imagen - 365 veces yo - Un proyecto no egocéntrico - Luciano Dossena

365 veces él, entrevista a Luciano Dossena

Luciano Dossena tiene 41 años, nació en Chile pero se considera uruguayo. Estudió Veterinaria y Odontología, carreras que dejó para dedicarse a estudiar Ciencias de la Comunicación. Nos cuenta que se auto licenció de diseñador gráfico y desde hace más de 11 años, se gana la vida desarrollando proyectos y sitios web.

La fotografía es uno de sus hobbys. Comenzó también de manera autodidacta y luego tomó un par de cursos y talleres en la escuela de fotografía Tris.

Hoy lo conocemos un poco más a través de sus respuestas, dentro de Clic, el ciclo de fotografía de COOLTIVARTE.

 

“No hago fotografías para que los demás las vean, las hago porque me divierte hacerlas y porque, al ser demasiado autobiográfico con las mismas, van a ser también mis recuerdos y los de mi gente”

  

-¿Cuándo empezaste a hacer fotografía?

-Cuando era niño, siempre por una u otra cosa, tuve cámaras de fotos en mis manos, ya sea una vieja Kodak EK160-EF que aun conservo (la competencia directa de las conocidas instantáneas Polaroid) con la que jugábamos con mi hermano, o con la Pentax ME de mi viejo que de tanto en tanto me dejaba usar en modo completamente automático (también la conservo). Recuerdo que me gustaba mucho fotografiar y coleccionar fotos de flores, seguramente un poco condicionado por el hecho de vivir en pleno desierto donde las flores eran todo un tesoro. Hoy detesto la fotografía de flora y fauna. De manera un poco más seria pero también como un juego en contra del aburrimiento, comencé a hacer fotos en el año 2008 o 2009, casualmente luego de mirar mi primer autofoto, cuando tendría 10 u 11 años. Vi felicidad en esa foto y yo necesitaba felicidad por aquel entonces. La fotografía, comenzó como un escape.

 -¿Qué es lo que más te entusiasma de la fotografía?¿Qué destacas de la experiencia de hacer fotografía? 

-La fotografía definitivamente me abrió el ojo, tal vez el corazón. Aprendí a ver cosas que muchos siguen de largo, situaciones tan cotidianas que parecen inverosímiles y yo rescato mucha magia de esos momentos. Poder capturar esa magia y decir “aquí hay más de lo que ves con tus ojos” es maravilloso. Hacer fotografía es sacar todo eso que vos ves para afuera y un muy buen lenguaje, quizá como ningún otro, de acercarme un poquito más a mi sensibilidad. No siempre es la sensibilidad la que está por apretar el obturador, pero por lo general, sí.

 -¿En qué piensas cuando estas encuadrando?

-Para mí, si no es lo más importante de una fotografía, es de las dos o tres cosas que sí lo son. Encuadrar es para mí descartar o no, elementos que no deben estar o sí en lo que te imaginas de ese momento capturado. Encuadrar es la subjetividad en su punto más alto, es donde podemos engañar, tergiversar, redimensionar, aumentar, minimizar y mil adjetivos más respecto a un momento único. Así que cuando encuadro, presto mucha atención a lo que veo a través del lente. Muchas veces, si no logro el encuadre que quiero, desisto de la fotografía que quería hacer y si es posible, intento hacerla en otra oportunidad.

-¿Qué tan importante es ser objetivo en tu profesión? ¿El fotógrafo tiene siempre una intención?

