Molotov La Trastienda Montevideo 9 diciembre 2015 - La Trastienda Club Montevideo - Foto © Martin Pereira

Agua Maldita para el desmadre con Molotov

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Pocas bandas tienen esa mezcla tan particular que hace que Molotov sea única en su tipo. Quizás porque su música es indefinible, con esa mezcla de rap, punk, rock, cumbia, vallenato, que se yo… una mezcla de todo; o porque sus letras estén cargadas de visceralidad, que hablen de política, drogas, injusticias sociales, sexo y lo hagan siempre con crudeza y con una poesía casi marginal, puteando cuando hay que hacerlo. Quizás porque te gritan las cosas a la cara y a vos termina gustándote ese tonito mexicano que inevitablemente se te pega. Se puede decir que los Molotov son una banda que no por éxitos se mantiene vigente (que los tienen, y muchos), su impronta en el escenario, la reacción que consiguen de la gente que los va a ver y la fuerza de su sonido en vivo son algunos de los atributos que sigue atrayendo y convocando a la gente a lo que prometía ser una noche diferente.

Los cuatro mexicanos (bah!, tres y el hermano “americano”) vienen musicalizando la transgresión desde su primer disco (“Dónde jugarán las niñas?“, 1997) y no se han apartado de esa línea hasta el día de hoy, con ocho discos de estudio editados. Suben al escenario sin mucha galantería, bebidas en mano, se enchufan y arrancan a tocar. Randy en la batería, Paco y Miky a sus bajos y Tito el la guitarra… combinación que va cambiando durante la noche, cuando Randy toma una guitarra y Miky va a la batería o cuando Tito toma un bajo y Paco va a la bata… no se quedan quietos, capaz que un par de temas se aguantan en sus instrumentos, pero terminan moviéndose, cambiando, empujándose y todo suena bien. Y estamos hablando de casi veinte años juntos. Y en las voces son iguales, no hay voz líder a pesar de que Tito sea el que lleve la imagen de “el cantante”, el trabajo coral de Molotov y la versatilidad de cada uno de sus miembros también es aplaudible.

Llegaron a Montevideo como parte de la gira que promociona su último disco “Agua Maldita“, editado el año pasado. El disco tuvo su espacio durante el show, bien intercalado entre una selección de sus siete discos anteriores. El ambiente caluroso, la bata acelerada, golpeada con rabia, la densidad de dos bajos y las locuras de la guitarra, el pogo que no dejaba de saltar en cada clásico, las bromas entre sus integrantes que se arrojaban púas entre ellos con la única intención de molestarse; las botellas de agua que volaban hacia el público, las bromas entre la gente que pedía temas y ellos que hacen los que se les canta. Ellos, desprolijos, políticamente incorrectos, transgresores y tan cómodos con todo eso, disfrutan de lo que hacen y lo que generan. Hacen que todo pase rápido. Hasta el obligatorio corte en el que los músicos descansan fue rápido. Volvió la locura tras cinco minutos de aire, la que todos esperamos disfrutar cuando Molotov está en la casa.

Tanto como cuando vinieron hace un par de años (durante los festejos de Montevideo, Capital Latinoamericana de la Cultura) y presentaron un gran concierto al aire libre, esta noche más intima (con público limitado a cuatro paredes, diríamos) Molotov trae consigo los mismos componentes de la irreverencia mejicana, la critica social, el desmadre siempre presente y el potente sonido de una banda que mezcla estilos como sus miembros se mezclan entre los instrumentos. Chingando, todos por igual, cabrón…

MOLOTOV en su Tour Agua Remaldita en La Trastienda Club Montevideo. 09 de Diciembre de 2015.  Foto © Martin Pereira

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Daniel Perdomo

Daniel Perdomo

Desde que la maestra de tercero le pidió que contara en una redacción sus vacaciones, Daniel escribe. A veces lo hace muy bien y otras no tanto, pero siempre lo disfruta. Ve la vida de una manera poética, por momentos inocente y en otros bastante cruda, pero siempre se encarga de sacarle brillo a las cosas para que el día a día no sea tan monótono. De igual manera disfruta la música y otras formas de arte, las salidas al aire libre y las charlas con amigos... pero nunca se interesó en escribir sobre eso, hasta que le preguntaron si se animaba a escribir la crónica de un evento.

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