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Democracia igualitaria, democracia neoliberal, democracia formal

Apuntes para un marco conceptual de la transformación de la sociedad en el Siglo XXI

El “republicanismo crítico” y la experiencia del Frente Amplio de Uruguay en el esfuerzo por construir la democracia más avanzada del planeta.

VII

Tengo para mí que el poder sustentable en el tiempo surge originalmente de la capacidad de los seres humanos de organizar la esperanza.

La esperanza como dignidad del ser, como posibilidad de la puesta en acto de la potencia creadora de todos los individuos que componen una comunidad.

Pero como vimos en capítulos anteriores, la finitud humana es muy humana debilidad.

De suerte que el fin de la aptitud política de las comunidades humanas, que es organizar las condiciones de ese desenvolvimiento a plenitud de la creatividad de la inteligencia transformadora de todos los individuos, entra todo el tiempo en conflicto con la necesidad de satisfacer ahora muy humanas necesidades individuales, como procurarse alimentos para la supervivencia y la satisfacción de deseos de distinta índole que hagan más agradable esa experiencia breve y finita.

Esa es la razón por la cual el poder institucionalizado, el que está en condiciones de hacer obedecer, puede crear discursos y estructuras disciplinadoras y legales que aunque no persiguen el fin liberador de la potencia creativa de los seres humanos, habilita la satisfacción de las necesidades perentorias y logra así cierta legitimidad coyuntural.

Cuando no ocurre ni una cosa (la creación de ingenierías que posibiliten la democracia igualitaria –aunque sea en el Paraíso-) ni la otra, (la creación de las condiciones de calidad de vida) para la satisfacción de las necesidades perentorias, lo que ocurre es una revolución.

El poder no es únicamente una aptitud de lo político para organizar la dignidad del nosotros, durante su desenvolvimiento en estructuras estatales, conforma inexorablemente grupos dirigentes e individuos que por diversas razones aceptan someterse a su autoridad, aceptan la necesidad de la autoridad.

La autoridad es un fenómeno social derivado de la necesidad de liderazgos en la preparación para la supervivencia de las primeras comunidades humanas en las que los más fuertes físicamente asumían un rol diferenciado, tanto en la búsqueda de alimentos como en los conflictos con otras comunidades en tiempos de escases. Tiene por eso desde su origen un rol “disciplinador”, “organizador” de la manada.

Aún en las comunidades humanas más precarias aparecía ya el conflicto entre seguridad y libertad.

Hobbes escribió luego, unos pocos miles de años después, el guion del modelo de autoridad basado en la seguridad; Spinoza el modelo de autoridad basado en la libertad, en la “racionalidad de la política”, de lo político en lugar de lo dogmático formal, que se adapta mejor a la naturaleza deseante, esperanzada y por eso transformadora, del ser humano.

La esperanza es la potencia humana (por el trabajo y la imaginación) de desplazarse de un estado de situación a otro que se considera mejor.
(Dicho sea al pasar de eso se ocupa la comunicación estratégica, de los instrumentos discursivo – culturales con los cuales desplazarse de un estado de situación al otro, pero no es este el lugar para profundizar en ello).

Volveremos sobre la evolución de esta diferenciación, autoridad por un lado, subordinados por otro, porque se trata de uno de los principales “problemas” político – culturales del actual estado de desarrollo de la civilización occidental.

El de la legitimidad de la autoridad, que tanto inquietaba al general Líber Seregni.

La historia del poder político democrático en occidente es relativamente breve, desde el punto de vista teórico comienza con Aristóteles, y vuelve a adquirir relevancia central con Macchiavello, Hobbes y Spinoza… pero desde el punto de vista práctico, desde la Grecia de Pericles y algunos momentos de la República Romana hasta el ciclo de las revoluciones americanas, muy en particular la norteamericana y la artiguista, poco se avanzó en la implementación de una ingeniería democrático – igualitaria radical.

(A quienes no lo conocen fuera de Uruguay se recomienda leer el denominado Reglamento Provisorio de 1815 conocido como Reglamento de Tierras elaborado durante la Revolución independentista liderada por José Gervasio Artigas: ayuda a comprender a los uruguayos).

Los momentos claves de esa búsqueda de implementación por el Derecho de una ingeniería real y profundamente democrático igualitaria en la historia de occidente podrían ser, (mencionando a vuelo de pájaro) la revolución americana, que motivó el análisis tan influyente en Europa de Alexis de Tocqueville, los debates entre Madison y Jefferson, debates con consecuencias prácticas muy relevantes, o la obra de Jean Jacques Rousseau que con la experiencia política de su Ginebra natal imaginó un modelo democrático – igualitario radical…modelo teórico que fue el sustento de las dos más audaces revoluciones que en el mundo han sido: la Americana y la Francesa.

