Patti Smith and Her Band :: Primavera 0 - Teatro de Verano 20-11-2019 - Fotografías de Gisselle Noroña www.cooltivarte.com

Beds are burning! Patti Smith en Montevideo

Las artes escénicas son artes del gesto. Tal vez por ello en el ámbito de la música popular el esfuerzo por “el gesto” derrapa en demagogia, cruzando una línea sutil, de esas que solo se conocen cuando ya es tarde. Pero cuando el gesto es auténtico, cae en ese sitio exacto, allí donde no se ve, se siente. Y cuando la artista es Patti Smith, la primera sensación que invade al público es la de una honestidad tan intensa como una tropilla de caballos salvajes desbocados.

Patti Smith es escritora, poeta, música, madre, viuda, fotógrafa, mujer de 72 años, activista, y una de las muestras más perfectas de que en ocasiones, intensidad, furia y delicadeza pueden combinarse en un perfume exquisito. Lleva con garbo el título de “madrina del punk” que carga casi desde la edición de su primer disco.

Antes de subir al escenario del teatro de verano, declaraba en una entrevista que había armado un set de canciones que tenía ganas de cantar. Lo que no dijo es que las había encadenado como un collar de perlas en las que el brillo de cada una no opaca el brillo del conjunto.

Abrió con Dancing barefoot, del Wave, disco que acaba de cumplir sus 40 años, y continuó con Redondo Beach, del Horses, canción que dedicó a “las chicas”. Al final de esta canción se acercó al micrófono y deslizó el primer gesto político de la noche, llamando a la gente a “unirse contra la oleada de las derechas, que hacen todo lo posible por desintegrarnos, separarnos”.

Allí estaba, frágil, sensual, poderosa al frente de su banda. Una vitalidad plena, sin vueltas. Como cuando unos minutos después comentó que “la madre naturaleza” estaba pasándonos facturas por dejarla en manos de las multinacionales. “Incendios en el Amazonas, en California, en Siberia, en Australia…” -desgranó con su voz que gana calidez con los años-, mientras la banda comenzaba a soltar un  groove de bajo y batería (Jackson Smith y Jay Dee Daugherty son una pieza de relojería afinada que suena arrasadora o pasa desapercibida, según pida cada canción) que desembocó en Beds are burning, de los australianos Midnigth Oil. Para quienes crecimos bailando ese tema hasta el agotamiento en discotecas y clubes de todo el país, el estribillo “How can we dance when the eart is turning/how can we sleep when the beds are burning” cobró súbitamente un sentido que no tenía hace treinta años.

Lanzada a las llamas de la política, sin concesiones dedicó a las personas desaparecidas y aquellos que aun las buscan una versión desgarradora de Beneath the Southern cross. En el centro del escenario, con su guitarra acústica Patricia Lee Smith rasga el aire con un solo acorde que mantendrá hasta el final, cuando la canción llegue a su clímax y estalle en un solo distorsionadísimo de la guitarra de Jackson Smith sostenido en los pilares del bajo y la batería.

Ella se deja ir hacia el costado del escenario y contempla, como nosotros, el delicado momento en que la canción está sostenida en otras manos, que deben hacer figura, mientras ella es apenas un fondo. Ese gesto mínimo, imperceptible -de saber que hay algo más en juego, que la poesía fue lanzada al viento, y ya dejó de pertenecerle- se vuelve una marca indeleble, la marca que la ha vuelto una de las artistas más influyentes de los últimos 50 años.

Cuando vuelve al centro de la escena, alza las manos, invitando al público a imitarla y mirar cada cual sus propias manos, en un mar de manos iluminadas en medio de la noche. “Ven sus manos? -pregunta- las ven porque no están desaparecidas, las ven porque las tienen, esas manos son libres, úsenlas, son suyas, y son libres. La tensión acumulada descarga en Free Money, otro clásico potente.

Sobre el escenario, canta, baila, ríe, habla… Cuando nombra a Lautreamont, la lectora de Rimbaud y Beaudelaire habla desde su amor por la poesía. Lejos del saludo tribunero a la bandera, nos recuerda que Lautreamont, nació en esta ciudad. Cuando presenta a la banda, es para retirarse y dejarlos cantar a sus anchas.

“Esta es una canción para la cannabis” dice –en un español balbuceante pero entendible- Lenny Kaye y se lanza con I’m free de los Rolling Stones en un medley perfecto con Walk on the wild side de Lou Reed. Ella regresa, con la larga cabellera blanca recogida en una trenza y hace los coros, sonriendo, la escena es también un juego de niños divirtiéndose. Luego el piano nos dejará con After the gold rush de Neil Young y casi sin darnos cuenta, medio siglo de historia del mejor rock and roll acaban de desfilar delante nuestro, sin estridencias, sin apuros, con paso firme y seguro.

La inevitable Because the night dedicada a Fred Sonic Smith volvió a enardecer a la tribuna, y Gloria puso a todo el mundo a bailar. Al retornar a casa, mi hijo de 17 años me preguntó por qué esa canción era tan importante. Es que en 1974, una canción de Van Morrison que habla de la chica que “se ve tan pero tan bien”, sube a tu cuarto y “te hace sentir tan pero tan bien”, cantada por una mujer, cobraba un sentido mucho más inquietante que el original que ya era escandalosamente explícito para la época. Y mucho más si abrían con el grito de guerra más elocuente del siglo XX, “Jesús murió por los pecados de alguien, pero no por los míos”

El bis fue con People have the power, y aunque muchos quedamos con ganas de más, salimos caminando a la brisa del plata sobre la rambla, con la sospecha de que alguien -seguramente joven- se encuentre desde hoy lanzado a escribir poemas, y a lo mejor montarlos en dos acordes, para iniciar una banda. Porque anoche, sobre el teatro de verano, el gesto de Patti Smith no fue de cosecha, sino de siembra, como siempre es cuando se trata de ella.

Imagen portada: Patti Smith and Her Band :: Primavera 0 – Teatro de Verano 20-11-2019 – Fotografías de Gisselle Noroña

 

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Edh Rodríguez

Edh Rodríguez

Edh Rodríguez: Licenciado en educación, docente en formación docente. Publica habitualmente en Viciados de Nulidad la columna Mensajes Encriptados. Ha publicado artículos académicos sobre educación y psicoanálisis. Publicó Relato de un viaje en ómnibus en la obra colectiva Malestares en la ciudad (2016)

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