Lucho guedes

“Aterrados y Orgullosos”: Entrevista al artista argentino Lucho Guedes

Oriundo de Buenos Aires, Lucho Guedes es músico, docente e investigador. Su repertorio se integra por composiciones que funcionan como obras dramáticas en formato canción, escenificando los conflictos del mundo postmoderno en general, y de la sociedad argentina en particular.

 “Aterrados y Orgullosos” es el nombre de su nuevo concierto – un concierto donde los músicos se ven acompañados por un locutor, y el abordaje es tal que el público cobra un papel protagónico en la narración.

La próxima puesta en escena de “Aterrados y Orgullosos” tiene lugar en el marco del Festival Músicas del Sur IV, este domingo cinco de mayo en Cultura Morán. Conversamos con Lucho sobre las características y dimensiones del espectáculo, que va a ser grabado en esta instancia puntual para su edición como disco en vivo.

Una primera aproximación a tus composiciones me remitió a la obra de autores como Ibsen, en la cual el conflicto ya existe cuando se levanta el telón, y sigue existiendo al término de la función.

Asimismo, tu retórica en cuanto a composición me hace pensar en las palabras de Benedetti: “el poema no es de quien lo escribe, es de quien lo lee”.

Creo que todo esto no hace más que subrayar el carácter integrador del espectáculo que vas a brindar en el marco de la cuarta edición del Festival Músicas del Sur: “Aterrados y Orgullosos” – espectáculo que busca realzar (o reivindicar, o enaltecer, o vos me dirás ahora la palabra que cuadre mejor para vos) el papel de la canción como una forma de literatura.

¿Qué reflexión te merecen estas impresiones?

–La poesía, la narración y la canción no siempre fueron extrañas. La obra homérica, la épica medieval, el romancero ibérico, el colonial y el criollo rioplatense prueban que para  las verdaderas culturas populares se trata de una división inexistente. Es una obviedad decir que las culturas escritas tendieron a separarlas y que hablar de tradición oral en la era digital, después de un siglo de industria cultural y de medios de comunicación masiva parece un capricho. Lo que no es tan evidente, es que en nuestro rincón del mundo, esa tensión entre escritura y oralidad es hermana de otros antagonismos claves: civilización y barbarie, alta y baja cultura, literatura y canción, vanguardia y tradición, futuro y pasado, etc. Tal vez sea eso lo que explique porqué las escuelas de música supuestamente popular consideran ajena la formación literaria y las carreras de letras desprecian los estudios cancionísticos; el siglo XIX y su progresismo ciego parece seguir vivo en el XXI.

Es imposible hacer arte en la región sin estar insertos en ese conflicto. Cómo mantener esos elementos en tensión dentro de una obra parece ser uno de los principales determinantes formales de cualquier proyecto artístico o intelectual local. Insisto en el carácter literario de la canción tal vez porque la paradoja es la única forma de resolver el antagonismo. ¿Por qué no usar los procedimientos Ibsenianos a los que hacés referencia, el comienzo in media res y el final abierto, en una canción? ¿Qué es lo que los identifica como pertenecientes al mundo de la prosa escrita y no al del canto popular? No hay ninguna razón válida de orden artístico. Detrás de esas convenciones genéricas naturalizadas subsiste la idea conservadora de una  jerarquía estilística, aristotélica en un principio, católica después y liberal en la actualidad.

–Me pareció interesante comenzar esta entrevista con esas observaciones, ya que los rasgos teatrales son uno de los aspectos centrales del evento, junto a la realización de “canciones que parecen novelas”.

Ahora, en tu caso puntual, ¿además del teatro y la literatura, en qué otras corrientes abreva tu arte musical? ¿Hasta qué punto eso es deliberado, y en qué medida ocurre de modo espontáneo?

