Andrés Capeluto [ilustración]

Blade Runner 2049 – Soñando con ovejas eléctricas

 

“Replicant´s are like any other machine
They´re either a benefit or a hazard.
If they´re are benefit, it´s no my problem.”
R. Deckard (B. Runner; 1982)

 

En el próximo mes de Octubre del presente año se estrena Blade Runner 2049. Han pasado treinta y cinco años desde el estreno de la que hoy se la considera como obra cinematográfica de culto (Blade Runner, Dir. Ridley Scott; EEUU 1982). Esta segunda parte cuenta con la producción ejecutiva de Ridley Scott y dirigida esta vez por el canadiense Denis Villeneuve. Entre los actores que protagonizan se encuentran Ryan Gosling (films: Drive; Song to song; La la land, etc.) y el auténtico Harrison Ford, quién trabajó en la versión de 1982, dónde interpreta al caza replicantes [Blade Runner] Rick Deckard.

La sinopsis que describe el sitio oficial de Blade Runner 2049 [bladerunnermovie.com] es escueto: El oficial K (Ryan Gosling), un blade runner caza-replicantes del Departamento de Policía de Los Ángeles, descubre un secreto que ha estado enterrado durante mucho tiempo y que tiene el potencial de llevar a la sociedad al caos. Su investigación le conducirá a la búsqueda del legendario Rick Deckard (Harrison Ford), un antiguo blade runner en paradero desconocido, que lleva desaparecido 30 años.

Sin embargo lo que no ha sido para nada escueto es la presentación del film a través de sucesivos trailers que lo venden. Uno de los más destacables se trata de una precuela que presenta a uno de los protagonistas que interpreta el actor Jared Leto:

“2036: Nexus Dawn”

Con todo lo dicho y escrito sobre el fenómeno hijo de la cultura cyber punk de los ochenta, y debajo de tanta ciencia ficción e innumerables tesis y foros de fanáticos sobre las distopías futuristas, lo que subsiste y sostiene debajo es un problema filosófico arcaico y medular: yo siento, vivo, moriré. El punto máximo que parecen divisar los albores de la expansión del pensamiento humano a través del desarrollo científico, es la resolución del primer y único lugar oscuro, impenetrable e inadmisible, que por momentos tenemos los seres humanos, que es la necesidad de extender
nuestro tiempo biológico de vida. De ganar un poco más esa batalla contra el desarrollo lógico natural que expresa el universo en su completitud. Las cosas empiezan y terminan, se inician, se expanden al mismo tiempo que mueren. La preocupación fundamental por la vida por parte de la conciencia del hombre podría encontrar un consuelo allí, en el desarrollo de la tecnología. Como decía Savater, exponiendo como ejemplo la película Blade Runner, una reflexión sobre el ser del hombre, esencia misma del conflicto existencial y moral: ¿qué es ser hombre? ¿qué son la vida y la muerte? ¿cuánto tiempo me queda?

En el film [Blade Runner, Dir. Ridley Scott; USA, 1982] se plantea la hipotética situación, a través de una novela de ciencia ficción que establece una distopía futurista del escritor Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?; sobre la construcción de seres humanos cibernéticos que posean sentimientos, conciencia, y por sobre todo un implante digital que desarrolle un carácter espiritual. Según Philip K. Dick: “…Aunque es una obra muy narrativa, tiene ambigüedades morales y filosóficas muy profundas. La novela parte de mi interés básico sobre lo que diferencia al verdadero ser humano de la máquina que reflexiona, que es como yo llamo al androide. Para mí, el androide es una metáfora de las personas que son fisiológicamente humanas pero se comportan de forma no humana”. El autor escribió la novela en plena guerra de Vietnam, para él resultaba evidente que en el combate contra el supuesto mal se estaban cometiendo excesos que hacían indistinguibles las causas. Textualmente: “El problema que conllevaría matarlos -equiparando la lucha ficticia contra los androides y la lucha en Vietnam- era si, en nuestro esfuerzo por exterminarlos, no acabaríamos convirtiéndonos en androides” (Burgos, Jesús Alonso; “Blade Runner, Lo que Deckard no sabía”; pág. 69)

En la diégesis de la ficción los “replicantes”, estos cyborgs, desarrollan un conflicto existencial y moral, en todo caso: sufren. Buscan una respuesta ante la incertidumbre que plantea la consciencia del hecho de estar vivo. En Blade Runner el protagonista (Deckard) es en primera instancia un hombre común que a lo largo de la historia se nos pone en evidencia la sospecha de que el mismo sea un cyborg más, un replicante igual a los que debe cazar -inconsciente de lo que és, comienza a sospecharlo en el desarrollo de la historia-Planteada la duda de su verdadera naturaleza, ser humano biológico o cyborg, Deckard debe ejecutar de muerte [retirar] a otros que son conscientes de su naturaleza y luchan habitando en la clandestinidad de una ciudad por sobrevivir: con independencia de que la historia de las máquinas programadas para “retirar” a otras máquinas o “sustituir” a los humanos ya ha sido contada repetidas veces -motivo clásico de la ciencia ficción, ver: R.U.R., Metrópolis, THX 1138, Terminator, Matrix. Es claro que la reflexión existencial y moral que propone la película cobra más relevancia si Deckard no es un hombre natural, ya que de esta manera están todos dentro del mismo juego [cazador y cazado. Blade runner y replicantes]. La condición de lo que se considera “ser vivo” se pone en tela de juicio una vez que el desarrollo tecnológico nos provea de seres humanos prótesis que también porten en su consciencia la capacidad de sentir y de finitud.