-Primero que nada, partamos de dos premisas que son importantes para mí: no me considero un fotógrafo, soy un simple “sacador de fotos”. Tampoco pretendo ni quiero ser fotógrafo, por ende, hablar de profesión me queda un poco lejos de encarar. Sí puedo contarte lo que pienso respecto a lo que hago y sobre la fotografía en general. En fotografía siempre hay una intencionalidad, quiérase o no, se note o no, se manifieste o no. Desde el momento en que elegimos un tipo de objetivo, en el qué encuadramos y cómo, la elección de un diafragma, si color o blanco y negro, si saturamos o desaturamos, etc., etc., etc., siempre estamos siendo subjetivos con la realidad. En otras palabras, fotografiar es construir desde nuestra mirada lo que vemos de un acontecimiento o hecho concreto. Por supuesto, en ciertas ramas de la fotografía esto se acrecienta más o menos, pero la subjetividad está ahí. La intencionalidad podrá ser ser objetivos, pero de ahí a que se logre, es otro cantar. Tampoco sé muy bien si estaría bien esa más que ponderada objetividad. Las acciones humanas objetivas, me aburren.

-¿Cómo se te ocurren las ideas? ¿Tenés una libreta de apuntes?

-La misma pregunta desarrolla resumidamente la respuesta: se me ocurren, de la nada y en los momentos más dispares. Uno cuando se ha adentrado al mundo de la fotografía, no puede abstraerse de mirar el mundo con ojos de fotografía. Todo es fotografiable, absolutamente todo. Pueden venir ideas caminando, soñando, conversando, mirando, entendiendo, en el baño, la ducha, sacando una foto. El mundo es fotogénico, las ideas hay que verlas, sólo eso. Y cuando esas ideas son recurrentes, ¡zas!, hay algo para desarrollar, al menos para plantearse en que se transforme en más que una idea. Por esto último que decía, tengo la cabeza llena y repleta de ideas y la cámara con muy poco uso y disparos.

Respecto a la libreta de apuntes: cursé tres carreras universitarias así que saqué muchos apuntes en mi vida; en la última que cursé, estando en segundo año, clase de política con Gustavo de Armas, decidí dejar de anotar lo que estaba escuchando porque entendí que prestar atención me favorecía mucho más. Desde ese día no usé nunca más un lápiz y papel, para absolutamente nada. Si vos vieras lo que es mi letra. Así que no, no uso libreta de apuntes ni nada de eso, todo queda o se olvida en la cabecita.

-¿Cuántas tomas realizas hasta conseguir la imagen que querés?

-Es muy relativo. Me ha pasado de disparar una vez y decir “!listo, esto es lo que quería!” hasta tener que realizar la toma decenas de veces antes de quedar conforme con lo que buscaba. Sin embargo, me suele pasar que cuando hago pocas tomas me digo “pucha, ¿por qué no hice tres o cuatro tomas más?” o cuando hice muchas, casi siempre me quedo con la primera. En general, me gusta tener paciencia y cuando sucede lo que creo puede ser una foto, disparo varias veces.

-Realizaste en Facebook el proyecto “365 veces yo – Un proyecto no egocéntrico” ¿Cómo nace la idea?¿De qué manera resolviste el tipo de encuadre, la locación? ¿Qué fin apuntaba? ¿Tenés pensado otro medio digital o soporte físico para difundir este proyecto?

-¡Uh! ¿Tenemos que hablar de ese proyecto? La verdad es que lo empecé en Flickr, pero como ya nadie entra a Flickr, comencé a postearlo en Facebook. Te copio parte de lo que dije en la última fotografía de ese proyecto que bien responde un poco a tus preguntas:

“Hace rato que venía mirando proyectos 365, de gente que conozco personalmente y de gente que no. Algunos me parecían interesantísimos y otros simplemente los miraba de rebote y seguía de largo. En uno o en otro, grandes fotos me hacían quedarme prendido al monitor y en otros casos, la pregunta necesaria era ¿por qué lo empezó? ¿¡con qué necesidad!? La cosa es que siempre pensé que los proyectos de sacar una foto diaria durante un año, era un juego de niños, algo destinado a gente que recién comenzaba con la fotografía; no es que yo sea un avanzado, pero esa era la sensación que, hasta el 1ero de julio del 2013, tenía metida en la cabeza. Sin embargo, un buen amigo y no menos docto en esto de sacar fotos, ya llevaba medio año haciéndolo, entonces me dije “algo debe de tener esto de los tres seis cinco”. Justo el día que saqué aquella primer foto, alguien y por mensaje privado, me decía que por favor no etiquetara más fotos de ella en las fotos que mis amigos y contactos subían; la razón argumentada era que no salía bien, o que la foto era horrible, o que se le notaba tal cosa y tal otra. Me dio risa y en ese momento se me disparó la chispita de hacer algo que mostrara justamente lo contrario a lo que todo o casi todo el mundo hace: sacar y subir fotos sin importar si se me veía el grano, la cana, la arruga, la chota, la panza, el desorden, la marca, el gusto o lo que fuese. Pero también me pasaba que, viendo esos proyectos 365, no encontraba hilos conductores en el transcurso de los mismos; eran fotos sueltas, de cualquier cosa, con cualquier técnica y agrupadas bajo el mismo folder. Sumado a esto que cuento, tres cosas más: trabajo en casa, tenía un niño de menos de un año al que cuidar y dedicar tiempo y me había venido a vivir a un lugar donde lo más interesante que pasa es una vecina despeinada dándole de comer a sus perros. Las fotos que me gustan hacer, estaban lejos, me consumía demasiado tiempo ir a buscarlas y yo no podía comprometerme a hacer una foto diaria con ese viejo estilo que me caracterizaba. Y también, para complementar, yo nunca salía en las fotos. Y así, con todo eso, se armó el combo.

Esa tarde, me hice una foto con el celular con un sombrero de bufón y la subí; tenía el pelo largo y la barba llevaba meses creciendo, tanto así que estaba del mismo largo que el de la cabeza (hoy veo esas fotos y no sé cómo es que me dejaron estar así). De noche, cuando me fui a duchar, me llevé la cámara al baño e hice algunas fotos que luego descargué a la PC y edité; tuve que elegir una de todas las que había hecho en distintos ángulos y no sé muy bien por qué fue aquella. La cuestión es que la subí y desde el momento en que le puse el 1/365 ya la había empezado a cagar, no había retorno y había asumido un compromiso conmigo mismo. Al día siguiente, con la siguiente foto y por si no fuera poco el desafío, me planteé la necesidad de que la foto si o si fuera hecha y publicada en el mismo día que correspondía. Clic y fue la segunda foto. Y luego la tercera, la cuarta, y llegó la quinta y sucesivamente.

No recuerdo bien en qué foto fue, que me di cuenta que aquello de “una imagen vale mil palabras” se me venía abajo y que esa consigna estaba destinada solo a ignotos fotógrafos. Y escribí algún comentario como pie de foto. Y me gustó hacerlo porque si hay algo que me gusta, es contar historias. Ya estaba: mi proyecto 365 ya tenía un rumbo, una temática, muchas ganas y por sobre todo, mi conformidad.

 Varias veces en el transcurso de esto, quise terminarlo. Yo desde el vamos sabía que todo lo que refería a tecnicismo y calidad fotográfica me importaba muy poco y que lo que realmente quería destacar era lo de contar historias, contar mi vida, día a día. Algunos dijeron que era aburrido, que la cotidianidad no era un motivo basto a fotografiar y aun así yo creía que sí, que en cada acción diaria hay una historia, un pensamiento, una idea, un sentimiento que compartir. Otros no me tuvieron fe y otros tantos ni siquiera hicieron el amague a decirme algo. Me venían ganas de hacer algo en serio pero el tiempo y las ganas, sobre todo el tiempo, no me daban tregua a llevar algo paralelo. No fue nada fácil, ni cerca. Y seguí, con o sin ganas, pero seguí.”

Respecto al encuadre, no hay mucho para decir: tenía que salir yo, mostrar mis cosas y mis situaciones y el gran angular era el objetivo que necesitaba para eso. Te remito a la foto 307 que un poco hablé del asunto: https://www.flickr.com/photos/dossena/13913501688/

Esto fue un juego más, no merece la pena hacer algo con lo que quedó del proyecto. No al menos para mí.

