imagen - Ámsterdam, a mi regreso... por Daniel Benoit Cassou

Ámsterdam, a mi regreso…

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Si bien he estado varias veces en Ámsterdam, hacia varios años que no la visitaba.
Y es que Holanda se ha puesto de moda, sin lugar a dudas con el aire fresco y renovado que le aportó el ingreso de Máxima Zorreguieta a la familia real, hoy reina consorte de su país.
Referirnos a Holanda, ya implica equivocarnos, pues el nombre verdadero del país es Países Bajos, solo que por una vieja costumbre de gran parte de la población del mundo, se le llama como en realidad se denomina una región de dicho país.

Un país chico, muy chico, pero muy noble y de un gran espíritu de compromiso con su desarrollo, muy relacionado con el agua, con el mar que ha sabido cederle parte de sus riberas para que le ganaran tierra al mismo. Un agua que se ve en toda Ámsterdam, a través de sus hermosos canales con su río Amstel, habiéndose ganado el mote de “la Venecia del norte” por su similitud.

Agua que también esta presente en una de sus principales empresas como es la cervecera Heineken con varios siglos de tradición y presencia permanente y continua a la hora de sus referentes nacionales, pues a la familia Guinness fundadora de dicha empresa solo le falta una diadema para ser reyes. Es muy recomendable conocer la empresa donde la entrada incluye una cerveza y la experiencia al servir la jarra.

País del detalle, pautado desde el vamos por su tamaño, que extrapola en todos los ordenes convirtiendo todo en pequeñas porciones, desde sus casas, cafeterías, obras de arte hasta en sus expresiones pues son un pueblo bastante cerrado y celoso de si mismo, cordial pero reservado.

Da gusto caminar por la noche pudiendo observar los espacios interiores de sus casas, que con la luz encendida y las ventanas abiertas invitan a que los recorramos con nuestra mirada. Y es que sus habitaciones son de dimensiones tan reducidas, que abren todas las puertas y ventanas para poder prolongar sus espacios y es así que se les puede ver en los horarios de las comidas (bastante extendidos por cierto), fundamentalmente a la tardecita, sentados en la vereda con sus sillas y mesas plegables con el fondo de su casa detrás como si estuvieran en su jardín privado, comiendo siempre acompañados de una porción de queso así como de las maravillosas copas de vino que le dan un charme especial al “pic-nic”.

Llegar a Ámsterdam, puerta de entrada del país, implica “bajar un cambio” pues allí el ritmo de la ciudad es otro, mas pausado, marcado por su principal medio de transporte como es la bicicleta o en menor grado y para una porción mas reducida de gente, los barcos que atraviesan sus canales.

Es una ciudad que te invita a la observación, al paso lento, al deleite de recorrerla sin prisa, pues sino te pierdes gran parte de su encanto. Entrar en sus supermercados, o en sus casas típicas de quesos con una gran variedad con una cata abierta al público forma permanente probando uno y otro hasta decir basta.

El hecho de haber entrado en una librería especializada en naturaleza y arquitectura, denota el gusto refinado de sus habitantes.

Toda la ciudad es caminable y llegas de un extremo al otro en pocos minutos, mas allá de que sus tranvías te invitan al paseo, pues atraviesan toda la ciudad.

Una de sus principales industrias son las flores, detalle que no puede faltar en ninguna casa o local comercial, ramos que han vendido floreciendo desde que otrora comenzaran a inspirar a los artistas desde el SXVI, con sus bodegones unos mas lindo que otros.

En ese deambular a paso lento, descubrimos una panadería en las inmediaciones de la zona de los museos, donde la gran variedad de panes y tartas te revolucionan los ojos y los jugos gástricos. Comencé con el croissant de almendras donde cada bocado me hacia delirar, hasta tanto probé la tarta de manzanas y no creo en exagerar diciendo que nunca había comido una tan exquisita.

Los museos también son un deleite, un plato principal hablando en términos gastronómicos.