Para algunos filósofos de la tecnología, el impacto de la tecno-ciencia en nuestra sociedad se ha convertido en el motivo principal de reflexión, todos esos teóricos posmodernos coinciden en que vivimos en una era extraña dónde una todo poderosa ciencia y una ubicua tecnología en conjunto nos asaltan y transforman, por lo que una aproximación puramente racional o positivista no nos satisface ni puede tranquilizarnos en absoluto, por lo tanto se exige el saber mínimamente dónde estamos y que cabe esperar. Sobre el futuro de la humanidad uno puede recurrir a la filósofa Dora Haraway, sacerdotisa de la utopía cyborg asegura que desde finales del siglo pasado: “…ya todos somos quimeras, híbridos teorizados y fabricados de máquina organismo; en una palabra, somos Cyborgs. El Cyborg es nuestra ontología, nos otorga nuestra política. Son apreciaciones que se inclinan por la posibilidad de que en los próximos siglos el desarrollo de la vida artificial creada de la mano del hombre se vuelva una realidad tangible”.

La palabra robot proveniente del término checo “robota”, traducido al español significaría servidumbre; fue utilizada por primera vez por Karel Capek en la obra de teatro R.U.R -Los robots universales de Rossum, 1920- adquiriendo desde entonces uso universal. En 1941, Isaac Asimov usó el término robótica en uno de sus cuentos: Runnaround. Para referirse a la ciencia que trata del diseño y la construcción de robots. La cuestión que plantea la creación de un ser artificial, análogo al ser humano, la postura máxima de la expansión motora biológica y natural del ser humano a través de un agente externo: es el conflicto sobre la construcción-deconstrucción del hombre por sí mismo; la realización del hombre empieza en su encuentro con los demás, lo humano soy yo con los otros. La verdadera cuestión sobre la inteligencia artificial, sin importar la forma que tenga ese artificio, ya que lo importante de una máquina son sus capacidades operativas y no su forma, estamos hablando de la formación de una inteligencia que a partir de nuestro presente comience a ordenar al mundo.

Muchos ven en Blade Runner el desarrollo de un estudio de carácter antropológico: sobre explicar en qué consiste la humanidad, qué es lo que pertenece a ella, ya no es la naturalidad o artificialidad de los seres sino los sentimientos y principios morales, en el caso de la historia mencionada el amor y la compasión. Un hombre deshumanizado como Deckard parece haber encontrado la humanidad al enamorarse o el sentimiento de compasión de uno de sus adversarios al no matarlo. Ese amor y compasión expresados en la historia, que los protagonistas en este caso robots-cyborgs desarrollan, parece alzarlos desde su condición de objetos a sujetos, los pone inmersos en un carácter humano. Al parecer lo que se forma es la interrogante del porqué somos los únicos titulares de la dignidad de la condición humana, el porqué de la toma de ese monopolio, ¿será cuestión del propio desarrollo de nuestros procesos cognitivos, que nos dotan con el atributo de la conciencia?

Lo que se cuestiona aquí pues, es la distinción entre naturaleza y artificio, el establecimiento de la frontera moral de la humanidad, en el hipotético caso de que algo artificial pueda construirse como algo natural. El tema es que el desarrollo del ser humano es lo que humaniza, en ese apartarse de sí, uno puede humanizarse o no. Lo que plantea la película es que la diferencia entre lo humano y la máquina puede dejar de existir, hacerse humano es una tarea, no una herencia; la piedad y el amor se aprenden mediante un tiempo vivido que humaniza.

La autoconstrucción moral del hombre trasciende de qué material estemos hechos, si bien en el futuro podemos ser producto de la biogenética y la biomecánica, lo que otorga la condición humana en parte es la certeza de nuestra finitud, dónde se conjugan sentimientos y conciencia moral culturalmente arbitraria.

 

Andrés Capeluto [ilustración]
[Ilustración: “Unicornio”. Oleo pastel. Tinta. Papel. 25 x 18 cm]

 

 

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Andrés Capeluto

Andrés Capeluto

Nace en 1982 en la ciudad de Montevideo. Licenciado en Artes -Artes plásticas y visuales- (UDELAR, IENBA, año 2016). Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UDELAR. año 2008). Técnico Guardavidas (ISEF, 2001) Parte de su obra se la puede ver en el sitio: www.andrescapeluto.com En 2013 se suma como colaborador en cooltivarte.com







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