Textos y fotos registrados por Fernando Stevenazzi)

Alda Pereira: el humor y la rebeldía

Jubilada de maestra e inspectora de Primaria, Alda Pereira (69 años) es oriunda de Tacuarembó y como artista autodidacta desarrolla, ya de mayor, una pintura muy peculiar. Es una obra –generalmente acrílico sobre tela en pequeños formatos– atravesada por el humor, contagiado seguramente por el trato de tantos años con los niños, a los que tiene aún bien presente. Pero además Alda descubre soluciones para cada obra que sorprenden por su valentía y originalidad: algunas nos resultan muy “iturrianas” –aunque ella jamás ha oído hablar del celebrado pintor uruguayo Ignacio Iturria– otras sorprenden por una imaginación que parece no tener ataduras –es capaz de pintar literalmente una pared de agua– pero que parte siempre de un acontecimiento de su vida cotidiana, e incluso toma fotos de ciertos objetos para luego elaborar una “historia” pictórica con ellos.

Fernando Stevenazzi, docente y artista isabelino, nos ha alcanzado material y puesto en contacto con esta artista cuya obra participará de la exposición Arte naïf en Uruguay a llevarse a cabo en Fundación Unión (Montevideo) en setiembre de este año.

Renglón seguido transcribimos unas notas que tomara Stevenazzi de una charla mantenida con la artista en el pasado mes de mayo:

“Mirá, yo siempre hice carteles para los maestros en las escuelas. No me gustaba hacer algo rígido porque a los niños les gustaba algo humorístico. Por ejemplo, una mujer con los brazos muy largos y con los pies muy grandes.

Me interesa el humor y lo cotidiano, y por supuesto, también en relación a lo que a mí me pasa, lo que me gusta y lo que no me gusta.

Con el color siempre me gustó de un color vivo, llamativo, que a los gurises les llamara la atención. Pinto porque me gusta.

Nunca pude hacer lo que me gustaba. Cuando estudiante de Magisterio siempre tuve que hacer lo que me pedían. Odio las flores de la estrella federal, siempre rodeadas de un paño que nos colocaban como modelo.

Ahora me encanta y me divierto haciendo lo que hago.

Cosas cotidianas. La cama donde imagino descansar, el dormitorio, siempre con humor y nostalgia. Calles de pueblo; me gustan las casas de barrio porque tienen mucho colorido. La gente corriente, un comedor… mirá yo pienso que aún a esta altura de mi vida, pienso que a nosotros los adultos no nos es permitido jugar, saltar, vestirse como se nos dé la gana. Posiblemente porque quienes hacen todo eso, son mal vistos. No me gusta la formalidad.

Respecto al autorretrato que he pintado. Yo diría que, este, viste que esto es un piyama, que es una prenda para andar en casa y tener que hacer algo que no me gusta: cocinar. Por eso el huevo que vuela, el perro molestando, el cuchillo…

Lo que pinto, es como una cosa de rebeldía.”

(Comentario tomado el lunes 5 de mayo a las 14 horas en una reunión de taller, en la ciudad de Tacuarembó, donde vive Alda Pereira. Textos y fotos registrados por Fernando Stevenazzi)

 
 

   

 
 

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Pablo Thiago Rocca

Pablo Thiago Rocca

(Montevideo, 1965) Investigador y crítico de arte. Director del Museo Figari (Montevideo). Premio nacional de literatura en ensayo de arte (MEC, 2004). Premio Municipal de poesía (IMM, 2008). Libros de ensayo: "Otro Arte en Uruguay" (2009), Octavio Podestá (1ra ed. 2010, 2da ed. 2015), Arte Naïf en Uruguay (2015), entre otros. Libros de poesía: El cuerpo y su sombra (1997), Los suburbios de dios (2000), Piedra Plana (disco en co-atuoría con el músico Fernando Pareja, 2002), Túneles para viajar por la carne (2004), Nada (2009), La bicicleta etrusca (2014). Ha participado en festivales de poesía en Asunción, Berlín, Buenos Aires, Montevideo y Rosario (Argentina). Textos suyos han sido traducidos al alemán, inglés, italiano y francés.







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