Marx

Democracia o barbarie

Conclusiones V de Los naipes están echados, el mundo que viene

Los problemas de la democracia y del desarrollo, contenidos sin los cuales la “disolución” más bien violenta del “Estado nacional” (incluso de buena parte de los muy ricos en recursos naturales) será irremediable, no los resuelven “publicistas” parlanchines, ni medios de comunicación hiperideologizados que empujen prácticas voluntaristas en tal o cual dirección, ni la sumisión acrítica (cortoplacista) a intereses de espacios geopolíticos diferentes al que geográficamente se pertenece.

Tampoco el “capitalismo monopolista”, ni el “de los amigos” ni el “oligárquico”, ni la militarización de las instituciones… muchos menos el nacionalismo militante en cualquiera de su versiones, sino única y exclusivamente, una gestión científico cultural del proceso de la civilización que tome en cuenta todas sus dialécticas conflictivas.

El autor de este escrito es perfectamente consciente de que la caracterización “capitalismo de los amigos” es poco ortodoxa desde el punto de vista de la ciencia política, lo mismo que el que se define en el mismo capítulo 74 de esta obra como “oligárquico”, por lo cual más adelante se expondrán argumentos mejor fundamentados para referir a la razón por la cual se “juega” con tales calificaciones.

Pero en este fragmento de las “Conclusiones” expondremos los contenidos generales del problema del desarrollo desigual.

Pues suele ocurrir con mucha frecuencia, que por no reparar en esta honda, compleja dialéctica, las elites de algunas sociedades se consideran “más inteligentes” que las de otras naciones. Por ejemplo, las norteamericanas en relación a las inglesas y las rusas, las inglesas respecto de las norteamericanas y las chinas, las argentinas respecto de las brasileñas y así, razón por la cual, de vez en vez, esas elites ingresan en petulantes y “omnicomprensivos” procesos discursivos con los que arrullan sus sueños hasta que una mañana cualquiera la realidad los expone al más cruel y merecido ridículo.

Al problema del desarrollo desigual resulta necesario analizarlo no únicamente en relación a la diferente potencialidad de producción de riqueza que caracteriza a una nación que participó de prácticas imperialistas o neoimperialistas respecto de las que no lo hicieron,(en general porque no pudieron) sino, también, respecto a la capacidad de estas últimas de superar o no las condicionantes de ese proceso derivadas y las consecuencias que ello actualmente tiene en la economía global.

La distancia cada vez más significativa, entre los niveles de tecnificación y capacidad productiva de capital de las naciones hiperdesarrolladas y las que pugnan por superar desigualdades estructurales puede conducir a estas últimas a crisis autodestructivas que nunca se resolvieron, y ahora mucho menos, mediante el mero procedimiento de las alianzas de algunas de sus elites con las elites de las potencias “centrales”.

Ni mediante intervenciones “decisionistas” autoritarias que procuran resolver a martillazos lo que necesita ser resuelto mediante la dinamización productiva y la democratización general de la sociedad.

Por ello, en el actual estado de la civilización, resulta también muy relevante observar cómo ha evolucionado el problema del punto de partida desde el cual cientos de naciones integraron al capitalismo total ideal a sus formas de producción, la forma en que ello ocurrió, si violenta o voluntariamente y la potencia demográfica o cultural de que disponen para encontrar salidas.

Indicaba Marx como sugerencia metodológica que es en las sociedades más desarrolladas de una determinada época histórica en las que hay que estudiar al “mundo que viene”, como él mismo lo hizo con la economía inglesa del siglo XIX.

Pues bien, contrariamente a lo que la abrumadora mayoría de las elites occidentales piensan de sí mismas, en términos generales puede decirse que en este momento ningún país o conglomerado de países es EN TODOS LOS PLANOS más desarrollado que otros, lo cual se explica por las consecuencias prácticas que tuvieron las experimentaciones revolucionarias de principios del siglo XX, pero también porque el proceso de socialización universal de la producción capitalista ha concluido.

