que contestarla de una buena vez el Ejército uruguayo.

Pues en todos estos años ha habido declaraciones de civiles, como veremos más detenidamente en el próximo capítulo, que informaron sobre los enterramientos; también decenas de acciones de contrainteligencia orientadas a alejar la búsqueda de los lugares donde efectivamente había y puede haber más restos, pero no ha habido ninguna declaración de personal de tropa ni de civiles sobre la “Operación Encubrimiento”.

Esto no quiere decir que la misma no haya tenido lugar, naturalmente. Pero queda en evidencia en la presente crónica que no disponemos de elementos suficientes todavía para dar cuenta de sus contenidos reales.

 

 

 

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Gerardo Bleier

Gerardo Bleier

Gerardo Bleier nació el 26 de noviembre de 1960. Escritor, Periodista y Asesor en Comunicación Estratégica. Dirigió revistas, radios y programas de televisión. Publico varios libros de poesía entre ellos Ideanimas (Arca) y Cenizas (Artefato) y una novela Cráneo de Vaca (Cruz del Sur). http://gerardobleier.blogspot.com/

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