–Me interesan mucho la crítica y la teoría literarias, creo que ponen en juego cuestiones centrales de la cultura contemporánea, no así la crítica y la teoría musicales, que quedaron fluctuando entre un academicismo historicista conservador y la exageración, la adulación y el fanatismo de la industria discográfica. La reflexión teórica es clave para el arte del siglo XXI, los músicos, durante el siglo XX, se acostumbraron a delegar el discurso sobre su actividad en “los otros”, gestores, empresarios y periodistas, creyendo que la única función de la palabra era la legitimación del éxito y la visibilidad pública. En la actualidad, la industria que sostenía las razones que justificaban el poder simbólico del artista está muerta, pensar la canción como un género literario no es una estrategia de difusión y venta, es una necesidad para comprender y postular el sentido y la vigencia de nuestra profesión en un contexto en el que las categorías a través de las cuales el medio se pensaba a sí mismo quedaron obsoletas y sin sustento real. Esta realidad puede ser desesperante y opresiva si se la vive desde la nostalgia del paternalismo del mercado. Para mí es un momento liberador, tenemos que hacernos responsables de la formulación de nuestros proyectos artísticos y de la relevancia de su función social.

  –¿Cómo se inscribe la tecnología en todo esto? ¿En qué medida las redes sociales permiten un mejor despliegue de esta imaginaria? Basado en tu experiencia no solo como artista sino también como docente e investigador, ¿cuáles son las principales trampas que se deben sortear cuando uno quiere dar a conocer su obra a través de medios virtuales?

–No voy a culpar solo al siglo XX por la reducción del arte a categorías de consumo, con una industria discográfica ya muerta,  el siglo XXI  demostró que son los mismos artistas los que sostienen el sistema simbólico de promoción de celebridades a través de sus redes virtuales.  Pero aunque lo que Boris Groys llama la obligación del diseño de sí es un fenómeno global irreversible, creo que la ficción no está necesariamente sujeta por completo al auto diseño de la figura del artista. Tengo fe en el carácter  transhistórico de su impulso narrativo y poético primordial: la representación o la postulación del mundo a través del hallazgo o la invención de pormenores significativos, que si bien implica la creación de un autor, no es reducible a un simple juego narcisista sino que por el contrario, ejerce un poder político específico: los modos en los que la realidad se piensa son también la realidad. De esto no se discute ni en las radios, ni en los diarios, ni en las redes virtuales, pero lo verdaderamente desesperanzador es que no figura en ningún programa de ninguna institución de formación musical.

– ¿No te preocupa el hecho de que anunciar la actividad haciendo un énfasis tan marcado en aspectos literarios y propios de la dramaturgia puede alienar a cierto grupo de personas – justo esa clase de personas que constituyen el público para el cual la propuesta podría resultar más enriquecedora?

–Creo que en el siglo XXI se está dando una inversión sintomática de las antinomias decimonónicas. Los que llamamos géneros populares ya no lo son, el tango y los diversos folclores de fines del siglo XIX y principios del XX son objetos académicos reformulados y aggiornados por una clase media ilustrada, mientras que las músicas industriales no tienen ninguna conexión con las tradiciones populares de las que el pueblo es productor y transmisor, son mercancías generadas por una elite que piensa al pueblo solo como consumidor final. Paradójicamente, la literatura en las redes se ha vuelto una producción omnipresente que atraviesa todas las clases sociales, la poesía, la ficción, el periodismo y la narración, sin entrar en juicios de valor, son un ejercicio cotidiano elemental en la constitución de la personalidad de cualquier habitante del siglo XXI.

La identificación de la literatura con las clases dominantes es un resabio de la mirada del siglo XX sobre una aristocracia ilustrada que ya no existe. A la alta burguesía financiera y terrateniente actual si hay algo que no le interesa es leer y escribir. Vivimos todavía un periodo de transición en el que las ideas del siglo pasado siguen vivas aunque el sistema que las generó se haya extinguido, este mundo simbólico residual tiene fecha de vencimiento.

–Hablemos más sobre el espectáculo en sí. ¿Cómo se concretó tu participación en ésta edición del Festival, y cómo se enmarca “Aterrados y Orgullosos” en el contexto de tu proyecto artístico? ¿Cuál fue el criterio para seleccionar (o no) las canciones que integran el repertorio? Y la actuación en sí (que será grabada para la edición de un álbum en vivo), ¿se va a editar como un disco compacto, o como un DVD?

