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Corea/Gadd Band en el Teatro de Verano: magistral

El show de la banda de Corea y Gadd en el Teatro de Verano

Esperen. Vuelvan atrás y lean eso de nuevo: “el show de la banda de Corea y Gadd en el Teatro de Verano”. ¿No se les sacuden de éxtasis todas las células? A mí sí. El corazón bombea a mil por hora. Respiro profundo y vuelvo a empezar.

Amo con toda mi alma cuando voy a escuchar música y estoy rodeada de músicos que admiro. Hay algo en el hecho de que los músicos vayan a escuchar música que me genera una alegría especial, desbordante. Ha de ser porque sospecho que los músicos deben de disfrutar el triple que yo de estar presentes en estos momentos religiosos. Anoche, miraras para donde miraras veías músicos, y todos con su adrenalina a todo trapo, con ese cosquilleo energético que precede a ver un show de quienes fueron tus ídolos toda la vida. Ese paisaje humano, de corazones musicales ilusionados, tiene para mí un impacto y un valor de gran significado emocional. Es casi como si hubiera un show debajo del escenario y otro arriba. Y, por supuesto, es impagable la experiencia energética de ver una música que te fascina cuando alrededor tuyo todo el mundo está exactamente en la misma sintonía.

Algo muy gracioso de anoche fue que según con quién te cruzaras te hablaba de “él”. Por ejemplo: “¡Al fin lo voy a ver!”, o “Lo vi hace 20 años”, o “¡Qué bueno que vino!”. Entonces tenías que detenerte un segundo y razonar: “es pianista, habla de Corea” o “es baterista, obvio que habla de Gadd”. Eso fue muy genial de vivir. A la salida hubo un instante en que nos cruzamos tres personas. Dos hablábamos de cuándo “lo” habíamos visto por última vez y el tercero compartía fervorosamente. De repente se dio cuenta, paró, nos miró y dijo: “ahh, ustedes hablan de Gadd… claro”. ¡Qué absolutamente genial que haya un concierto en el que pase esto!

El momento en que la banda apareció en el escenario tuvo una particularidad: la actitud terrenal y humilde de esos seres que saludaban y se iban acomodando a sus instrumentos. Ahí estaba Corea, sacándole fotos al público, ahí estaba Gadd, quien en mi imaginario es tanto más gigante físicamente que en la tridimensionalidad física. Entonces Corea tomó el micrófono y saludó: “Gracias”, dijo en un buen español, y luego presentó a cada uno de los músicos de la banda:

Steve Gadd en la batería

Luisito Quintero en percusión

Steve Wilson en saxos y flauta

Carlitos del Puerto en bajo

Lionel Loueke en guitarra

Ya ahí, en ese momento de presentaciones, se respiró el ánimo que habría durante todo el toque: relajación, simpatía, alegría, diversión.

El primer regalo que nos hicieron estos seres fue el tema “Night Streets”, del disco “My Spanish Heart”. Pero al acercarse al piano y antes de comenzar, Corea llamó a uno de los asistentes de escenario y le pidió que encendieran las luces para poder ver al público. Ese gesto me pareció alucinante. Aunque en ese momento no lo sabía, luego me di cuenta de que fue el primer indicio de una actitud que sería muy marcada toda la noche y que hizo una gran diferencia: Chick Corea estaba plenamente atento a lo que pasaba encima del escenario, al acto de creación con el resto de los músicos, y muy, muy atento al público, a quienes nos incluyó todo el tiempo con miradas, gestos y, sobre el final, invitándonos a cantar sus melodías. Así arrancó la noche, que para mejor tenía una temperatura perfecta y, lo más importante para escucharlos bien, sin pizca de viento.

Un hurra especial a quienes definieron el volumen: era ideal como para poder escuchar con claridad cada elemento de la música. Quizás habría subido un poco la voz de Loueke, pero todo lo demás estaba al volumen exacto.