Por ejemplo, la democracias culturalmente más desarrolladas pueden ser contadas con los dedos de una mano, las nórdicas, la uruguaya, algunas europeas; el desarrollo capitalista tecnológicamente más sofisticado quizá se encuentre en Estados Unidos o en Japón, la aplicación más afinada de la racionalidad científico cultural a la gestión del proceso de la civilización en su conjunto, quizá en China, la mayor disponibilidad de recursos naturales quizá en Rusia…

Buena parte de las “desigualdades” e irritantes (peligrosas) complicaciones del mundo contemporáneo son el resultado de que el impresionante desarrollo de las fuerzas productivas no se está regulando según lógicas universalistas, sino según las lógicas competitivas basadas en la weberiana “razón de Estado”, cuando, tales representaciones estatalmente autorreferenciales no permiten administrar ni política ni productivamente, los complejos problemas de la sociedad global.

Y esto tiene enormes implicancias en relación al aparato burocrático del Estado nacional y al Derecho internacional, o dicho de modo más político, en relación a la posibilidad o no de diseñar una ingeniería que permita gestionar lo que los politólogos denominan “gobernanza global”.

El estado de situación del mundo contemporáneo podría describirse así:

“Es la lucha darwinista por la existencia individual, trasplantada, con redoblada furia, de la naturaleza a la sociedad. Las condiciones naturales de vida de la bestia se convierten en el punto culminante del desarrollo humano. La contradicción entre la producción social y la apropiación capitalista se manifiesta ahora como antagonismo entre la organización de la producción dentro de cada fábrica y la anarquía de la producción en el seno de toda la sociedad”, decía Engels en su obra de divulgación “Del socialismo utópico al socialismo científico”.

Actualmente esta valoración puede presentarse “como el antagonismo entre la organización de la producción dentro de cada Estado nacional” o bloque de Estados “y la anarquía de la producción en el seno” de la sociedad global.

La intervención político económica (medidas contrafácticas de espíritu keynesiano ante, por ejemplo, la ley tendencial de la disminución de la tasa de ganancia, que en esta obra estudiamos con las notas “gramscianas” del escritor Nicolás González Varela, o las intervenciones estatales para dinamizar mediante inversiones en obra pública la economía) y político jurídicas, administración más o menos ordenada del comercio mundial luego de la segunda guerra mundial, permitió gestionar políticamente, aunque en general en beneficio de los países YA desarrollados, al proceso civilizatorio.

Las “condiciones naturales de vida de la bestia” estatal nacional trasplantadas a la creciente socialización universal de la producción, esto es, a la interconexión orgánica de la economía mundial, tornan inviable A MEDIANO PLAZO, cualquier pretensión de resolver el problema de la competencia fuera de control precisamente por el control hegemónico del mercado mundial desde tal o cual Estado nacional o bloque de Estados, por eficientes en la producción de riqueza que hayan sido en el pasado.

Como veremos más adelante, una solución coyuntural puede resultar de la articulación de bloques de naciones, pero ello siempre y cuando en esas naciones la SOCIEDAD política democráticamente organizada prevalezca sobre los intereses de los grupos de privilegio (de TODOS los grupos de privilegio) y siempre y cuando el proceso se desenvuelva tomando en consideración las desigualdades del punto de partida.

Todas las formas jurídicas de gobernanza internacional, (políticas comerciales, políticas monetarias) como resultado de un problema perceptivo propio del proceso evolutivo, cual es de que los individuos y las sociedades no consideran espontáneamente su ser social genérico cuando adoptan decisiones políticas (a la humanidad socializada que hemos analizado) sino que se perciben como “átomos dispersos”, presentan la idea de que las naciones singulares pueden operar con cierta independencia, lo que tiende a reproducir las desigualdades, en lugar de a generar las condiciones para su superación dialéctica.

La ideología burguesa en particular, las más de las veces también espontáneamente, en cuanto analiza la realidad desde su posición material privilegiada, también al interior de los Estados nacionales, suele elogiar toda política que considere a los individuos como el “átomo de la sociedad”, y se lamenta toda vez que una política impositiva procura generar condiciones de igualdad en el punto de partida.

Esta lógica, en el estado actual del mundo contemporáneo, en el que el sistema mundo es uno y el mismo a pesar de las diferencias en cuanto acceso al capital YA ACUMULADO, conduce a una catástrofe que también afectará a las elites burguesas.

Para las elites mundiales ha dejado de ser posible no prestar rigurosa atención a la indicación de Marx según la cual la “dialéctica de los conceptos de fuerza productiva (medios de producción) / relaciones de producción”, constituye a escala global una problemática “cuyos límites habrá que definir (aunque ello) no suprima la diferencia real”.