– “Aterrados y orgullosos” tiene una historia bastante lineal. En el 2017 me otorgaron la beca de creación del Fondo Nacional de las Artes. El proyecto, que consistía en escribir diez canciones, lo fui realizando a lo largo de todo el 2018. El 20 de julio, día del amigo, hicimos el show por primera vez en Buenos Aires y fui tan feliz ese día que decidí pedir un subsidio al Instituto Nacional de la Música para filmarlo y grabarlo. La aprobación del  mismo y la organización del festival fueron casi simultáneas. En conclusión, este domingo grabo en vivo todo ese repertorio nuevo con amigos, Ale Simonazzi de narrador y Flor Bobadilla y Julián Venegas como cantores.

Sobre el destino de ese material aún no puedo saber mucho, la idea por ahora es disfrutar del concierto, después veré qué hacer con él.

Todas las canciones comparten el mismo procedimiento, están compuestas desde la propia forma musical del texto y luego musicalizadas en el sentido más convencional del término. La estrategia narrativa en todas ellas es similar: una escena de soledad cotidiana en la que el flujo de conciencia del personaje establece un diálogo caótico con otro personaje ausente. Siempre, detrás de ese aparente sinsentido, hay una historia.

–¿Es ésta una experiencia que quizá se repita? De ser así, ¿te gustaría llevarla a otros países?

–Ojalá se repita, así lo deseo. Me gustaría llevarlo a otros países, siempre que sean de habla hispana. No logro concebir que mis canciones sean atractivas para un público que no entiende el castellano.

–¿Cómo se perfila tu agenda de presentaciones para el resto del año?

–Sin ansiedad, además de compositor soy docente y estudiante y necesito dedicarle tiempo de calidad a las tres actividades.

–Te enviamos un abrazo desde Uruguay, esperamos verte en algún momento de este lado del Río.

–Nunca toqué en Uruguay y me encantaría hacerlo, siento que tengo una deuda artística con Jorge Lazaroff y Leo Masliah, ellos se encargaron de abrir algunos caminos que nos facilitaron bastante las cosas a muchos de los que lo intentamos después.

(Imagen de portada: Cristina Arriagada)

 

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Emilio Pérez Miguel

Emilio Pérez Miguel

(Montevideo, 2 de diciembre de 1979) Traductor público de idioma inglés, periodista cultural y organizador de eventos a beneficio de hospitales pediátricos en Uruguay y Argentina. Su labor periodística comenzó en junio de 2009 con la fundación de MusicKO, un sitio dedicado a la reseña de artistas emergentes. En la actualidad colabora con diversos portales entre los que se incluye Cooltivarte, al cual se integró a inicios de 2011. Como escritor, publicó dos libros de poesía en 2009 y 2010 (“Once” y “Ten”) y uno en prosa que vio la luz en 2013 (“Ayer La Lluvia”). "Once" y "Ten" fueron libros híbridos, con una propuesta enraizada en igual parte en la música y la poesía. "Ayer La Lluvia" aunó esta pluralidad de formas, y se presentó con los artistas que lo inspiraron en un festival de música y literatura que se extendió durante dos años, al término del cual Pérez Miguel se retiró como escritor. Las experiencias vividas durante ese tiempo fueron entonces sintetizadas en la "Campaña Del Juguete", una gira de conciertos que beneficia al Hospital Pereira Rossell en Uruguay, y al Hospital Garrahan en Argentina. Pérez Miguel fue asimismo el primer escritor uruguayo en subir todos sus libros a Internet, amparándose en el sistema de derechos libres conocido como Creative Commons. Basándose en que "el arte es para compartir y no para competir" y buscando "una democratización real de los bienes culturales", el autor comparte su obra en su propio sitio y en diversas páginas que fomentan la literatura, de manera libre y gratuita.

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