Ya que lo mencioné, pongo mi foco primero en el guitarrista. Loueke, quien nació en Benin (país africano que queda al lado de Nigeria, Niger, Togo y Burkina Faso) y estudió en la Berklee College of Music, es una pieza extraordinaria en el tablero que configura esta banda. Sus elecciones son muy personales. Desde los sonidos que eligió, que eran más de sintetizador que de guitarra, la personalidad de sus intervenciones, y su voz que tiene una impronta conmovedora, su presencia musical fue un aporte muy marcado para la cualidad del show en su conjunto. Cuando soleaba él todos los sentidos se agudizaban.

Loueke ha tocado en los discos Possibilities (2006) y River: The Joni Letters (2007), ambos de Herbie Hancock y ha trabajado, entre otros, con Alphonso Johnson, Jack de Johnette, Kenwood Dennard, George Garzone, Bob Hurst, Angelique Kidjo, Dianne Reeves, Cassandra Wilson, Wayne Shorter, Jeff ‘Tain’ Watts, Charlie Haden, Nathan East, Vinnie Colaiuta, Marcus Miller, Sting, Brian Blade, John Patitucci, Terri Lyne Carrington, Kenny Garrett, Roy Hargrove, Santana y Dennis Chambers. Como líder tiene seis discos, cuatro de los cuales son del sello Blue Note.

El frente y centro del escenario lo compartió con Steve Wilson. Wilson es un músico muy reconocido en el mundo del jazz. Ha participado hasta el momento en más de 150 discos liderados por artistas de la talla de Chick Corea, George Duke, Michael Brecker, Dave Holland, Dianne Reeves, Bill Bruford, Gerald Wilson, Maria Schneider, Joe Henderson, Charlie Byrd, Billy Childs, Karrin Allyson, Don Byron, y Mulgrew Miller. Hasta hoy grabó ocho discos como líder y actualmente está presentando su último álbum con el cuarteto integrado por Bill Stewart, Orrin Evan y Ugonna Okegwo. Anoche tocó saxo alto y soprano y flauta, con un sonido espectacular y aportando al todo con un gusto exquisito. Me encantó también cómo Wilson estuvo durante todo el show disfrutando de cada uno de los acontecimientos musicales con un grado importante de conexión con cada uno de los integrantes. Hubo, particularmente, momentos de diálogo musical con Corea que fueron una maravilla.

Al fondo del escenario, sobre nuestra derecha, estaba Luis Quintero, con tremendo kiosco, como decimos por acá. Quintero nació en Caracas donde desde muy temprana edad se dedicó a la música en forma profesional. Luego se instaló en Nueva York y ha tocado y grabado con una lista impresionante de músicos reconocidos: Celia Cruz y Tito Puente, The Rolling Stones, Vanessa Williams, Paul Simon, Santana, Jack De Johnette, David Sanborn, George Benson, Joe Sample, Bill Cosby, Eddie Palmieri, Marc Anthony, Gloria Estefan, Richard Bona, Ravi Coltrane, Nathalie Cole, Diana Krall, Giovanni Hidalgo, Toshiko Akiyoshi, Spanish Harlem, Willie Colon y muchos otros grandes músicos. Tiene al menos tres álbumes grabados como líder. En el show de anoche Quintero y Gadd se complementaron de maravilla, generando un espíritu general de alegría, de felicidad y dando cátedra de cómo conviven la batería y la percusión sin avasallarse y co-construyendo algo significativo.

Antes de que comenzara el show, le comenté a alguien que los bajistas solían ser inexpresivos, bastante inmóviles, y que algunas veces me dan ganas de sacudirlos un poco. El bajista de la banda, Carlitos del Puerto, me regaló poder escuchar a un bajista que siente con todo su cuerpo la gozadera de música que toca. ¡Tremendo disfrute! Carlitos del Puerto es cubano y ha tocado y grabado con artistas tales como Bruce Springsteen, Quincy Jones, Stevie Wonder y Herbie Hancock, entre muchos otros. Su contribución a la alegría y genialidad de la noche fue, desde mi perspectiva, muy destacada, con un swing impresionante y con un gusto excelente. Habrá que seguir escuchándolo y habrá que buscar más material suyo para conocerlo mejor, porque es excepcional.

Tener a la izquierda a Chick Corea y a la derecha a Steve Gadd fue infartante.