-¿Qué hace que una imagen llame más la atención que otra? ¿Cuál es la virtud de la fotografía? 

-Creo que no se puede generalizar con una sola respuesta, qué hace que una imagen llame más la atención que otra. Depende de qué lado te pares, si del lado de atrás de un lente o del que mira el producto terminado. Para mí, hay una mezcla de muchas variantes a la hora de elegir entre una u otra. Puede ir desde lo técnico, lo emotivo, lo que mejor representa el momento fotografiado, un capricho, etc. Repito, no se puede generalizar en una respuesta única. Sin embargo, para el que mira una foto, en todas hay un punto común para que destaque una más que otra: la foto que más llama la atención es la que más memoria emotiva nos hace florecer. Puede ser una foto de un lugar, una persona, una situación con la cuál somos totalmente ajenos, pero que revuelven sentimientos, del tipo que sean, almacenados consciente o inconscientemente. Y en esto último, la virtud de la fotografía: repetir las veces que se quiera, esa apelación a la memoria emotiva.

¿Crees que los fotógrafos deben tener una filosofía para hacer un buen trabajo?

-No lo sé muy bien, pero capaz que mañana te digo que sí sin dudarlo. El ser humano es una especie muy cambiante y lo que vos hoy llamas como tu filosofía, puede verse mañana mucho más madura, más trabajada,  y en consecuencia, tu mirada será distinta. Entonces, el mismo hecho o situación que fotografiabas antes, hoy lo fotografías distinto. Lo que sí queda claro es que uno a sus fotografías, al menos en mi caso, trata de dejarle su impronta.

-¿Puedes contarnos tu proceso de edición?

-Rara vez imprimo fotografías, debería de empezar a hacerlo más seguido, así que la edición la hago en pantalla. El proceso de selección se rige más o menos por lo que te contaba más arriba cuando hablábamos de qué imagen hace que llame más la atención. Las pocas veces que tuve que elegir dentro de mi selección de fotos, le pedí a un tercero que lo hiciera por mí.

-¿Qué opinión tenés de los programas de tratamiento de la fotografía?

Positiva, sin duda. Procesar las fotografías es una parte intrínseca de la misma, al menos así lo veo yo. Es cuestión de ver lo que un negativo digital en bruto nos muestra a lo que se logra luego de procesar un poquito las fotografías. Es una parte que me divierte muchísimo en el proceso de llegar a una imagen final. Por supuesto, hay que saber bien usar esas herramientas y estoy completamente en contra de pornografiar vía post-proceso una fotografía. ¡Se ve cada cosa!

¿Trabajas con metadatos en una fotografía? ¿Cuáles son los ítems con más relevancia y porqué? ¿Trabajas los textos de pie y descripción en tus fotos? 

-Sí, trabajo con metadatos, pie o descripción porque no he logrado aún que mis fotografías hablen por sí solas. Es reservado para muy pocos eso de hablar tan solo con imágenes. Además, cuando uno cuenta una historia a través de una sola foto y no una serie que abarque un poco más, hay muchas cosas que no se pueden contar solo con una toma y se hace necesario describirlo, desde al menos tu óptica.  Por otro lado, tengo otro hobby además de la fotografía y es el de escribir. Juntos se logran cosas interesantes.

Respecto a los metadatos clásicos de una imagen o lo que llamamos EXIF, prefiero que estén presentes para saber dónde, cuándo y cómo se obtuvo esa fotografía, aunque reconozco que son datos meramente técnicos y lo técnico tiene poca importancia en lo que hago (aunque no lo descuido).

-Con la aparición de las cámaras digitales y la cantidad de disparos ¿se mira menos?