Y añade, en un texto sublime en el cual mediante notas muy generales y conceptualmente densas se exige a sí mismo repensar, “todo, desde el principio” al conjunto de tematizaciones dialécticas que había estudiado durante décadas:

“En general, el concepto de progreso no debe ser concebido de la manera abstracta habitual. Con respecto al arte, etc., esta desproporción no es aún tan importante ni tan difícil de apreciar como en el interior de las relaciones práctico-sociales mismas. Por ejemplo, de la cultura. Relación de los United States con Europa”.

(Marx refiere aquí a cómo determinadas circunstancias naturales pueden producir efectos en la cultura y en las condiciones generales de producción que a su vez repercuten en la cultura: el espíritu emprendedor que estimula a los individuos que tienen que superar enormes obstáculos para convertirse en productores agropecuarios en inmensas extensiones de tierra casi despobladas o en cambio, cierta tentación conservadora en quienes han “superado” ya ese proceso).

“Pero el punto verdaderamente difícil que aquí ha de ser discutido – añade Marx- es el de saber cómo las relaciones de producción, bajo el aspecto de relaciones jurídicas, tienen un desarrollo desigual. Así, por ejemplo, la relación del derecho privado romano (esto es menos válido para el derecho Penal y el Derecho público) con la producción moderna. Esta concepción se presenta como un desarrollo necesario. Pero justificación del azar. Cómo. (Entre otras cosas, también de la libertad.) (Influencia de los medios de comunicación)”. (En el capítulo 80 de “Los naipes” trabajamos sobre esta vinculación entre azar, necesidad y libertad).

Y concluye los apuntes en los cuales organiza sus investigaciones para la elaboración de “El Capital”:

“La historia universal no siempre existió: la historia como historia universal es un resultado”.

Cuando se analiza teóricamente al problema del desarrollo desigual puede ser útil considerar también la siguiente indicación de Engels: “Atenas ofrece la más pura y clásica forma (de desarrollo necesario): aquí, el Estado, surge directamente de las contradicciones de clase, que se habían desarrollado en la sociedad gentilicia misma (…) La emergencia del Estado entre los atenienses es una muestra especialmente típica de la constitución del Estado, ya que por un lado es enteramente pura y se desarrolla sin mezcla de violencias externas ni internas… porque, por otro lado, permite que surja directamente de la sociedad gentilicia un Estado de forma de desarrollo muy elevada, la república democrática”.

Fue la “violencia eminentemente extraeconómica”, la militar colonialista, la que produjo el desarrollo capitalista en China y en Estados Unidos…

Cuando el imperio británico luego de la revolución industrial expandió la forma capitalista de producción a todo el mundo, el desarrollo desigual en relación, por ejemplo, a lo que más tarde sería Estados Unidos y a China, comenzaba a limarse…aunque para ello resultase necesario, históricamente necesario, un proceso revolucionario que concluyó… en el BREXIT.

El pluralismo parcial, únicamente religioso, entre protestantismo y catolicismo, con sus muy violentos pero removedores acontecimientos, había abierto en Inglaterra el camino para el pluralismo político, la dinamización de la praxis productiva y científica -que eso fue la revolución industrial- fue una de sus consecuencias. El acontecimiento insular, en el caso de Inglaterra doblemente insular, comenzó luego a ser historia universal.

Pero como hasta hace pocas décadas las condiciones jurídicas de intercambio en el mercado global pudo mayormente establecerla la alianza de clases y naciones que más fuerza disponía, el mundo funcionó reproduciendo esencialmente la desigualdad.

Hasta la emergencia de China como potencia mundial.

China se apropió de las fuerzas productivas desarrolladas en todo el mundo capitalista y comenzó a aplicarlas según criterios científico culturales, y no meramente competitivos, lo que constituye el acontecimiento más importante del siglo XX luego de la revolucion bolchevique, la experimentación de Weimar que más tarde abriría el camino al Estado social, y la derrota del nazismo por el Ejército Rojo y los aliados.

Con la emergencia de China como potencia mundial, o, lo que es lo mismo, una vez que se acentúa la universalidad de los contenidos orgánicos del capitalismo total ideal, se incrementa radicalmente la velocidad de las transformaciones productivas.

Y por la sencilla razón de que involucra cuantitativamente a más cantidad de procesos teleológicos y creativos en general, se producen transformaciones cualitativas en las relaciones de producción a escala global.