Corea tocó en un piano Yamaha y también en un piano acústico, de cola. Tanto en uno como en el otro lo suyo fue sublime, siempre con esa actitud de disfrute y de liviandad, donde inexplicablemente para la razón, cada intervención fue virtuosa y sencilla a la vez.

Hubo tres aspectos que, si me siguen, me gustaría destacar.

Por un lado, la cantidad de “subdiálogos” entre los músicos, de co-creaciones de a dos en varios momentos del show, y cómo esos subdiálogos agrupados formaban una gran conversación que era perfecta y deliciosa. Para quienes no estuvieron, imagínense a la izquierda a Corea y Wilson dialogando entre sí y a la derecha a del Puerto con Gadd y Quintero en una charla perfecta. Y todo en conjunto formando algo absolutamente grandioso y exquisito para los oídos y el corazón. Así fue toda la noche… algo espectacular.

En segundo lugar, hay un arte de doble cara en esta realidad de las giras internacionales: por un lado, y quizás más obvio, tocar tanto el mismo repertorio les da un dominio y un ensamble impresionante. Pero del otro lado, algo que anoche me resultó muy llamativo: cómo tocando tan seguido el mismo repertorio pueden presentarlo en cada escenario con una frescura tal que parece que fuera la primera vez y divertirse en esa creación como si estuvieran recién descubriendo las composiciones.

En tercer lugar me impactó el gusto exquisito, auténticamente magistral. El show de anoche nos colocó a todos automáticamente en un lugar aristocrático, en un lugar de exclusividad al que quizás no pertenezcamos todos los días de la vida pero que del que anoche pudimos vivir una muestra.

A la derecha y adelante, bellísimamente colocado a la vista de todos, estaba ese gran ídolo de muchos de nosotros: Steve Gadd. Si le preguntás a cualquier baterista experiente cuáles le parecen los mejores cinco bateristas del mundo, hay grandes chances de que todos incluyan a Gadd en su respuesta. Su aporte a la música ha sido tan enorme que es auténticamente imposible resumirlo. Siento que decir cualquier cosa acerca de su música sería una perogrullada. Vengan, impresiónense: hagan click aquí y vean la discografía de Steve Gadd que aparece en su página web.

Abstrayéndonos de toda esa historia incomensurable, lo que anoche impresionó muchísimo fue su contundencia y la profundidad de su toque por un lado, el arte insólito que demuestra tocando con las escobillas, y la genialidad musical a la hora de co-construir con los demás músicos. Algo de todo lo que me impactó fue cómo al final de los solos de los otros músicos él tocaba los compases más maravillosos, justo cuando todos estaban aplaudiendo al solista. Sería fascinante poder extraer todos esos grupos de pocos compases y repetirlos hasta el infinito. Gadd también se apiadó de nuestra desesperación por tener el mayor contacto posible con él y presentó uno de los temas, transmitiendo también el mismo espíritu de comodidad que Chick Corea. ¡Impresiona que se muevan y hablen como seres terrenales! Porque en realidad todos sabemos que ni son de este planeta ni de esta galaxia.

Al final del toque muchos coincidimos en que el show pareció de veinte minutos. Qué corto que se nos hizo, a pesar de haber durado lo normal.

Sobre el final, Corea nos invitó a cantar breves melodías. El 90% de la audiencia eran músicos, así que, gracias al cielo, a pesar de la típica timidez uruguaya, cantamos y creo que se puede decir que cantamos bastante bien.

Este será uno de los shows que comentaremos durante muchos años, cuando nos juntemos con amigos melómanos. Algunos, con orgullo, diremos: “Yo lo vi ¡dos! veces”. Y el otro en la conversación tendrá que detenerse un segundo y evaluar si estamos hablando de Corea o de Gadd. En lo personal, y disculpen la fanfarronería, estaré hablando de los dos.

Fotos de portada y álbum: Ricardo Gómez.

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Patricia Schiavone

Patricia Schiavone

Patricia Schiavone es Coach Personal, Practicante e Instructora de Reiki y amante de la música. Su página de facebook: @sersentiryhacer y su web: https://patriciaschiavone.com







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