No debería ser necesario mencionarlo pero lo haremos pues una cierta elite burguesa tiene una fuerte propensión a formular el elogio de su obra revolucionaria olvidando lo esencial: las experiencias democráticas burguesas dejaron afuera ¡a grupos raciales enteros, a quienes no disponían de patrimonio, y a las mujeres!
Es decir, a quienes tenían que financiar la democracia burguesa sin protestar mucho.
Desde el Manifiesto Comunista en adelante, sin embargo, las luchas obreras en todo occidente primero y luego también en oriente, (luchas que costaron millones de vidas en todo el mundo) fueron logrando conquistas democráticas extremadamente relevantes que en muchos sentidos condujeron a la Segunda Guerra Mundial.
El nazismo fue una expresión política que para combatir práctica y teóricamente la experiencia vivencial de cientos de millones de personas de la contundente expresión cotidiana, contingente, de la teoría marxista de la lucha de clases fundamentó su hacer bárbaro en la teoría amigo – enemigo de Carl Schmidt.

Buena parte de sus dirigentes e intelectuales provenía de sectores sociales resentidos con el ímpetu de los procesos de modernización capitalista iniciado en la revolución industrial (donde los judíos tuvieron un rol relevante por razones que no pueden detallarse aquí pero que fueron explicados de modo formidable por Hannah Arendt y que explican el antisemitismo de la aristocracia feudal europea), y al estar muy imbricados con la vieja elite aristocrática noble de la producción feudal eran también profundamente anticomunistas, como hubiesen sido profundamente anti artiguistas, de haber leído el Reglamento de Tierras citado arriba.

Quizá el Fausto de Goethe sea la obra literaria que mejor describe las angustias existenciales que condujeron a ese “odio a la democracia” que por una parte era odio al proceso de modernización capitalista de la revolución industrial, en la que “Todo lo sólido se desvanece en al aire; todo lo sagrado es profanado, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia” y por otra, odio sobre todo en Europa, donde no eran tan extensas como en Estados Unidos las tierras productivas como para posibilitar generar niveles de igualdad razonables, a la pretensión democrático – igualitaria del movimiento obrero y los campesinos desplazados y sumidos en la marginalidad por la modernización de la producción agropecuaria con Estados todos gobernados para beneficiar los procesos de concentración de capital en grupos de poder que estuviesen a su vez en condiciones de financiarlos. De financiar sus guerras expansionistas también, naturalmente.

Se señaló antes que el nazismo fue una expresión política que para combatir práctica y teóricamente la experiencia vivencial de cientos de millones de personas de la contundente expresión cotidiana, contingente, de la teoría marxista de la lucha de clases fundamentó su hacer bárbaro en la teoría amigo – enemigo de Carl Schmidt.

En el contexto acelerado de la modernización capitalista que en el mundo tenía lugar en aquel entonces, como ahora, entre potencias que procuraban la hegemonía para preservar los privilegios que habían conquistado a sangre y fuego en procesos expansionistas resultaba extremadamente sencillo situar al enemigo en el diferente competitivo, en el otro que ponía en riesgo la propia calidad de vida de la comunidad nacional de identidad, desplazando así el problema nunca resuelto hasta la aparición del Estado de Bienestar de la cuestión social en cada Estado nación.

Si se observa con atención y desapasionadamente esta breve historia de la democracia en occidente resulta a todas luces evidente que la misma únicamente se desarrolló a plenitud en muy pocos países y durante muy breves periodos históricos.

Esa es la razón por la cual, en contraposición a la pretensión elitista burguesa (neoconservadora) de auto considerase los creadores de la democracia y sus líderes naturales, (nada más alejado de la realidad) surgió otra bravuconada vulgar, por parte del estalinismo, que consistió en desvalorizar a la democracia misma calificándola como formal para justificar el proyecto de alzarse con el poder monopólico del Estado.

Continuará

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Gerardo Bleier

Gerardo Bleier

Gerardo Bleier nació el 26 de noviembre de 1960. Escritor, Periodista y Asesor en Comunicación Estratégica. Dirigió revistas, radios y programas de televisión. Publico varios libros de poesía entre ellos Ideanimas (Arca) y Cenizas (Artefato) y una novela Cráneo de Vaca (Cruz del Sur). http://gerardobleier.blogspot.com/

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