Un complejo dialéctico de conflictos evolutivos de carácter universal, al llegar a un grado de desarrollo, ya no es posible administrarlo políticamente al interior de las fronteras de NINGUN ESTADO nación ni por parte de unos bloques de naciones contra otros bloques de naciones.

“El desarrollo clásico se basa ante todo en si las fuerzas productivas de un dominio determinado y en un estadio determinado también, tienen la potencia interna (como ocurrió en Inglaterra) para regular las relaciones de distribución según su sentido económicamente correspondiente, o si una violencia eminentemente extraeconómica (como ocurrió en China) tenía que insertarse para poner en pie la situación económica llegada a ser necesaria”, (para asegurar la reproducción de la sociedad en condiciones competitivas) afirma György Lukács al procurar explicar el contenido de la problemática que estamos analizando.

Y añade, “la conquista exterior era para Engels lo más frecuente, pero las fuerzas esenciales que empujan la adaptación a formas universales es la lucha de clases”.

Resulta “una diferencia cualitativa, subraya en seguida Lukács, si la violencia es un momento (que modifica al) órgano de realización de las fuerzas internas que dirigen el desarrollo, o si por la inversión directa de las relaciones de distribución, (distribución de la tierra por ejemplo) se crean condiciones enteramente nuevas para la economía.

Es de notar que Marx, en El Capital, donde presenta como clásico el desarrollo capitalista en Inglaterra, no comienza con su emergencia violenta, con la acumulación primitiva, con la inversión violenta de las relaciones de distribución, con la insoslayable creación para el capitalismo del trabajador “libre”, sino sólo tras haber expuesto en su totalidad las leyes económicas que se manifiestan clásicamente”

Marx lo había expresado así: “Una nación puede y debe aprender de las demás; incluso cuando ha desvelado la ley natural de su movimiento -y tal es la finalidad de esta obra, (El Capital) sacar a luz la ley económica de la sociedad moderna- no puede ni sobrepasar ni expulsar por decreto las fases naturales de su desarrollo, pero sí puede abreviar y suavizar los dolores del parto”.

Esta generalización expuesta todavía para las naciones, es ahora aplicable a la sociedad global en cuanto sociedad global.

Continúa Lukács exponiendo los problemas del desarrollo desigual en su obra “Ontología del ser social”: “en los países altamente desarrollados, la distribución (de capacidades culturales y tecnológicas y de bienes útiles) a la población, ya corresponde a las exigencias de una producción socialmente desarrollada, mientras que los países socialmente atrasados pueden encontrarse sólo en el principio o en la mitad de este proceso. Lenin, conforme a consideraciones tales, ya había expresado con toda claridad, que la revolución socialista en Rusia, en el sentido económico de Marx, no podía tener un sentido clásico” y que una revolución en un país desarrollado tomaría la dirección cultural del proceso de transformación.

China no era un país desarrollado, pero preservaba la memoria histórica de una civilización milenaria…

Al analizar cómo la praxis transformadora entendida ontológicamente, es decir, considerando a la especie humana que habita el mismo espacio natural, produce cambios cualitativos, Lukács expone un ejemplo sencillo que también aquí nos ayudará a comprender la significación del problema que estamos analizando: “la capacidad de observación de un cazador primitivo no puede compararse de manera inmediata con la de un investigador que experimenta en la actualidad (de un cazador que dispone de un sistema de visión nocturna, por ejemplo).

Si se considera en dominios aislados por abstracción, se llegará a una complicada confrontación de crecimiento o disminución en las capacidades de observación tal que cualquier progreso aislado en una dirección debe surgir simultáneamente con un regreso en la otra.

La crítica de la cultura procedente del romanticismo en la mayoría de los casos, suele arrancar de estos retrocesos -indiscutiblemente existentes- y con la unidad de medida así obtenida, discutir la existencia del progreso en términos generales. Por el otro lado, se constituye una concepción del progreso, cada vez más simplificada y vulgar, que se basa en cualquier puro resultado cuantitativo de progreso -crecimiento de las fuerzas productivas, ampliación cuantitativa del conocimiento- y sobre esta base se decreta un progreso general. En cualquiera de estos casos, se dilatan como criterios únicos del progreso conjunto, simples momentos singulares (por otra parte, importantes); pero ya por ello, deben errar en cuanto al núcleo de la cuestión; sí, la crítica de cualquiera de esos métodos, puede parecer plausible pues fundamentalmente no responden al problema de que se trata”.