El reciente refaccionado Rijksmuseum (1885) sin dudas es el museo mas hermoso del mundo, tanto el contenedor con todas sus paredes pintadas como su contenido, donde obras del arte florentino de los SXI hasta el SXX
Hay varias masterpieces pues allí esta la obra de Rembrandt con su “Ronda nocturna” (1642) insignia del país, así como de Johannes Vermeer donde su “Lechera” (1660) y “La carta de amor” (1666) entre otras fieles reflejos de la edad de oro de Ámsterdam.
El museo Van Gogh (1973) es un en edificio muy espacioso y luminoso y para no ser menos que su hermano mayor, están por inaugurar un edificio nuevo anexo, por el cual se ingresara. Destacan “el cuarto de Arles” (1888), “cuervos en el trigal” (1890) ambas pinturas que transmiten la angustia mental del pintor en sus ultimas obras.

Hay ciertas citas obligatorias a la hora de conocer la ciudad: el Rijskmuseum, el museo Van Gogh y la casa de Rembrandt, dicho por los propios holandeses pero también se encuentra y no desde hace mucho, una edificio descomunal en tamaño donde la sucursal del museo Hermitage de Rusia. En este caso, demasiado contenedor para tan poco contenido. No tienen acervo permanente y solo nos encontramos con una muestra temporal llamada “Cenando con los zares de Rusia” donde una muestra de todo el lujo y esplendor con el que se desenvolvía la corte en sus palacios. Son ocho juegos de vajillas utilizadas por los emperadores y zares entre los SXVIII y XX, desplegadas en mesas con información sobre los menús así como el protocolo obligatorio. Expo que nos remite a la formidable película “el arca rusa” presente en la muestra a modo de ejemplificar la época.

El paseo en bicicleta invita a recorrer la ciudad así como también el Vondelpark, parque de 45 hectáreas que lleva su nombre popularmente a raíz de una estatua que se erigió del poeta Joost van den Dondel (1586-1679), pues cuando el parque fue inaugurado en 1865 se le llamo Nieuwe Park.

Y así, deambulando por la ciudad, pues de eso se trata luego de las visitas de museos y demás sitios de interés publico, llegamos la Museo Willet-Holthuysen donde una exquisita colección de arte en una casa del SXIX pero eso será historia de otra nota.

*Panadería recomendada: Simon Meijssen – Koningnneweg 135

 
 

   

 
 

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Daniel Benoit Cassou

Daniel Benoit Cassou

Daniel Benoit - (Uruguay, 1961), es contador público de profesión. Hizo su formación artística en los talleres de Hugo Longa, Clever Lara y Lacy Duarte; escultura con José Pelayo y fotografía con Enrique Abal, Oscar Bonilla y Roberto Schettini. Realizó cursos de formación teórica con Nelson Di Maggio, Alfredo Torres, Nelson Baliño y Emma Sanguinetti, entre otros. Ha participado en muestras de fotografias, colectivas asi como individuales: 2007 – Facultad de Ciencias Económicas; Centro Cultural Lapido; Club de Golf; Fotogramas - Montevideo 2009 – Galería de arte La Pasionaria – Club de Golf - Montevideo 2010 – A la Follie; Trattoria La Commedia; Club de Golf – Montevideo 2011 – Museo del Azulejo; Fotograma; Club de Golf – Montevideo; Bienal X – Salto 2012 – Espacio Innova – Punta del Este Es asiduo asistente a las principales bienales de arte: Venecia, Lyon, San Pablo, Cuba, Porto Alegre, Lima, así como ferias de Basilea, Paris, Buenos Aires, entre otras. Es coleccionista de arte nacional, asesor de arte contemporáneo, escribe en sus blogs y es columnista de la revista de arte nacional “Cooltivarte” desde el 2012, asi como de la revista “Arte” del periodico “El Pais”. Blogs: www.coleccionbenoit.blogspot.com ; www.asesordarte.blogspot.com







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