imagen - José "Pepe" Mujica - Foto: Carlos Lebrato

Capítulo XI de los “Apuntes”… Pepe Mujica, el adelantado…

Capítulo XI de los “Apuntes para un marco conceptual de la transformación de la sociedad en el Siglo XXI”

El “republicanismo crítico” y la experiencia del Frente Amplio de Uruguay en el esfuerzo por construir la democracia más avanzada del planeta

Pepe Mujica, el adelantado…

La humanidad como concepto cultural, es decir, como la suma de todos los individuos de la especie diferenciados del resto de la naturaleza como vida con conciencia de sí, se encuentra en una etapa de desarrollo todavía muy embrionaria.

A los seres humanos nos resulta extraordinariamente difícil abstraernos de nuestra identidad político emocional, (familiar, tribal, comunitaria, nacional) pues es desde esa “manera de pertenecer” que nos posicionamos en un mundo demasiado plural para abarcarlo, interiorizarlo como propio, en su totalidad.

Pocos individuos son capaces de superar racionalmente ese estado limitado del “Yo”: casi nadie es de Barcelona y del Real Madrid, de Peñarol y de Nacional al mismo tiempo, salvo los escasos amantes del fútbol que optan por empujar a uno u otro equipo según cómo en cada momento despliegue su juego, según una valoración de la calidad de su juego. Es decir, según una estética de la excelencia.

Para superar la subjetividad vulgar del yo cerrado hay que ser un amante.

Un amante de la potencia creadora del ser humano. Que en realidad es lo único que nos “identifica” como especie a la vez separada de e imbricada con, la naturaleza.

Esto es lo que distingue a Pepe Mujica, el líder político uruguayo, la comprensión entrañable, es decir, desde las entrañas, de este fenómeno y por ello su sabiduría, la ausencia casi completa de mezquindad en su manera de entender la práctica política.

Es la razón quizá, además de su profunda convicción democrático – igualitaria y republicana por la cual el mundo admiró su manera de gobernar y lo adoptó como a un viejo sabio.

En la sociedad dividida en comunidades nacionales, y antes en comunidades de tradiciones religiosas, esta superación de la diferenciación basada en lógicas de supervivencia, (somos esto o aquello con la simpática pretensión de fortalecer un nosotros que supere las adversidades del conflicto con la naturaleza) es extremadamente difícil, porque en esa diferenciación, que conformó “identidades”, esta el origen de la moral.

La moral es la creación de “valores” fuertes (en la forma de tradiciones de comportamiento) a partir de los cuales “juzgamos” a otros para reproducir esa diferenciación a partir de la cual constituimos el “nosotros”.

La moral, las formas de entender la virtud producía una “homogeneidad” del nosotros que permitió a las comunidades humanas en competencia alcanzar alguna forma de estabilidad.

Para alcanzar esa estabilidad de la comunidad de pertenencia que debía enfrentar a la naturaleza y a otros grupos humanos que competían y compiten por los mismos recursos lo primero que era necesario lograr era que al interior de la comunidad de pertenencia los individuos no se mataran entre ellos.

Es decir, resultaba necesario que la racionalidad política inmanente a la condición humana creara los instrumentos culturales para superar su original animalidad, para evolucionar como especie, para desplazarse desde la necesidad y el deseo a la creación. A la liberación de la potencia creativa.

Los esclavos judíos de Egipto debieron ser observadores muy sofisticados de la naturaleza de este conflicto y “crearon”, para “liberarse” de esa esclavitud, a imagen y semejanza del animal creativo y de la naturaleza del universo, la figura del Dios justiciero.

Y Dios dijo, “no matarás” y otros mandamientos igualmente civilizatorios y difíciles de cumplir si una autoridad muy severa no “disciplinaba” los instintos del animal hambriento.

Los griegos mientras tanto escribían el primer guion de la libertad. A los dioses lo que es de los dioses, al deseo lo que al deseo pertenece, y al ser político (somos una relación dialogal con el otro necesario y amable o conflictivo para nuestra propia realización) lo que al ser político pertenece: la democracia, la suma de la inteligencia racional de todos.

Más que una moral, una ética del ser. (Más adelante en estos apuntes vamos a analizar la diferencia entre moral y ética pues es muy relevante para comprender por qué los estados no fallidos deberán ser cada vez más neutrales en relación a buena parte de los deseos humanos, aquellos que no interfieren con la capacidad de realización de esos mismos deseos por parte de TODOS los integrantes de la comunidad).

La espiritualidad de esa ética de la democracia era en la Grecia de Pericles la estética: la prosecución de la excelencia por la búsqueda de la belleza, de la perfección.

Pero como la sociedad además ya estaba dividida en clases alguien tenía que escribir el libreto de la ley imperativa, coercitiva, pues como hemos visto, sin estabilidad las comunidades humanas no alcanzan ni la supervivencia ni la excelencia ni evolucionan hacia ningún lugar porque se matan sin agrado pero sin contemplaciones entre ellas.

Ese libreto lo escribieron los romanos. Como el libreto del disciplinamiento moral era un poco apabullante, como el libreto de la libertad era un poco difícil de administrar en la sociedad dividida en clases, Jesús incorporó el exquisito, delicado, componente del amor. Esto es, el libreto de la búsqueda de la Justicia –la igualdad- por el amor.

Luego, bastante luego, otro conflicto se expresó en occidente, en el inicio del desarrollo del capitalismo, la religión debió adaptarse a un cambio de la estructura económica en la que tenía peso mayor que la que había tenido en los últimos siglos un fenómeno necesario a ese desarrollo: el individualismo.

Y surgió el protestantismo como su religión emblemática.

Y así, en la conflictiva dialéctica de este dialogo de búsquedas civilizatorias Occidente consolidó el Derecho, el Estado de Derecho y luego, el movimiento obrero creó, una vez fracasados los esfuerzos por sustituir, apurar el fin del capitalismo, el Estado de Bienestar.

El conflicto entre Patricios y Plebeyos en el Siglo V antes de Cristo había producido el embrión de ese formidable avance civilizatorio, se le conoce como las XII Tablas.

Algunos siglos después Carlos Marx observó que con todo y lo formidable de la evolución, seguíamos siendo “esclavos”, TODOS, en relación al desenvolvimiento posible de la potencia creativa inmanente a la condición humana.

Han transcurrido 2500 años desde las XII Tablas. Nada.

¿En qué estado de situación del proceso civilizatorio nos encontramos ahora?

¿Y cuáles son las diferencias entre el Estado de Derecho y Estado de Bienestar? Es el tema del próximo capítulo de estos apuntes.

Imagen portada: Archivo – José Mujica encabezó su último acto público como presidente de Uruguay antes de dejar el mando a Tabaré Vázquez. Fue un “homenaje al pueblo” Foto © Carlos Lebrato MONTEVIDEO (URUGUAY), 27/02/2015.–  — en Plaza Independencia

 
 

   

 
 

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Gerardo Bleier

Gerardo Bleier

Gerardo Bleier nació el 26 de noviembre de 1960. Escritor, Periodista y Asesor en Comunicación Estratégica. Dirigió revistas, radios y programas de televisión. Publico varios libros de poesía entre ellos Ideanimas (Arca) y Cenizas (Artefato) y una novela Cráneo de Vaca (Cruz del Sur). http://gerardobleier.blogspot.com/







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