Cual es el de la democratización general de la sociedad universalmente considerada.

Y añade Lukács: “Que un mar conecte o separe a dos países depende esencialmente del grado de desarrollo de las fuerzas productivas; cuánto más elevadas son esas, tanto más retroceden los límites naturales, hasta la distribución interna de la población, cuya movilidad o estancamiento, pueden conferir una significación decisiva a los momentos de la situación, están ya dados desde la instauración de la socialidad de la producción económica”.

Hasta aquí los componentes teóricos básicos del problema que consideramos necesario dejar expuesto y que, dicho un poco en broma, merecen otro libro de las dimensiones de Los naipes… pero veamos ahora cómo se expresan en términos prácticos.

El ingreso de la República Popular China a las lógicas del capitalismo total ideal, como consecuencia de su densidad poblacional y su capacidad creadora, (su cultura milenaria) pese al desarrollo desigual de esas capacidades que mantenía en el semifeudalismo a buena parte de su población, cambió, radicalmente, y para siempre al mundo. Mundo que hasta hace algunas décadas, todavía podía funcionar según las lógicas del Estado nacional.

China, al haber superado el desarrollo desigual, ahora considerada como economía nacional en relación al resto de las economías más desarrolladas del mundo, modificó radicalmente la realidad geopolítica, el contenido de la competencia entre conglomerados de capitalistas y también el contenido “clásico” de la lucha de clases en occidente, pues anuló toda capacidad, digamos simplificadamente para no extender mucho más esta obra, de intervenir al modo keynesiano, propio del capitalismo monopolista de Estado, en la solución de los problemas de distribución de la riqueza.

Inició el proceso de disolución de las lógicas del capitalismo monopolista de Estado, pues las mismas, aún en su versión neoimperialista, no pueden resolver los problemas que genera la economía global capitalista.

Y es esta circunstancia, la que embrutece, tal el término que corresponde, a los conglomerados de capitalistas no competitivos de los países menos dinámicos y a los acostumbrados a disponer casi monopólicamente, por ejemplo, del poder decisorio sobre la política monetaria mundial.

¿Qué hacen ante esta realidad las sociedades democráticas?

¿Preservan mediante subvenciones al productor rural improductivo con el objeto de reproducir su “cultura”, la vitivinícola de Francia o Italia por citar una, o administra la complementariedad de capitales innovadores para generar los recursos con los cuales preservar la más alto de la cultura creada por aquel estado natural de la relación del hombre y la naturaleza?

¿En América del Sur, se elaboran políticas para preservar, conservar, el espíritu libertario del gaucho y sus tradiciones musicales, o se reproducen las lógicas del “patrón” y el peón “domado”?

¿Se resignifica a Federico García Lorca, Rubén Lena, Borges y Gardel, o se intenta replicar a Franco, pero ahora muy a su pesar, europeizado, con Aznar, Marine Le Pen, Uribe, Fujimori o cualesquier “dictadorzuelo” de poca monta?

¿Se facilita la instalación de “maquilas” o de institutos de investigación como el Pasteur y sus laboratorios tecnológicamente de última generación?

Los seres humanos “sólo llevan a cabo su propia actualidad paralelamente con el retroceso de los límites naturales, con el devenir cada vez más puramente socializado de la estructura social y de sus fuerzas dinámicas”. (La praxis transformadora y la democratización de la sociedad).

“Esta tendencia crece con el entrelazamiento real de los dominios económicos; Roma y China tienen desarrollos económicos muy diferentes, pero como no ejercieron ningún influjo real entre sí, sus diferencias apenas pueden clasificarse en el desarrollo desigual, y a lo más, hegelianizando, podría decirse que el desarrollo desigual ya estaba presente, sin haber realizado su para sí.