-Creo que sí, que suele suceder aunque nadie quiera reconocerlo. Siempre y de manera “seria”, saqué con soportes digitales así que no tengo la experiencia de lo que es haber sacado con film. Si recuerdo que cuando niño, mi viejo me decía que no sacara fotos por sacar fotos, que se me iba a gastar el rollo o el cartucho así que tuviera cuidado en lo que fotografiaba. Estamos hablando de 12, 24 o a lo sumo 36 fotografías. Es cierto, hoy no se tiene cuidado en eso porque el soporte nos permite disparar cuantas veces queramos y en esa simplicidad o mejora a lo que es el film, se corre el riesgo de mirar menos porque podemos sacar más. Sin embargo, con el pasar del tiempo, uno aprende a esperar el momento justo para disparar y lo que en un principio fue un gatillo fácil, puede llegar a transformarse incluso en no sacar nada. Pero todos pecamos aunque, repito, no se quiera reconocer.

Dos claros ejemplos de que a lo mejor se mira menos:

Mi vieja se fue hace un par de años a recorrer Europa con sus hermanas; trajo 6000 fotos de ese viaje. Puedo asegurarte que 5856 fotos nos sirven para nada, no al menos para lo que yo quiero ver. Otro: ¿nunca te invitaron a mirar el video y las fotos del casamiento de aquella pareja amiga? ¡Uf!

-Hoy en día se maneja en cultura el concepto de prosumidor, donde todos somos productores y consumidores al mismo tiempo, ¿crees que esto es así? ¿se acentúa con la aparición por ejemplo de los smartphones, la invasión de imágenes y la velocidad de difusión?

-Hablando de música, el finado Pappo Napolitano le dijo una vez a DJ Dero “vos no tocás nada, vos movés y apretás botoncitos… eso que vos hacés no es música… vos no tocás nada”. Creo que en fotografía, más o menos pasa eso. Sin embargo, al ser tan accesible y tan fácil de realizar, algunas veces sucede esa magia de ser un prosumidor. De todas maneras, son más las veces en que eso no pasa simplemente porque la fotografía no es sólo hacer fotos lindas y estéticas. Hay más vida y quizá la vida misma, más allá de lo lindo y lo estético. Dicho de otra manera y más cortito: si no tenés nada para mostrarme o nada que decir de verdad, mejor quédate callado.

-Con el avance tecnológico las cámaras de fotos filman full hd, ¿qué opinas con respecto a que el mismo profesional realice trabajos fotográficos y de video? ¿Afecta eso a la profesión de fotógrafo? 

-La verdad es que no tengo idea cómo afecta al profesional porque no me muevo en el entorno de fotógrafos profesionales. Sí puedo decirte y sacá tus propias conclusiones, que mi cámara filma en full HD con no sé cuántos fotogramas por segundo y yo jamás filmé un video. Si quiero carne, voy a la carnicería.

-¿Qué esperás de la gente al ver tus fotos?

-No mucho y tampoco me interesa demasiado la opinión de los demás en lo que hice o estoy haciendo. Me encantaría sí, que cuando la gente vea una foto mía, descubra lo mismo que yo descubrí o quise mostrar al hacerlas, pero si no me lo dice, mejor. No espero nada en realidad. Mis fotos están ahí: si te gustan bien, y si no te gustan, bien también. No hago fotografías para que los demás las vean, las hago porque me divierte hacerlas y porque, al ser demasiado autobiográfico con las mismas, van a ser también mis recuerdos y los de mi gente.

-¿Qué opinas del derecho de autor de la imagen y su relación con las redes sociales? 

-Hace un tiempo dije que todas mis fotografías que no contuvieran personas (son pocas) eran de libre uso. Me estoy pensando de un tiempo a esta parte si puede ser factible hacer lo mismo con las que sí tienen o muestran personas. Pero claro, eso es con mis fotografías. Para quienes hacen de esto una profesión o una forma de ganarse la vida, mi postura seguramente no es aceptable y lo entiendo perfectamente.

-¿Es posible vender fotografías en Uruguay?