Así, la primera producción realmente social, la capitalista, es igualmente el terreno apropiado para el auténtico despliegue del desarrollo desigual. Y eso es así, porque la trabazón de territorios cada vez más vastos y multifacéticamente estructurados desde un punto de vista económico crea un sistema de relaciones más rico y entrelazado, en cuyo domino las diferencias locales pueden influir, positiva / negativamente en la dirección del desarrollo conjunto. Que tales diferencias en el ritmo de desarrollo económico se transformen a su vez en político – militares, tiene que acrecer de nuevo la tendencia a la desigualdad. Lenin con toda razón ha tenido en cuenta esta cuestión como punto central en el análisis de la fase imperialista. En el desarrollo desigual se pone de manifiesto la heterogeneidad de cada uno de los componentes de un complejo, de las relaciones de los complejos entre sí; cuanto más desarrollada y más socializada está la economía, tanto más pasan a segundo plano las heterogeneidades de los elementos puramente naturales, transformándose más puramente en el sentido de la socialidad. Pero este proceso no suprime ni la índole natural, ni las heterogeneidades. Estas deben sintetizarse en la unidad de la corriente conjunta, y tanto más cuanto más potentemente se desplieguen las categorías sociales, pero su carácter originario se mantiene en esa síntesis y, aún dentro de la legalidad del proceso conjunto, pone de relieve la tendencia al desarrollo desigual. Por consiguiente, éstas no significan oposición alguna a la legalidad general en el desarrollo de la economía, ni menos una especificidad histórica “única” o una irracionalidad del proceso conjunto; constituyen más bien su necesario mundo fenoménico que surge de la característica del ser social”, enfatiza György Lukács en su “Ontología del ser social”.

Marx también considera con énfasis particular, añade, “en tanto que punto particularmente difícil, cómo las relaciones de producción en tanto que relaciones jurídicas se presentan en el desarrollo desigual”.

¿Por qué hace alusión aquí Lukács, con Marx, a las relaciones jurídicas?

Porque en última instancia, tanto si se las somete a crítica porque aplicadas considerando a todas las partes por igual cuando no lo son, reproduce las desigualdades, como si se las valora como un componente del proceso evolutivo de la civilización, pues habilitan a que al interior de sus contenidos se desenvuelva culturalmente la praxis política, constituyen un engranaje clave de la “dialéctica de la humanización”.

Ninguna gobernanza mundial puede concebirse ya en el mundo contemporáneo, sin considerar seriamente los problemas del desarrollo desigual y por tanto, también, entre otros “asuntos”, el relacionado con el futuro de la industria armamentista…

Engels, en una carta a Conrad Schmidt, subraya Lukács, ha dejado algunas observaciones interesantes.

“Mientras los problemas de la cooperación y la convivencia sociales de los hombres se regulan en lo esencial por la costumbre, y mientras que ellos mismos son capaces de tener en cuenta y de decidir las necesidades que espontáneamente surgen, sin aparatos especiales (familia, siervos domésticos, jurisprudencia en las democracias inmediatas), no se plantea el problema de una esfera jurídica autónoma respecto a la económica. Sólo un nivel más alto de la arquitectura social, la emergencia de las diferenciaciones antagónicas de clase, (o entre países GB) trae consigo la necesidad de crear organismos e instituciones, para la regulación determinada del trato social y económico de los hombres entre sí”.

“En contraste con la economía, (el Derecho) no se propone en manera alguna producir algo nuevo; presupone más bien este mundo como existente en su totalidad e intenta instalar en éste principios vinculantes, que no hubieren podido desarrollase a partir de su espontaneidad inmanente”, finaliza Lukács.

Y esta es la razón por la cual, en el estado actual del mundo, la planificación político jurídica de la democratización de la sociedad global, es la única forma de articular una gobernanza que considere el futuro de la especie humana como tal especie.

La opción instintiva de todas las composiciones ideológicas es dejar librada a la bestia para que satisfaga a corto plazo su necesidad de alimento, mientras destruye la capacidad de la naturaleza de reproducir las condiciones de las que emerge el alimento con el que satisface su necesidad reproductiva.

Lo que está en juego es si la mayoría de los países del mundo se orientan a reproducir experimentaciones como las concebidas por el fascismo o experimentaciones como las concebidas en todos aquellos procesos democratizadores de las relaciones sociales, pero articuladas ahora mediante todos los integrantes de la sociedad global.

 

 


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Gerardo Bleier

Gerardo Bleier

Gerardo Bleier nació el 26 de noviembre de 1960. Escritor, Periodista y Asesor en Comunicación Estratégica. Dirigió revistas, radios y programas de televisión. Publico varios libros de poesía entre ellos Ideanimas (Arca) y Cenizas (Artefato) y una novela Cráneo de Vaca (Cruz del Sur). http://gerardobleier.blogspot.com/







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