-Yo he vendido fotografías a alguna agencia de publicidad. Y también he dado como de libre uso fotografías que quisieron pagarme y yo no quise cobrar. Asumo que sí se puede. Ahora, si te referís a “vender fotografías” como quien vende un cuadro o una escultura, la veo muy difícil. Sería cuestión de hablar con algún galerista amigo y probar a ver qué tal. Después te cuento cómo me fue.

¿Qué te parece que hay que hacer para fomentar la fotografía en Uruguay?

-Creo que ya se está fomentando bastante la fotografía, desde distintas instituciones y medios. A nivel de formación hay cada vez más opciones. Pero creo también que hoy por hoy, cualquier expone y no sé si eso está tan bueno. Si se trata de fomentar, hay que fomentar seriamente lo bueno. Por más que la fotografía sea una forma de expresión en muchos casos, hay algunas consideraciones básicas que debiera tenerse a la hora de mostrar lo qué hace fulano y mengano, al menos de justamente fomentarlo.

-¿Se puede vivir acá de la fotografía? ¿Cómo das a conocer tus fotos al mundo?

-Yo creo que sí, mucha gente lo hace y lo hace bien. Ahora, si la idea es vivir de proyectos personales, en Uruguay lo veo complicado. O sea, podés vivir de algunas fotografías que hagas, pero de ahí a hacerte la gran Marta Minujin, no.

A mí me gustaría tener una renta y dedicarme a hacer fotografías todo el día. No concibo mi fotografía como algo remunerado.

Mis fotografías quedan a la suerte de lo que quiera pasar en el espacio binario. O en un disco duro a la espera de que quizá mi hijo, las redescubra.

Como fotógrafo ¿es fácil acceder a galerías y salas para exponer? ¿Qué valor tiene dar a conocer tu obra en una galería o sala sabiendo que el público potencial en Internet es mayor?

-No es un tema que me preocupe. No me interesa en lo más mínimo acceder a exponer en una sala o galería. Si algún día hago alguna muestra en soporte físico, lo voy a hacer en la verdulería del barrio, arriba de los cajones de tomates y lechugas, entre las bananas y los rabanitos y como un divertimento más en este lindo hobby que me regalé. Y con invitaciones muy limitadas ¡eh!

-¿Qué consejo darías a un fotógrafo que recién empieza?

-¿Yo dar consejos a alguien que quiere ser fotógrafo?

-¿Estás trabajando en algún proyecto que nos puedas contar?

-En la cabeza como ya te conté, tengo varios. Alguno como el de “Proveedores” lo comencé y ahora está en pausa; se trata simplemente de fotografiar o retratar a las personas que me abastecen en el día a día, en lo cotidiano… el que me pone nafta, el carnicero, el que me cobra las facturas de luz y teléfono, la verdulera, la cajera, el panadero, etc.

El otro y con el cual me estoy divirtiendo mucho es con mi hijo. Desde el día en que supe que iba a ser padre, también supe que el proyecto más lindo y más largo de mi vida iba a ser él. Le hago fotos casi todos los días y de tanto en tanto quedan cosas que a mí me gustan. No tiene nombre, pero podría quedarle bien un “Teniendo un hijo”, “Acerca de la felicidad” o un menos grandilocuente “Dante”.

 
 

   

 
 

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Federico Meneses

Federico Meneses

Por el 2003 surge la idea de armar un boletín electrónico "óbolo cultural" para difundir eventos que poco se sabían. Con el surgimiento de las redes sociales el boletín deja de tener su efecto y nace www.cooltivarte.com A fines del 2010 invito asociarse como co-director a Mauricio Conde, junto a todos los amigos colaboradores que se sumaron a la idea de aportar un granito de arena a nuestra cultura potenciando los eventos y dando más valor al conocer a los artistas mediante entrevistas, artículos de opinión, análisis, reflexión y crítica. Cooltivarte está presente en el medio local comunicando las noticias, críticas, opiniones y entrevistas, tratando de generar un valor cultural conociendo de cerca a los protagonistas, generando una conciencia colectiva y sensibilidad para este rápido diario vivir.

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